yoelmortifago Yo El Mortífago

«Lo que comenzó en una muy buena amistad, terminó en el olvido y la confusión» Dos jóvenes se hacen muy buenos amigos en una pequeña charla académica, mientras esa amistad florece, uno de ellos confunde el buen trato y la amabilidad de su otro compañero, con algo más allá de una simple amistad.


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Ilusión


Aún recuerdo la primera vez que te vi en persona; llevábamos toda una semana y media planificando nuestro encuentro escribiéndonos por WhatsApp, el cual sería de único interés académico.

Aquel sábado me encontraba tan desesperado por salir corriendo hacia su casa, ni siquiera me había enviado la dirección y estaba seguro de que de una u otra forma, aunque no me la enviara, llegaría.

Ya eran las 6:23 pm y los ánimos por salir ya no eran los mismos; ya no tenía interés en adentrarme a las peligrosas calles de la ciudad a esas horas tarde de aquel día.

- De pronto llegó un mensaje suyo – Tú me vas a disculpar, pero se me presentó algo, dejémoslo para mañana.

- ¡Está bien! Trataré de salir al medio día para llegar más temprano.

- Bien, así tendremos más tiempo para estudiar y pediré algo en KFC.

No dudaré que me sentí aliviado, pero de veraz fue una mejor decisión.

Me parecía atractivo, aunque normal como cualquier otro chico; aun así, me llamaba desde ya la atención, pero no quería ilusionarme hasta estar cien por ciento seguro de aquello.

No era que ya estaba sintiendo mariposas en mi estómago, más bien, es que hemos iniciado a conversar, y fue como si nos conociéramos de hace años, como si ya hubiera cierta confianza. Quizás solo sea el hecho de que solo conversáramos por chat y luego en persona ambos nos pongamos tímidos.

¿Quién sabe?

¡Quizás nos llevemos bien! ¡Quizás no, también!

El hecho es que me ha caído bien su personalidad en redes, pero, ¿será así fuera de la vida virtual? Solo me costará averiguarlo por mí mismo.

No suelo salir de manera tan informalmente así, tampoco es que de un momento a otro me hubiera inspirado en salir a compartir mis conocimientos con alguien. Es que, solo salgo en ocasiones específicas, tales como: a la iglesia, visitar algún familiar por alguna ocasión especial, compromisos del banco, compras en el Super...

Me limitaba mucho a compartir y socializar con personas de mi edad, siempre me visitaban algunas/os hermanas/os de la iglesia y solía salir con ellos a regar el buen mensaje de salvación de parte de Cristo, aun así, había, en algunas ocasiones, tratado de hacer cosas diferentes.

La última vez que traté de adaptarme a grupos de mi edad, no quisiera decirlo, pero fue todo un desastre. Me la pasé muy bien a mi manera, como un crío que apenas es su primera vez saliendo fuera de casa sin acompañamiento de mis padres o hermanos mayores. Pero las salidas en grupo siempre alguna/o que otra/o sale disgustado por cosas que suceden y yo no entendía del todo aquello por lo que, no sé, me sentí un tanto entre traumado y disgustado, esa me fue la excusa excelente para volver a mi normalidad y dejar de socializar como acostumbrado estaba.

En fin, llegó el domingo, me levanté bien temprano con el fin de llegar temprano al lugar donde (hacía cierta cosa) que no mencionaré, no es que era algo malo, es que no tiene alguna relevancia con lo que les cuento, aunque sí de una u otra forma conectaba con este relato.

Fui al lugar, cumplí mi horario y salí en el transporte de las 12:00 pm, llegaría en eso de una hora y media, pero las calles ese día en la ciudad estaban abarrotadas de tránsito.

La noche del sábado me había enviado la dirección, yo me programé y planifiqué la ruta del próximo día con atención a los detalles. Él me esperaría en cierta estación del metro donde me pidió que me quedara, ya que así me era más cerca llegar donde residía.

Tomé un carrito de ruta el cual me dejó frente a una estación de la ruta 2 del metro, luego tendría que tomar la ruta 1, la cual se encontraba a una parada de donde me subí en la ruta 2. Todo aquello tardó unos 30 minutos, llegué a la estación cerca de su casa en eso de las 3:25 pm.

Le escribí que ya andaba por allí, me respondió que se tardaba unos 5 minutos en llegar, así que me quedé dentro de la estación esperándole; ya andaba un poco nervioso por este encuentro sin saber que traería consigo el compartir un inocente y quizás agradable rato con un compañero de clases, con el único interés de darle una explicación de un tema que no entendía del todo.

Durante la semana me había dicho que se sentía contento de al fin conocerme en persona, nada raro, pero me lo tomé como un elogio de su parte, pues nadie se había emocionado tanto por conocerme en persona.

