Diario de una sociópata Suivre l’histoire

riefenstahl Daniel Gelvez

Una joven inadaptada descubre que ha vivido una mentira desde aquel horrible día. Ahora tiene que decidir si es lo suficientemente fuerte para vengarse.


Criminalité Tout public.

#rusia #asesinato #misterio #crimen
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Venganza

ISABELLE

12 de marzo de 2002

Odio a Alisa, desearía romper su respingada nariz, restregar su cara de porcelana en el inodoro de la escuela y patearle el trasero hasta el sol.

Esa idiota y un par de sus amigas me habían estado molestando este año porque aún se me hace difícil integrarme en clase y porque casi no hablo con nadie. No es mi culpa, algunas personas nacen con la habilidad para saber qué decir; yo, por el otro lado, sólo llego a trozos de ideas sin sentido que se quedan en mi mente... Generalmente, esas tontas me tiran papelitos en la cabeza, me llaman engreída, muda, retrasada y se burlan de mis pecas...

Hace unas semanas le pedí a Maddie (mi hermana) que me ayudara, pero me dijo que eso sólo empeoraría la situación, y que, si quería que se detuviera, tendría que hablar con ella y decirle que se fuera al diablo. Practiqué frente al espejo las palabras que iba a decir: “no me molestes más, estoy cansada de tu estupidez”. Las repetí como un mantra porque sabía que cuando la viera a los ojos, me paralizaría y quedaría en ridículo; sin embargo, no importó, ya que todo fue en vano.

Cuando me acerqué a ella en el receso de clases en el patio, la lengua se me trabó y se me subió el color a las mejillas; miré al suelo y lo único que pude hacer fue tartamudear. Alisa se burló de mí, y en ese segundo, sentí un nudo horrible en la garganta; concentré todo ápice de mis fuerzas en no llorar.

—¿Quieres decirme algo?... —Me preguntó, aún con la burla en sus labios.

Se encorvó un poco para acercarse a mi rostro y me hizo mirarla fijamente, presionado mi barbilla con su dedo índice para levantar mi cara. Detallándola, noté que sus dientes estaban bastante torcidos, eso sólo aumentó mi ansiedad.

—No puedes ¿verdad? Las retrasadas no hablan...

Las amigas que estaban detrás de ella se rieron y repitieron la palabra “retrasada”.

Tuve un lapso de inconciencia durante unos segundos, cuando volví a la realidad, Alisa se había alejado y estaba sobándose el estómago. Miré mi puño aún en su dirección y me sentí poderosa, invencible, sin embargo, no podía creer que lo había hecho.

Alisa me miró con rabia, se aproximó, agarró mi brazo con fuerza y me llevó a un lugar alejado, cerca del baño de los niños. Sus amigas, quienes la siguieron, le preguntaron qué iba a hacer conmigo.

De vuelta a su actitud melosa y maquiavélica, respondió:

—No sé... Victoria ¿tienes tus tijeras ahí?...
—Claro, aquí están ¿por qué?...
—Porque me gusta el cabello de Isabelle, y quisiera un poco de él... – Contestó, con una amplia sonrisa.

Sus amigas se emocionaron al escucharla y aplaudieron su idea. Mamá no me había cortado el cabello nunca, y la imagen de mí misma perdiéndolo me daba ganas de vomitar. Intenté zafarme de su agarré, pero me sujetaba con mucha fuerza.

—Sosténgala... —Les ordenó a Victoria y a Nica.

A continuación, me miró fijamente y empezó a trozar mi cabellera. En ese instante, dejé de contenerme y empecé a llorar. Veía como los mechones negros caían al piso mientras ella no paraba de reírse. Al terminar, sin decir nada se fue junto con sus cómplices.

En casa, a mamá se le humedecieron los ojos cuando vio lo que quedaba de mi cabello. Parecía haber sido masticado y escupido por un tiburón. Un trozo fastidioso de pelo me caía sobre el lado izquierdo de la cara y se mantenía allí por más que intentara acomodarlo, la parte de atrás quedó apenas cubriendo mi cuello.

Maddie me dijo que no me veía tan mal, que lucía como una estrella de rock alternativa. No obstante, extraño mi cabello, era lo más bonito que tenía y ahora lo he perdido casi todo.

