adryanrex Adryan Rex

Orion es un joven que debe defender un misterioso faro en una remota región del Polo Norte. Allí, junto a Santa Claus, deberá enfrentarse a una amenaza que hará peligrar las esperanzas de la humanidad y el propio espíritu navideño.


Fantaisie Épique Tout public.

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El guardián de las luces

Orion Starwatcher tenía una obligación ineludible para la que había nacido y que nadie más que él podía realizar. En la cima de Puntaventisca, una región aislada del Polo Norte, vivía con la constante misión de proteger las luces del mundo. Esto se acrecentaba sobre todo cuando se acercaba la época de Navidad, que era cuando los sentimientos y emociones estaban más a flor de piel, y por tanto, había más posibilidades de que se inclinara la balanza de la luz a un lado o a otro. En cierto momento, le vino a la memoria el día de su nombramiento.

—Qué placer es tenerte con nosotros, Orion. No podría pedir nada más en esta magnífica noche de Navidad —exclamaba Santa Claus de forma alegre mientras brindaba con una copa de chocolate caliente.

—Creo que estás exagerando, Claus —respondió el joven con cierto recelo.

El hombre, meciéndose la larga barba blanca, se reía con mucha alegría.

—Deja que me divierta. Por fin he terminado de repartir todos los regalos a los niños del mundo. Es mi momento de pasarlo bien.

—Si eso es lo que crees, no seré yo quien te lo impida. —Se encogió de hombros dándole un gran buche a su jarra.

Al cabo de unos diez minutos, Santa Claus se levantó de su asiento, y miró directamente a Orion a los ojos.

—Orion, creo que deberías acompañarme. Hay un tema del que tengo que hablar contigo en privado. —Su expresión cambió a cierta seriedad.

—¿De qué se trata? —preguntó intrigado.

—Aquí no. Sígueme —respondió Claus ensombreciendo su mirada.

Recorrieron un largo trayecto, de una media hora, y Claus se plantó con Orión en lo que parecía ser la entrada de un viejo faro destartalado con varios témpanos de hielo colgados.

—¿Para qué me has traído a este sitio? —preguntó un tanto molesto.

—Hablaremos arriba.

Remontaron una vez más la marcha, y después de unos minutos de subir escaleras, llegaron a la sala del faro, donde para sorpresa de Orion, una gran esfera lumínica, ocupaba la mayoría del lugar. Aquella luz era hipnótica, que danzaba y se movía con soltura, como si estuviera viva y le estuviera hablando, dedicándole una cálida sonrisa.

—Claus, ¿qué es esto? Nunca lo había visto.

El hombre se giró para mirar a la lejanía del mar de nubes, contemplando la aurora boreal.

—Orion… necesito que me hagas un favor. Necesito que te conviertas en el Guardián de las luces —expresó con seriedad.

—¿Qué? ¿Estás de broma?

—Orion… No puedo seguir defendiendo las luces y traer felicidad a la humanidad yo solo. Preciso de ayuda. Tu ayuda.

El joven se puso en tensión durante varios segundos por lo que acababa de escuchar. No podía dar crédito. ¿Él? ¿Guardián de las luces? ¿Acaso Santa Claus sabía ni tan siquiera lo que le estaba pidiendo?

—Claus… ¿por qué yo? —preguntó incrédulo

—Tienes una habilidad innata para leer las estrellas, chico. Te he visto predecir con facilidad la aparición de la Penumbra en navidades pasadas. Tú puedes defender el faro mucho mejor de lo que lo llevo haciendo yo toda la vida.

—Claus… no puedes pedirme eso. —Dio un paso hacia atrás.

—Orion… no te lo pediría si no confiara plenamente en ti. Creo que tienes la capacidad más que de sobra para defender las esperanzas de la humanidad. Yo me hago más viejo a cada año que pasa, y no estaré aquí para siempre.

—Claus… no… —Se atragantó sin saber cómo continuar.

—Ayúdame a seguir adelante.

Orion no supo cómo reaccionar, necesitando varios segundos. Su cabeza era un torbellino de pensamientos y emociones desbocadas. Aquello era demasiada información para asimilarlo todo de golpe, los ojos le daban vueltas, y sentía el gélido aire de Puntaventisca entrarle en los pulmones a cada bocanada que tomaba. No pudo hacer otra cosa más que asentir de forma tímida.

