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Martes 19 de Junio del 2018

¡Hola! ¡Bienvenidxs a mi nuevo diario/blog viajero! Realmente no sé como llamar al blog así que lo llamaremos “UN VERANO DIFERENTE”. Yo soy Esther, soy de Barcelona y tengo 22 años. En un mes cumplo 23 y cumplo también un sueño, que es viajar por todo el mundo, pero antes una paradita en un camping muy especial para mí.

Cuando una ya tiene una edad, decide que a veces es mejor viajar sola para encontrarse a si misma y para aprender de una vez por todas a no depender de nadie. Después de haberme pasado todo el año trabajando y estudiando, he podido ahorrar algo de dinero para mi disfrute y aunque aún no me voy a Londres o Paris, todo a su debido tiempo, el camping en el que me voy a alojar es muy bonito y está lleno de recuerdos que marcaron mi vida. Por primera vez en muchos años, voy a estar en el Camping de La Vall de Bianya sola, sin mi familia, aunque mi hermana esté pasando unos días ahí. Yo voy para un mes. Como prueba antes de irme a recorrer lugares desconocidos para mí. Y os estaréis preguntando ¿qué tiene de especial ese camping? ¿por qué en ese y no en otro? Pues veréis, para mi ese camping ha marcado mi vida y en la forma en que me relaciono con la gente. Pasé muchos veranos ahí y de alguna forma, cada año que iba, pasaba algo que me hacía madurar y moldear mi personalidad para bien o para mal. Conocí a mucha gente y empecé a conocerme a mí, a mis complejos y a mis idas de olla, que no fueron pocas, creedme. El caso es que, ese lugar siempre ha tenido una energía que me gusta, que me hace sentir bien y aunque a veces lo pasara mal (cosas de la edad supongo), volvería una y otra vez.
Pero volvamos al tema, sé que puede sonar absurdo para muchos y que mi emoción les parezca una chorrada por el simple hecho de que hay gente más joven que yo que ya ha viajado a muchos sitios solos. Pero mi caso es distinto. Yo nunca en mis 22 años he viajado sola, no porque no quisiese, sino porque no he podido. Hasta hace poco no había empezado a trabajar, porque desde que nací tengo un problema en los pies, que me impide caminar con normalidad y, por ende, trabajar en algunos sitios que requiera estar de pie y andando. Después de luchar mucho y de estudiar, he conseguido trabajar en lo que me apasiona, la fotografía. Me considero una persona muy curiosa, vaga, pero curiosa. Me encanta hacer fotos, ver belleza en donde otros solo ven una taza de café. Me gusta que mis fotos tengan una historia, un significado, también me apasiona escribir, y es por eso, que he empezado este blog.