—Es tu herida de guerra, fuiste valiente al enfrentarla... —Me dijo.

21 de marzo de 2002

Esta semana ha sido más sencilla que las otras en relación a la asquerosa tonta que me mutiló. Al parecer, lo único que deseaban Alisa y sus bobas seguidoras, era verme “actuar” de alguna manera, demostrar que era igual a ellas, por decirlo así.

Maddie convenció a mamá de que no fuera a la escuela a hablar con el director para ponerle un castigo a Alisa, a Victoria y a Nica. Le dijo que, si lo hacía, sólo me causaría problemas, porque eso querría decir que soy débil, que no puedo defenderme. También dijo que esas chicas me dejarían en paz después de lo que pasó, y si no lo hacían, ella misma iría a hablar con ellas. No estaba muy segura de eso, siendo honesta, me daba miedo volver a la escuela y estar siempre ansiosa por ver qué más maldades se le ocurrían a Alisa, pero Maddie tenía razón, es decir, me fastidian por ir a clase con un gorro, pero, podría ser peor.

Maddie me prometió que tendría la oportunidad de vengarme, no obstante, eso ya no me importa… bueno, tal vez un poco; aún quiero romperle esa nariz puntiaguda, pero por ahora sólo quiero que me deje en paz.

Un dato divertido que sucedió gracias a esa estúpida fue que Maddie se inspiró en mi experiencia para escribir una canción llamada: “acabar contigo”. Cuando la escucho, recuerdo el momento en el que perdí mi preciado cabello y me lleno de rabia, pero también de una sensación de victoria, imaginado como le pateo el trasero a esa tonta.

“Gracias idiota... Gracias por atormentarme y enseñarme quien soy... Ahora que lo sé... Voy a acabar contigo”.

13 de diciembre de 2004

Hoy será el día, estoy tan segura de que sucederá, que tomaré mis precauciones, buscaré una mascarilla y me la colocaré, sólo para que su sangre no me cubra toda la cara. Esa vena en la frente de Maddie no soportará un segundo más. Y me sentiría culpable, si no fuera por el hecho de que ella se lo ha buscado, es decir, entiendo que no soy la mejor aprendiz de guitarra del

mundo, pero ¿en serio tiene que gritarme por todo?... No logro comprender cómo alguien tan dulce puede tener un lado tan maligno... debe venir del lado paterno de la familia.

A decir verdad, creo que la he visto estresada todo este año, aunque no sé si debería preguntarle. Mamá me dijo que es porque está pasando por la edad más difícil de las mujeres, que hay muchos cambios en su cuerpo y en su mente, y que la debería dejar sola un rato. Siendo honesta, no estoy de acuerdo, eso querría decir que dentro de cinco años me volveré una amargada completa, y me la pasaré pensando en cosas bobas… no, yo sé que a Maddie le pasa algo muy malo.

Esta tarde cuando vino a enseñarme se veía muy cansada, (no le estalló nada por suerte). Noté que su mente estaba en otro lugar, así que me decidí y le pregunté qué le estaba pasando. La respuesta fue algo que no me esperaba, me dijo que no quería ponerme en peligro. Cuando le demandé algo más específico, me miró y se le humedecieron los ojos. En ese momento sentí que se me aceleraba el pulso y se me abría un agujero en el fondo del estómago, como si tuviera hambre y ganas de vomitar al mismo tiempo... Amo a mi hermana, y no me puedo imaginar perdiéndola… pero no sé qué hacer.

6 de enero de 2005

Maddie me pidió que saliéramos a caminar, sólo para pasar el rato. Para ella, el hogar no se sentía muy navideño, aunque en realidad creo que fue para evitar ayudar a mamá con los preparativos de la cena. Pensar en toda esa comida me inclina a la idea de volver a casa; nada me parecería mejor que estar al lado de la chimenea, oyendo a papá leer un libro o ver algo en la televisión, pero tengo que estar ahí para ella, cualquier cosa que pueda hacer para ayudarla, la haré, así sea soportar ese frío del demonio.

