Una amistad dividida Suivre l’histoire

mauromartinprimero1 Mauro Martin

En un pequeño pueblo ficticio llamado Tiburón se desarrolla la historia de Heriberto y Segoviano, dos niños que salvan a una niña de ser golpeada por otros niños. Desde ese día una amistad fuerte entre ellos y la rescatada criatura nace y permanece así por mucho tiempo. Pasa el tiempo y Heriberto comienza a enamorarse de aquella mujer, pero se ve obligado a separarse de ella debido a su carrera en el extranjero, por lo que pide a su amigo Segoviano que se haga cargo de ella hasta que él regrese. Sin embargo en ausencia del amado surge una pasión prohibida entre Segoviano y la joven mujer. Una amistad dividida no es sí una típica historia de amor, es todo un drama pasional que vale la pena leer sólo si usted no es un buen amante de los finales felices. Una historia que le encantará.


Drame Déconseillé aux moins de 13 ans. © © 2014 Mauro Martín Chicmul Chan. Derechos Reservados.

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Acto 1

Aparece en el acto, en un escenario naturalmente playero, en las meras cercanías de la playa, dos niños que jugaban sin cesar. Todos los días lo hacían en el mismo lugar, a la misma hora después de la escuela.

Fue en el año 1970, en una de las playas del pueblo de Tiburón, allá por la antaña Costa Rica. Era ya de tarde, casi por anochecer; y aquellos niños se encontraban jugando a las carreras, a ver quién llegaba de primero desde la cabaña en la que vivía uno de ellos hasta donde se encontraba una gran piedra, misma cuya punta todo el tiempo rompía las olas más grandes que salían de aquel inmenso mar abierto.

Sus nombres eran Heriberto y Segoviano. En aquel día, Heriberto retaba a Segoviano a una carrera, una última por cierto, de unas cuatro que ya llevaban. Segoviano lucía ya algo cansado, pero aún dispuesto a introducir otra carrera más a su expediente de metros recorridos. Y nuevamente, en cuanto decían tres, dos, uno, y arranca... Los dos chiquillos se lanzaban corriendo cuan avestruces que corrían por mantener su supervivencia. La distancia entre la gran piedra y la cabaña de Heriberto era algo larga, por lo que resultaba fácil cansarse por correr dicho trazado. Y justamente cuando recién acabaran de echarse esta última carrera, desde la cabaña de Heriberto, se alcanzan a oír unos ruidos. Eran griteríos de niños. Otros niños, claro está. Y la curiosidad los asaltó por entero.

Se fueron acercando hacia aquel lugar donde se estaba dando la algarabía. Y con sorpresa vieron lo que estaba pasando: un grupo de niños se encontraban haciendo burlas a una pobre niña. Tres niños para ser exactos; y todos ellos se burlaban sin piedad ni misericordia de una indefensa niña al que por cierto no tenía nada que ver con aquellos niños. Aquellos chamacos ejercían dicha acción sólo por el placer de hacerlo. Y Heriberto y Segoviano sintieron harto coraje al ver aquella escena. Acto seguido, fueron en el auxilio de aquella criatura que se encontraba indefensa, tirada en el suelo y con algunos jalones en su cabello. No conformes con eso, uno de aquellos endiablados niños se hallaba con la clara intención de hacer más daño a aquella niña quitándole una paleta de caramelo que ella resguardaba con cierto celo entre sus diminutas manos.

Heriberto tomó del hombro a uno de aquellos niños y le encestó un certero derechazo que lo tumbó en el suelo. Los demás niños vieron aquella escena inesperada y rápidamente fueron contra aquellos chamacos defensores. Y de inmediato comenzó la redada. Una pequeña pero prontamente significativa batalla entre niños, y todo por una niña. Heriberto le fue propinando otro derechazo a otro niño, pero éste lo esquiva y responde con otro golpe, no obstante Heriberto supo esquivarlo y acto seguido toma al chamaco por la camisa y lo jalonea hasta hacerlo caer en el suelo, para después patearlo con todas sus fuerzas, una y otra vez. Pobre diablillo, por cuanto le dolían aquellas patadas propinadas en cada uno de sus pequeños costados.

El tercer niño se peleaba contra Segoviano, pero al ver que uno de sus compañeros era pateado por Heriberto quiso hacerle daño a éste último, mas Segoviano lo alcanzó y lo jaló de la manga de su playera blanca, para después empujarlo en el suelo y darle su merecido.

La pelea siguió su curso, hasta que los dos niños salvadores consiguieron que los otros tres niños apretaran el paso y se alejen de una buena vez por todas de allí. Una vez que todo se normalizó, Heriberto y Segoviano acudieron hacia donde estaba la niña, la misma a la que terminaron salvando, no sólo de un tremendo maltrato psicológico sino también de una buena golpiza.

¿Estás bien?”, le preguntó Segoviano. La pequeña criatura no contestó enseguida, puesto que se encontraba llorando ante la horrible experiencia por la que acabara de pasar.

No tengas miedo, no te haremos ningún daño”, expresó Heriberto, sentándose a su lado, e intentando tranquilizarla. “Nosotros vivimos cerca del mar, mi casa no está lejos de aquí. Él es mi amigo, se llama Segoviano. Yo soy Heriberto.”

Vimos que te maltrataban. Se pasan de lanza.”, agregó Segoviano.

¿Por dónde vives?”, preguntó Heriberto.

Como respuesta, la niña señaló con su índice izquierdo el otro lado de la calle que yacía allí algo lejos del mar. Y los niños dedujeron que aquella chiquilla vivía cerca de un parque que había unas cuantas calles tierra adentro.

Tranquila, no pasa nada. ¿No nos quieres acompañar a jugar un rato?”, sugirió Segoviano.

Quiero irme a casa, con mi mamá”, respondió la adolorida criatura. Entonces los valientes niños ayudaron a la pobre criatura a levantarse y la acompañaron hasta su casa. La chica sostenía su paleta, toda jaloneada de la envoltura y la fue trayendo sobre su pecho durante todo el trayecto, protegiéndola de cualquiera que pudiera arrebatársela.

Más adelante Heriberto y Segoviano averiguaron el nombre de la niña a la que acabaron de salvar. Su nombre era Chantal. Ximena Chantal eran sus nombres de pila, pero casi siempre todos la llamaban Chantal.

Y desde aquel entonces, los niños comenzaron a frecuentar con aquel pedazo de ternura que tenían enfrente. Fueron conviviendo, jugando, trazando aventuras imaginarias de todo tipo y vivirlas como si fueran reales. El caso está en que Chantal, Heriberto y Segoviano se fueron convirtiendo en un trío dinámico de amigos, cuya amistad parecía que nadie más destrozaría. De aquel trío dinámico se forjó una hermandad tan fuerte, que no pasaba desapercibido para los habitantes de aquel pequeño pueblo, en aquellos años setenteros.

A partir de aquí, se comienza a escribir una hermosa y a la vez triste historia de tres personas que convivieron juntos alguna vez; y hasta cuando comenzaron a tener más conciencia y empezaron a disfrutar de la vida, se darían cuenta de que algo entre ellos comenzaría a cambiar. Y dichos cambios se tornarían permanentes.

26 Juillet 2018 20:56:37 0 Rapport Incorporer 0
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