noga Pablo E. Arnau

Cuento corto escrito para el concurso "No Es Un Cuento Normal de Navidad" por Inskpired. Durante noche buena, muchas cosas pueden pasar. Alegría, cena en familia, charlas... discusiones, peleas y por si fuese poco, un deseo que no favorece a ningún familiar. En noche buena, cosas malas también pueden pasar.


Horreur Littérature monstre Déconseillé aux moins de 13 ans.

#noesuncuentonormaldenavidad
Histoire courte
3
3.9mille VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

La Infeliz Navidad de Sammy.

Acto I: La Infeliz Navidad de Sammy.

Todo comenzó aquella tarde del 24 de diciembre, hacía mucho frío y ya había comenzado a nevar. La pequeña Sammy estaba muy contenta por su deseo para esta navidad, le había escrito una carta a Santa en el cual le pedía muchas cosas llamativas.
Unas muñecas de colección, unas zapatillas con rueditas, una bicicleta, un cochecito deportivo rosa y hasta una casita, aunque, sintió que todo aquello material no era suficiente para complacer su felicidad. Había algo más que ella quería, algo que hacía falta en su familia, algo que… los uniese.
— ¡No seas tonta, ya te dije que no podemos! — gritaba Mark el padre Sammy.
— ¡¿A sí, yo soy la tonta?! ¡Recuerda que eres tú quien se acuesta con la vecina! — replicaba Kassandra la madre.


Sammy oyó a sus padres discutir, a sus 5 años no comprendía muy bien de lo que hablaban, pero le daba tristeza cuando ellos se gritaban mutuamente.
En el patio también estaban sus hermanos, Ronny y Kasie, dos adolescentes que peleaban por todo lo material, y discutían sobre cosas que la pequeña tampoco comprendía de ellos.
Entonces la pequeña escribió del otro lado de la hoja las siguientes palabras.

<Querido Santa:

Amo mucho a mis papás y mis hermanos, pero no quiero que sigan peleados, me pone triste y me da miedo perderlos a todos
Por favor Santa, haz algo con ellos, haz que paren, hazlo por mí.

Sammy>

Finalizó su carta con una carita sonriente, pero una lágrima cayó sobre esta, quitando de sí, aquella sonrisa.
La pequeña, no podía dejar de oír gritar a su familia, por lo que, con aquella gran tristeza y enojo, bajó corriendo las escaleras para llegarse hasta la chimenea ubicada en la sala y amagó con arrojar la carta al fuego. Aunque se detuvo y la observó detenidamente, lo dudó por un momento.
Con sus ojitos brillosos por las lágrimas, ella se dijo a sí misma <si deseo que estén juntos>
Pero una bofetada se escucha desde la cocina, ella se asustó y sin seguir en lo mismo, rompió la carta y la arrojó al fuego, allí se quedó viendo cómo se terminaba de quemar.
—Estás loco— finalizó Kassandra a Mark.

Durante la noche, otros miembros de la familia llegaron, creyeron que la pasarían bien, de que cuando diesen las 00:00 hs, se abrazarían y gritarían a gran voz “Feliz Navidad”. No obstante, las cosas no se dieron así. Ya que, una entidad llegó, no para dar, si no para quitar, no para traer alegría, si no para darles sufrimiento y castigarlos.
La pequeña Sammy oyó los desesperantes gritos provenientes de abajo, estaba aterrorizada, temblaba tanto de miedo, que la pobrecita se orinó.
Escuchó los fuertes pasos de tacones y las cadenas siendo arrastradas, una alta sombra encapuchada y con cuernos, pasó por delante de su puerta, la miró, sonrió y con una muy profunda y grave voz exclamó
—Feliz navidad pequeña Sammy— luego finalizó en alejados susurros —. Pórtate bien la próxima vez.
Pronto, los sollozos cesaron, creando de sí, un profundo silencio.

Aquella madrugada del 25 de diciembre, la pequeña Sammy salió de su cama, se encaminó hasta la sala y con su respiración acelerada y asustada a más no poder, apreció con sus ojitos aquel desastroso horror. Al final, la pequeña comprendió, que no siempre todo es sonrisas y abrazos.


Acto II: Feliz Navidad, Sammy.

5 años después, aquellos recuerdos aún la atormentan, no podía quitarse de la cabeza la imagen tan perturbadora de la sala de su casa. El blanco de las paredes se convirtió en un rojo intenso, y sin nombrar otras cosas que vio de su familia.
Cada noche, cada madrugada, era como si estuviese a punto de revivir aquel 24 de diciembre, quedó tan aterrada, que hasta la trataron de esquizofrénica, la pequeña terminó en un orfanato porque ya no tenía parientes, ella era la última.

Otro 24 de diciembre se estaba acercando, y se asemejaba tanto al anterior, que los flashback volvían. Pero Sammy ya no quería seguir viviendo en aquel recuerdo, ya no quería seguir siendo atormentada, ella terminó en aquel sitio junto a otros niños que decían haber atravesado por algo similar. Las anécdotas eran parecidas al final: una sombra delgada, alta y con cuernos, uno de los pequeños alegó haber visto sus pies
—Tiene pezuñas— dijo —. Por eso sus pisadas sonaban a zapatos de mujer.
Esa noche, los niños pensaron en una forma de acabar con aquel ser.
—Hay que buscar en los viejos libros de Madre— explicó Sammy refiriéndose a la Madre superiora del orfanato.
Y así pasaron esos días hasta que llegó la madrugada del 24, se prepararon según los cuentos y leyendas que vieron en los libros.