Caminamos un largo rato en silencio, me distraje más que todo, pretendiendo que fumaba, viendo como el vaho salía de mi boca. He visto a Maddie fumar un par de veces y no es que me muera de ganas por hacerlo, simplemente quiero lucir igual de sofisticada.

Al pasar por un camino cuyo nombre siempre se me olvida, que está situado al lado del Volga, Maddie por fin se decidió a hablar.

—Entremos a una cafetería, se me congela la nariz...

El lugar estaba muy solo, aparte de nosotras, sólo se encontraba un anciano leyendo un libro en la mesa del fondo, una pareja de jóvenes ingleses a nuestro lado y un niño sentado frente a la barra. Tomamos una mesa al lado de la ventana, había empezado a nevar y no se veía ni una sola alma en las calles. Me sorprendió lo mucho que me distraje intentando no obligar a Maddie a hablar.

—Isa, has estado muy callada... —Me dijo mirando hacia la desierta calle.

Me asombró que lo hubiera dicho; incluso, creo que fue más bien una broma.

—No quería obligarte a hablar...
—¿Desde cuándo te volviste tan madura?...

Me sonrío y le devolví el gesto, me mantuve en silencio.

—Isabelle, no sé lo que vaya a pasar en un futuro...

Empezó mientras sus ojos se humedecían, las lágrimas hacían que sus ojos se vieran más verdes que nunca. Quería que me dijera qué era lo que la agobiaba tanto, deseaba cambiar las cosas, pero no esperaba que me contara nada. Esa impotencia llegó a mis ojos y resbaló por mis mejillas, Maddie se acercó a mí y me abrazó fuertemente.

—Quiero que sepas que te amo...
-—Maddie ¿Qué pasa?...

“No hay nadie en la ciudad, yo sé. Tú nos diste un lugar al cual ir. Nunca te di las gracias por eso. Pensé que podría tener una última oportunidad.”

Abrazadas, cantó en mi oído, esa parte de su canción favorita, por un instante pensé que, si no nos soltábamos, nunca podría perderla, así que ahí nos quedamos.

23 de enero de 2005

Nunca creí que llegaría el momento en el que lloraría tanto que literalmente mis ojos se secarían, perdieron toda capacidad de producir lágrimas. Ahora lo único que puedo hacer para sacar el dolor, es gritar sobre mi almohada hasta que siento que voy a toser sangre. Estos últimos tres días desde la muerte de Maddie han sido como estar llena de un veneno que por más que expulse, nunca sale por completo de mi cuerpo.

La extraño demasiado, sobre todo porque era ella a quien acudía cuando me sentía decaída, sé que es estúpido, pero desearía que Maddie estuviera aquí para consolarme por su propia muerte. Y es que, ni siquiera tuve la oportunidad de despedirme, todo fue tan repentino: un día estaba tan sana como se podía esperar, y a la mañana siguiente, mamá me despertaba con sus ojos totalmente rojos dándome la noticia.

Recuerdo que el escucharla me dio risa, porque, no veía en ningún lugar de la realidad algo tan horrible como eso. Sólo fue hasta que me llevaron al hospital, luego de entrar en la habitación, que la vi acostada durmiendo.

Pensé:

Despierta Maddie, demuéstrales que no estás muerta...

Toqué su mano, estaba muy fría, y seguí con mi pensamiento:

¡Despierta!

Sacudí su cuerpo tan fuerte como pude y grité:

¡Despierta Madeline, por favor, despierta...!

Mi madre se acercó para calmarme, mi padre usaba su bata y su estetoscopio; creí que él podría hacer algo...

—Papá, dile que despierte, ¡has algo!...
—Lo siento, Isa, no puedo explicar lo que le pasó, ya no puedo hacer nada....

En ese momento, el mundo me pareció menos real, como si todos los colores hubieran sido absorbidos y estuviera viviendo en una película muda a blanco y negro... Después de eso mi mente se apagó.

Hoy en la tarde se llevará acabo el funeral, papá y mamá me propusieron decir unas palabras en su honor, pero aún no estoy lista para aceptar que se ha ido, es más, creo que nunca lo aceptaré. La verdad, he pensado que cuando alguien que amas muere, tu mente divaga sobre las más estúpidas formas de hacer que regrese, pero luego de eso lo único que tienes son recuerdos: su guitarra, el dije con las iniciales de nuestros nombres, la canción que compuso gracias a mí, su canción favorita...

