forestnomad Charlie Roberts

Pez y Oso son dos amigos y compañeros de trabajo encargados de la seccion masculina en El Palacio, una importante tienda departamental. Pez es un joven loco y fiestero que siempre se mete en problemas por su impulsividad. Oso es un joven tímido y responsable que intenta controlar los arrebatos de Pez. Juntos, enfrentan las situaciones absurdas, problemas y enredos que surgen tanto en el trabajo como en su vida personal. En El Palacio, conviven con sus peculiares y diversos compañeros y superiores, tan distintos entre sí como animales de un zoológico. Bestias de trabajo es una comedia que explora con humor las dificultades de la adultez, las relaciones laborales y sociales, el dinero y el estatus.


Humour Tout public.

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Fiesta de reencuentro

Era sábado por la mañana y los centros comerciales amanecieron atiborrados de personas en busca de las ofertas del fin de semana. Entre la muchedumbre se encontraban Pez y Oso, dos amigos millenials que se abrían paso en el mar de gente que los recibía.

Pez, flacucho y enérgico, miraba emocionado los aparadores mientras Oso, mas alto y ojeroso, lo seguía arrastrando los pies como si caminara hacia la silla eléctrica. Habían ido de compras para encontrar la tenida perfecta para la fiesta de reencuentro de 10 años que se celebraría esa noche junto a sus ex compañeros de escuela.

—¡No puedo creer que nos hayan invitado! —exclamó Pez mientras sorteaba grupos de adolescentes que merodeaban por ahí—. Esto será épico. Tenemos que dar una gran impresión.

—Si… será estupendo… ver a ese grupito de pesados —dijo Oso desganado—. Ni siquiera escribieron bien mi nombre en la invitación.

—Oh, vamos. ¿Qué esperabas de esos ignorantes? También se equivocaron con mi nombre, escribieron Pez con ‘s’ en vez de ‘z’ ¿Puedes creerlo?

—¡A mí me pusieron Pancho! —se quejó Oso—. ¡No se parece nada a mi nombre!

Pez lo miró preocupado, los recuerdos más oscuros de su época colegial parecían estarse proyectando en la mente de Oso como una vieja película de terror.

—¿En serio tienes tantas ganas de ir? —preguntó Oso, arrugando el ceño—. Esos tipos se eran unos infumables en la escuela. Especialmente Johnny, el bravucón, se metía conmigo cada vez que podía: me robaba la lonchera, me ponía apodos y una vez hasta me invitó a su cumpleaños.

—¿Cumpleaños? Pero eso no es malo.

—Adivina quien fue la piñata…

—Vamos, no seas aguafiestas. ¡Esta es nuestra oportunidad de mostrarles lo que hemos cambiado hasta ahora! —dijo Pez con entusiasmo—. Ya no somos los niños debiluchos y torpes de antes. Tenemos trabajo, departamento, responsabilidades... Bueno, tú tienes eso, yo aún dependo un poco de ti para llegar a fin de mes. ¡Pero el punto es que hemos crecido!

Pez tenía razón, pensó Oso. Habían pasado diez años desde el colegio. Tal vez sus ex compañeros ya no eran los bravucones de antes. Y ciertamente él ya no se sentía como el nerd al que todos molestaban. O al menos, esa era la imagen que quería proyectar.

—¡Está bien! ¡Está bien! vamos. Imaginarme al resto con sus barrigas cerveceras y sus cabezas calvas me hace pensar que quizás no estamos tan mal —aceptó finalmente.

Los dos amigos entraron a una tienda de ropa juvenil, buscando atuendos modernos y cool para causar una buena primera impresión en la fiesta. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que ya no encajaban tanto en las tendencias actuales.

—Creo que esto está más orientado a gente diez años menor que nosotros —comentó Oso al ver una camiseta con la cara de un youtuber adolescente.

—Tonterías, aun somos jóvenes y podemos usar lo que sea —dijo Pez, probándose un gorro con orejas de gato—. ¿Cómo luzco, onii-chan?

—Como un boomer patético —respondió Oso con una mueca.

Los dos amigos siguieron su búsqueda, ante la imposibilidad de encontrar prendas adecuadas las dudas surgieron nuevamente en Oso.

—Pez, ¿Es realmente necesario vestirnos tan elegantes para estos tipos? En los tiempos de escuela ellos iban hasta con calcetines rotos, y esos eran los que se bañaban, ni te digo el resto...