En la mañana de aquel domingo una compañera en común me había escrito para saber qué haría ese día en la tarde, yo debía entregarle algo que le prometí, le conté sin más lo que había planificado con el otro compañero y que era invitada si necesitaba alguna aclaración de todo aquello en lo que le ayudaría.

Aceptó, pero no se encontraba segura de que llegaría; le informé a él sobre la invitada y aceptó, así sin más que añadir, que ella también se uniera.

Le escribí que ya estaba cerca de casa del compañero y que usara la dirección que le envié en la mañana para que llegara y se uniera a las clases de aquí, un tanto no experto, pero medio dominante del tema, yo.

- ¡Ya llegué! ¿Por dónde andas?

Vibró mi cel. y ese fue el mensaje que encontré al abrir el chat, me dirigí a la puerta de salida de la estación del metro y ahí nos topamos, se encontraba frente a mí y nos dimos la mano para saludarnos.

Mencionó mi nombre usando el diminutivo que ya muchos, anteriormente, han usado al dirigirse hacia mí.

- ¡Un gusto conocerte! – Le dije.

- Te imaginaba más grande – Me respondió.

El hecho es que yo también le imaginaba aún más alto de lo que le veo ahora, pero no le mencioné nada al respecto, no quería ser poco original al comentar lo mismo.

En realidad, era muchísimo más hermoso en persona de lo que se veía en su perfil de WhatsApp, era de veraz una belleza de chico, definitivamente el más guapo que en mi vida he conocido en persona.

Enseguida emprendimos caminata, antes había un supermercado cerca y entramos para comprar algunas cosas, luego nos dirigimos a su casa. El trayecto era corto y me aprendí el camino desde la estación a su casa.

En el trayecto me había preguntado en dónde me estaba hospedando, ya que yo al igual que él era de otra región, solo que él llevaba ya años viviendo acá y yo apenas estaría viniendo los fines de semana por ciertos compromisos.

- En el apartamento de un familiar – Le dije.

- ¡Ah! Yo tengo mi casa disponible por si necesitas un lugar – Me ofrecía.

No respondí a aquella sugerencia, pero si me pareció un detalle de su parte. Llegamos a su casa.

Allí me despojé de todo lo que cargaba conmigo, me había traído en una mochila mi laptop, donde se encontraba toda la información del tema que estudiaríamos, además unos folders con documentos necesarios para tales fines.

Me preguntó si había avisado a la compañera de que ya estaba en su casa.

- ¡Sí! Ella viene de camino – Le respondí.

Vivía como inquilino en casa de una señora, seguro que era una gran persona, ese chico, educado y de fiar; nos acomodamos en una mesa con todo el material con el que trabajaríamos, él en su laptop y yo en la mía.

Se supone que era día libre para él, pero estaba atendiendo al mismo tiempo que estudiábamos, algunos asuntos de su trabajo, me pidió un tiempo para resolver algo; se instaló con su smartphone frente a una ventana, hacía un calor de los mil infiernos y me acomodó un abanico para combatir aquel calor.

Terminado su asunto volvimos a retomar el repaso, yo le explicaba cada paso a dar y él estaba muy atento a todo lo que le decía, en algunas ocasiones nos mirábamos, yo explicándole, cara a cara; me puse un tanto nervioso, esos ojos vidriosos y que le hacían ver tan guapo no me dejaban concentrar, además ese corte de barba le hacía ver muy atractivo.

- (X) está pidiendo la dirección otra vez, envíasela en lo que yo hago el pedido en KFC – Me dijo.

- ¡Ah, está bien! – Yo le contesté.

Pedimos el mismo menú y ya habíamos comprado jugo en el supermercado para acompañar aquel brindis.

Un rato más tarde la otra compañera escribió que había llegado al lugar, ambos salimos a recibirla, volvimos junto a ella a la casa y luego de acomodarla en medio de ambos, continuamos con las clases.

Ella entendía un poco el tema, solo que tenía un pequeño problema con una parte y ya casi estábamos llegando allí.

Le contábamos algo que anteriormente habíamos hablado, mi compañero me propuso que sería bueno ver en nuestras posibilidades el alquilar juntos un apartamento cerca de donde seguramente trabajaríamos, ya que lo que estudiamos requería nuestra máxima dedicación, y para hacernos la vida mucho más cómoda y no agotarnos tanto, eso también.

Le pareció una excelente idea, ella también junto a su hermana querían dejar el nido familiar e independizarse ayudándose mutuamente.

Continuamos a la parte más importante de todo aquello, ella ya sabía lo que se tenía que hacer, pero no le salía bien al ejecutar el proceso, así que yo les explicaba cada paso y en este momento dejé que él hiciera todo y ella observara.

