argriman Aura Rosa Grimán

Naia había pasado toda su vida soñando con su matrimonio. Su padre la había prometido al príncipe heredero de aquel imperio del que formaban parte. Desde los 10 años sabía con quien se uniría para pasar el resto de su vida, pero a diferencia de muchas chicas en su posición, a ella le hacía feliz su compromiso. Aquel joven era su mayor ilusión. Habían crecido juntos y en el camino Naia había terminado completamente enamorada de él, por lo que su corazón le decía que su vida sería como un cuento de hadas… pero estaba equivocada. Jonah era el príncipe heredero de la corona, por lo que desde que nació se le había impuesto cada cosa que haría en su vida, incluyendo a la esposa que tendría. Desde pequeño sabía que se uniría en matrimonio con la princesa Naia y él no estaba feliz con eso. Su corazón pertenecía a otra mujer, una plebeya, por lo que aquel capricho de su padre de casarlo con una princesa, no significaba nada más que un requisito para acceder al trono. Las historias de amor no siempre son como las que cuentan en los libros. En ocasiones, el príncipe azul no deja de ser un sapo horroroso, pero una verdadera princesa sabe cómo convertir un cuento de terror en un universo de fantasías, en especial cuando de su vientre ha nacido el fruto del amor que su corazón entregó al príncipe equivocado.


Fantaisie Fantaisie urbaine Déconseillé aux moins de 13 ans.

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NOTICIAS INESPERADAS

Naia intentaba mantener la mirada fija, pero todo le daba vueltas. No entendía porque el carruaje en el que iba como pasajera debía moverse tanto. Le dolía la cabeza y sentía muchas náuseas. Cerró los ojos intentando controlar esa sensación, pero fue inútil. Apenas el vehículo se detuvo, se bajó corriendo y vomitó a un lado del camino todo aquello que llevaba en el estómago. Se sentía terrible.


—Aquí tienes —le dijo una anciana ofreciéndole un poco de agua.

—Gracias –exclamó Naia con un poco de vergüenza.


La sensación del líquido en su garganta y luego en su estómago, la hizo sentir mejor. Se sentó sobre una roca que estaba cercana e intentó respirar profundo para calmarse. La anciana se sentó en otra roca frente a ella.


—¿Cuánto tiempo tienes? —preguntó la señora. Naia la miró confundida.

—¿A qué se refiere?

—¿Cuántas semanas de embarazo llevas?

—No estoy embarazada –respondió Naia con el ceño fruncido. La anciana se comenzó a reír.

—¡Por supuesto que lo estás!

—No, claro que no… debo haber comido algo que me cayó mal, eso es todo.

—¿Eres virgen? —interrogó tranquilamente con una sonrisa. Naia negó con la cabeza—. ¿Has usado algún tónico o protección para evitar ese embarazo? —Naia volvió a negar, esta vez con un profundo miedo en sus ojos— Estás embarazada —insistió.

—No, no puede ser —repitió la chica intentando no creer aquello que le decían.

—¿Cuándo fue la última vez que sangraste?

—Hace 6 semanas —dijo en un susurro luego de sacar la cuenta. Su voz reflejaba pánico.

—Estás embarazada —concluyó una vez más con una sonrisa.


Naia estaba perpleja. No sabía que decir, mucho menos que hacer. No quería creer lo que aquella mujer le decía, pero la verdad es que todos los síntomas que había tenido en los últimos días le decían que así era. Estaba embarazada.


—¿Cómo te llamas? —preguntó la anciana.

—Naia

—Mucho gusto. Yo soy Amelia —exclamó mirando a la joven quien tenía la vista perdida en el horizonte. Sus ojos comenzaban a volverse vidriosos y pronto dejarían escapar aquellas lágrimas que estaba conteniendo— ¿A dónde te diriges?

—Dreston –dijo con tristeza

—¿Tienes familia allá? —la chica negó con la cabeza— ¿vas a visitar a alguien o hacer algún negocio? —Naia volvió a negar.

—No tengo a nadie —exclamó con dolor.

—Entiendo.


