Papá no está en casa Suivre l’histoire

miriam_marentes Miriam Marentes

La última copa de una víctima y su victimario, dejando la duda de quién es quién en ese escenario.


Histoire courte Tout public.

#familia #crimen #cuento
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Papá ya no está en casa

Sí, yo lo mate ¿acaso puedes culparme?, ¿me dirás, sin lugar a dudas, que tú no hubieras hecho lo mismo?, ¡qué va!, claro que lo harás, porque aunque ambas hayamos estado paradas en la misma posición, la diferencia está en que mientras tú fantaseabas con hacerlo cada noche, yo lo hice. Es más, estoy segura de que sin miramientos condenarías mis acciones de este día; ya puedo escuchar tú voz dándome un discurso moralista de horas; enlistando las miles de salidas que, ante tus juicios lapidarios, pude haber tomado sin recurrir a disparar una sola bala. De lo que no estoy segura es de si jugaras la carta de “has condenado tu alma” o sencillamente aplicaras la trillada frase de “nadie debe tomar justicia por su propia mano”, me inclino a pensar que, como es tu costumbre, te irás por lo segundo, exponiendo punto por punto, como si de una exposición escolar se tratara, todas las consecuencias legales que se derivaran de haber jalado el gatillo, aunque seguramente ninguna tendrá una base legal apropiada, asumiendo que todo saldrá de tu “amplia experiencia” adquirida en los cientos de capítulos de decenas de series policíacas que has visto, que para colmo, son hechas, producidas y pseudobasadas en el sistema legal del vecino del norte. Pero vamos, todos se sienten jueces hoy día, obsesionados con pintar su línea en temas controversiales como este. La prueba está en que mañana, cuando esto sea noticia loca, o quién sabe, nacional tal vez; la corte del pueblo se separará en los que me van a ver como una mujer presa de sus circunstancias, que en su desesperación al buscar cómo evitar una nueva víctima tomó justicia por su propia mano, y en el bando opositor estarán los inquisidores, quienes querrán verme en el banquillo de los acusados, y si fuera legal, en la silla eléctrica, porque no tenía derecho a cegar una vida, ni aun la más vil y miserable, y menos la del hombre que me dio la mía.


Sí, ya veo venir el enorme debate que se armara en la siguiente semana, y probablemente, hasta que un verdadero juez dicte mi sentencia, y aun después habrá quien opine lo contrario. Ve a saber tú si es porque creen firmemente en su postura y están dispuestos a defender sus ideales a capa y espada o, es que estar en uno de los lados de la fina línea de lo políticamente correcto, donde no hay lugar para los grises, los matices ni las excepciones, y solo hay correcto e incorrecto, está de moda.


No sé.


Pero lo que sí sé es que yo disparé el arma, yo tengo rastros de pólvora en mis dedos, sangre en uno de mis zapatos y soy quien no tembló, no titubeó y no se detuvo a pensar en las consecuencias de extinguir una vida. No, perdón, sí pensé, y a decir verdad bastante bien, las consecuencias de cada una de mis acciones de esta noche. También sé que no vas a preguntarme por qué, tú sabes bien la razón, y sabes de sobra que en mí no hay una pizca de arrepentimiento. Pero déjame decirte algo que te reconforte hermana, para que cuando llegue al fondo de esta copa y tú levantes el teléfono de la cocina para llamar a la policía, ambas sepamos que la mancha de sangre en la alfombra favorita de mamá, y todos los cumpleaños de tu hija que voy a perderme, tienen una buena justificación: dile a mi sobrina, que papá ya no está en casa.

19 Décembre 2018 21:16:31 0 Rapport Incorporer 0
La fin

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