Era algo que requería lápiz, borrador y regla, en un momento tuve que ayudarle a acomodar bien la regla para que le saliera lo más perfecto posible, mis dedos rozaban contra los suyos mientras nos mirábamos por rato, yo trataba de que entendiera como debía hacerlo, me ponía nervioso y a no ser por mi piel morena se hubiera dado cuenta de que también estaba sonrojado.

Ella también se quedaba mirando con cierta sospecha, en sus ojos lo podía notar.

El día fue de gran provecho y al final terminamos haciendo un buen trabajo, yo enseñando lo poco o mucho que sabía del tema y ellos poniéndome atención y preguntando.

Me retiré de allí con una gran satisfacción y una enorme alegría de haber conocido a aquel chico tan especial, ya hasta lo sentía familiar, sentía que era parte de mí y yo de su mundo.

Ella me llevó en su vehículo a mi casa, conversábamos de cosas lejos de todo aquello en la casa del compañero, cuando al fin me desmonté, me despedí y entré en donde estaba residiendo, le escribí al compañero; ya estábamos planificando los tres, reunirnos el próximo sábado y hacer algo para almorzar como amigos, estuvimos de acuerdo en ello.

Toda aquella semana él y yo nos escribíamos mucho y cada respuesta o pregunta de él, hacía regocijar de gozo mi alma y espíritu, en un mensaje me dijo algo que me sonrojó muchísimo.

¡Mi príncipe!

No me lo creí, debí estar soñándolo o qué sé yo, pero sí lo escribió; además reaccionábamos, tanto él como yo, con corazones a nuestros mensajes.

No puedo creer que me he enamorado y todo lo que me decía me ilusionaba cada vez más, me hacía flotar en las nubes y tocar el límite del más alto cielo.

Mis hormonas se revolotearon aún más con lo siguiente que me proponía.

- ¿Qué tal si vamos a Colombia el próximo mes? – Me preguntó.

- Yo le contesté, aguantando las ganas de decir si sin pensarlo dos veces – ¡Vaya! El año pasado quería ir en diciembre, pero me intimidaba la idea de hacer ese viaje solo.

- ¿Entonces nos fuimos? – Volvió a preguntar.

- Claro que sí, solo hay que planificar todo bien – Le contesté.

No sabría como expresar lo que sentí al enterarme de que saldría con el chico que me gusta, un viaje juntos, por Medellín, Bogotá y todos esos sitios turísticos de Colombia, ya empezaba a hacerme ideas de todo aquel viaje.

Ya deseaba que llegara el mes de julio, pero aún podremos vernos unos fines de semana más, así aprovechamos para conversar acerca del tema y todo lo que haríamos esos posiblemente cuatro o tres días que podríamos pasar allí.

Ha llegado el fin de semana y yo me encontraba lo más emocionado, feliz, alegre, ilusionado y deseoso de encontrarme con esa persona que ha hecho que sobrevuele la más alta nube.

Ya no quería saludarle con tan solo una estrechada de mano, quería llegar a su casa y abrazarle fuertemente y sentir su calor y acariciar su cuello y toda su espalda.

Llegué al lugar donde por un propósito debo estar cada fin de semana, al menos unos tres meses más o menos; solo pensaba en nuestro reencuentro, le saludé bien temprano con unas imágenes que tomé del mar caribe cuando venía de camino, también saludé a la otra compañera de igual manera y le recordé que nos reencontraríamos esa tarde.

Enseguida respondieron.

En la antesala de aquel fin de semana, aparte de todo lo antes mencionado, también hablamos mucho de nuestros gustos musicales, cinematográficos, nuestra fe en Dios; habíamos profundizado aún más nuestra amistad y conocido bastante uno del otro.

Ya he sufrido por amor muchas veces, enamorándome de personas que no me correspondieron y personas que no me valoraron. Había decidido no volver a entregarle este malherido corazón a alguien más, necesitaba protegerlo, necesitaba protegerme, no puedo volver a sufrir y ver como se desmorona mi mundo a mi alrededor por alguien a quien no le importan los sentimientos ni la salud emocional de otras/os/es.

Había decidido, en un principio, no emocionarme tanto con toda esta relación de amistad que se formaba entre ambos, la otra compañera estaba enterada de mis preferencias y me aceptaba y quería tal y como soy. Yo también he conocido algunas situaciones por las que le había tocado pasar a ella y enterado de que también le habían roto el corazón en ocasiones.

Con este chico sentía que todo saldría bien y solo esperaba que el diera el primer paso y me lo pidiera, que me dijera que me amaba y quería algo más que una amistad conmigo; ya me ilusionaba ser parte de su vida de esa manera tan especial, me hacía entender, muchas veces conversando, que yo era especial e importante en su vida.

Las 12:00 pm de aquel sábado ya habían llegado, salí como un torbellino esperando salir en el primer transporte que me dejara cerca de la estación del metro, en el camino la otra compañera me decía que no podría llegar a esa hora que habíamos planificado, tenía sus compromisos.