Desearía de alguna forma, hacer que Maddie existiera para siempre...

26 de febrero de 2007

Una cosa muy rara pasó esta tarde y me hizo pensar que el mundo es un lugar más deforme de lo que creía, que lo que más deseas que pase en tu vida nunca sucederá, pero sí obtendrás lo que necesitas, o al menos un trozo de irregularidades divertidas que te harán olvidar el dolor.

Hoy en la clase de matemáticas, estaba con la capucha de mi chaqueta puesta sobre mi cabeza, lo hacía para esconder los audífonos y escuchar música sin que me llamaran la atención. Tan pronto terminó días en blanco y negro, ese acorde distintivo de acabar contigo llegó a todas las partes de mi cuerpo y la voz de Maddie me transportó a todos esos recuerdos. Uno en especial se filtró en mi mente...

Algún día tendrás la oportunidad de vengarte de ella...

De inmediato puse mis ojos en el cabello rojizo de Alisa Volkova, quien estaba sentada frente a mí, instintivamente pasé mis manos por mi pelo masticado y deforme, resultado de esa psicópata infeliz. Del bolso saqué unas tijeras y las observé con cuidado, por un segundo pensé en los problemas en los que estaría si lo hacía, pero luego recordé a Maddie repitiendo venganza. Tomé tanta cantidad de cabello como pude en mi mano izquierda, y con rapidez trocé los mechones, dejando la mitad de su cabellera cortada a la altura del cuello. Alisa se volvió para mirarme y luego se tocó el cuello, su mueca llena de terror fue todo lo que necesitaba para sentirme mejor y saber que había cumplido con lo que Maddie deseaba.

Todos mis compañeros dirigieron su mirada dónde yo estaba y se mantuvieron en silencio, la profesora me gritó algo, pero no la estaba escuchando debido a los audífonos, aunque sabía muy bien lo que decía, así que me levanté, tomé mis cosas, y salí.

Se supone que iría a la oficina del director para recibir el castigo, pero no me importaba ni un poco cumplir con las obligaciones escolares, No olvidé que estaba siendo una egoísta insensible, llamarían a mi madre a casa, y cuando lo supiera, se deprimiría más de lo que ya estaba. Sin embargo, quería descansar de todo, lo que acababa de hacer era lo más cercano a la felicidad que tenía desde ese maldito día.

Entré en una cafetería que queda en el camino hacia mi casa, aún no quería recibir el sermón de mi madre, de manera que maté el tiempo leyendo un rato, y tomando el amargo café que me sirvieron. En una leve distracción, observé a una pareja de ancianos jugando ajedrez… me pareció extraño. Cuando mi padre veía los campeonatos mundiales, me decía que en el ajedrez no había lugar para la amistad, las emociones o la duda... Creo que lo que quería señalar era que el ajedrez no era para personas normales, y me pregunté en qué categoría estaría yo.

El hombre notó que los estaba mirando y me dirigió unas palabras, sin embargo, no lo escuché debido a los auriculares y la música, lo ignoré y volví mi mirada al libro.

Abrí los ojos, y esperé con todas mis fuerzas estar bebiendo algún alucinógeno, el suicidio de la protagonista del libro me dejó perpleja, como si yo misma hubiese saltado frente a ese vagón en movimiento. Releí esa oración unas doce veces esperando darle algún sentido… desde hace varios capítulos sabía que ella tenía problemas, pero anhelaba que los superara o acabara con los que la hacían sentirse mal. No obstante, eligió la salida más dolorosa en la que pudo pensar. He reflexionado acerca de acabar con mi vida varias veces, pero no lo he hecho. En primer lugar, por mis padres y en segundo lugar, porque soy una cobarde...

No sería una buena jugadora de ajedrez.

Al llegar a casa, mi madre me dio esa mirada de “¿por qué eres así?” yo por mi parte le di mi mirada de “ahora no mamá” ... No pretendía ser grosera con ella, pero me sentía irritada por todo: por mi vida, por eso que no he podido superar, por esta rabia, soledad, depresión que siento a cada segundo... Me mordí el labio inferior intentado canalizar mis emociones...

