borja-freire Borja Freire

Todos te juzgan cuando te ven hundido, pero nadie se pregunta el porqué estás así.


Histoire courte Tout public.

#oscuridad #triste #romanticismo
Histoire courte
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Meditaciones de un vagabundo.

Es probable en estos tiempos que corren, en estos tiempos donde la verdad se esconde asustada de la mentira, en estos tiempos donde utilizamos nuestra volátil existencia, meditando de como llegará lo inevitable, la muerte. Con exangüe ánimo nos preguntamos la manera en la que se presentará ante nosotros. Esa es una de las preguntas más profundas, que se repiten a lo largo del sendero que nos toca recorrer, es una pregunta que nos acompaña cuando el sendero es salpicados con los infortunios que trae las callosas manos del azar. Es duro nacer, y que en la edad predilecta para el atesoramiento de ideas o conceptos, como es la niñez y adolescencia al individuo llano se le bombardee con una moralidad y unas ideas hacia como debemos ser. Es un craso error educacional, nos preparan de esta manera para ser carnaza de este mundo devorador de púsilamines. En el cual, las verdades son tragadas y devoradas normalmente por nuestro cuerpo, son el condimento predilecto, junto a la yerta carne, de los gusanos. Por el contrario, el embuste es el perfecto aliado para una vida deleitable, es esta última acción la que la condición humana desea hincar su hambriento diente. Nos hacen creer desde el insigne San Gregorio que ciertas acciones purgaran nuestro ser. Pero a decir verdad todo acto, puede ser reversible dependiendo del contexto en el que se encuentre y se desarrolle. No voy a explayarme más, divagando sobre mi posicionamiento en estos conceptos que entran en la moralidad, pero hice esta introducción, un tanto abstracta y confusa con la intención de recalcar que el ser que erra por la vastedad del minúsculo espacio que ocupamos en el universo, vive con la semilla de la mentira que riega cada día con, su respectivo el ocultamiento. Quien no haya vivido bajo la tensión del engaño, no ha sabido disfrutar del agridulce sabor que la vida ofrece.

En uno de esos crepúsculos, donde el amor errabundo aterriza delicadamente en los senos de la juventud, hallábame sentado disfrutando de esta estival estampa. Fumaba un cigarro, y filosofaba cuestiones, que en esos momentos pensaba que están de una transcendencia en el mundo del pensamiento, pero lo cierto es que cualquier chorrada con un paisaje así de fondo rebosaría sabiduría. Podría lo incomprendido comprenderse así mismo en ese preciso instante. Bajo mi óptica todo estaba en afinidad con el orden cósmico. Pero como siempre, yo estaba solo mientras la gente caminaba de frente, detrás y los lados de mí... Confieso, que generaba en mí, una sensación de soledad muy honda. Yo quería poseer esa aparente felicidad, pero a personas como a mí el sino las deniega. La noche comenzaba arribar, y yo seguía aguardando a algo que interrumpiese mi absurdo ensimismamiento. Las rutilantes luces de las farolas preludiaban su cometido, concretamente la que estaba sobre el banco en el que estaba sentado. Me parecía curioso el hecho de que al estar en ese banco sentado, bajo la artificial sombra de lo comenzaba a ser la noche. La sensación de estar solo volvía a mí, ese malestar abatía contra las paredes de mi ser, haciendo retumbar la campana de cristal en la guardo toda la tristeza acumulada.

Unos cuantos pasos allí, unos cuantos pasos por allá volvían hacerme salir de mis tristes pensamientos. Tap...tap...tap... Los pasos indicaban que los pocos rezagados que quedaban por las callejas marchaban a sus hogares, mientras yo aguardaba a algo que no quiero revelar. Otro cigarro, busu...busu... Otro excelso temor oprimía mi cordura. Como cada noche, la soledad se abrazaba al ensordecedor silencio para evocar ciertos momentos que no distingo si son verdad o fantasía.

<< Ahí está, es ella, mi difunta madre. >> Dije.

<< Tienes que vestirte o llegarás tarde a clase, mi pequeño. Escucha, angelito, debes saber que papá y yo no andamos bien de dinero. Pero intentaré comprarte un abrigo para este invierno. Puedo prescindir de él, me gustaría darte algo para desayunar pero hoy tendrás que apretarte el cinturón, cariño>>.

No podía ser, acaba de volver entre los muertos mi madre. Estaba ahí, y su piel parecía tan real, es increíble los momentos que puede evocar nuestra memoria. Había sido una visión fugaz, o quizás no, no podía saberlo. Heche mano al cartón de tabaco, y cogí otro cigarro. Respiraba agitado, así que para relajarme en ese momento decidí ver como el humo ascendía hacía la lámpara de la farola, y adhiriéndose al poste como la hiedra a un tronco de un árbol. Me relajaba ver la variedad de formas que recreaba una exhalación de humo. Pero hay algo comenzó a llamar mi atención. Y eran que las formas eran conocidas.

