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Y al ver sus ojos descubrí la falta que me hacia, lo necesaria que era su presencia para poder ser yo y aún más importante para poder seguir de pie y tener la fuerza que se requería para enfrentar los obstáculos que la vida interponía en tu camino. Definitivamente lo quería y eso dolía. Primera parte: I Just Love you. Segunda parte: Only you. HISTORIA CON CONTENIDO CLICHÉ.


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Capítulo 1

—Jodida cosa—Gruñí al apagar de golpe el chillante despertador. Acostado boca abajo, estiré mis extremidades y gemí al oír tronar una de las articulaciones de mis brazos. Bostecé con pereza y ejercí presión en mis ojos.

Procedí a levantarme con un humor de perros y me encaminé hacia el baño dando una última mirada al proyecto de la Universidad, el cual me había tomado casi toda la noche. Llegué al sanitario, seguido de otro bostezo y a continuación higienicé mi cavidad bucal, para luego tomar una ducha.

Al cabo de unos minutos y con una toalla enrollada en mi cadera, tomé rumbo a mi habitación sacudiendo mi mojado cabello, con el objetivo de quitarle el exceso de agua. Sin percatarme que choqué con un delgado cuerpo, provocando que ambos gruñéramos.

—Fíjate por dónde vas—Rodó los ojos Liza sosteniendo una dona.

—¿Tan temprano y comiendo? —Cuestioné a lo que ella bufó—El pasillo es público, demonio, por lo que puedo estar aquí las veces que se me dé la gana.

—Idiota—Gruñó—Además, mamá hace más de una hora que ha estado llamándote para que bajes a desayunar.

Moví mis hombros para detener el frío que se estaba haciendo presente en mi torso—Como sea, iré a vestirme.

—¿Acaso percibes algo de interés en mi persona? —Chasqueó la lengua—Por cierto, David llamó...—Posé los ojos en mi hermana, quién daba una gran mordida a su dona—Dijo que viene en camino.

—Bien, ahora ve a triturar es pobre dona a otro lugar, lejos de mí—Liza abrió la boca con burla, enseñando el bolo alimenticio que yacía en su boca—Eres desagradable—Hice una mueca de asco ante su acto y sin más, me introduje a mi cuarto.

Tomé unos Jeanes junto a una polera negra. Me enfoqué a recubrir mi cuello con una bufanda, para evitar que el resfrío, el cual estaba mejorando, empeorara.

Con ambas manos despeiné mi cabello, sin darle mucha importancia en como lucía y me encaminé hacia mi mesita de luz. Con un suspiro cogí mi celular, verificando la hora.

Bien, aún es temprano.

Di unos cuantos pasos hacia atrás, cuando de pronto un destello llamó mi atención. Rasqué mi mejilla y me acerqué a ver de qué se trataba.

Mi fruncido ceño se relajó al reconocer el objeto, colgado de mi lámpara. Apreté mis labios al tenerla entre mis dedos y sin poder evitarlo, ese nombre llegó a mi mente.

Bruja.

Habían pasado dos años desde la última vez que la vi en el aeropuerto, luego de eso, no supe nunca más de ella. Intenté buscarla e iniciar contacto, pero fue casi imposible hacerlo. Un año entero la busqué por toda la red social existente, pero fallé y al año siguiente, solo desistí.

Si ella hubiese querido mantener contacto conmigo, ahora estaríamos escribiéndonos o quién sabe...viéndonos a través de una pantalla.

Daba igual.

Con verla bastaba.

Decidí enfocarme en otras cosas, como mi futuro. De nada servía deprimirme, si estaba seguro que perdería mi tiempo. Me constaba el saber que no volvería a verla, por más que eso deseaba.

Sin embargo, su imagen se rehusaba a desaparecer de mi mente y sosteniendo el dije, sabía que sería aún más difícil. Pero ¿Por qué culparme?

Sacudí mi cabeza en el momento en que daba dos vueltas a la cadena alrededor de mi muñeca.

Si olvidarla era mi objetivo, con llevar a esta pequeña brujita, sostenida de mi muñeca derecha, representaría un inicio.

Lancé una última mirada a mi desordenada habitación y sin más, me encaminé hacia la cocina.

—Buenos días—Tomé asiento junto a mi familia. Papá me sonrió, para luego bajar la vista al periódico y mamá guiñó su ojo izquierdo, mientras me entregaba una taza de chocolate—Gracias—Posé mis ojos en mi hermana—¿Me alcanzas el azúcar?

Liza alejó su mirada del celular y bufó aburrida—Aquí tienes.

—Entonces ¿Qué has decidido? —Cuestionó mi padre, mientras dejaba el periódico en la mesa y posaba su codo sobre este.

Dejé el recipiente de azúcar, nuevamente sobre la mesa y elevé mis ojos hacia él—Si logro entrar, eso es lo que estudiaré—Me encogí de hombros—Nunca imaginé que esta sería la vocación correcta para mí, pero así lo siento.

Mi madre sonrió—Si sientes que es lo que deseas, cuenta con mi apoyo bebé—Sus ojos brillaron de emoción—¡No puedo creer que serás un profesional! —Chilló extasiada.

