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La chica del tren

VAGON 8

Y ahí estaba ella de nuevo, volvía a subirse en el mismo lugar y a sentarse en la misma esquina de siempre. Realizaba todos los días un viaje a Castleton bajándose en la vieja y antigua estación del pueblo. Siempre que bajaba del tren unos 20 minutos antes de mi parada podía verla con la misma mirada ausente y la cabeza gacha.

Su contextura era casi tierna; a pesar de ser una chica londinense no tenía proporciones enormes. Sus ojos parecían casi demasiado enormes para su pequeño rostro y sus labios la hacían lucir más pálida de lo que era.

Vestía siempre una gabardina café sobre su ropa y se prendía de esta todo el viaje. Ni siquiera hacia contacto visual con ninguno de los pasajeros.

Luego de dos meses de notar su ritmo subiendo al tren me vi encantado por su existencia. Me pasaba noches enteras descifrando la historia detrás de esa existencia miserable.Incluso fantaseé con la vida que llevaba la que convertí en mi nueva musa. Pero las ideas no salían a menos que fueran los 40 minutos que compartíamos en el octavo vagón.

Antes de eso seguía arruinando hojas y hojas sin llegar a nada, y después de eso, igual.

Ella tenía un algo que me emocionaba aunque ni siquiera la conocía como un artista debe conocer al arte. No digo que sea arte por lo hermosa, sino por algo desconocido. No sabría decir que era. Su entrar y salir duró unos 6 meses hasta que no apareció un día. Y ese solo día hizo la diferencia en mi rutina.

Al salir del tren en mi parada caminé sin ganas hacia el lugar donde compraba café camino a la mediocre estación de noticias locales donde me encargaba de la sección de deportes locales. No era muy aficionado a esto pero necesitaba algo con lo que alimentarme mientras el editor dejaba de decirme que no tenía futuro.

Quizás no lo tenía,algunos decían que unos años atrás lo había tenido. Quizás antes de la Guerra, porque nadie es el mismo después de combatir en un campo de batalla y recibir un tiro rozando tu tobillo antes de lo esperado.

Me enviaron a casa luego de eso y desde entonces he querido volver a escribir pero soy lo que todos llaman un " caso frustrado". Después del tiro muy pocos apostaban por mi causa, incluso algunos apostaron que perdería la movilidad de mi pierna izquierda. Así fue,quizás no la perdí por completo pero el cojeo en cada paso era obvio.

El día que no apareció me movía nervioso, juntaba las manos con desconfianza o miraba al frente respirando más rápido de lo normal. Derramé el café a un par de cuadras de la oficina y no me importó.

Mi jefe dejó de lado su regaño diario al encontrarme escribiendo y esta era la vez 29 que escribía algo para el editor. Era sobre ella, ella subiendo y bajando del tren, ella siendo feliz.

Pero ella no había subido ese día al tren.

24 Juin 2018 00:00:10 0 Rapport Incorporer 4
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