Ambas mujeres permanecieron en silencio por largo rato. Amelia observaba a Naia quien continuaba con la vista perdida en el horizonte. Era una chica muy joven, pero sus ojos mostraban una enorme tristeza. Amelia no solía hablar mucho con la gente y menos aún ayudarlos, ya que después de todo, la mayoría de las personas le temían. Solían llamarla “la bruja de los bosques”, algo que realmente le molestaba, no se consideraba una bruja y no había ninguna razón para que le tuviesen miedo, pero de alguna manera se había ganado esa reputación que no podía cambiar.


Sin embargo, aquella chica tocó su corazón. La había estado observado desde que inició el viaje varias horas atrás. Había algo en ella que la hacía sentir compasión. Quizás Amelia no fuera la poderosa bruja que todos decían que era, pero si tenía unas cuantas habilidades únicas y una de ellas era saber cuándo el corazón de una persona era realmente puro y el de aquella chica lo era. En realidad, era el corazón más puro e inocente que había visto jamás y eso le hizo sentir lástima. Se preguntaba cómo alguien podría ser capaz de hacerle daño a una chica como ella, porque si de algo estaba segura era de que aquel hermoso corazón, ahora se encontraba destrozado en muchos pedazos.


—Yo me quedaré antes de llegar a la ciudad —expresó Amelia de forma tranquila. Naia se volteó para verla.

—¿Me llevaría con usted? —preguntó la chica en un susurró de manera suplicante.

—Si no te importa vivir con una vieja bruja dentro de un bosque solitario —respondió sonriente. Naia negó con la cabeza— Está bien, entonces yo me encargaré de cuidarte.

—Gracias —soltó la chica dejando escapar algunas lágrimas.


Cuando Naia se sintió mejor, el cochero les pidió que regresaran al carruaje para continuar con el viaje. El resto del camino fue una tortura para ella, las náuseas la estaban matando y cada cierto tiempo, el vehículo tenía que detenerse para que ella pudiese vomitar. Los demás pasajeros no estaban muy felices con la situación, ya que eso les retrasaba mucho, por lo que se alegraron cuando la joven junto a la anciana se bajaron antes de llegar a la ciudad de Dreston, el lugar más cercano a las fronteras del imperio.


—¿Puedes con algunas maletas? —preguntó Amelia a Naia en cuanto el coche se fue.


Se encontraban en medio de la nada. No había más que árboles, tierra y maleza a su alrededor. Naia asintió y tomó un par de bolsos de la anciana. Durante el trayecto se había preguntado por qué la mujer llevaba tanto equipaje consigo, no lo entendió hasta que se encontraron en aquel lugar. Seguramente en cada viaje debía recolectar todo lo que podía para sobrevivir en ese bosque. Naia suspiró aliviada porque sabía que en ese sitio nadie la encontraría. Podría finalmente olvidarse de su pasado y ser libre.


Las mujeres comenzaron a andar entre los árboles. La chica seguía las indicaciones de Amelia quien se notaba que conocía muy bien el lugar. Les tomó varias horas de camino poder llegar al hogar de la anciana, pues este se encontraba muy en la profundidad del bosque. Los ojos de Naia brillaron al ver la pequeña casa frente a ella. Se encontraba en medio de un hermoso claro. Aquella cabaña era enteramente de madera y lucía muy bien cuidada. La hizo pensar por un instante que aquel lugar había salido de un cuento de hadas.


—Aquí viviremos —exclamó la anciana— sé que no es mucho, pero te aseguro que será un buen hogar para tu bebé

—Gracias —exclamó Naia con lágrimas en los ojos.


Se colocó una mano sobre su vientre mientras cerraba los ojos y se hacía una promesa así misma. No dejaría que nadie le hiciera daño a su bebé. Quizás no lo había planeado, pero era el fruto del amor más grande que había sentido hasta ese momento.


Naia respiró profundo tomando un poco del aire puro a su alrededor, era su manera de tomar fuerzas para lo que se avecinaba en el futuro. Comenzó a andar junto a la anciana e ingresó en aquella cabaña. El lugar era pequeño, solo contaba con 3 habitaciones y 1 baño, pero era suficiente. Lo que más le importaba a ella en ese momento era estar tranquila y algo le decía que ahí lo estaría.