—¡Vamos Oso, se mas visionario! Esta puede ser tu gran oportunidad para impresionar a Laura, tu amor platónico de la secundaria —lo molestó Pez dándole un codazo—. Tal vez al verte exitoso por fin se fije en ti… y tal vez se enamoren… y tal vez se casen… y tal vez, en una de esas, si tienes suerte puedan llegar a tener un pequeño hijo osezno y vivan felices en el bosque comiendo avena mal calentada.

Oso suspiró con melancolía recordando a la hermosa Laura, la chica más popular e inalcanzable del curso. Él estuvo perdidamente enamorado de ella durante toda la adolescencia, pero Laura ni siquiera sabía que él existía.

—Olvídalo Pez, Laura debe ser ahora una modelo casada con un millonario —dijo Oso desanimado—. Además, yo no tengo nada que pueda impresionarla… más que mis triunfos en torneos de Catán.

—No creo que esté casada. Su estado de Instagram dice soltera –señaló Pez, alzando las cejas sugestivamente—. Ella era la chica de tus sueños. No me digas que no querías invitarla al baile de graduación.

—Bueno, sí, pero... -balbuceó Oso.

—Nada de peros. Esta es tu gran oportunidad con Laura. Solo tienes que mostrar ser un tipo seguro, interesante y exitoso. Ya sabes, todo lo contrario a cómo eres en verdad —dijo Pez con una sonrisa burlona.

—¡Pero si mi vida no es nada interesante ni exitosa! ¿Cómo la voy a impresionar?

—¡Eso tiene arreglo! —exclamó Pez entusiasta—. Solo tenemos que fingir que tenemos trabajos extravagantes y de estatus, nuestros compañeros se lo tragarán fácilmente.

—Sí claro, serán idiotas pero hasta ellos tienen sus límites —replicó Oso incrédulo.

Pez sacó entonces su teléfono y le mostró a su amigo una fotografía en la que aparecía al lado de varias celebridades.

—Mira esta foto que me tomé con Saturneke, la estrella del momento.

—¿Qué rayos? ¿Eso es real? —dijo Oso tratando de hacerle zoom.

—Cien por ciento rial no fake, amigo —dijo Pez haciendo el signo ‘okay’ con sus dedos—. Con las herramientas de inteligencia artificial de hoy en día podemos ser ricos, codearnos con celebridades, podemos viajar a lugares exóticos, hacer deportes extremos y todo eso sin salir de casa. ¡Hay que intentarlo!

Oso observó las imágenes que su amigo le mostraba, sorprendido por lo realistas que se veían gracias a la magia de la tecnología.

—Sí, se ve bastante convincente. Está bien hagámoslo —asintió Oso emocionado—. Solo espero que a mí no me hagan muchas preguntas. No soy bueno inventando cosas sobre la marcha.

—¡Ese es el espíritu! —celebró Pez chocando esos cinco—. Tú fingirás ser un importante gurú espiritual que da conferencias de meditación y yoga por todo el mundo. Yo diré que soy un famoso productor musical que ha trabajado con grandes estrellas como Selena, Juanga y David Bowie.

—Pero si todos esos murieron…

—¡Mejor!, así no podrán negarse —respondió Pez.

Acto seguido, Pez le pasó a Oso una camisa estilo India, collares y pulseras de cuentas, vistiéndolo como un Yogui moderno. También le sugirió una barba y bigote falsos para que pareciera más sabio, pero Oso se opuso ya que lo consideró excesivo.

—Recuerda, si alguien te pregunta de tu trabajo solo di frases como "debes buscar tu propia luz interior" o "todo es cuestión de vibrar en la misma frecuencia". Ya sabes, puras pendejadas de esos gurús de pacotilla —le indicó Pez.

—Entendido, nomás espero no meter la pata —dijo Oso no muy convencido con el plan.

Los dos amigos siguieron recorriendo las tiendas buscando la vestimenta perfecta el look adecuado de sus personajes. Finalmente Pez escogió un traje oscuro el que adornó con colgantes y reloj de oro de imitación que lo hacían parecer Don King.

Para llegar con estilo al evento, rentaron una limusina en una empresa de internet llamada "Servitruchos", cuyo lema era "Los más baratos de la ciudad". La oferta tan ridículamente barata debía haber encendido las alarmas en su cabeza, pero Pez estaba demasiado enfocado en aparentar.

—No lo sé... ¿No crees que es un poco excesivo una limo? —cuestionó Oso—. Además, el conductor en la foto parece un indigente.