<< Hijo mio, lo siento mucho. La muerte de tu madre ha sido tan devastadora en tu vida como en la mía, pero ahora nos tenemos a los dos, tenemos que ser fuertes por ella. Ahora, yo seré tu padre, pero también me corresponde ser como tu madre. Anda abrazame, hijo. Prometo que todo irá bien. No llores, por favor.>> Dijo mi padre, era el día que habíamos llegado a la sórdida casa tras el entierro de mi madre.

Era otro momento de mi vida, otro momento que se recreaba cada noche.

<<¡ Para! Por favor, papá. Estás borracho, no sabes lo que estas haciendo,¡Para, no eres tú!>> Imploraba. Mientras mi padre, bajo la agresividad que produce el frenesí étilico, pateaba la puerta con la intención de derrumbarla para propinarme otra de sus palizas.

<<¡Abre! Deberías haber muerto tú, y dejar que tu madre disfrutará de su existencia a mi lado. Desde que naciste fuiste una carga, arruinaste los sueños míos y los de tu madre, lo que la llevó a la amargura y la hizo débil, ¡Tú la mataste con tu nacimiento!>> Gritaba mi padre con una furia indómita. De pronto se escuchó como caía al suelo, y sollozaba como un niño que se ve perdido en la multitud.

Este recuerdo que acaba de revivir, hizo estremecer mi cuerpo por completo. Unas gotas de frio sudor caían de mi frente hacía el suelo. La situación que acababa de representar mi cerebro, me había provocado perder la noción de espacio y tiempo. No obstante, la boquilla de mi cigarrillo comenzaba a quemarse. Era presa de una ansiedad que no podía controlar, mis piernas se agitaban rápidamente. Estaba incomodo, el frio de medianoche se metía en mis entrañas, pese que fuese una noche de verano, había un viento frio que helaba hasta la médula. Lo que me hacía hiperventilar con vehemencia, quería respirar pero tenía la garganta cerrada por un nudo, un nudo que provoca la tristeza y también por la durá visión que contemplé, la cual se había aferrado como un ancla en las abisales profundidades de mi corazón. No valía la pena, por lo tanto, elevar otra vez el áncora, es decir, darle vueltas a los viejos momentos que azotan de vez en cuanto mi mente. Estuve un rato sollozando, anegándome en mis propias lágrimas. Pero al cabo de un rato me tranquilicé, y como suele ser habitual tras un ataque de ansiedad, el cansancio hizo que Morfeo me cerrase en sus manos.

Fue un error dejarme dominar por el sueño. Una sucesión de viejos momentos se emularon en mi sueño. Fue cuando la conocí, a mi primer amor. Aquel primer verano, donde íbamos al cine, nos besábamos, hacíamos el amor bajo el rielar de la luna, donde pintábamos de humo las habitaciones de los hoteles, bebíamos hasta la alborada, y fue áquel verano cuando comenzamos a experimentar con sustancias que no deberíamos.

<< Vas a ser padre, querido>> Me decía, fijando sus pupilas en mi alma.

Nos casamos, y decidimos dejar los malos vicios. Pero yo me deprimía continuamente, sufría de insomnio y cuando conseguía pegar ojo, mi triste infancia me atormentaba en las más enloquecedoras pesadillas. Eso me hizo recaer ocasionalmente, pero fue a más.

<< ¡Estás loco! Vete, de esta casa. Eres un drogadicto.>> Me decía ella, en esta nueva visión.

<< Perdoname... Yo no quería...>>Decía horrizado, al contemplar su rostro tiznado por la sangre.

Al final, me dejó. Quedé solo, mi padre murió y no tengo a nadie.

Desperté, era pleno amanecer. Había sido otra vez esa pesadilla, esa mísera existencia que cómo en cada noche venía atormentarme. Comencé a llorar, la frustración y la impotencia pueden hacerte llorar más que cualquier herida. Estuve con la cabeza entre las rodillas mucho tiempo, mientras caías gotas seguido de mis escocidos ojos. Cuando cesó el llanto alcé la mirada y había alguien en frente de mí. Se sentó a mi lado. Me pregunto porque lloraba y trato de animarme. Me dijo que podía salir de esta situación, que conocía gente que podía sacarme de esta vida tan deplorable, que hay esperanza al final de la caja. Pero fue cuando me atreví a preguntarle, a mi serafín salvador.

- ¿Quién eres y por qué me ayudas?

El hombre comenzó a reirse diabolicamente.

-Soy tú.¿Sabes? Eres un sucio vagabundo. Espero no acabar jamás así, !Das grima! -Son cosas, que suelo oír cuando camino por la calle. Soy consciente que mi aspecto es repudiable, y que hice cosas horribles. Cuando comencé este relato hablaba de que el hombre, hasta el más vulgar y simple, guarda una mentira, mi vida marcada por estos momentos es lo que guardo a los ojos que me miran desde lo alto, pensando que soy inferior, sin saber que escondo ese pasado tan pesado.

21 Octobre 2020 12:56:30 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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