Entre ambos tratamos de convencerla, pero ella quería que cambiáramos el horario para poder participar, pero él ya había preparado todo, y quería que degustara del almuerzo preparado por sus propias manos, recién retirado de la estufa.

- Será en otra ocasión – Fue el último chat que ella me dejó.

Proseguí hasta la estación luego de bajar del autobús; los latidos de mi corazón se aceleraban y ya lo imaginaba bien guapetón esperándome y con la mesa preparada, será todo un festín.

Llegué a mi parada, caminé y ahí estaba el supermercado frente a mis ojos, pensé mucho si llevar algo sería adecuado o muy mal de mi parte, pues él seguro se habrá esmerado para darnos, bueno, darme un excelente almuerzo; pero al final terminé entrando y llevé algo para el postre.

¡Helado! Sí, compré un par de helados de mi sabor favorito, chocolate con avellana, llegué a su casa y llamé desde la puerta.

- ¡Mi hermano querido! – Dijo al recibirme.

Nos saludamos al igual que la anterior ocasión y allí estaba, al entrar ya todo lo tenía preparado en la mesa. Hacía un calor insoportable y me despojé de mi mochila.

- ¿Puedo desabrocharme la camisa? Es que hace mucho calor – Le pregunté.

- Si usted quiere hasta se la puede quitar, esta es su casa – Fue su respuesta.

Proseguí a quitarme la camisa y me quedé con un t-shit blanco que tenía debajo, buscó el abanico y de inmediato lo conectó al interruptor y luego lo encendió.

- Yo tengo una costumbre antes de almorzar, y es que yo oro por los alimentos – Me decía en lo que me servía mi parte.

- Desde luego que debemos hacerlo – Le pedí.

Él tomó la iniciativa y oramos, luego de terminada las gracias a Dios por proveernos esos exquisitos alimentos que degustaríamos, me dijo que la próxima vez me tocaba orar a mí.

Pues claro que lo haría sin ningún rodeo.

Empezamos de cucharada a cucharada, luego degustamos todo aquello, era un puré de papa con pechuga a la crema, de veraz que le quedó muy delicioso.

Procedió a pedir que nos hiciéramos una foto, yo acepté, él tomó su smartphone y nos capturó a ambos. Luego de enseñarme, aquella hermosa selfi, se la envió a nuestra compañera en común, la cual felicitó que compartiéramos a pesar de que no pudo acompañarnos.

- Es la primera vez que hago esto, por favor dime con toda sinceridad cómo me ha quedado – Me pidió.

- Traté de ser lo más sincero con mi respuesta – ¡Pues! Me gustó como te ha quedado, si habría algo que mejorar, sería menos sal para la pechuga.

Se sintió satisfecho con mi opinión del almuerzo.

Continuamos conversando, me decía que deseaba verme terminar mis estudios, yo solo estaba a un paso y a él le quedaba algunos meses de clases.

Hablamos de nuestra fe y las iglesias que cada uno visitaba, me dijo que él visitaba la suya porque se sentía muy bien allí y por otras cosas.

Mi iglesia, si bien no acepta el tan normal, comportamiento homosexual, más bien dicho los concilios de acá en mi país, los de Estados Unidos y Canadá, tienen las puertas abiertas a todas/os/es los miembros de la comunidad LGBTQIA+. No le mencioné nada al respecto, pero sí le dije que también me sentía a gusto en mi iglesia.

De un momento a otro tocó el tema acerca de la comunidad LGBTQIA+, específicamente sobre las hermanas/os/es trans, me comunicó su desacuerdo y descontento con ellas/os/es.

- ¡Ay (X)! ¿Qué será de este mundo con todas estas cosas de ahora? – Me decía así tan descaradamente.

Yo solo me quedé mirando y escuchando, traté de reaccionar con un: ¡Hum! Solo que con una tonalidad con la que probablemente no escuchó nada; dejé que continuara con todo aquello.

- Mi exnovia era muy orgullosa, cuando yo cometía un error siempre lo admitía y le pedía perdón, en cambio, ella nunca admitía los suyos; yo fui quien le terminó y fue por esa razón. (X) siempre hay que escuchar las dos versiones de la historia, las mujeres nunca admiten sus errores – Me decía mi compañero mientras toda mi atención se centraba en él.

No salió palabra alguna de mi boca, más, sin embargo, una docena de pensamientos disparatados empezaron a nublar mi mente, traté de mantener la calma ante lo que mis oídos escucharon, me metí una cucharada de aquel almuerzo a mi boca.

- Pero mira (X), ella me sigue escribiendo por WhatsApp y ese es el tipo de fotos que ella me manda, provocativas, pero yo no quiero volver con ella – Me mostró su smartphone, donde aparecía una chica bien coqueta y en paños menores, mientras me contaba todo aquello.