—Isabelle… tengo miedo... Por ti... —Soltó mientras le brotaban las lágrimas.
—Mamá, no volverá a pasar, lo prometo...
—Es que no quiero perderte...

Recordé a mi madre los meses posteriores a la muerte de Maddie, y el sufrimiento por el que la vi pasar. Es un dolor que nadie debería tener que soportar... la pena de perder a un hijo.

—Jamás me perderás mamá...

Nos abrazamos.

En la tarde, alrededor de las cinco, saqué mi viejo tablero de ajedrez y ordené las piezas. No podía sacarme el juego de la cabeza desde que vi a esos ancianos. Nunca lo había jugado con nadie, y tampoco tenía a alguien en ese momento que supiera jugar, pero verlo ordenado sobre la mesa calmaba mis pensamientos. Estaba a punto de mover un peón, cuando mi madre tocó la puerta de mi cuarto.

—¿Isa?...
—Sí, ¿qué quieres mamá?...
— Alguien vino a buscarte...

Busqué un dejo de broma en su voz, aunque lo que encontré fue aprehensión. Mamá sabía que yo no tenía amigos, ni a nadie que estuviera cómodo a mí alrededor.

—¿Quién es?...
— Dice que se llama Katya Luzhkova, está en tu clase de matemáticas...

Supuse que sería la encargada de llevarme la tarea, por lo que le ordené a mi madre que la dejara pasar. Entre tanto ella llegaba a mi habitación, me esforcé por recordar quién era Katya, pero la verdad es que nunca les ponía mucha atención a mis compañeros...

Cuando entró, noté a una chica delgada de apariencia frágil, un poco más alta que yo, cabello negro corto hasta los hombros, ojos azules y pecas en las mejillas. La miré directamente hasta que ella se decidió a hablar...

—Me gusta tu cuarto...
—Gracias...

Dio una rápida mirada a todo el lugar, dándose algo de tiempo...

—Te preguntarás que hago aquí... Yo... vi lo que le hiciste a Alisa esta mañana...

Me aburrí de lo mucho que se tardaba en llegar al punto, de manera que retorné mi atención al ajedrez, ella siguió hablando...

—Lo que vine a decir es que... Me agradó lo que hiciste...

Dejé el peón quieto en mis dedos y puse mis ojos en Katya. Lo que acababa de mencionar estaba demasiado lejos en mi rango de ideas, me tomó por sorpresa su actitud.

—Sé que no está bien, pero me gustó, y no me importa lo que los demás digan de ti... me agradas, y sé lo que le pasó a tu hermana.... Yo también sé lo que se siente perder a tu familia… mis padres murieron hace dos años... Lo que intento decirte es que… no estás sola...

—¿Sabes jugar ajedrez?...
—Sí... ¿Quieres que juguemos?... —Contestó ansiosa.
—Siéntate... —Le pedí, señalando mi cama.

27 de febrero de 2007

Me pregunto cuántas veces en las últimas horas, he repetido mentalmente la frase “maldita perra”, redondeando el número, me atrevería a decir, mil trecientas. Aunque seguramente el dolor de cabeza me provocó lagunas y la cantidad pueda ascender a dos mil.

Me siento extraña, debería estar molesta por lo que sucedió hace unas horas, sin embargo, me encuentro con una dolorosa sonrisa en el rostro de la que no me puedo deshacer. El labio roto, el ojo hinchado, y la mandíbula abultada me dan un aspecto aterrador, pero no me importa... eso es lo que me confunde.

Tiene que ver con Katya.

Ayer en la noche jugamos hasta las nueve, nos detuvimos cuando la llamaron para que volviera a su casa. Mientras estábamos concentradas en el juego no hablamos mucho, ella intentaba conversar conmigo, pero era la primera vez que yo jugaba y estaba tratando de analizar todo muy bien. Fue un curioso contraste ver a esa chica tímida y boba ser tan despiadada en el juego, ganó cuatro veces, yo una, y empatamos dos.