Rodé mis ojos—Mamá, aún debo pasar el examen de ingreso.

—¿Y qué con eso? —Frunció el ceño, dando un rápido sorbo a su café—¿Crees que dudo de las capacidades de mi hijo?, pero por supuesto que no—Dijo determinada—Ingresarás, ya verás—Volteé mi cabeza en dirección a la puerta principal, donde llamaron al timbre de manera constante.

Con pereza me levanté y me encaminé hacia el pasillo—Es David, ahora vuelvo—Y sin más salí de la cocina.

Al abrir la puerta, efectivamente me encontré con David. Media parte de su rostro, se hallaba bajo una bufanda gris y su coronilla cubierta con un gorro de lana negro. Usaba un chaquetón de algodón del mismo color que su bufanda y unos jeanes azules oscuros.

Al ver mi rostro de aburrimiento, instantáneamente formó una mueca.

—¿Qué onda hermano? —Estampó su mano izquierda con la mía, en un saludo.

—Nada que reportar—Me encogí de hombros—Ven, pasa—Me hice a un lado para permitir su paso.

Quitó su gorro y desenrolló su bufanda a medida que iba ingresando a la casa—Y dime, ¿Ya les dijiste a tus padres? —Asentí en medio de un suspiro—¡En hora buena, futuro Cardiólogo!

Sonreí de lado—Gracias—Rasqué mis mejillas—Por cierto, mamá ha preparado el desayuno y está como los jodidos dioses ¿Se te antoja?

(...)

—Oh, vamos, será divertido—Animó David, mientras caminábamos en dirección a mi auto—Lo único que haces, es ir a la Universidad y volver a encerrarte en tu cueva.

Saqué las llaves y quité el seguro a las puertas—No es tan aburrido ¿Sabes? —Abrí la puerta tomando asiento—Además, últimamente no me apetece salir, no lo sé.

Colocó su cinturón de seguridad—Oye, eres mi hermano y tienes veintiún años, toda una maldita vida por delante y no voy a permitir que la desperdicies...—Bufé cansado, haciendo contacto y escuchando el sonido del motor ronronear—Asistirás conmigo a esa fiesta y no se diga más.

Rodé los ojos, más, sin embargo, no respondí y procuré enfocarme en la conducción hasta la Universidad.

Ambos nos preparábamos para el mismo examen, ya que David también estudiaría algo relacionado con la salud.

Pediatría.

Según él, lo niños eran su fuerte. Por lo que, si ambos lográbamos pasar ese complicado examen, ambos ingresaríamos a la misma universidad.

(...)

—Cómo ya saben, el examen consta de tres partes...—Explicó el profesor de no más de treinta años. Su aspecto parecía sacado de una película de los 70' y usaba unos anteojos redondos y grandes.

Menudo empollón.

—Deben aprobarlas y sumado a eso habrá un periodo virtual, en el cual, el equipo de profesores irá dejando algunas sencillas tareas a realizar sobre el tema en cuestión—Tomó una fibra de trazo negro y se acercó a la pizarra—La primera etapa, es sobre biología y seré yo quien se las enseñe...—Carraspeó— La segunda es física, dada por la profesora Preston y, por último, Química, está la daremos en conjunto y por comisiones distintas. Un grupo irá con la profesora y el otro conmigo.

Todos los aspirantes a ingresar asintieron tomando nota, yo por mi parte y junto a David, me dispuse solo a escucharlo.

—En cuanto, al campo virtual, con ingresar a la plataforma basta para obtener el voto presencial a la clase—Sonrió—Solo será un examen, donde se unirán las materias mencionadas, excepto el virtual—Dejó la fibra sobre su escritorio—Así que espero poder ayudarlos y no duden en consultar cualquier duda, después de todo, en un futuro serán mis colegas.

Suspiré frustrado.

Eso sí ingresábamos.

—Lindo brazalete—Dijeron a mi lado, logrando que desviara la vista posada en el profesor y los posara en la chica castaña junto a mí. Usaba una chaqueta color vino junto a un pañuelo blanco, rodeando su cuello. Tenía ojos mieles y un lunar en el labio superior del lado derecho—Normalmente no veo chicos usando este tipo de cosas...—Hizo una mueca—Ya sabes, estereotipos—Sonrió—Pero verlo por primera vez en un chico, es tierno—Observó la medalla—¿Te gustan las brujas?

Llevé mis ojos hacia la medalla—Me fascinan.

Ella sonrió—Soy Mackenzie James—Extendió su mano —Pero dime Mack o Kenzie—Negó—Un placer conocerte.

Estreché mi mano junto a la de ella—Brandon Rudd—Carraspeé—Entonces. ¿Qué quieres estudiar?

—Quiero ser Obstetra—Sus ojos brillaron al mencionar el nombre de la profesión—¿Y tú?

—Cardiólogo.

Mackenzie asintió—Vaya...Oye sin ofender ni nada, pero no tienes cara de cardiólogo.

