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En un futuro lejano, un intrépido grupo de exploradores espaciales son los primeros astronautas en viajar fuera del sistema solar. Aterrizan en un planeta misterioso por casualidad, solo para descubrir una civilización antigua en lo profundo de un territorio inexplorado. Impulsados por su curiosidad, se adentran en el terreno para hacer un descubrimiento que cambiará la visión que la humanidad tiene del universo para siempre.


Histoire courte Tout public.

#lacivilizaciónperdida
Histoire courte
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CUADERNO DE BITÁCORA DE LA NAVE STARLIGHT PIONEER, EXPLORADORA ESTELAR 112.

DÍA 1176. 2 DE ABRIL DE 2367 ANNO DOMINI.

CORONEL ALICIA SCOTT, al mando.


La tripulación está exhausta. Hoy la doctora Emily Kim, nuestra brillante y meticulosa astrofísica ha tenido que tomar ansiolíticos: Aneurol 500mg. Es evidente que estamos cayendo en órbita espiroide hacia un extraño planeta. Los círculos son amplios, casi imperceptibles, pero estamos siendo atraídos, como un avión de papel que ha perdido la propulsión del niño que lo lanzó al aire. La fuerza de la nave no tiene poder suficiente para alcanzar la velocidad de escape.

Mientras la doctora Kim duerme, nuestro técnico Li Chen, experto en sistemas de soporte vital y mantenimiento de la nave, intenta resolver las ecuaciones diferenciales que pueden prever cuál será la velocidad de caída cuando nos acerquemos al punto de no retorno. El planeta parece tener una gran masa, pero está rodeado por un sistema binario de estrellas lejanas que hace que la caída sea paulatina. Chen no tiene miedo. Está cansado, como todos, pero no tiene miedo. Dice que el planeta es similar a la tierra, aunque “nos dolerán los músculos a medida que nos acerquemos”. Siempre tiene una perspectiva única y su sentido del humor alivia la tensión en momentos difíciles. Menos mal.

—¿De que manera se mueven los vientos? ¿De que forma lloran los enamorados ante el amor que nunca vuelve? ¿Cómo se desplaza el tiempo en los ríos de la vida, cuando eres feliz?

—Rápido —le he dicho.

—Exacto. Pues así estamos cayendo, aunque no se note —ha aclarado Chen.

El capitán Yuri Ivanov es un cosmonauta retirado y trabaja de consultor externo de la misión. Tiene un profundo conocimiento del espacio y una comprensión singular de la tecnología imaginaria. Llevamos siglos imaginando tecnología. Estas misiones buscan tecnología que podemos imaginar, pero no podemos crear. Ivanov es ruso. No es mi amigo. No nos tenemos simpatía. Aun así, su experiencia lo convierte en un miembro irrenunciable de la tripulación. Creo que intriga con algunos otros miembros para quitarme el puesto. Simplemente intriga. No puedo saltarse la cadena de mando porque tengo poder para aniquilarlo con un click. Pero él intriga. ¿Con quién? Lógicamente, con la ingeniera Elena Volkov, que es compatriota suya. Elena es una mente brillante, completamente orientada a soluciones, aunque a veces puede ser un poco reservada y desconfiada. Prefiere trabajar por su cuenta. Espero que esa desconfianza que la caracteriza lo mantenga lejos de las conspiraciones de Ivanov.

Finalmente hemos aterrizado con las lanzaderas en el planeta, al que hemos bautizado como Celesterra. Es tan verde todo que parece el paraíso. La gravedad es superior a la de la tierra así que nos sentimos lentos. Nos movemos como artríticos en un día de lluvia. Tampoco se puede respirar de forma normal. Hay oxígeno, es evidente por la vegetación, pero en sobrecarga. Tanta, que marea. Además su atmósfera está integrada, según los análisis del químico de a bordo, el doctor Berthold Kram, por algunos metales gasificados que pueden ser tóxicos. Ha dicho que podríamos sobrevivir unas horas sin las escafandras, así que hemos salido con ellas. Por desgracia, sin la doctora Kim. Sigue durmiendo.