En la mañana mi madre entró a mi cuarto a despertarme para ir al colegio, no tenía el más mínimo deseo de ir a clases teniendo en cuenta lo que le había hecho a Alisa, y lo que su aguda mente para la venganza estaría planeando; además estaba segura de que me habían suspendido por unos días. No obstante, mi madre me dijo que tendría que hacer servicio comunitario después de la escuela si no quería que empeoraran las cosas, de manera que me levanté y me alisté.

Escuchando música nuevamente en la clase de literatura, un papelito doblado me llegó por detrás en la línea de escritorios, el mensaje decía:

Date por muerta, retrasada...

Me contuve de mirar hacia atrás, por unos instantes imaginé a Alisa cortando más mi cabello, dejándome completamente calva. Aunque luego pensé que en estos cinco años sus venganzas se habrían vuelto más crueles: matarme y tirarme al Volga, lanzarme a las vías del metro, cortarme las manos y la lengua... Detuve mis tétricas fantasías recapacitando en que no tenían ningún sentido en aquel momento, no planeaba ser cobarde ante eso o siempre viviría escondiéndome.

Al terminar las clases me dirigí a la oficina del director para preguntar por mi servicio comunitario... (Cuál es la relación crimen/castigo de cortarle el cabello a alguien y hacer servicio a la sociedad, es una pregunta universal) Katya se ofreció a ayudarme.

Tuve que ordenar los asientos, y recoger la basura en los salones. Ver a Katya colaborando con la limpieza me incómodo bastante, me preguntaba por qué era tan generosa conmigo.

—No tienes que hacer nada, fui yo quien le cortó el cabello a Alisa... —Comenté.
—Sí, así fue... retrasada...

Interrumpió Alisa entrando al salón, llevaba el cabello cortado hasta el cuello e iba acompañada de dos chicas que no reconocí.

—Vete... —Le ordenó a Katya.
—¿O qué?...

No podía creer que le hubiese respondido de esa manera, Katya era una persona tímida muy inverosímil.

—Katya vete... Estaré bien...
—Sí “Katya” ella estará bien... —Intervino Alisa con sarcasmo.

Sus amigas se rieron.

—No, yo me quedo... —Contestó Katya decidida.

Me acerqué a ella y le susurré:

—Estas chicas van a saldar una deuda, tú no tienes que ver con esto....

Me miró con firmeza y pronunció algo tan cursi que bien pude haber vomitado en cara.

—No te abandonaré...

Alisa se aproximó y me tomó por el cuello fuertemente, logrando golpear mi cabeza contra la pared.

—Querías tu pequeña venganza ¿no?...

Mis memorias me llevaron a la última vez que la enfrenté, en esta ocasión le demostré que no le temía, y la miré directo a los ojos.

Como era de esperarse, perdimos la pelea, logré asestarle un golpe a Alisa en su boca, haciendo que se reventara con sus frenillos, le di una patada en el estómago, y un rodillazo a una de las jóvenes que la acompañaban. Yo, por mi parte, recibí el golpe en la cabeza, un puño en el

ojo derecho, en la mandíbula, tres en el estómago, una patada en la espalda... Y bueno, eso es lo que logro recordar.

Cuando todo terminó, me ofrecí a llevar a Katya a la casa, ella había sido herida de forma más salvaje que yo: su cara estaba en su mayor parte cubierta de sangre, y cojeaba al caminar. Me sentí minúscula al verla, no sabía qué decir más que... Te lo dije...

—Si vas a decir “te lo dije” … ahórratelo... —Interrumpió mis ideas.

Una enorme rabia se apoderó de mí en ese instante, deseaba decirle que no quería amigos, no los necesitaba, tampoco entendía porque había confrontado a Alisa de esa manera, recibiendo esa paliza por una chica a la que apenas conocía. Es decir, en el mundo no existen personas así. Pero luego la detallé con cuidado, sobrepasando la imagen sangrienta, y me hizo sentir algo, un sentimiento que no nacía en mí desde aquellos días cuando me divertía con Maddie... amistad, confianza, cariño... eran estúpidas palabras para mí, no obstante, eso es lo que era.

—¿Por qué?... —Le pregunté.
—Te dije que no estabas sola...
—Gracias...

