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Un nuevo amanecer


La esfera flamante, que tiñe el firmamento con ocres y purpúreos susurros es testiga, que por presenciar enigmas y ecos distantes, fue enmudecida a manera de castigo. No obstante, con envidiable fidelidad, cada manaña filtra su enorme abanico traslúcido, y las grietas arden dulcemente con baños de oro, como si intentasen hablarme.


Aún recuerdo a Casandra. Una ténue brisa anunciaba los primeros días de Abril, en tanto los calendarios, jactanciosos, eran encabezados por el prometedor mil novecientos sesenta y nueve. Allá estaba, sentada a la pequeña mesa, con vista al inalcanzable horizonte. A escasos metros divisé su preciosa silueta, su rostro suavemente permeado por desconocida melancolía, que iniciaba en sus ojos entristecidos y lenta huía por su cabello castaño, presa de la brisa.


Perdonó mi tardía, con su sonrisa me devolvió la vida y luego de lijeras conversaciones y risas, la lejanía hurtó nuestros alientos y el humo susurrante del café. Por un eterno instante tiempo y espacio fueron abruptamente detenidos, el horizonte proyectó la expansión de un incalculable cúmulo de nubes. En una formación cual hongo, ardía con infernales explosiones, devorando incólume el ocaso, el cielo, el aire; todo a su paso. Sin aviso alguno, nuestra pequeña mesa, las sillas y todo objeto circundante fue presa de temblores en aumento.


El horror paralizó mi alma y mi voz, mas no mi cuerpo, y sin explicación tomé de la mano a Casandra. Corrimos, ignorando nuestro actuar, buscando la nada, sin importar la fatiga y el enloquecido gentío. Mas con rapidez desconocida los temblores desencadernaron su furia, y una infernal tormenta alcanzó nuestra huida. Explosiones desenfrenadas, el cielo en llamas y otras memorias atroces aún hoy atacan mi pensamiento, en recuerdos que golpean mi ánimo abruptamente.


¿Cuál es la razón de la existencia? ¿Existe verdaderamente esa ambigua ciudad de los ecos? ¿Qué esperar, ahora que el régimen totalitario envía sus séquitos de humanoides programados? Quizás al llegar a las ruinas de Sehir - Exó mi tambaleante esperanza se esfume cual suave vaho. Estos y otros pensamientos transitan mi cabeza, en tanto continúo observando los débiles rayos del sol que traspasan las grietas de este extraño espacio, que sospecho fue una habitación de algún caserío de tercer mundo.


Noches atrás mi esperanza resultó levemente fortalecida, al distinguir ténues filas de dos o tres marchantes descender la extensa montaña. La temblorosa bandera blanca, que uno de ellos ondeaba, fue clara señal por la que comprendí que ellos divisaron mi presencia y mi bandera. Sospecho que viven muchos otros, quienes emprenden la travesía, resistiendo al vil régimen, escondidos a causa de los séquitos de humanoides.


Poco se sabe de tales engendros. Humanos como nosotros, han sido atrozmente programados, mediante hipnosis y pruebas bio-mecánicas indescriptibles. Al sumar cincuenta o sesenta individuos, son lanzados en cámaras y una vez cerradas herméticamente, son conectadas a todo un sistema de transistores eléctricos, que susurran como ecos del mismo infierno. Gritos y gemidos son esscuchados desde kilómetros distantes. Luego, tratados cuales animales, convertidos en seres amorfos, son encerrados en pequeñas celdas para ser enteramente reprogramados.


Dudo tales acontecimientos. Posiblemente es el régimen el autor de estas narraciones diabólicas, con las que afirman exitosamente su poder totalitario y esclavizador. El abanico dorado que hoy ameniza mi estancia ha disminuido en tamaño; presiento que es el momento de retomar mi camino. Cada cierto tiempo, determinado por la fatiga muscular u otros factores, detengo mi andar, y redacto este pequeño conjunto de textos, que planeo resguardar en los contenedores de Sehir-Exó. Así comprendo que, de forma incosciente, conservo una esperanza.


