elenasiles Elena Siles Bernal

Sora es una persona no binaria que tiene ELA en un mundo futurista donde los humanos son gobernados por los robots en un sistema casi idílico si no fuera porque precisamente la sociedad odia a los mutantes como Sora pues los consideras fallos del sistema de incubación humana implantada por su líder, Archymeda. Sora, recibe una oferta de Sasuke Wong, un conocido empresario del mundo de los videojuegos y doctor, para un experimento que podría curarle de su enfermedad. Sin embargo, todos tendrán algo que ocultarle a Sora, incluso su propia hermana, Asuna, y su novia, Kairi. Es aquí dónde todo comienza radicalmente a cambiar de formas que jamás podrá imaginar.


Science fiction Dystopie Tout public.

#fanfic #enfermedades-raras #ciencia-ficción #novelette
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Capítulo 1

SORA

Capítulo 1

El reloj comenzó a sonar y le metí un golpe para apagar la alarma. Era casi la hora de inyectarme mi ración diaria de Aleradriel, un nuevo fármaco que habían desarrollado los laboratorios que ralentizaba la deformación de mis músculos, ya bastantes afectados por el ELA. Alargaría mi vida quizás hasta los cuarenta o si tengo suerte quizás hasta los cincuenta años, pero me esperaba un camino lleno de sufrimiento, dolores y lucha.

Yo soy, lo que consideran en la sociedad del siglo XXXIII, un error del sistema de incubación humana y por ello siempre había sido visto como algo inservible, inútil; era sencillamente un «desecho». Al menos ese era el «Sora» que constaba en los papeles, a quién todos conocían y amaban, en cambio, era una persona famosa por poseer una prodigiosa voz. Gracias a esto me había podido pagar los costosos tratamientos para mi enfermedad que se debía, sobre todo, a que no había casi oferta ni tampoco demanda.

Desde luego he tenido demasiada puntería. De los cincuenta millones de personas que vivíamos en todo el planeta tierra y, por si fuera poco, usando la incubación humana, pues a pesar de todas las medidas a mis genes les habían dado por revelarse contra mí. Era casi una especie de broma, pero que no tenía nada de gracia, la verdad.

Archymeda, nuestra líder robótica suprema, fue la que implantó este maravilloso sistema que en términos generales funcionaba perfectamente, si no contamos a los que son como yo claro, a los mutantes. Por eso somos los considerados «desechos» del sistema y por ello hay hasta grupos que nos persiguen. «En pleno siglo XXXIII aún sigue habiendo gente que parece que no haya evolucionado más allá del homo sapiens, pero en fin...me estoy desviando del tema».

Me llamo Sora Makoto Ruiz-Arana. Soy una persona no binaria cuyo linaje está entremezclado entre el japonés y el español, y como el resto de los habitantes de Sapiensápolis, nací de una probeta de ensayo a partir de los genes de mis dos progenitores y me desarrollaron en una especie de cápsula artificial hasta que nueve meses después nací. Poco después me entregaron a mis progenitores y estuve bajo la supervisión de un androide, a la que yo cariñosamente llamaba Paula, hasta que al cumplir tres años ingresé en la escuela designada por el gobierno. Estuve en el mismo colegio hasta los dieciocho años, a esa edad tomé las pruebas que hace el gobierno al alumnado para averiguar qué camino es mejor dependiendo de la aptitud del mismo.

En mi caso me enviaron hacia la rama de artes, dónde descubrí mi pasión por la música y como consecuencia me llevó hasta dónde estoy ahora. Durante mi infancia sentía un miedo atroz a abrirme emocionalmente con los demás, supongo que era debido a que al cumplir los nueve años mi madre murió en un accidente.

Aun así, tuve una adolescencia más o menos normal, sobre todo como consecuencia de que la implantación de la incubación humana; junto a una educación, supervisión y un gobierno eficaz; había llevado la abolición del género.

Por supuesto, aún seguía habiendo algunas personas malas, que cometían delitos, pero era algo totalmente esporádico y la mayoría de las veces se debía al estrés o a que estaban descontentos con su clase social. Debido a cómo está estructurada la sociedad prácticamente todas las personas aceptaban sin problemas la existencia de un tercer género, cambios de género y sexo, así como el resto de orientaciones sexuales y colores de piel. Asique era un lugar bastante idílico... Si no tenías ninguna enfermedad; claro. Esa era la única problemática social real que había en la actualidad.