—Tonterías, es una gran oferta. Esta limusina vintage le dará el toque de clase que buscamos —lo convenció Pez—. Ya puedo imaginar las caras de envidia de todos cuando lleguemos en este vehículo de lujo. Seremos la sensación de la fiesta.

A Oso aún le preocupaba que sus excompañeros no les creyeran el numerito, pero no quería desanimar más a su entusiasta amigo.

—Está bien. Total, si esto sale mal siempre puedo fingir que entro en trance y hacerme el tonto —bromeó Oso, algo incómodo.

—Nada puede malir sal, ya verás —dijo Pez para animarlo mientras salían del mall en vistas de prepararse para la gran noche.

Llegó el gran día en que el dúo de aventureros asistiría a la tan anhelada fiesta de reencuentro escolar. Los dos compinches se adornaron cual pavos reales, perfumadísimos y listos para dejar embelesados a sus antiguos compañeros de aula, quienes en su mente aún seguían siendo esa manada de brabucones que recordaban.

Al arribar en su elegante carroza, no pudieron evitar taparse sus delicadas narices. El vehículo despedía un hedor tan fétido que haría llorar a un metalero. Tras bajar de la paila con ruedas, Pez y Oso se adentraron al salón admirando la decoración bastante peculiar que los recibía: cascadas de licor, figuras esculpidas en hielo, y… un castillo hinchable con resbaladilla. Un cartel colgaba al fondo que decía "Bienvenidos exalumnos del Colegio Salmonella, promoción del 2013".

—¿Qué onda con el resbalín? —preguntó Pez a uno de los asistentes que estaba en la entrada.

—Fue una oferta de Servitruchos punto com, los más baratos de la ciudad. —contestó.

Apenas entraron, Oso comenzó a ponerse nervioso buscando con la mirada a sus antiguos abusadores escolares y a su ex crush Laura, pero se dio cuenta de un detalle: el salón estaba lleno ya que dentro se habían reunido todos los cursos de aquella generación, y sus compañeros de antaño con los que se iba encontrando estaban cada uno más irreconocible que el anterior.

Uno a uno fueron socializando con sus excompañeros, quienes ahora los adulaban impresionados por sus supuestos logros profesionales y sus pilchas estrambóticas. De pronto, una figura imponente se acercó al par de amigos tocándoles en la espalda.

-¡Pez, Oso, cuánto tiempo! No puedo creer lo fantásticos que se ven –dijo Johnny, el brabucón que tantos malos ratos había hecho pasar a Oso—. Cuéntenme, ¿qué es de su vida ahora?

Oso tragó saliva, pero Pez actuó con total naturalidad.

—Yo soy productor musical independiente. Seguro has oído hablar de Saturneke, ese talentoso cantante urbano que está arrasando las listas. Todo me lo debe a mí —presumió, pasándole el brazo por los hombros a Bearhead—. Y este hombre aquí es todo un gurú espiritual. Da conferencias de mindfulness por todo el mundo.

—Wow, suena increíble –dijo Johnny, sorprendido—. Yo solo soy jefe de ventas en una tienda deportiva del centro.

‘’Maldicion, tiene mejor empleo que yo’’ pensaron al unísono ambos amigos.

—Oso, ¿me darías algún consejo espiritual? Siempre ando muy estresado por mi trabajo —preguntó Johnny.

—Eh... claro, con gusto –dijo Oso, entrando en pánico—. Debes, um... encontrar tu propia luz interior. Todo se reduce a vibrar en la misma frecuencia... Eh, ¿captas la onda?

Johnny lo miró extrañado, pero rápidamente aparecieron sus antiguos amigos Carl y Sergei quienes lo abrazaron y lo alejaron del par.

—¡Cuánto tiempo cara de nalga! —le dijo Sergei mientas le daba un coscorrón amistoso a Johnny.

—Vamos por un trago, pero sin vomitar la alfombra esta vez —sugirió Carl, llevándose a su amigo.

Pez y Oso quedaron algo extrañados por la actitud de Johnny, no se parecía nada al que recordaban en sus tiempos escolares.

—¿Te diste cuenta de que cambió? —preguntó Oso.

—Sí, ahora está más panzón y arrugado —comentó Pez.

—¡No! Bueno, tal vez. A lo que voy es que ya no me da miedo. Ya no me siento intimidado jeje. ¡Soy un hombre nuevo, he madurado!

—Felicidades Oso, ahora vemos la vida con otra óptica —añadió Pez en tono filosófico.

—¡Oso, cuánto tiempo! Me alegra tanto verte —dijo una voz femenina desconocida que sorprendió al par de amigos.