—De acuerdo, lo haré.

Santa Claus se giró de forma estrepitosa hacia Orion, y a continuación le proporcionó un fuerte abrazo, levantándolo a varios centímetros del suelo.

—Estupendo, ¡esto hay que celebrarlo! Vamos, te invito a una jarra de chocolate caliente.

El enorme hombre vestido de rojo rodeó el hombro de Orion mientras reía con fuerza y se dirigía de nuevo a saciar su apetito.

Un chispazo en la mente de Orion le devolvió al presente, y comenzó a observar alterado la bóveda celeste.

Se dirigió con rapidez hacia la mesa que tenía desplegada dentro de la sala del faro, con varios mapas estelares que le permitían interpretar y vigilar las posiciones de estrellas y constelaciones.

Tras hacer unos cálculos mentales rápidos, ayudándose de los mapas, pudo discernir cómo la posición de una estrella había variado en apenas unos grados hacia el oeste. Desvió la mirada con velocidad hacia esa dirección, en la que se ponía el sol, ya apenas dando los últimos retazos de luz del día.

En el horizonte entre cielo y tierra, alcanzó a vislumbrar cómo fragmentos de Penumbra se formaban en patrones caóticos. Orion sabía lo que aquello significaba. Puntaventisca estaba siendo asediada, y como Guardián de las luces, era su deber defenderla hasta el último aliento.

Se desplazó lo más rápido que pudo al techo del faro, en una plataforma convenientemente preparada para él, que usaba a modo de punto de vigilancia, o cuando necesitaba una gran cantidad de espacio libre para moverse.

La interpretación de las estrellas no era la única habilidad que poseía Orion. Santa Claus lo sabía muy bien, y aunque no lo comentó cuando lo nombró guardián, sabía que aquellas habilidades eran justo lo necesario para defender el faro.

El Ciclo de luces como se le conocía, era una habilidad única de Orion, que le permitía manipular la luz del Sol, aunque esta alcanzaba todo su potencial durante el crepúsculo, que era justamente el momento en el que se encontraba.

Desde la base de Santa Claus, el hombre podía llegar a ver cómo la Penumbra se disponía a atacar nuevamente, y solo podía confiar en que Orion cumpliría su papel como guardián.

El enjambre se lanzó sin miramientos al ataque de forma directa contra el faro.

Orion inició una serie de movimientos con ambas manos, de las que empezaron a surgir luz a raudales. Los seres se acercaban a alta velocidad, y no tardarían mucho más de un minuto en llegar a su posición.

Ese era todo el tiempo que necesitaba para convocar un poderoso pulso que los repeliera con fuerza.

Apenas diez segundos, ocho, cinco, ya estaban encima; atacó de inmediato sin pensarlo.

La energía que surgió de Orion fue absolutamente devastadora para los oscuros entes que pretendían acabar con las luces, disolviéndose casi de forma instantánea en el aire.

Pero la alegría de la victoria no duró mucho, porque un minuto después, un nubarrón formado por otro ejército de Penumbra se lanzaba de nuevo a por él.

—¿Estás de broma? Esto no puede ser en serio —se quejó.

Volvió a preparar el pulso de su Ciclo de luces, dispuesto a dar la batalla todas las veces que fuesen necesarias.

Así, estuvo aniquilando durante varias horas seguidas los ejércitos de la Penumbra sin parar. Ni siquiera podía tomar un respiro, por algún motivo que desconocía, cuando acababa con una horda, aparecía la siguiente casi de forma inmediata.

—¿Pero qué está pasando? Esto no es normal. No es como en otras navidades pasadas. Aquí hay algo que no encaja. Esta Penumbra es demasiado fuerte. No ha bajado el ritmo ni una sola vez.

La determinación de Orion comenzaba a flaquear. Empezaba a cuestionarse si algo de lo que estaba haciendo tenía significado alguno.

—¿De qué sirve… proteger la esperanza de la Navidad? No soy ningún guardián. No puedo hacer nada —se cuestionaba a sí mismo.

Cada oleada iba siendo más fuerte que la anterior, o quizás eso era lo que le parecía a Orion, ya que con cada ataque que repelía, notaba cómo su fuerza iba disminuyendo, poco a poco.