Lo que hemos visto, y debidamente documentado con fotos y grabaciones, es algo que jamás hubiéramos podido soñar. La niebla en este planeta es suave pero permanente y tiene propiedades electromagnéticas únicas que hacen que resplandezca con colores iridiscentes cuando es iluminada por la luz de sus dos soles. Sus resplandores se cruzan, creando unos efectos desconocidos para nosotros. Hay colores que nunca hemos visto. Esta característica única crea un paisaje visualmente impresionante. Pese a que no inhalamos directamente, la niebla contiene trazas de una sustancia química desconocida que tiene efectos alucinógenos leves. Desde que hemos bajado a tierra firme no hemos parado de reír, de hacernos bromas unos a otros, como si fuera inevitable estar de buen humor. Produce placer, claro, pero añade una capa muy rara de confusión y misterio a medida que nos adentramos en las interrogantes que plantea este nuevo lugar.

—La niebla actúa como un campo de energía natural que protege el planeta de las radiaciones cósmicas —ha afirmado la ingeniera Volkov, que, por una rato, ha dejado de ser reservada e individualista como suele—. Me pregunto si puede haber evolucionado, o si se trata de pura tecnología.

Algunas criaturas, que parecen insectos, pueden moverse a través de la niebla de manera casi invisible. Son inofensivas. La luz, al golpear en la masa nebulosa, convierte a esos diminutos seres en pequeñas luciérnagas. Emiten un ruido sordo, como el raspado de un cepillo sobre una bota, pero mucho más tenue. Luego, ya en la Starlight, he pensado que ese sonido se parece más al de un aparato eléctrico enchufado que ha perdido la toma de tierra. Antes de volver a bordo de la nave, Li Chen ha hecho una observación, entre risas. Si su talante ya es habitualmente jocoso, el efecto indirecto de la neblina ha provocado que Li sea como un humorista en un escenario en plena noche de Greenwich Village.

—Jefa —me ha dicho. Siempre me llama jefa en lugar de coronel, como debería—. Estoy seguro de que la densidad de esta capa de niebla varía según las estaciones. ¿Ve los dos soles? Por la forma en que se mueven es inevitable que haya períodos del año en los que la niebla se disipa por completo.

De repente, Li ha dejado ir una carcajada como de consumidor de estupefacientes. No he probado la marihuana desde la universidad, pero su hilaridad me ha recordado a aquella sensación de risa tonta que se escapa y se detiene a espasmos que se van acortando.

—Silente y etéreo, su presencia se despliega, un susurro blanco que en el paisaje juega.

—La niebla. La solución a tu acertijo es la niebla —ha respondido el capitán Ivanov con desgana—. Esta niebla provoca buen humor, pero si sigues con tus adivinanzas me vas a cortar el viaje.

—Usted perdone, capitán. Estuve en la montaña rusa de pequeño y no recuerdo nada tan divertido desde entonces. Por cierto, usted es ruso, como la montaña.

—Cállate, Li —le he ordenado, y tras un par de carcajadas más, ha cerrado el pico.


CUADERNO DE BITÁCORA DE LA NAVE STARLIGHT PIONEER, EXPLORADORA ESTELAR 112.

DÍA 1177. 3 DE ABRIL DE 2367 ANNO DOMINI.

CORONEL ALICIA SCOTT, al mando.


Ya de vuelta, hemos comido nuestras raciones hidratadas y hemos empezado a hacer cálculos. La doctora Emily Kim ya ha despertado y ha visto los vídeos y las fotos que hemos registrado. Ya se encuentra mejor, al ver que hemos puesto pie en Celesterra sin mayores percances.