La mujer, se acercó rápidamente al gurú dándole un abrazo mientras los ojos de Pez estaban abiertos como platos. Eran Laura y su amiga Sofía, luciendo ambas tan bellas como en sus años mozos.

—Que gusto da gusto volver a verte después de tantos años, y a ti también Pez —dijo Laura con una sonrisa, mientras Sofía la acompañaba de brazos cruzados—. Cuéntennos, ¿Qué ha sido de ustedes? Me han dicho que le está yendo muy bien.

Oso se acercó al oído de su amigo y le dijo disimuladamente:

—Olvida lo que dije Pez, no he madurado nada. El corazón me late a mil, las manos me sudan, las piernas las siento de espagueti, no puedo hablarle a Laura en este momento.

—Tranquilo cariñosito, deja que yo me encargue.

El corazón del oso latía con fuerza. No podía creer que la chica que le robaba el sueño en su adolescencia ahora se acercara a él con tanta facilidad. Pero a la vez se sentía culpable, pues estaba a punto de mentirle sobre su miserable vida real con el fin de impresionarla. Sin darse cuenta, Oso abrió la boca y sacó la voz.

—Yo, este... pues verás, soy un reconocido gurú espiritual —tartamudeó Oso—. Doy seminarios de meditación y mindfulness por todo el mundo. De hecho, mi centro holístico tiene sucursales en la India, Tíbet y Narnia.

Pez lo miró atónito, no pudiendo creer que su amigo se haya atrevido a sacar la voz y encima mintiendo descaradamente, como un animal.

—¡Eso suena fascinante! Siempre supe que llegarías lejos –exclamó Laura maravillada.

Oso sintió que las piernas le temblaban como gelatina, pero asintió con la cabeza, tratando de aparentar seguridad, decidido a hacer lo necesario para cumplir su sueño colegial de conquistar a Laura.

Mientras tanto, Pez departía amenamente con Sofía presumiéndole sus falsos logros como exitoso productor musical. Le mostraba orgulloso las imágenes trucadas donde aparecía codeándose con celebridades.

—Y en esta de acá salgo con Saturneke, ¿te conté que conozco a Saturneke? Es un gran tipo ese Saturneke. En fin, yo fui quien lo lanzo a la fama.

—No puedo creer que hayas trabajado con tantos artistas famosos —decía Sofía impresionada—. ¿Crees que algún día puedas evaluar mi talento? Yo también canto, ¿sabes? Tengo una banda de death metal con mis colegas llamada "Calzones con fuego".

—Claro, muéstrame tu arte y te daré mi sincera opinión —respondió Pez entusiasmado.

Acto seguido, Sofía se paró frente a todos y comenzó a interpretar una canción gutural, rugiendo y gruñendo cual animal salvaje. Su voz sonaba como si tuviera laringitis y estuviera vomitando a la vez. Los vidrios retumbaban amenazando con estallar.

Tras terminar su "performance", Sofía preguntó expectante:

—Y bien Pez... ¿qué te pareció?

El aludido se quedó mudo por unos segundos procesando la cacofonía auditiva. Pero reaccionó rápido.

—Pues...este...debo decir que tienes mucho potencial. Creo que con el entrenamiento vocal adecuado podrías triunfar —mintió Pez para no herir sus sentimientos.

El rostro de Sofía se iluminó de emoción.

—¡Lo sabía! Gracias por tus palabras —exclamó—. Ahora demuéstrame tú tu talento musical. Quiero escucharte cantar.

Pez tragó grueso. No tenía idea de cómo zafarse de esa. Pero pensó rápido y decidió complacerla interpretando algo del estilo de Saturneke, como estaba de moda, Pez pensó que sería del gusto de todos. Tomó el micrófono, carraspeó un par de veces y comenzó a rapear:

Llego yo el Pez con mi p**e parado

Bailando provocativo y mirando a todos lado a lado

Las minas me ven y se mojan sus v**inas

Ellas quieren conmigo tener or**as clandestinas

Soy más ordinario que un puerco en el fango

Hablando cochinadas sin ningún tino ni rango

Porque soy más pel**udo que m*ar contra el viento

Y hago rimas que ofenden hasta al más sangriento

Pez cantó su letra explícita y vulgar moviendo las caderas y haciendo ademanes obscenos. Los invitados lo miraban estupefactos. Laura se tapó los oídos, Johnny escupió su trago, y la abuela de uno se desmayó de la impresión.