- Nada fácil, una tentación peligrosa – logré abrir mi boca y decirle.

Empecé a sentir como espadas atravesando por mi pecho, trataba de mantenerme sólido para continuar aquel encuentro con esa actitud tan positiva y alegre con la que llegué a visitar a mi amigo, aunque por dentro empezaba a desmoronarme.

Ya casi acabábamos el almuerzo.

- Vea (X), yo ahora mismo no estoy preparado para una relación, imagínese que uno le salga un premio por andar en cosas, además yo me guardo para el matrimonio; luego de que esté estable tendré una familia, cuando me sienta preparado tendré mi esposa también quiero tener mis hijos – Terminó de decirme.

- Me parece una excelente decisión, ahora mismo debes concentrarte en tu desarrollo como persona y cumplir tus metas, luego Dios te permitirá lo que él desee para ti – Le aconsejé.

Mi amigo es una gran persona y desde que comenzamos a tratarnos oraba a Dios por su felicidad y bienestar, de corazón le deseaba lo mejor, él se sentía orgulloso de tener a alguien como yo, con los mismos intereses académicos y que, según él, le había ayudado bastante a esclarecer cosas de algunas clases tratadas que no había comprendido.

- (X) hoy tengo algo hacer, en unos minutos me tengo que preparar y salir, ha sido todo un placer el compartir contigo – Me dijo en cuanto terminamos de almorzar.

Le ayudé a llevar los platos al fregadero, se acordó de que había llevado algo para el postre, helado y brownie, me sacó un helado y me lo comía mientras él me observaba y seguíamos conversando de unas que otras cosas.

Luego de yo acabar con aquello se dirigió a su habitación a buscar las llaves de la casa, me dijo que me acompañaría hasta la estación de metro; me acordé de que había algo más por entregarle.

- No, cómo va a ser que tengas algo más para mí – Se medió quejó culpable por mis amables presentes.

- Es algo con lo que no pienso devolverme a casa – Le advertí.

En la visita pasada le había regalado un libro, el cual no era de mis gustos literarios favoritos, a la otra compañera, se lo había prometido y ella lo esperaba con ansias.

Esta vez me tocaba promover el amor a la lectura, a mi querido y muy amable compañero-amigo-ilusión mía, le traje toda una saga completa, era una de mis favoritas.

- ¿Entonces cuánto tiempo me das para leerlos? – Me preguntó.

- No, son para ti, es un regalo – Le dije.

En una ocasión habíamos conversado sobre los pasatiempos, al igual que yo le gustaba leer, le había dicho que me prestara, después de terminado, un interesante libro sobre astronomía que mencionó que estaba leyendo, me dijo que intercambiaríamos con alguno de su interés que yo poseyera.

Decidí regalarle mi saga porque quería conseguir la versión tapa dura para coleccionar, aquella la tendría de sobra y alguien a quien se la regalaría aparecería, me alegra que haya sido para él.

- ¡Gracias mi hermano! – Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja y seguido hizo algo que deseaba hace rato de él.

Se acercó y me dio un fuerte abrazo, fue algo tan tierno y hermoso de su parte, después de todo lo que había escuchado esa tarde deseaba eso de quien sea, solo que nunca pensé recibirlo de parte él.

Después de aquel momento, que guardaré para siempre en mi memoria, salimos de su casa y nos dirigimos a la estación, allí nos despedimos con un apretón de manos.

Me subí al metro y me sentía fuera de mí, me encontraba cabizbajo y un tanto melancólico, me decía a mí mismo que debía terminar esta amistad lo más pronto posible, antes que fuera demasiado tarde.

El hecho de que se mostrara indiferente a uno de los grupos más vulnerables de la comunidad a la que pertenezco, aunque me mantuviera bajo la sombra hasta que pudiera ser más abierto con el tema, la comunidad trans; acepto que no me cayeron bien sus comentarios al respecto; pero lo que me había hecho sentir muy mal, era otra cosa.

Me había ilusionado con este chico, no esperaba que en nuestro segundo encuentro para compartir como amigos me dijera si sentía algo, esperaba que siguiéramos conociendo uno del otro, es lo que hicimos, sí, pero desearía no haber sabido nada de lo que sé ahora.

Deseaba haber desconocido aquellos detalles. ¡Ay! ¿Qué digo? Tarde o temprano lo sabría, y debía estar preparado para ello, era una de dos opciones; o era alguien para mí o simplemente una gran persona a quien cualquiera desearía tener como amigo y compañero académico, solo que yo he confundido todo y capté su amable forma de ser con otra cosa.

Me odio, odio haberme ilusionado, odio haberle escrito en primera instancia para saber cómo le estaba yendo en clases, odio que alguien tan hermoso haya tratado tan amablemente a alguien como yo, odio que sienta que la vida me trate tan terriblemente y me haga sufrir tanto.