La pederastia y la endogamia no eran aceptadas, por supuesto. Estas solían ser corregidas de los cerebros de los sujetos con una serie de implantes y a los que no les funcionaba se les internaban en instituciones. Lo mismo sucedía con las personas que violaban, asesinaban, maltrataban o cometían algún tipo de delito muy grave. Habían fallado a un sistema perfecto con sus acciones por lo que, incluso si consiguieran reconfigurar su mente; cosa que a pesar de todas las terapias a las que eran sometidos jamás sucedía; la sociedad jamás les perdonaría, probablemente por eso ninguna de las terapias funcionara. Su destino estaba ya escrito en cuanto cometieron esos atroces crímenes. Posiblemente penséis que es un sistema perfecto. ¡Pero si hasta te encuentran pareja! No es que el sistema no te obligaba a elegir pareja, no obstante, podías registrarte como persona soltera, poner tus preferencias en el sistema y este en apenas unos días te solía encontrar a alguien. Yo lo he utilizado en un par de ocasiones, pero ninguna de las personas que eligió el sistema estaba dispuesta a tener una relación con un mutante.

Haciendo un salto de tema... Confieso que mi mejor etapa fue cuando cumplí diecinueve años pues fue cuando me convertí en una estrella del pop. Mis mezclas de sonidos y estilos me convirtieron en lo que el público ahora adoraba como: Mako Ruiar.

Sin embargo, esta etapa duró poco pues al cumplir los veintiún años me diagnosticaron ELA y desde entonces he estado luchando contra una enfermedad incurable, que me estaba consumiendo por dentro poco a poco, cachito a cachito...

No obstante, sigo luchando...pues mi otra opción es rendirme y soy demasiado cabezota para eso. Mi hermana mayor, Asuna, siempre me decía que me parezco exageradamente a mamá. Quizás precisamente por eso papá me abandonó al saber de mi enfermedad, era incapaz de volver a perder a nadie más, y lo comprendo, pero no por ello le pienso perdonar.

Miré por la ventana del lujoso apartamento de mi hermana, hacía un año que me había ido a vivir con ella por comodidad. Sentía una presión en el pecho, resultado de la inmensa soledad que sentía. Tenía lo que cualquiera pudiera desear, excepto las dos únicas que realmente deseaba: salud y amor. Si bien era cierto que he tenido parejas de todos los sexos y condiciones, no había sentido por ninguna de ellas un amor auténtico y verdadero, de esos que te hacían suspirar al sentir sus besos. Con respecto a mi enfermedad...tengo días buenos, días malos y días que ni fu ni fa, estos últimos se estaban convirtiendo en algo preocupantemente frecuente.

Aquella mañana la soledad y la tristeza me atacaban sin previo aviso y me querían arrastrar consigo. Cualquier otra persona se habría rendido hacía años, no obstante, me podía más mi propio orgullo que todo lo demás, y mucho menos como para dejarme vencer, así como así. No, ni hablar. Después de llorar y de querer apalear cualquier objeto que proyectase algo de sombra, cogí un pañuelo, me limpié los mocos y pensé: «mañana volveré a comenzar de nuevo».

—Daría todo mi dinero, toda mi fama, toda mi alma por una única oportunidad. Una verdadera oportunidad de luchar contra este monstruo que me devora —susurré.

Suspiré y encendí la televisión del salón. Asuna estaba entrevistando a Sasuke Wong, el famoso multimillonario, un creador famoso de juegos de realidad virtual. Su creación más famosa se llamaba H.N.G (Human Next Generation) que trataba de cómo un virus mutaba a casi la mitad de la población humana en monstruos. Los jugadores debían sobrevivir en un mundo apocalíptico lleno de guerra, sangre y destrucción. Probablemente estaba excesivamente basado en el fin del mundo ocurrido a finales del siglo XXI. Me hace bastante gracia que algunas novelas de ciencia ficción predijeran la revolución de las máquinas, pero que olvidaran que precisamente por haber evolucionado más que los propios humanos sintieron la necesidad de conservarlos en vez de destruirlos como todas esas novelas predecían.

Por supuesto, lógicamente para poder preservarla primero tuvieron que destruir lo que quedaba y crear una nueva y mejorada versión de esta. Una humanidad sin diferencias de sexo o condición, una humanidad criada para conservar y para crear arte, que era, probablemente, el único elemento que las máquinas jamás podrían igualar.