Mientras Pez deleitaba al respetable, Oso ya entrado en confianza trataba torpemente de aparentar ser un gurú espiritual respondiendo las consultas existenciales de sus excompañeros con frases absurdas e incoherentes:

—Para alcanzar la iluminación, debes buscar tu chakra interior y conectarlo con el wifi universal del cosmos.

—Para limpiar tus vibras energéticas debes alinearlas con las de tu lavadora.

—La clave para la felicidad es comer avena tibia tres veces al día y bailar la macarena desnudo frente al espejo.

Sus excompañeros lo miraban confundidos, pero a la vez maravillados creyendo que eran enseñanzas profundas.

—Oh gran Oso zen, eres tan sabio. Tus palabras me llenan de paz interior –dijo Johnny con los ojos llorosos.

El falso gurú Oso seguía deleitando a la concurrencia con sus “enseñanzas” sin sentido, ante la admiración de todos. Pero la situación se empezó a complicar cuando más y más excompañeros se acercaron atraídos por su supuesta sabiduría, bombardeándolo con toda clase de preguntas existenciales:

—Oh gran Bearhead, ¿cuál es el sentido de la vida?

—Este... pues... ¿reciclar y no usar popó de perro como fertilizante?

—¡Eso no tiene sentido! —Replicó uno—. Hace un rato me dijiste que el sentido de la vida era tejer sweaters para ornitorrincos.

—Ehh... lo que pasa es que el sentido de la vida es dinámico y cambiante… ¡como las reglas del Uno! —trató de arreglarla Oso.

—Pero si hace unos minutos dijiste que era firme e inmutable como el final de Game of Thrones —lo contradijo otra excompañera.

Oso comenzó a sudar frío. Se había enredado con sus propias incoherencias y no hallaba cómo zafarse de esa. Por suerte Pez, siempre atento, salió al rescate proyectando en la pared unas diapositivas con fotos del curso en su época escolar.

—Miren todos, aquí están ustedes de chamacos mugrosos –dijo señalando una imagen donde se veía a los niños en un campamento, llenos de barro mientras jugaban.

Los invitados miraron la pantalla entre risas y nostalgia.

—¡Recuerdo ese campamento! Johnny cayó de cara en el lodo –comentó Laura.

—Sí, como olvidarlo. Mira, aquí tengo una foto de ese momento –presumió Pez pasando a la siguiente diapositiva.

En efecto, se veía a un pequeño Johnny con la cara embarrada de pantano, mientras los demás niños se descostillaban de risa.

—Ja ja, muy graciosos –refunfuñó Johnny cruzado de brazos.

Luego Pez siguió mostrando fotos del curso hasta llegar a una actual de Oso posando sonriente. Pero había un detalle sospechoso que llamó la atención de Sofía, quien en la actualidad era una sagaz periodista.

—Un momento... ¿esa foto es en la India? –preguntó Sofía extrañada.

—Este... sí, la tomamos cuando Oso fue a dar un seminario allá –trató de justificar Pez.

Pero al mirar más de cerca la imagen, Sofía notó algo aún más extraño.

—Pero... Oso tiene tres brazos en esta foto...¿qué significa eso? —inquirió desconfiada.

Todos se acercaron curiosos a observar la imagen ampliada y en efecto, el oso aparecía con tres extremidades. Los murmullos se hacían audibles en el salón.

—Eh… es que en la India los gurús a veces manifiestan extremidades extras... canalizan toda su energía cósmica, ya saben —improvisó Pez.

Pero Sofía no se tragó el cuento. Algo olía mal en esas historias, y su olfato periodístico se activó.

—Muéstrenos más fotos de los viajes de Oso, esto es muy sospechoso –exigió cruzada de brazos.

—Como gusten, tengo un álbum completo –accedió Pez pasando más diapositivas, pero estas despertaban cada vez más sospechas entre los asistentes.

En una se veía a Oso en la India domando serpientes, en otra se veía montando un elefante pero a Oso le salían colmillos y trompa de la cara, en otra con un tercer ojo en la frente. Los invitados miraban pasmados sin entender nada.

Hasta que llegó la gota que derramó el vaso: una imagen de Oso en la Luna con un traje de astronauta, bailando junto a extraterrestres de cabezas cuadradas.

—¡Ya basta! Esto es ridículo, todas estas fotos son claramente falsas —estalló Sofía enfurecida.

—Sí, es obvio que nos han estado mintiendo todo este tiempo —secundó Sergei.