Pero no nos adelantemos a los acontecimientos, el porque me voy sola viene de muy atrás y ya os lo iré contando sobre la marcha, pues no es solo que no haya viajado nunca, ya lo veréis. El lunes 18 de Junio (osea ayer), si, unas tres semanas antes porque soy así de previsora, confirmé mi plaza en el camping, con temor, pero con decisión. Después de llevar meses en reposo por una operación, por fin puedo caminar con normalidad; animada por mis amigas y como auto regalo de cumpleaños miré varias ofertas de campings y por cosas del destino fui a parar a la página web del camping al que solía ir todos los veranos de niña, aquel del que os he hablado al principio del post, y no me lo pensé dos veces.
El jueves de aquella semana de Junio, quedé con mis mejores amigas para salir de copas. Necesitaba desahogarme y relajarme a partes iguales. Después de decidir dónde ir, de cenar y de ponerme mona pero decente, nos pusimos de camino a un bar hawaiano que hay en Barcelona, muy chulo, por cierto, y al que hemos ido varias veces.
No iba con intención de conocer a nadie, ni si quiera de fijarme en ningún chico. Solo pensaba en divertirme con mis mejores amigas, beber y disfrutar del ambiente. La noche transcurría divertida, bebimos, jugamos al billar, bailamos y nos reímos como nunca. Cerca de la media noche, mientras jugábamos de nuevo al billar, sin querer le di con el codo a un chico que pasaba por detrás de mí, mis amigas asustadas me avisaron al ver al chico retorcerse.
- ¡Perdona! ¡No te he visto, estaba empanada jugando! – me excusé muerta de vergüenza mientras mis amigas se ríen medio disimuladamente. La poca luz del local no me dejaba ver bien su cara y eso me daba mucha rabia, porque no podía verle con claridad (que raro suena eso ¿no? Bueno, yo me entiendo).
-Tranquila, solo me has puesto el estómago del revés, ¡pero estoy bien! – Respondió bromeando, está claro que tampoco le había dado tan fuerte. Por cierto, la cara y la voz de este chico me suenan de algo, sé que le conozco, pero no sé de qué ni de dónde. Tras el incidente él sigue su camino y nosotras seguimos jugando, pero yo con la idea en la cabeza de que me suena mucho su cara y su voz, pero por culpa de la poca luz del local, no puedo reconocerlo.
Más tarde volvimos a nuestra mesa y tomamos otro coctel más para cerrar la noche. Mientras charlábamos y probábamos los cocteles de cada una, el chico de incidente del billar pasó por delante de nosotras y se postro en la barra, parecía que se hacia el interesante o al menos es lo que me parecía a mí. Mis amigas decían que no, que él trataba de decirme algo y tras una breve discusión entre risas, me levanté y me acerqué a él, pero otra chica se me adelantó así que me di la vuelta con intención de volver a mi sitio, pero me lo pensé mejor y fui a la barra a por más palomitas, porque sí, ¡en ese bar te dan palomitas!