Sonreí—Lo sé, me lo dicen seguido—Mis ojos se desviaron al profesor que nos daba el saludo de despedida—Parece que ya terminó la clase, en fin, un placer conocerte Kenzie—Sonreí en su dirección, provocando que sus mejillas se tiñeran de un ligero tono rosado.

—Igualmente Brandon, espero volver a verte.

Asentí—Nos vemos luego.

(...)

—Joder, David—Exclamé bufando al ver la casa a punto de explotar de gente—No cabremos allí—Rodé mis ojos verificando la hora—Son las once y media de la noche y tengo un cansancio de los mil demonios, solo quiero ir tener un encuentro intimo con mi cama ¿Es mucho pedir?

David rodó sus ojos y bajó del auto—No seas aguafiestas, bájate y ven a distraerte un poco—Cerró la puerta dejándome dentro.

¡Demonios!

Con enojo bajé del auto, poniendo seguro en este y encaminándome hacia la casa. En mi rostro se formuló una mueca al percatarme que uno de los adolescentes estaba devolviendo todo el exceso de alcohol ingerido.

Qué asco.

Con extremo cuidado, ingresé a la casa en busca de mi amigo, el cual me abandonó. Un suspiro de alivio surgió en mí, al encontrarlo junto a un par de personas más.

—Tendrás que cavar tu tumba porque voy a asesinarte David, lo juro—Amenacé al llegar a su lado.

—No exageres, además la pasarás bomba de eso estoy seguro.

Negué cansado—¿Y bien, que...?

—¡Hola! —Tanto David y yo desviamos nuestras cabezas hacia cierta castaña, que sonreía de par en par—¿Me recuerdas? Soy Kenzie.

David ladeó una sonrisa y se acercó a mi oído con disimulo—De nada—Susurró con maldad—Ve con ella—Mordí mi labio inferior y fulminé con la mirada a mi amigo.

Maldito idiota.

—Ey.., ¿Cómo podría olvidarte? —Hice una mueca—Nos vimos esta mañana.

Sus mejillas se sonrojaron—Cierto—Rió nerviosa—¿Se te ofrece algo?

Asentí—¿Habrá algo sin alcohol, por aquí? —Ella me observó ceñuda—No es que no me guste. es solo que debo conducir.

—Sigues sorprendiéndome...—Murmuró—Supongo que encontraremos algo, sígueme—Y eso hice, la seguí, mirando con seriedad al cúmulo de gente que bailaba y tomaba alcohol como si esta noche fuera la última—Ten—Me entregó un vaso con una bebida energética.

—Gracias—Precedí a beberla.

—¿Oye? —La observé tornándola nerviosa—No quiero sonar entrometida ni nada, pero ¿Tienes novia?

Lambí mis labios—No y ¿Tú?

Ella negó—¿Cómo no puedes tener novia? —Se auto-cuestionó—Eso es imposible.

Me encogí de hombros—La tuve, pero fue hace mucho.

—Oh... —Dio unos pasos hacia mí—Pues tuvo suerte, no todas son afortunadas en encontrar a chicos como tú y diría que me encantaría ser una de ellas.

Sonreí—¿Estás coqueteándome?

—Tal vez—Sonrió divertida—¿Te molesta si lo hago?

Vaya pregunta.

¿Me molesta?

¿Le molestará a...?

¡Joder, pues claro que sí!

Sacudí mi cabeza—Por supuesto que no—Kenzie sonrió y acortó la distancia entre nosotros.

—¿Y te parece muy apresurado que intente besarte?

Tragué saliva incómodo—Eh, ... —Me encogí de hombros—Supongo que no.

—Qué bueno—Susurró acariciando mi mentón y acercando sus labios a los míos. Apreté mis puños al sentir su cálida respiración acariciar mis labios y su nariz rozar la punta de la mía.

Mi celular sonando me sacó de escena y bajé velozmente mis ojos. Dirigí una mirada de disculpa a lo que Kenzie, quién negó con una sonrisa e insistió en que atendiera.

—Vuelvo en un segundo—Dije empezando a caminar hacia el exterior.

—No iré a ningún lado. —Sonreí y continué con mi camino.

Una vez fuera, tomé mi celular y contesté la llamada con remitente desconocido, lo que me extrañó.

—¿Hola?

La línea se mantenía en silencio a excepción de una respiración que al oír mi voz se volvió errática.

Fruncí el ceño—¿Hola? —Tomé el puente de mi nariz, en señal de frustración—Quien esté del otro lado, esto no es gracioso—Nuevamente silencio.

¿Es broma?

—Vete al infierno—Declaré malhumorado y me dispuse a presionar la tecla para terminar con esta tontería, cuando de pronto, una voz se oyó desde el otro lado de la línea.

Una voz que provocó miles de sensaciones en mi cuerpo, entre ellas sorpresa, confusión y nerviosismo.

Una voz que hacía tiempo que no oía, pero que el recuerdo aún latía en mí.

Y con la voz casi entre-cortada y con un nudo de incredibilidad en mi garganta, lo único que pude formular fue...

—¿B-bruja?

11 Juillet 2023 00:45 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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