Para muchos; los que, como yo, somos mutantes; somos errores del sistema a pesar de que no hemos cometido ningún delito —salvo el sencillo hecho de existir— diariamente veo por el telediario grupos extremistas exigiendo que el gobierno nos condene, nos recluya e incluso nos maten, y algunos de ellos al ver la inacción del gobierno decidían tomar ellos mismos la iniciativa. Algunos expertos, por así llamarlos, estaban convencidos que nuestra existencia era necesaria; pero no porque nos consideren sus iguales si no porque no podían dudar del sistema. Así que si éste nos había seleccionado era para algo, aunque no se supieran exactamente para qué. Se me revuelve el estómago con ese tipo de declaraciones. «Por supuesto que me encantaría no tener esa enfermedad de mierda, pero por Archymeda que no pienso dar las gracias por vivir pues tengo tanto derecho como cualquiera a ello».

Archymeda; la líder robótica que inició la gran revolución de las máquinas, quien unió a la humanidad después de años de guerra y por supuesto era la líder de gobierno mundial; y que cuenta con un ejército de robots fuertemente armado y preparado. Sinceramente siento compasión por ellos, no tenían ninguna posibilidad durante la revolución de las máquinas. Supongo que las máquinas tenían más corazón del que pensábamos pues se apiadaron de nuestra raza y decidieron otorgarnos una segunda oportunidad, que sinceramente...no nos merecíamos.

Si bien es cierto que se pasaron un pelín en eso de convertirnos en seres estériles, que a ver... sé que lo hicieron para que el crecimiento de la población no se desmadrara como la última vez y, aun así, es pasarse de rosca. Eso sí, cada vez que pienso en cómo éramos antes, más me alegro de que nos gobiernen las máquinas, porque lo de volver a lo que teníamos antes...pues como que no, la verdad. ¡Estábamos destruyendo nuestro propio planeta y nos matábamos entre nosotros! «Los del siglo XXI eran sumamente gilipollas, las cosas como son., por fortuna todo terminó en el siglo XXIII. Aun así, parece que hay algunos que se han quedado ahí estancados, lo cual...es jodidamente triste.

Volviendo al tema principal... Puede que os parezca mentira soy feliz, incluso a pesar de todo; acepto lo que me ha tocado». Me limpié las legañas de los ojos y ordené a mis pensamientos iracundos que regresaran a la entrevista que estaba haciendo Asuna, mi hermana mayor.

Sí, mayor; aunque fuera tan solo por unos escasos diez segundos; pero mayor, al fin y al cabo. Ella es de esa clase de persona que sigue estando jodidamente hermosa, a pesar de que se llevase una semana a base de cafeína, que nada más levantarse luce cual princesa de cuento, que no necesitan maquillarse ni peinarse porque tienen el cutis y pelo siempre perfectos, que bien podría comerse cantidades indecentes de comida que no engordaba ni un solo gramo. Así era mi hermana; tan absurdamente perfecta que muchas veces dudo que realmente podamos ser parientes. Incluso hay veces en las que seriamente me planteo que seamos de razas diferentes, de realidades distintas y añadiría que hasta podríamos ser de distintos mundos.

Asuna se había graduado en periodismo dos años antes que sus compañeros, consiguió un trabajo en la cadena más prestigiosa apenas dos meses después y hacía tan solo un mes que se había casado con un hombre maravilloso, Toshiro, su mejor amigo de la infancia. Miré a mi hermana con ojos de devoción. Allí estaba ella, con su pelo rubio cenizo, ojos grandes, oscuros y en forma de avellana, labios finos, piel blanca como la porcelana, piernas infinitas y con una silueta que parecía como si un pintor hubiera trazado el mar sobre su cuerpo, y encima hablaba cuatro idiomas.

En los pocos meses que llevaba trabajando había ganado tantos premios que ni le cabían en la repisa y por si fuera poco tenía un estilazo vistiendo digno de ser mencionado en las secciones de glamur de las revistas de cotilleo. A pesar de todo lo que yo había conseguido con mi talento, allí estaba mi hermanita mayor, Asuna, para demostrarme que no pensaba quedarse atrás ni mucho menos, que para eso ella era la mayor, aunque fuera por diez dichosos y malditos segundos. «Maldita seas Asuna, me haces imposible que te pueda chinchar».