Hoy he recorrido quizás diez o doce kilómetros. Luego de abarcar una extensa carretera de amplias curvas y notables desniveles, mi instinto indicome desviarme, y pronto hallé monumental arboleda. No quise detenerme, pues la quietud circundante elevó un considerable temor en mi ser. Noté sin embargo, que cada árbol era exhuberante en su ramaje derecho, mas su lado izquierdo ondeaba totalmente seco. El suelo resquebrajado proyectaba extraño espectáculo de luces y sombras, azotadas a merced del viento.


A mis espaldas oí un leve ruido, que bastó para erizarme la piel y el corazón, mas tan solo resultó ser un bolígrafo que cayó de mi vieja mochila. El insignificante evento funcionó para despetar mi desvelante cuestión. Desconozco la manera en que adquirí esta mochila, en la que guardo mis cassettes, el novedoso "walkman" amarillo y algunas provisiones. Desconozco mi pasado; ignoro la razón por la que conservo un viejo libro de poemas titulado "La diosa capitalismo". ¿Por qué uno de mis cassettes posee una etiqueta en que se lee "Creedence Clearwater Revival"?


Continué mi trayecto, y repentinamente capté que mis pasos seguían dos interminables rieles, como si tan solo ayer algún ferrocarril hubiese transitado. De cuándo en cuándo observé con preocupación raras manchas sobre la tierra, una especie de inusual combinación de tonos carmesí y líquido espeso, oscuro cual lubricante para automóvil, humeantes a causa del sol, que comenzaba su lento declive. Estos hallazgos, sumados a otros que resolví conservar en mi secreto, figuraban como pistas que algún pasado desconocido intentaba brindarme.


Asustado a consecuencia de zumbidos insoportables surcando el cielo, corrí hasta llegar a un cúmulo de chatarra y trozos de madera amontonada. A razón del ausente sol y los muchos peligros nocturnos, hice de aquél botadero mi refugio temporal. Sin percatarme, inició en mi cabeza un festival de cuestionamientos, que avivado por la incertidumbre circundante y los pocos recuerdos, empujaron mi ánimo hasta tumbarlo por los suelos, y en el silencio ensordecedor del plenilunio, lloré.


Días después hallé la playa. El horizonte interminable era abarcado por mi mirada cansada, por poco derrotada. Al ver un pequeño grupo, que se congregaba alrededor de una fogata moribunda, me aproximé en busca de respuestas, pues una bandera blanca ondeaba atada a una gran palmera. No les importó mi presencia, sin embargo me senté sin pronunciar palabra alguna. Un sujeto calvo, generoso en grasa abdominal balbuceaba, de pie ante los feligreses, lo siguiente:


"¡Una esfera en lo alto

Programará tu pensamiento;

Olvidarás tu ayer,

Desconocerás tu ser!"


El sujeto obeso relató historias extrañas, cargadas de simbolismos y metáforas que resultabán difíciles de escuchar y comprender, pues su acento particular, sumado al vaivén del mar producían una melodía átona. "Radiación solar, manipulación atmosférica, cascos de buceo, forastero espacial..." fueron algunas de las pocas palabras que logré descifrar. Luego, decepcionado de tal oratoria circense, me alejé talvez por muchos metros, y aprovechando tres o cuatro paredones aún en pie, instalé mi refugio, en tanto la huida del sol tornaba al mar en un inmedible espejo reluciente.


En la mañana siguiente, la extensísima línea del horizonte era débilmente interrumpida por una diminuta esfera en la lejanía, de la que un delgado hilo humeante surgía, como buscando el cielo. No quise prestar atención al suceso, pues creí que se trataba de alguna alucinación a raíz de mi paupérrima alimentación. No obstante, en plena seguridad, sobre las montañas de la izquierda, pude observar una pequeña estructura arquitectónica. Por razones desconocidas, supe que tal edificación era Sehir-Exó. Entonces inmediatamente un soplo inexplicable ingresó por mis poros, alentando mi espíritu.