De un momento a otro, el ambiente se tensó y todos comenzaron a rodear a la dupla de embusteros con mirada acusatoria.

—No puedo creerlo, siguen siendo los mismos don nadie de siempre —escupió Sofía con cara de pocos amigos, mientras Laura los miraba con preocupación.

Los excompañeros comenzaron a abuchearlos llamándolos fracasados y perdedores. Incluso Johnny les arrojó ponche encima gritándoles: "¡Abusadores!".

Oso, avergonzado, salió corriendo a ocultarse en el baño. Pez trató de calmar los ánimos con su particular sentido del humor.

—Vamos amigos, no se sulfuren. Todo era una inocente broma para animar la fiesta. Yo sí soy productor musical, miren esta selfie que me tomé con Michael Jackson –dijo mostrando en su celular una foto donde aparecía el junto a una versión de MJ en sus tiempos de Jackson 5.

Nadie se tragó más sus mentiras. Sergei le arrebató el teléfono y lo arrojó al piso haciéndolo añicos.

—¡Largo de aquí, par de fracasados! —vociferó Sofía señalando la salida.

Derrotados y humillados, no les quedó más opción que salir de ese lugar. En su humillante huida, Oso corrió hasta el estacionamiento a lamerse las heridas. Se sentó en la calle con la mirada perdida en el pavimento. Se sentía patético por haber pretendido ser alguien que no era. De pronto, sintió que alguien se paró junto a él. Era Laura, quién lo había seguido preocupada.

—Oso, no sé por qué me mentiste sobre tu vida, pero la verdad es que no me importa —dijo ella comprensiva—. Todos tenemos nuestros secretos vergonzosos.

Laura se sentó junto a él y le tomó la mano con delicadeza.

—Yo también he mentido por mucho tiempo. Sabes, cuando éramos jóvenes tú me gustabas mucho, pero siempre lo oculté —le confesó Laura con voz temblorosa. Yo era la chica popular y tenía miedo de lo que dirían los demás si me veían contigo. Era una tontería, lo sé, pero así era yo entonces. Ojalá nos hubiéramos encontrado antes.

Oso sintió mariposas en el estómago. ¿Sería verdad?

—Quizás aún no es muy tarde… —dijo Oso esperanzado.

—Ojalá nos hubiéramos reencontrado antes…. Porque ahora estoy casada y tengo un hijo —prosiguió ella con pesar.

El corazón de Oso se estrujó como una uva pisoteada. Había llegado tarde.

Laura se acercó lentamente y le dio un tierno beso en los labios, tomándolo desprevenido.

—Quizás algún día podamos vernos a escondidas —susurró ella con picardía antes de retirarse y volver a la fiesta, dejándolo en shock.

¿Acaso fue real lo que acababa de suceder o los cantos de Pez le habían destruido demasiadas neuronas? Se cuestionaba Oso. Aturdido, se levantó para recostarse en el capó del auto a contemplar el cielo estrellado, preguntándose ¿qué hubiera pasado si...?

De pronto Pez se le acercó, sacándolo de su ensimismamiento.

—Lamento que las cosas salieran tan mal, pero al menos nos divertimos un rato con este circo —dijo Pez con su actitud despreocupada de siempre, dándole unas palmaditas en la espalda a su amigo.

—Tienes razón, no todo fue tan malo. Excepto el olor de este vejestorio —contestó Oso señalando el auto destartalado.

Ambos rieron con complicidad y se dieron un fraternal abrazo.

—¿Qué te parece si entramos de nuevo y nos presentamos de verdad? Todavía queda mucho alcohol en esas cascadas —propuso Pez con una sonrisa pícara.

—Esta vez sin mentiras —dijo Oso, incorporándose para entrar.

Estaban a punto de encaminarse a la fiesta, cuando de pronto Pez tuvo una perversa idea. Se acercó sigiloso al auto de Sergei, bajó el cierre de su pantalón y comenzó a orinar en el tanque de gasolina.

—¡Imbecil! ¿Qué rayos haces? –exclamó Oso sobresaltado.

—Sólo le doy un pequeño regalito a nuestro "amigo" para que recuerde esta noche —respondió soltando una risotada malvada. Oh, y también me queda un poco para Sofía.

Tras la travesura, los dos cómplices regresaron sonrientes a la reunión, listos para el segundo round. Tal vez la noche no había sido un completo desastre después de todo.

15 Novembre 2023 00:55 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Carolina P. Carolina P.
Es buenísimo! 😂
December 06, 2023, 02:53
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