¡Respóndeme Grey! - Saga RG #1 Suivre l’histoire

maosval Mariafe Ruiz

❝Los escritores, músicos, y artistas estan cortados por una misma tijera. Sus mejores obras, salen de sus peores momentos❞ Una botella completa ron, un celular con crédito ilimitado y una fiesta descontrolada, no son una buena combinación..¡Jamás! Eso, Melibea lo sabe muy bien. En consecuencia; consiguió a un pelirrojo insoportable detrás de ella, un sexy francés que la vuelve loca y unos amigos que no se sabe muy bien si la ayudan o hacen que su vida sea mas complicada e interesante, pero en su mente está mas que claro, que ama cada parte de su vida, y que está dispuesta a luchar por lo que quiere, porque en definitiva, ese francés, no es lo único que quiere... *Descripción alternativa, pronto será editada* *Portada hecha por: Mariafé Ruiz


Romance Romance jeune adulte Tout public.

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Prólogo

“Vivimos en un mundo, donde vibra más un teléfono que un corazón”

23 de noviembre, 2013.

¿Qué es lo que pasa cuando tienes un teléfono, saldo ilimitado, el número del chico que te gusta y muchas copas en tu organismo? Nada bueno. En definitiva, nunca sucede nada bueno cuando tienes unas cuantas copas encima, bien, lo admito, cuando tienes toda la botella de ron encima.

Diez mensajes, maldita sea, le envié diez mensajes al chico que vivo acosando en redes sociales por horas. ¿Qué demonios era lo que me pasaba por la cabeza? Estoy segura que nada cuerdo, porque ni siquiera recuerdo lo que sucedió.

Hagamos fiesta, decían. No pasará nada, decían. ¡Será épico! ¿Épico? Épico es el ridículo que acabo de hacer al darme cuenta que hay diez mensajes nada coherentes en la bandeja de entrada de un chico francés que ni siquiera sabe de mi existencia. Cuando tus amigos te propongan hacer una súper fiesta por el inicio de clases, jamás, ¡Jamás! Digas que sí. Y si lo haces, ni se te ocurra tener una botella de ron en la mano, y tu teléfono en la otra.

—No me jodas, Mel. ¿Diez mensajes? ¡Enserio! — Sam le quita el móvil a mi mejor amiga, lanza un silbido de sorpresa al ver mi teléfono para luego negar con la cabeza al devolvérselo.

—Tú, rubia, debes estar completamente mal de la cabeza para hacer eso.

—No es necesario que me lo recuerdes, querido amigo. Todo esto es tu culpa — señalo a Emily que me observa divertida acostada en mi cama, leyendo con interés mi más grande error en una borrachera. — Y la tuya — señalo a mi mejor amigo.

—No culpes a otros por lo que haces por idiota — se alza de hombros con despreocupación y se lanza a la cama. Pobre de mí colchón.

La puerta se abre de golpe captando la atención de los tres, el pelirrojo más insoportable hace acto de presencia llevando el cabello húmedo y unas fachas terribles que demuestran que no tuvo una buena noche. Bueno, no, Oliver se ve demasiado caliente con esa sudadera gris y sus pantalones rasgados, y tengo que decirlo, aunque me cueste admitirlo.

Extiende sus brazos hacia los costados — ¡Ya llegó por quien lloraban, bebés!

Todos nos quedamos en silencio haciendo que el baje los brazos con desgano.

—Joder, pero que caras las de ustedes. ¿Desapareció la comida o que carajos?

—Lo único que desapareció fue la dignidad de Melibea. — la burla es clara en la voz del castaño, mientras sigue riendo con los mensajes.

—Y el crédito de su teléfono — interviene Emily a su costado.

Oliver se cruza de brazos con las cejas arqueadas. Ruedo los ojos con fastidio y camino hasta el balcón para cerrar sus puertas, ignorándolo por completo. Hasta el momento no entiendo que es lo que tiene él, que a todo el mundo le cae bien, el hombre es jodidamente insoportable, egocéntrico, metiche, un estúpido ladrón de comida y con un vocabulario que hasta el mismísimo diablo iría por agua bendita para lavarle la boca, por tenerla tan sucia.

—Oh vamos, no puedo ser tan malo — habla acercándose a mis amigos, que ni se le ocurra tocar mi teléfono — Dame eso.

El muy idiota acaba de tocar mi teléfono, y mis amigos lo han dejado. Oliver empieza a reír al leer los mensajes, recostado sobre las piernas de Emily, haciendo que me frustre cada vez más con su presencia y quiera sacarlo de aquí cuanto antes, me acerco decidida a quitarle el aparato de las manos hasta que piso algo en el suelo.

Sus zapatillas. Frunzo el ceño al verlas desparramadas como si estuviera en su habitación. Me encantaría saber quién le ha dado tanta confianza para poder sacarse los zapatos y tirarse en mi cama como si fuera lo más normal del mundo.