Uno de ellos, hizo una falsa carta pidiendo cosas normales para niños de 10 años, y del otro lado, escribió que el resto de los niños vuelvan a creer en la magia de la navidad y que sean más unidos. Luego la rompió y entre los cinco, arrojaron los trozos a la chimenea. Supieron entonces, que debían esperar hasta que marcaran las 00:00 hs. Pero las cosas fueron peor de lo que se imaginaron.
Los cinco niños estaban esperando delante de la chimenea a que llegue. Aunque pasaban los minutos, ellos sabían que en cualquier momento ocurriría. Y así fue.

Ellos oyeron fuertes golpes provenientes desde el ático, luego una grieta se presentó asustando a los niños, ésta se encaminó hasta llegar a la chimenea, provocando de allí, que el fuego se extinga. Su respiración se aceleró, estaban aterrados, creyeron en verdad que podían enfrentarlo, pero les dio mucho terror el mero hecho de sentir su presencia.
Aquel ser no se podía comparar a nada racional o real o normal. Nada le hacía justicia, su espantosa apariencia de cabra humanoide demoníaca aterró tanto a los niños, que estos huyeron despavoridos del sitio.

Dos de ellos escaparon, topándose así, con el frio y ventoso exterior. Otro corrió desesperado por los pasillo y se ocultó dentro de un antiguo armario. El cuarto se ocultó debajo de su cama y cubrió su boca para callar el acelerado respiro. Y Sammy… ella se ocultó entre sus sabanas como aquella vez.

Nuevamente ocurrió, los desesperantes gritos agudos la aturdieron, temblaba como nunca, el frío en su cuerpo no le hacia justicia al miedo que recorría por sus venas. Las pisadas, las cadenas, y el suave resoplido podían percibirse tan cerca, como si estuviese a su lado.
La pequeña Sammy, nuevamente fue presente de sucesos atroces esa noche, todos sus compañeritos acabaron muy mal. Pero ellos lo provocaron, creyeron que podían ser mas astutos que Krampus, se equivocaron terriblemente.

Los dos que salieron fueron devorados por fieras que aparentaban estar poseídas por una maligna oscuridad. El que ocultó en el armario fue sorprendido por un muñeco de ventrílocuo. Y el que intentó esconderse bajo su cama, bueno… una figura sin ojos, tan delgada que llegaba a tocar el techo y con un bastón afilado lo dejó muy claro.

Y la pequeña Sammy no pudo hacer mucho. Cuando dejó de oír los gritos, salió de su cuarto y se encamino a la sala, allí apreció con sus pequeños ojitos celestes, la misma escena atroz. Aunque esta no se igualó en nada al pasado, vio partes de los niños esparcidos por la toda la casa.

Estos niños. Creyeron que podían contra la sombra de Santa Claus, creyeron que podían contra Krampus. Que inocentes fueron. Los masacró de la peor forma posible, devorados y destrozados por los demonios que acompañaban a este ser.
Sammy, quien fue la última, quedó aterrorizada frente a la chimenea, se postró llorando por sus amigos y preguntándole
— ¿Por qué? ¿Por qué hay tanta maldad en ti aún? Nada funciona. Nada puede detenerte.
Y Krampus simplemente la vio. Allí estaban otra vez, aquellos ojos brillosos por las lágrimas. Él se le acercó, le secó una lágrima de la mejilla, tomó su rostro, y apretando cada vez más, exclamó, con aquella sombría y gruesa voz que hacía temblar hasta el animal más grande

—Fuiste muy mala esta vez, Sammy.
Ella intentó gritar, pero su voz no se pudo oír, porque él podía hacer callar a todos los niños del mundo con su oscuro poder. Solo así lograba lo de cada año tras castigar a aquellos que no se portaban bien.

Las paredes y los pisos de cada cuarto quedaron cubiertas de aquel rojo intenso, el ambiente oscuro, el sonar de aquel antiguo reloj y la música alegre que se volvía lúgubre tras cada segundo que transcurría, le dieron paso a aquel tenso amanecer, una luz tenue apenas podía ingresar por la ventana, que equivocados que estuvieron estos pequeños.

La pequeña Sammy creyó que podía cumplir con lo que se propuse tras perder a su familia, pero ahora, solo quedó de ella, aquel collar de sus hermanos y sus padres vestidos para un día festivo que jamás volvieron a tener.

Aquella madrugada del 25 de diciembre, ya no hubo regalos, risas, ni abrazos para la pequeña Sammy. La sonrisa de Krampus se apreció en aquel oscuro rincón, esperando entonces, a otro niño que se porte mal en navidad.













15 Décembre 2023 23:26 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
3
La fin

A propos de l’auteur

Pablo E. Arnau No seré un gran novelista, no seré un estupendo literario, pero de algo estoy seguro, se siente tan bien darle vida a lo que se esconde dentro de mí mente

Commentez quelque chose

Publier!
Anna V. Blair Anna V. Blair
Y después de leer este relato, a dormir con la luz encendida 😱
December 16, 2023, 07:58

  • Pablo E. Arnau Pablo E. Arnau
    Jaja toca portarse bien esta navidad 🤭 December 16, 2023, 13:46
~