Aun no podemos salir del campo gravitacional del planeta. Hemos de esperar unos días, a criterio de la doctora Kim, a que se mueva la estrella de la izquierda, a la que hemos llamado Hyperion. El piloto, Magnus Kuus, con grado de teniente, ha elevado la nave unos seis kilómetros sobre la superficie y hemos sobrevolado la masa esférica, usando los telescopios y las cámaras del buque. No podemos creerlo. Hay ruinas. ¡Ruinas! Están formadas por estructuras impresionantes, ya decadentes, que se alzan hacia el cielo, mostrando una arquitectura monumental. El nivel de habilidad que exigen esas construcciones supera todo lo visto por seres humanos. Los conocimientos de ingeniería despedazan a los nuestros en una proporción que avergüenza. Parece una civilización antigua, porque no hay rastro de vida, más allá de la vegetal y los insectos. Las paredes de los edificios no se distinguen a tanta distancia, pero el antropólogo Perkins está seguro de que están adornadas con relieves y grabados que representan escenas de la vida cotidiana, la mitología y los logros tecnológicos de esa antigua sociedad.

—Ya hemos podido resolver las órbitas, jefa —me ha dicho Chen, que lleva horas trabajando con la astrofísica Emily Kim—. La presencia de dos estrellas en el sistema crea patrones climáticos y estacionales únicos. Los cambios en la órbita y la radiación de las estrellas produce un extraño sistema de estaciones muy cortas y muy largas, así como a variaciones en la intensidad de la luz solar y la temperatura. Fíjese en la simulación. Hay zonas del planeta donde jamás se hará de noche, y otras donde, pese a tener dos soles, están siempre en una media penumbra. El par de estrellas crean una sistema de terna. En la tierra tenemos dos estaciones a la vez, una en cada hemisferio. Aquí hay tres. Mire los ángulos.

Me he quedado perpleja por cómo el experto en soporte vital puede deducir ese tipo de cosas tan rápido. Quizás no seamos una civilización tan vergonzosa, al menos en lo que a números se refiere.

—Mañana volveremos a poner pie —he ordenado.

—No tan rápido, jefa. Doc Kim y yo tenemos evidencias numéricas de que cualquier civilización que haya sobrevivido aquí, y es evidente que eso ha ocurrido porque hemos visto los restos monumentales, ha evolucionado para adaptarse a estas condiciones extremas. Aquí se vive a base de migraciones o hibernación, porque los cambios estacionales acabarían con todo tipo de vida en minutos. Y seguro que ha habido adaptaciones fisiológicas, para resistir la radiación y las fluctuaciones de temperatura. Este paraíso puede ser muy duro.

—Mañana volveremos a poner pie —he repetido.


CUADERNO DE BITÁCORA DE LA NAVE STARLIGHT PIONEER, EXPLORADORA ESTELAR 112.

DÍA 1178. 4 DE ABRIL DE 2367 ANNO DOMINI.

CORONEL ALICIA SCOTT, al mando.


Hoy nos hemos introducido en las ruinas monumentales que avistamos ayer desde la nave. Entre la grandeza de las construcciones hemos encontrado artefactos y dispositivos tecnológicos que no están al alcance de nuestra comprensión. Superan ampliamente nuestra capacidad científica.

—Algunos dispositivos emiten zumbidos y luces muy pálidas. Casi no se aprecian por el doble sol, jefa, pero parecen estar activos de alguna forma.

—Recoged algunos y subidlos a la nave.

El siguiente descubrimiento ha sido más impresionante aún. No por evidente, ha dejado de emocionar profundamente a todos los integrantes de la expedición: hay signos de escritura. Descifrarla va a resultar imposible, pero el antropólogo Perkins podría de forma sencilla saber, al menos, cuantos sonidos diferentes tenía, o tiene, la lengua autóctona del planeta, y cuáles de ellos son vocálicos o consonánticos.

—Lo sabré por su frecuencia, coronel Scott. Las vocales son aproximadamente cuatro veces más frecuentes que las consonantes. Lógicamente, desconociendo el sistema fónico y gutural de los hablantes, no puedo saber cómo son esos sonidos. No puedo presumir que son como los nuestros. Y por supuesto jamás podré leer una sola palabra.