Desde un principio todos los de la comunidad, al dar el paso de aceptarnos tal y como somos y reafirmar nuestra opinión sobre lo correcto e incorrecto ante este cruel mundo, sabemos que enfrentaremos muchos ataques y guerras contra nosotros mismos por seguir adelante.

Comencé a sentirme decepcionado de no ser alguien que le correspondiera como pareja y quizás también sentí celos por él dentro de mí.

Llegué al apartamento de mi familiar y me despojé de todo lo que cargaba encima, el clima estaba terriblemente caluroso y necesitaba refrescarme.

Le escribí ya que me pidió que le informara cuando llegara.

- ¡Ya estoy en el apartamento, he llegado bien, gracias a Dios! – Es lo que le dije.

- ¡Muy bien! Nos la hemos pasado bien, ¿verdad? – Me preguntó.

- De veraz, estaba muy delicioso el almuerzo. ¡Que te vaya bien en tu compromiso! – Terminé diciéndole.

- ¡Gracias! Igual te cuidas por allá – Me respondió.

Encendí mi laptop y procedí a reproducir una lista seleccionada de canciones que suelo escuchar en momentos como estos, donde me hace falta animar un poco mi espíritu y tratar de sentirme mejor, lo siguiente que hice fue hacer el aseo de todo aquel lugar; a muchos les parecerá extraño y hasta ilógico, pero me desestreso con cosas como estas.

Luego de unos quince o veinte minutos de ejercitarme, me di una ducha; entonces me di cuenta de que era el momento de enfrentar mis emociones con sumo detenimiento y tomar una decisión de cómo calmar toda esta tempestad que empezaba a crear oleadas en mi mente.

No sería la primera vez que sufro un desamor, más, sin embargo, nunca había sido de esta forma, ninguno de los pocos chicos de los que me había enamorado, nunca había tenido un acercamiento, así como lo he tenido con mi compañero, con alguno de ellos, pero sí había sufrido bastante cada mal de amor.

Era como si al fin había alcanzado ese sueño, esa ilusión de tener alguien con quien me complementaba enteramente, alguien con quien deseaba de veraz pasar largos ratos y hacerle sonreír y sentir bien, pero de un momento a otro la vida me lo arrebataba y un pedazo de mí se pudría.

Con cada desamor, con cada desilusión, percibía que un fragmento de mi alma se desprendía y nunca más lo recuperaría; temía que, con cada pedazo de mi ser malherido, perdía parte de mi esencia humana y temía que perder parte de mí poco a poco me convertía en un monstruo.

He tratado muchas veces de encontrar a alguien en redes, alguien que me haga sentir altamente atraído, que me hiciera querer ir a conocerle donde sea que estuviese, pero nunca sentí ese deseo ni me enamoré con tal intensidad, no como me siento con este chico ahora.

El momento de la decisión había llegado, ya tenía varias ideas de cómo afrontaría todo esto, eliminaría su número de contacto de mi smartphone para no ver sus estados en WhatsApp ni él los míos, dejaría de escribirle y saludarle cada día como ya estaba acostumbrándome, le diría que estaré ocupado si me escribe para la próxima vez que vaya a querer compartir y las siguientes hasta que se dé cuenta por sí mismo que ya no deseaba ser parte de su vida y mucho menos seguir siendo su amigo.

Tal vez no sean las mejores decisiones, pero no sabía de qué otra forma solucionar esta situación, no podía seguir pensando que me comportaré como siempre si volviera a estar cerca de él; ya me imaginaba si me presentara a alguna prometida o me hablara sobre que le gustaba alguna chica, moriría de celos por dentro y eso me haría mucho daño.

Antes de recostar mi cansado cuerpo sobre la cama, pedí a Dios por todo esto, le pedí que me iluminara la mente, quería saber si esta decisión era la correcta o debía hacer algo más al respecto, luego me quedé dormido y descansé de todo el embrollo del muy pesado día.

El siguiente día llegó y yo desde temprano había llegado a mi compromiso de los fines de semana, saludé a mi otra compañera y conversamos algunas cosas, no le escribí a él.

En la tarde, después de llegar al apartamento, me entró la necesidad de saber cómo se encontraba y saludarle, así que no me resistí y le envié un mensaje saludándole y preguntando cómo había estado.

Me respondió una hora después y también quería saber cómo andaba yo. Conversamos sobre otras cosas y al final le dije que siempre podía contar conmigo para asuntos académicos, que siempre estaré disponible para ayudarle en lo que necesitara en cuanto a las clases.

Al siguiente día, lunes, él me escribió bien temprano, saludando y preguntando cómo estaba; desde luego, como persona educada, le respondí y también pregunté cómo él se encontraba.