En tanto empacaba mis pertenencias y mi vieja mochila, se acercó un extraño individuo, miembro de los seguidores del vejete obeso. Insistiome en utilizar casco protector. El fanatismo en su mirada me causó sutil temor, por lo que no pronuncié palabra. Finalmente dijo llamarse "el noble colega" y de inmediato se alejó, en busca de su rebaño. Sonriente y perplejo retomé mi andar, creyente de mi vista.


¿Deliraba el sujeto obeso, al indicar radiación solar, cascos protectores y demás palabrerías? ¿De dónde provenían aquéllos congregados? ¿Dónde están mis dudas acerca de la historia oculta? ¿Aparecerá repentinamente el séquito de humanoides? ¿Casandra? ¿Es Sehir-Exó templo protector de todo origen y desarrollo del conocimiento humano? Una vez más mi cabeza sufría un bombardeo de cuestiones desvelantes, interrumpido por mi constante volteo, en que admiraba el mar cada vez más distante.


Poco a poco, a derecha e izquierda, árboles gigantes se disponían en orden asombroso y desde sus alturas descendían extensas cuerdas abundantes en hojas y flores multicolores. La senda se tornó estrecha con cada paso, para finalmente dessaparecer. Follajes rebeldes cubrían los cielos; la selva profunda, levemente oscurecida, brindaba un extraño sentimiento de completa protección y complejo enigma, cual vientre materno. A lo largo de toda aquella región el viento era inexistente, únicamente pude percibir el craqueo hecho por mis botas azules sobre el sustrato reseco.


Con imponencia hurtadora de todo hálito, el extensísimo corredor, aunque en ruinas aún elevado, de la ciudad llamada Sehir-Exó, recibió mi llegada. Ante el evento de surreal envergadura, desconocí mi propia consciencia; mas con mi vista sollozante decidí creer en el acontecimiento. Tembloroso, corrí en busca del aposento principal, que se mostraba gigantísimo. Tropecé una o dos veces hasta que, una vez en el área caí nuevamente de espaldas. Delirante, descubrí que captaba sin fin de sonidos y voces dispares, provenientes de cientos de miles de artefactos reproductores de sonido, con dimensiones incalculables.


Infinitas voces revelaban acontecimientos del pasado, cuales ecos del ayer. La tempestad sonora era insoportable, mas al hallar un antiguo casco de buceo, no supe qué hacer, sino colocarlo en mi cabeza. El sol me golpeó sin compasión, y al caer al suelo por enésima vez, absolutamente todo lo recordé. Absorto, inmóvil, sentado y abrazando mis piernas hallé el sentido existencial, la razón del presente. Comprendí la causa por la cual incontables papeles, con textos iguales a este (aunque detenidos aquí) yacían por todo el suelo de la impresionante biblioteca sonora.


A quien ha leído completamente el presente texto: el régimen totalitario controla la radiación solar mediante satélites espaciales, de manera que cada ocho días los rayos solares inciden en los pocos humanos vagantes, borrando sus recuerdos. El séquito de humanoides merodea los cielos en sus poderosos aviones P-51, lanzando extensas estelas rojas, que cubren todo a su paso. Este compuesto bio-químico afecta los sentidos sensoriales, de modo que visiones diabólicas afligen a los sobrevivientes. Mas existe una real posibilidad para un nuevo amanecer. He hallado el punto vulnerable del régimen.


Por lo tanto a tí; humano sobreviviente, ruego ayuda. Protege tu pensamiento, tu cabeza, sigue las instrucciones del mapa trazado al reverso de estos papeles, y hallarás la magna biblioteca llamada Sehir-Exó.

25 Janvier 2024 22:35 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Diego E. Encuentro en la expresión escrita una excelente forma para conocer al ser humano, para ver la vida con mejor conciencia.

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