Pero no es cierto. El tercer hallazgo ha completado el ciclo. Hemos encontrado un miliario conmemorativo que está traducido a tres idiomas: dos son completamente desconocidos, semántica y gráficamente. El tercero está en griego clásico. ¡No puede ser! ¡Una piedra escrita en una lengua muerta de nuestro planeta!

—Coged la piedra y subidla a bordo. ¿Podrá con esta especie de piedra roseta descifrar algunos signos y palabras del idioma nativo, Perkins?

—No lo dude, coronel. Lo que no sabré nunca es cómo suena si no oigo a algún nativo de esta lenguas hablar. Los símbolos y caracteres son complejos y estilizados, lo que indica una forma de escritura muy desarrollada.

Más tarde, ya en la nave, hemos deducido que la civilización recién descubierta ha tenido un pasado glorioso. Hay evidencias de una sociedad próspera y con un alto nivel de vida. Hemos fotografiado monumentos a héroes y líderes. Los antiguos nativos parecen haber sido algo así como seres luminosos, en el mismo sentido que lo eran los insectos que se ven por todas partes. Las criaturas debían emitir una luz propia que debería ser visible desde el espacio exterior cuando los soles dan la espalda a la parte del planeta en la que estamos estacionados. Así los representan en las paredes de sus templos. Cuando la noche se ha cerrado completamente hemos podido ver un espectáculo sobrecogedor de colores y patrones lumínicos.

—Juraría que es bioluminiscencia. Hay seres vivos que emiten esas luces.

—Lo sé, Perkins. He visto las luciérnagas.

—No, coronel. Hablo de seres de más de cien kilos de peso.

Antes de irnos a descansar he tenido que desactivar al capitán Ivanov. Ha propuesto relevarme en el mando usando el procedimiento reglado por la Ley 14-34-423 de Naves Interestelares. Cuando, tras una hora de debate, Li Chen se ha planteado votar a favor de Ivanov —ignoro por qué— he procedido a la desactivación del capitán. Un botón, el NLL, el Nebula Lockdown Lever, petrifica al amotinado. Luego, he ordenado que sea lanzado al espacio. Ha caído en espiral hacia el planeta.


CUADERNO DE BITÁCORA DE LA NAVE STARLIGHT PIONEER, EXPLORADORA ESTELAR 112.

DÍA 1182. 8 DE ABRIL DE 2367 ANNO DOMINI.

CORONEL ALICIA SCOTT, al mando.


Hemos estado unos días sin bajar al planeta porque necesito que se calmen los ánimos a bordo. He sido implacable con cualquier asomo de motín. La lápida traducida al griego clásico dice:

Esperamos, esperamos y esperaremos eternamente. Hemos visto quién eres, sabemos que estás en algún sitio y que volverás. La luz que nos alumbra procede de ti. Tú eres la energía.

Cuando hemos vuelto a bajar, acercándonos a la zona donde por la noche vimos más luminiscencia, el espectáculo ha sido horrendo. Hemos encontrado a Ivanov crucificado. A ambos lados, dos cruces con dos clones de Ivanov. Los tres están muertos. Los tres desnudos. Ivanov tiene una herida en el tórax y una corona de espinas. Una tablilla marca su cruz con las letras INRI, un acrónimo latino. Por el sangrado, sabemos que Ivanov ha muerto dos veces.

Hemos huido tan rápido como nos ha sido posible y hemos alcanzado la nave en minutos. Nadie nos perseguía. Nadie nos amenazaba. No había peligro, pero hemos huido. Durante el día los seres que habitan esta tierra deben estar en las profundidades de los océanos. Sin duda los insectos que vemos por todas partes son drones de vigilancia. Drones vivos.

Lo que sí está claro es que estaban esperando a nuestro Dios. O quizás nosotros recibimos un día al suyo hace 2367 años. Tal vez algún día lo sepamos. Los tres satélites del sistema aparecen en fase de plenilunio, como en una macabra Semana Santa.

La nave Starlight Pioneer 112, pone rumbo de regreso a la tierra. Esperamos estar de vuelta en algo menos de dos años.

14 Mars 2024 07:27 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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