—Oliver, corre — la voz de Sam me saca de mis pensamientos nada agradables respecto al pelirrojo.

— ¿Por qué? ¿Qué ocurre? — Sam no contesta — Hermano, tengo resaca, no me voy a poner a correr porque a ti se te da la jodida gana. Que corra Emily, ella es la que está gorda — contesta con una mueca, ganándose un golpe de la susodicha, cambiando su atención de mi teléfono, al chico que está a su costado.

—Solo te recomiendo que corras.

Mi mejor amigo tiene la mirada perdida en algún punto fijo, que todavía no logro descifrar.

Hasta que lo veo.

Oliver Finch puede darse por muerto porque no estoy segura de poder pasarlo por alto. Tiene puestas mis pantuflas, él de verdad tiene puestas mis pantuflas, ni siquiera sé en qué momento se las ha puesto y aunque debería estar preocupada en saber cómo carajos logró meterlas en sus gigantescas patas, eso es lo que menos me importa en este momento. Sobre todo, porque se da cuenta que lo estoy observando y se levanta de la cama para escapar como el cobarde que es.

Escucho como gritan mi nombre en el momento en el que salgo de mi habitación, pero no me detengo, hasta alcanzarlo en las escaleras y lanzarme sobre él. ¿Ya dije que últimamente tomo malas decisiones? Oliver me rodea con sus brazos y lo único que logro hacer es aferrarme a él, hundiendo mi rostro en su cuello, sintiendo su aroma amaderado, mientras rodamos con violencia por las escaleras.

Los ladridos de Comino, y sus patitas sobre mi espalda, hacen que aparte mi rostro del pelirrojo, quien aprieta con dolor, sus ojos. Mi padre sale de la cocina con un plato de cereal y nos ve extrañados, mientras Sam y Emily bajan con rapidez las escaleras.

—Quiero ser un padre moderno, así que solo seguiré mi camino hacia el despacho y fingiré que no he visto a mi hija sobre un chico en el suelo de mi casa. — habla señalándonos con su cuchara — Así que espero que cuando termine mis planos, ya no encuentre todo el desastre que hiciste con tu fiesta, Melibea. ¿Entendiste? — Asiento de manera lenta aun cuando la fiesta no la organicé yo, debo admitir que estoy extrañada con la actitud de papá — Porque si yo salgo y todo esto sigue siendo un desastre, limpiaran la casa con la lengua, y eso los incluye a ustedes, chicos — contesta señalando a Emily y Sam.

Empieza a caminar con tranquilidad hacia su oficina, bajo la atenta mirada de las cuatro personas que estamos en el recibidor. ¿Quién es ese hombre y que ha hecho con Lucas Mathews?

—Y…Oliver — se detiene en la puerta — Quítate esas pantuflas ¿Quieres? Llamas demasiado la atención con tu cabello rojizo para agregarle esas cosas feas que te has puesto en los pies — y sin esperar respuesta entra dando un portazo.

Ignoro el hecho de que ha llamado feas a mis pantuflas cuando él fue el que me las regaló, trato de levantarme, pero el grito de Oliver me lo impide.

— ¿Estás bien? — pregunto preocupada, viendo como mueve con delicadeza su muñeca.

— ¿Acaso crees que soy de acero, como los jodidos personajes de tus libros? — Pregunta serio — Es obvio que, si ruedo por las escaleras, no voy a quedar malditamente ileso. Levántate Melibea. — habla y por primera vez desde que lo conozco puedo notar la seriedad en su voz, escuchar mi nombre salir de sus labios, con ese tono de voz, es extraño.

Me levanto con cuidado, a la vez que mis amigos terminan de bajar las escaleras, Oliver se levanta sosteniendo su muñeca y con un rápido movimiento queda descalzo. Emily le alcanza sus slip-on, y se las pone sin decir palabra alguna, más que un simple gracias.

Su mirada verdosa, cae en Sam antes de hablar: — ¿Podrías llevarme a la clínica? Por favor.

Sam me mira antes de asentir, y sube de dos en dos las escaleras, dejándonos en un silencio incomodo, me balanceo sobre mis pies cubierto por las medias, mientras que Comino revolotea alrededor de nosotros buscando un poco de atención.

—Yo…— trato de buscar las palabras correctas en mi cabeza, para disculparme, porque quizá todo fue mi culpa.

—Le dices a Sam que lo espero en el auto — me interrumpe, hablándole a la castaña. Sin esperar respuesta, sale de la casa dejando la puerta abierta. Segundos después, Samuel baja y sale detrás del pelirrojo.

Empiezo a creer que debí de haber ido con ellos.



18 Septembre 2019 22:19:25 0 Rapport Incorporer 0
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