Mis amigas miraban la escena atentamente. Me puse a su izquierda y la chica estaba a espaldas de mí. No llegué a oír lo que decían, pero le pidió un autógrafo o.… su número, ni idea. Mientras tanto pensaba qué decirle y de vez en cuando miraba a mis amigas, que me hacían gestos con sus caras y me susurraban cosas que no entendía.
Al poco rato la chica se fue y él se dio cuenta de que estaba ahí, pero yo hacia como que disimulaba jugueteando con una servilleta. Dejó de mirarme y lo miré yo; pude ver como él sonreía, parecía que le gustaba jugar a las miraditas, ¡pero no más que a mí! Finalmente se acercó cuando yo no le miraba. Por cierto, ¡ya sé quién es! Es José, un amigo que hice en un curso de inglés hace unos dos años, ¿qué hace este aquí? Que raro, no me lo esperaba.
- ¡Hola eh! – Dijo apoyado en la barra, mirándome con una amplia sonrisa. Siempre me gustó su sonrisa.
- ¡Ay! ¡Hola! ¿Qué tal? ¿Qué haces aquí? – respondí girándome, haciendo ver que no lo había reconocido. Nos dimos dos besos, porque en España somos muy de dar besos y empezamos a charlar, un poco vacilantes, pero de buen rollo. – así que ligando eh…- espeté vacilante, mientras jugaba con las palomitas que el camarero me había dado.
-Si, un poco. – respondió el tomando un sorbo, pero sin dejar de mirarme. No me miraba en plan ligoteo, me miraba con ojos curiosos. Como un niño que ha encontrado una piedra de colores en la playa.
- ¿Y cómo lo llevas? Lo del ligoteo digo. – le pregunto intentado picarle, pero parece que no le ha afectado como yo pensaba. Estoy perdiendo facultades.
- Mejor que tú en tus intentos de picarme. – Responde sonriendo simpático. Siempre me ha caído bien este chico.
- ¿Has venido solo? – le pregunto curiosa, bueno, cotilla, soy muy cotilla. No me matéis anda. Pero antes de que él respondiese, se acercó un chico y nos interrumpió la charla. Pregunta respondida entonces.
Me despedí de él con la mirada y volví con mis amigas. Les conté quién era y lo que habíamos estado hablando. Pasado un buen rato mis amigas se fueron al baño y yo les avisé de que salía a tomar el aire. Estaba saturada ya de la música y del jaleo de la gente, esa noche se había llenado bastante el local. Me senté en el escalón de una tienda que parecía de reparación de ordenadores o algo así y que estaba al lado. El chico de antes se acercó a mí, pero yo no lo había visto porque estaba mirando el móvil.
- ¿Te importa que me siente? – pregunta tímido mientras se sienta. Levanto la vista girándome hacía la voz y tardo un par de segundos en responder, tengo la mente aturdida de tanta música que me ha dejado agilipollada.
- Claro que no, siéntate. – Le respondo por fin, un poco irónica al ver que ya se había sentado. - ¿Cómo es que no estás con tus amigos? – quise saber a la vez que intentaba adivinar la canción que sonaba en el local, que, por cierto, para quién lo quiera saber, era “Don’t stop the music” de Rihanna, un poco antigua, lo sé. Este local no se caracteriza por tener los últimos éxitos de año, pero bueno, está bien la música, variada.
-Estaba un poco agobiado de estar ahí con tanta gente y tanto ruido - respondió mientras guardaba su iPhone en su bolsillo. - ¿y tú? ¿te han dejado sola tus amigas? – quiso saber también.
-Que va, yo también estaba agobiada de estar dentro. – respondí sincera. - ¿Qué haces aquí? – pregunté.
-Pues desde que vinimos en uno de tus cumples, me he aficionado. Tu sueles venir ¿no? – respondió sacando de nuevo el móvil, le había llegado un WhatsApp.
-Si, he venido varias veces. Es un local que nos gusta mucho, excepto cuando se llena, como hoy, que parece que toda Barcelona ha venido a parar aquí. – respondo mientras veo que entra más gente. Nos pasamos un buen rato hablando de mil cosas, recordando momentos, parecía que habíamos conectado otra vez, como cuando hacíamos el curso, eso es raro en mi porque me cuesta mucho conectar con algunas personas, y más si ha pasado tiempo desde entonces.
Más tarde mis amigas vinieron a por mí, querían irse y yo también. El chico me preguntó si aún le tenía en mi lista de contactos, para seguir charlando otro día, y le dije que no porque me había cambiado de móvil, así que le deje auto agregarse. Saludó a mis amigas y seguidamente nos despedimos, él se metió en el local de nuevo y nosotras emprendimos el camino hacia el metro charlando acerca de la noche y de lo que había charlado con él.


Al día siguiente tenía un poco de resaca, por lo que me quedé en casa de relax. Tampoco es que me haya pasado toda la noche de fiesta y bebiendo, pero estaba cansada. Soy un poco exagerada, lo sé. Pero como tampoco soy de salir mucho, enseguida me canso y me agobio. Por lo que, en consecuencia, al día siguiente estoy como si hubiese estado toda la noche de fiesta y me hubiese bebido hasta el agua de los floreros, cuando casi ni bebo en realidad. ¿Por qué os cuento esto? Ni idea, me apetecía, espero que no os aburra y si os aburre, ¡lo siento!
Volviendo al tema del blog, que me voy por los cerros de Úbeda y no puede ser… ¡ya queda muy poco para que me vaya de vacaciones! Estoy muy emocionada, pero también tengo un poco de miedo, ¿lograré sobrevivir por mí misma? Espero que sí, sino mal vamos...
No tengo mucho que contaros sobre ese día ni sobre hoy. He estado por casa organizando cosas y hablando con José, el chico que vi en el bar de copas. Así que despido aquí el post, espero que os haya gustado y que encontréis divertidas mis experiencias. ¡Hasta pronto!

20 Mai 2018 14:50:58 0 Rapport Incorporer 1
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