La Penumbra cada vez estaba más cerca del faro, y se iba aproximando más a su objetivo. A Orion le empezaban a flaquear las fuerzas, no sabía cuánto tiempo podría seguir resistiendo, o si tan siquiera quería seguir resistiéndose.

—Vamos, Orion. No me falles. Yo sé de lo que eres capaz. Demuestra que la esperanza de la Navidad es inquebrantable —musitaba Santa Claus con ojos vidriosos.

Orion clavó una rodilla en el suelo de la plataforma, cada vez más agotado por el asedio. No podría seguir mucho tiempo así. Necesitaba un plan para salir victorioso, o las luces se extinguirían para siempre.

Con apenas los últimos rayos del ocaso, uno de estos se reflejó en los ojos de Orion, haciendo que desviara la vista apenas unos centímetros en otra dirección. Pero fue justo lo necesario, para percatarse, gracias a su vista potenciada por el Ciclo de luces de algo a lo que no había prestado atención al principio.

Al fondo del ataque, apenas como un gran cúmulo de polvo oscuro, pudo ver una especie de portal del que surgía la Penumbra. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Era la entrada por la que surgían sus enemigos, y hasta que ésta no desapareciera, seguirían llegando.

Entonces lo tuvo claro. Todo cobró sentido. Solo necesitaba destruir aquel agujero para dar fin al ataque, se la tenía que jugar a un movimiento de cara o cruz, pues el propio espíritu de la Navidad dependía de él.

Unió sus manos, dando una sonora palmada, y comenzó a frotarlas con fuerza, tratando de reunir todo el poder restante que quedaba en su interior. No tenía mucho tiempo, en el momento en el que el Sol se ocultara, quedaría a merced de su enemigo, no podía permitirse fallar.

Tomando una gran bocanada de aire frío e hinchando el pecho, ahuecó las manos, condensado toda la energía en una esfera de puro poder.

Vislumbró su objetivo, y volviendo a tomar posiciones con todas las fuerzas que le quedaban se preparó para lanzarla, era su única oportunidad.

—No permitiré que dejéis al mundo sin esperanza. No mientras yo viva.

Con un grito lleno de esfuerzo, lanzó su último ataque. La esfera pasó a toda velocidad a través de las hordas de la Penumbra, y estas, con el simple hecho de estar cerca, se desintegraban de forma instantánea.

—¡Vamos! —gritó cayendo de rodillas en la plataforma.

Al cabo de unos diez segundos, cuando empezaba a perder la esperanza, un brillo casi como las propias estrellas se manifestó en la lejanía, justo donde se encontraba la entrada de aquellos seres.

La luz cegó durante unos pocos segundos a Orion, que tuvo que cubrirse con un brazo casi por completo.

Unos pocos instantes después, los restos de la Penumbra, se desvanecieron lentamente en el aire, como si se trataran de cenizas en el viento.

Orion cayó de lleno en la plataforma, perdiendo el conocimiento por el combate tan largo que había disputado, no sin antes esbozar una sonrisa de orgullo en su rostro. Acababa de cumplir con su misión, había protegido las luces, la esperanza de la humanidad.

En la base de Santa Claus, el robusto hombre brincaba de alegría y lo celebraba de forma efusiva junto a los allí presentes.

Una gran sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el rostro de Santa Claus, que con mirada paternal, dejó escapar sus verdaderos pensamientos en alto.

—¡Bien hecho, chico! Sabía que eras el indicado para este trabajo. La Navidad estará a salvo contigo.

13 Novembre 2023 20:33 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Adryan Rex Escritor de fantasía épica✍🏻 y buscador de universos paralelos 🌌 Escribo microrrelatos para dejar volar la imaginación 🤔💭 Actualmente preparando la publicación de mi primera novela «Solo un poco más».

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Marina R Martin Marina R Martin
Una historia mágica que te hace desear con todas tus fuerzas que Orion consiga su objetivo y salve la situación. Fantástico, como siempre ♥️
November 13, 2023, 20:38

  • Adryan Rex Adryan Rex
    Muchas gracias, querida. Me halagas como siempre con tus palabras. Agradezco que te haya gustado este pequeño relatito. Siempre es un placer leerte 💖 November 13, 2023, 20:40
~