4 de mayo de 2007

En ciertas ocasiones sentí la necesidad de decirle a Katya que no deseaba más su compañía, no porque ella hiciera cosas que me molestasen, de hecho, es por todo lo contrario. Su comportamiento conmigo es tan agradable y generoso, que me hace sentir “especial”. No comprendía la razón de que alguien quisiera estar cerca de mí y de que me tratara de manera tan dulce; mi lado racional me repetía que no me lo merecía o que no duraría. No obstante, algo cambió hoy, algo que me llenó de rabia y una nueva clase de tristeza.

Esta tarde fui a visitar la tumba de Maddie, llevé su guitarra y me senté en el césped a un lado, para interpretar su canción favorita. La letra está dirigida a alguien que acaba de morir y va a ser guiada hacia el reino de los cielos; nunca comprendí qué es lo que la conmovía tanto de esa tonada, hasta que ella me dejó... No creo que exista un lugar mágico en las nubes para que las personas que mueren vayan y se diviertan, pero sí un sitio dónde se quedan para siempre... en los recuerdos de los seres que las amaron, y aunque creo que eso no es suficiente, es todo lo tienen.

Katya llegó al rato y se acomodó cerca de mí.

—Tu madre me dijo que estarías aquí...
—Hola...
—¿Prefieres estar sola?...
—No, está bien, quédate... Es sólo que estar aquí me devuelve al pasado...
—Yo tenía una amiga hace varios años, era la mejor persona que pisó este planeta. Recuerdo que en un inverno en verdad frío, estábamos jugando con la nieve cerca de un pequeño lago congelado, de un momento a otro me empujó y caí sobre el hielo, mi peso hizo que se rompiera en menos de un segundo, nunca he sentido tanto dolor en mi vida... No sé cómo, pero ella logró salvarme, y para asegurarse de que estaba bien, se quedó toda la noche conmigo, abrazándome de vez en cuando para cerciorarse de que estaba lo suficientemente abrigada...
—¿Dónde está ella ahora?...
—Murió...

Su respuesta me hizo sentir un vacío profundo en el estómago, sin embargo, lo que dijo después fue como recibir un disparo en todas las partes de mi cuerpo...

—La mataron...

Mientras lo mencionaba, su mirada estaba distante, perdida en algún lugar al que yo no podía llegar.

—¿Te puedo hacer una pregunta?... — Soltó de manera inesperada.
—Claro...
—Si alguien hubiese asesinado a tu hermana y tú supieras quién lo hizo... ¿buscarías vengarte?

No estaba preparada para esa clase de pregunta, jamás me habría propuesto tal cuestionamiento.

—Oye, olvídalo... fue una estupidez mencionarlo....
—Sí... me vengaría, creo que es lo que ella hubiese deseado...

Fui honesta, aunque no supe qué más decir, seguro que Katya sí sentía la urgencia de desaparecer a la persona que le hizo eso a su amiga.

—Isabelle, siento que puedo contarte lo que sea, lo lamento si te incomodé con...
—Somos amigas, ¿no?... No te preocupes... ¿Cómo se llamaba tu amiga?...

Dudó unos segundos.

—Madeline Milanova...

El tiempo se hizo más lento en el instante en el que reveló el nombre de mi hermana, y se detuvo por completo cuando soltó otra parte de la noticia...

—Necesito que me ayudes a encontrar quién la asesinó...


11 Août 2018 01:55:47 3 Rapport Incorporer 8
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Daniel Gelvez Daniel Gelvez
Para todos aquellos que están interesados en saber cómo continúa esta historia, pido un poco de paciencia, ya que el ordenador que contenía el siguiente capítulo dejó de funcionar y debo repararlo. Espero publicar la siguiente parte cuanto antes.
19 Octobre 2018 23:38:13
Marcus Turkill Marcus Turkill
Muy buena historia, me gustaría seguir leyendo.
13 Septembre 2018 00:33:37
K.H Baker K.H Baker
No sabría por donde comenzar este comentario, si por el sentimiento y las lágrimas que se me saltaron leyéndolo, o por el sorprendente final inesperado del capítulo... Estoy ansiosa por leer una nueva entrega
31 Août 2018 11:27:18
~

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