Había alguien entrado en edad dentro del grupo de estudio en WhatsApp, era un tanto irritante y siempre quería llevar la contraria, esta vez discutíamos otro tema en el que como en veces anteriores trató de ponerse roca izquierda, yo traté de que mis comentarios sonaran como si estuviera de su parte.

Eran ya las 10:05 pm y mi compañero me escribió pidiéndome una explicación de por qué me encontraba de su parte y no opinaba como la mayoría en cuanto al tema en cuestión.

- Solo trato de darle mi apoyo, las minorías debemos apoyarnos unxs a otrxs – Fue mi respuesta.

- ¡Ese pesado es un, busca cámara! No debería comportarse de tal modo ni dirigirse así hacia los demás, todos somos adultos – Me replicó él.

Tenía razón con lo que decía, el profesor nos había dejado claro que podíamos hablar de cualquier tema fuera de los temas de clases, dentro del grupo, obviamente con sus limitaciones, pero a ese otro compañero no le gustaba que inundáramos el chat de cosas que no tenían nada que ver con las clases, su excusa: que no podía encontrar informaciones importantes que dejaba el profe dentro del grupo; pero cuando el profe dejaba algún vídeo o práctica, cerraba el grupo para que todos centráramos nuestra atención en ello.

- (X) me tiró quillada con él – Me mencionó sobre nuestra compañera.

Le dije que me lo imaginaba, en otras ocasiones ella me había dicho que no le caía bien ese señor.

- Él es cristiano, quizás sea un extremista religioso, hetero-patriarcal – Le escribí.

- ¡Vaya! Nunca había escuchado tales términos, me costará curarme en risa con mis amigos más cercanos de la iglesia con estas cosas – Fue su reacción.

Nos despedimos dándonos las buenas noches en eso de las 12:05 am y solté mi móvil para luego caer rendido del sueño en mi cama.

Al siguiente día le escribí en la noche para dejarle una pequeña explicación de una nueva práctica que había dejado el profesor, se trataba del tema que estuvimos trabajando en su casa en mi primera visita.

- Esto es oro para mí, compadre, le agradezco enormemente – Me escribió, dándome las gracias y dejando un corazón al final.

Le recordé que contaba con mi apoyo intelectual, que estaría siempre disponible para él.

Al siguiente día me escribió para darme los buenos días y yo igual los recibí y también le deseé un buen día. No tratamos ningún tema y solo tuvimos ese pequeño chat ese día.

El martes siguiente, después de la última vez que fui a su casa, lo había eliminado de mis contactos, pero había dejado intacto nuestro chat en WhatsApp, no veía sus estados, al igual que él tampoco los míos.

- ¡Un saludo a mi pana full (X)! – Me saludó en la noche, luego de un largo día sin darle los buenos días yo a él y él a mí tampoco.

- ¡Muy buenas noches, señor (X)! – Fue mi saludo, había dejado mi costumbre de decirle mi querido (X), o siempre le enviaba un GIF muy romanticón.

- ¿Todo bien? – Me preguntó.

- Me encuentro bien gracias a Dios – Le respondí así sin más.

- Me quedo tranquilo sabiendo que estás bien – Me dejó escrito y un corazón en mi repuesta.

Le dije que podía estarlo y le deseé una feliz noche y él a mí; era un jueves tarde de la noche.

Los siguientes días, viernes y sábado, no hubo mensaje alguno de mi parte, pero tampoco de la suya; pensé que al final se daba cuenta de que ya no quería conversar más allá de alguna inquietud sobre algún tema académico, que ya no quería seguir compartiendo detalles sobre mi vida con él, ni que me interesaban sus asuntos personales.

Mi decisión de alejarme y dejar esa amistad, la que pensé que se estaba convirtiendo en algo más, ya la tenía clara. Empezaba por fin a soltar todo aquello que me hacía sentir la necesidad de querer saber cómo se encontraba cada día y que él supiera de mí.

Le escribía a mi otra compañera y hablábamos, pero no le mencionaba nada acerca de él, ni le preguntaba si había hablado algo acerca de mí con él.

Llegó el domingo y yo bien centrado y sereno me dirigí al lugar, allí me sentí un poco inquieto pensando en mi compañero, necesitaba saber cómo se encontraba y hasta quería pedirle disculpas por mi ausencia estos dos días.

- ¡Muy buen día, señor (X)! ¿Qué tal ha ido todo? – Le saludé y pregunté.

Unos 7 minutos después me llegó un mensaje de voz de casi un minuto, me saludaba como siempre acostumbraba y me contaba que se encontraba un tanto atareado porque en unos días saldría para un campamento de su iglesia y que tampoco podría asistir a las clases durante la semana.

- Pero y tú brother. ¿Cómo estás? – Luego me preguntó.