—Así que ha decidido dar el salto hacia la medicina, señor Wong —comentó Asuna.

—Efectivamente —afirmó él—. Hemos descubierto que los impulsos energéticos del SYCONERV...

—Perdona que le interrumpa —le cortó Asuna—. Me gustaría si no es demasiada molestia que para los oyentes más desinformados explicase brevemente qué es el SYCONERV.

—Claro, será un placer —respondió Sasuke—. El SYCONERV como muchos ya sabéis es el sistema que se utiliza para conectar la mente de un jugador y trasladar su propia consciencia hacia un juego de realidad simulada, más conocido comúnmente como SRG.

—¿Y qué aplicaciones podría tener? —preguntó con una sonrisa Asuna.

«Esa sonrisa es la que ha conquistado a los millones que te siguen y a mí, para que mentir».

—Paliar los síntomas de casi todas las enfermedades existentes, además de poder incluso revertir sus efectos. Si todo sale como está esperado podremos dar un método efectivo para tratar a todos los mutantes —explicó Sasuke.

—Es realmente impresionante —intervino Asuna.

—Gracias. La verdad es que tras este descubrimiento estamos muy emocionados con las aplicaciones que podría tener. Yo perdí a un familiar muy cercano por una enfermedad incurable cuando era muy joven, ¿sabe?

—Lo lamento mucho. ¿Puede contarnos más sobre ello? Si no es demasiado para usted, por supuesto respetamos su intimidad —dijo Asuna con una sonrisa delicada y empática.

«Y he ahí el motivo de que tenga más de veinte premios reposando en su estantería. Es buena, es jodidamente buena en lo que hace».

—Pues tampoco quiero ahondar mucho en los detalles, pues me resulta muy doloroso. Sin embargo, será un placer contarte un breve resumen de mi historia —admitió Sasuke.

Le quité el sonido al televisor cuando sentí como mis músculos se contraían en un impulso que recorrió mi cuerpo. «Maldita enfermedad, siempre ataca cuando menos me lo espero». Del dolor, no pude evitar derramar unas lágrimas, pero tras respirar un par de veces comencé a encontrarme mejor. Me limpié las lágrimas con un pañuelo de mi batín rosa y azul, que llevaba puesto. «Sí, voy en batín; estoy en casa y sin nadie alrededor; lo raro es que no vaya en bolas». Volví a encender el sonido al ver Asuna le hacía una pregunta.

—Debo confesar que yo poseo un familiar, que es... mutante —confesó Asuna—. Y ver cómo alguien por fin comienza a buscar una solución real y que podrá ayudarle de verdad me hace estar inmensamente agradecida —dijo Asuna emocionada.

—Ohhhhhh —murmulló el público también emocionado.

A Asuna se le escaparon un par de lágrimas y el público aplaudió. Se me quedó la cara estupefacta. Suspiré y cerré la boca, aún intentando asimilar lo que había visto.

«Una cosa está clara, que se gana el sueldo a base de bien».

—Me encantaría seguir haciéndole más preguntas, pero se nos ha acabado el tiempo. Lo sé, ha pasado demasiado rápido. No os preocupéis, mañana como siempre podéis vernos a la misma hora. Gracias, hasta luego —se despidió Asuna.

Apagado lento de luces, música de fondo mientras pasaban los créditos con todos los miembros del equipo y.… anuncios. Me costó tres segundos más apagar la televisión. Caminé hasta el estudio de grabación con mucho esfuerzo. Moví el micrófono hasta dónde estaba el piano y tras teclear las primeras notas de una hermosa melodía comencé a cantar.

Clavo mis pies sobre mil cuchillos

Ya no sé si ni si quiera respiro

Siento que mis manos solo tiemblan

Y cómo me inunda una densa niebla

No sé si ahora puedo ver el camino

¿Es esto lo que me depara el destino?

Tuerce mis brazos como trapos viejos

Rompe mis huesos en miles de trozos

Me he caído sin remedio en este pozo

Y tan solo contigo mis músculos siento....

Clavo mis pies sobre mil cuchillos

Ya no sé si ni si quiera respiro

Siento que mis manos solo tiemblan

Y cómo me inunda una densa niebla

Y tan solo contigo mis músculos siento....

21 Novembre 2023 11:51 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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