- Eso se escucha muy divertido, espero con Dios mediante que lo disfrutes mucho y me cuentes cómo fue la experiencia – Le dije antes de contestarle que me encontraba muy bien.

- Eres mi orgullo (X) – Me dijo.

- No es para tanto – Le quise aclarar.

- Este próximo sábado, cuando llegue, vamos a ver si podemos hacer algo para compartir un rato – Me proponía.

Tenía el deseo de contarle que necesitaba tiempo para mí y quería dejar de socializar, pero terminé escribiéndole que me parecía una idea genial.

- Mira, yo he estado un poco alejado estos días y quería disculparme; no me he encontrado muy bien que digamos, pero eso es cosa mía, tú descuida. Ya me encuentro mejor – Le expliqué para disculparme por mi ausencia.

- No, tranquilo, si supieras que nunca te he sentido alejado, en mi mente siempre estás presente – Me terminó de decir.

- A usted igual le tengo presente en mi mente y oraciones, deseo que le vaya bien, eres una gran persona – Me despedí con ese chat.

Él seguía siendo el gran amigo que conocí la primera vez, yo era quien había cambiado, yo era quien malinterpretó toda esa forma tan dulce con la que me trataba, yo era de quien él necesitaba alejarse y darse cuenta de que no era una buena compañía ni un buen amigo.

Que, ¿si iré a su casa el sábado o saldré a donde él desee llevarme?

No tengo ni la menor idea de si lograré separar su amistad de mis sentimientos y poder ser el amigo que él merece y acompañarle.

Que, ¿si estaré ahí para cualquier inquietud y le ayudaré a entender cosas que ya entiendo acerca de nuestra futura carrera?

Desde luego, a nadie le negaría compartir lo poco o mucho que sepa al respecto de cualquier tema.

Que, ¿si siento que la vida una vez más me da la espalda y me ha hecho sumergirme en uno de esos estados de depresión y crisis existencial, donde siento que una parte de mí se muere y que no volveré a ser el mismo después de superar todo esto?

Desde luego que ya presentía algo desde un principio, quizás me diga a mí mismo que no volvería a abrirme a ese sentimiento que tanto nos hace sufrir cuando las cosas no salen como uno desea; quizás me deje ilusionar una vez más y vuelva a sufrir el mal que todos creemos que nos hace bien.

Sufrir el amor desde su esencia más pura e inocente, un simple enamoramiento que te va carcomiendo por dentro y destruyéndote emocionalmente.

Él no tiene la culpa, merece lograr todo por lo que lucha en la vida, le deseo mucho que al final pueda encontrar alguien que le valore y complemente al cien por ciento.

Pero yo no podré estar ahí para verlo, yo no podría ni siquiera enterarme de que desea que le visite, estando él con una hermosa esposa que le cuida y hace feliz y unas/os hermosas/os hijas/os que son todo su mundo; sí deseo todo eso para él y más, pero yo no tendría por qué estar cerca.

En cuanto a mí, desearía encontrar a alguien como ese querido, pero prohibido amor-amigo, en mi vida, pero eso nunca sucederá, él era único e irremplazable, tampoco deseo abrirme otra vez a dejar que alguien entre en mi vida y me haga ilusionarme tratándome tan bonito como lo hizo él, solo deseo ocupar todo mi tiempo y mente en cosas importantes y que nada tengan que ver con estrechar relaciones con personas.

Solo necesitaría superarme y ser, no el mejor, me conformo con hacer algo bien y ser algo así como: soporte para mis más allegados, ayudarles; así como alguna vez lo hice con alguien a quien tanto amé, ayudarles a superarse y hacer que crean en sí mismos, aunque yo algunas veces dude de mis capacidades y de si soy merecedor de algo de lo que con años de esfuerzo y trabajo pueda lograr.

Solo espero poder sobrevivir al gran odio que existe en este cruel mundo contra todo lo diferente y fuera de molde; solo espero algún día poder sentirme mejor y tal vez si exista en algún rincón de este pequeño planeta alguien que secuestre mi corazón, aunque contradictoriamente a lo que he pensado, eso de que me sienta mejor solo, el ser humano puede cambiar de un momento a otro de opinión gracias a sus muy a veces incontrolables emociones.

Aún de vez en cuando me escribe y trata de convencerme de acompañarle al cine o visitarle, le comenté que no me encontraba bien emocionalmente y necesitaba tiempo para mí. Me dejó saber que cuando me sienta mejor él estará ahí para mí, que esperaba que me sintiera mejor; dijo que me consideraba una muy buena persona y que me apreciaba mucho.

«El peor adiós es el que no se dice, o el que nunca se explicó»

Culminaré con esa frase, no tengo idea de quién rayos la haya inventado, la he hallado en Google y pienso que me quedó.

15 Août 2023 19:27 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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