—Te mostraré tu habitación —le dijo la anciana indicándole el camino.


El cuarto era el más pequeño en el que había estado en toda su vida y sin embargo, se sentía el lugar más libre en el que se había encontrado. Contaba con una sencilla cama, una pequeña mesa y un diminuto armario. No había espacio para nada más. Naia sonrió. A pesar de todo, se encontraba bien.

Los días pasaron y poco a poco la chica se fue adaptando a aquel lugar. Amelia le estaba enseñando a cocinar, a limpiar y a hacer todos aquellos labores del hogar que nunca antes había hecho. Ya que no solo los necesitaría para ser independiente y cuidar de ella misma y de su bebé, sino que además, Amelia se hacía vieja y cada día necesitaba de más ayuda para las labores de la casa.


Con el pasar del tiempo el vientre de Naia se hacía más voluminoso. Cada día se notaba más como crecía y cada día ella lucía más feliz. Había comenzado a sentir a la criatura que se formaba dentro de ella y su rostro se iluminaba de alegría cada vez que eso ocurría. Nunca pensó que llegaría a amar de esa manera y más aún, a un bebé que ni siquiera había nacido. Se encontraba muy ilusionada y esta vez deseaba que esos sueños no murieran como lo habían hecho aquellos que tuvo por el hombre que rompió su corazón.


Lamentablemente no todo era alegría en su vida. En las últimas semanas habían comenzado a tener pesadillas que atormentaban su paz. Lo curioso era que al parecer, mientras más fuerte y grande se hacía su bebé, más frecuentes y terribles eran sus sueños. Aunque en realidad, más que sueños, eran recuerdos. Recuerdos de todo aquello que había vivido y le habían hecho sufrir.


—Es tu corazón hablándote


Le había dicho Amelia una vez que le había comentado sobre ellos. Naia rió ante aquella afirmación. En el par de meses que había convivido con la anciana se había dado cuenta que ella era especial, no era como cualquier otra persona. Tenía ciertos “dones” y por tanto, había comenzado a creer en todo lo que la anciana le decía. Sin embargo, esas palabras le parecían una simple locura.


—O quizás sea tu bebé el que quiera decirte algo –insistió la mujer.


Naia sonrió. No sabía si creerlo, pero sin duda algo estaba pasando. Nunca había escuchado de alguien que tuviese sueños como los suyos, pues la mayoría eran recuerdos de cosas que le habían hecho daño, pero lo extraño no era que los tuviese, sino que habían comenzado a ocurrir cuando sitió a su bebé por primera vez moverse en su vientre. Realmente era como si él o ella tuviese algo que ver con esos recuerdos, como si los trajera a su mente por alguna razón. A lo mejor la anciana estaba en lo correcto y su bebé sí quería decirle algo, pero el pensar en su pasado la hacía sentir mal, así que prefería, al menos por el momento, ignorar lo que sea que estuviese jugando con su cabeza.


Sin embargo, el querer ignorarlo no cambió la situación. Cada noche se iba a la cama con el miedo que los recuerdos invadieran su mente y aunque no ocurría siempre, mientras más se acercaba la fecha de su parto, estos eran más frecuentes y repetitivos.


—Te ves terrible —exclamó Amelia al ver a Naia salir de la habitación una mañana.


Estaba ojerosa y se veía cansada. Su vientre había crecido tanto que apenas podía caminar. En pocos días entraría en labor de parto, pero con lo agotada que se encontraba, tenía miedo de que no pudiese dar a luz cuando llegase el momento.


—Estos sueños me están matando.

—Ignorarlos no es la solución, ya te lo dije.

—¿Y qué se supone que haga?


Amelia se dirigió hasta su habitación para regresar a los pocos minutos con un enorme libro entre los brazos. Este lucía bastante antiguo pues sus hojas estaban amarillas debido al tiempo, aunque la cubierta seguía siendo muy hermosa. Era de un dorado brillante y en el medio tenía una especie de espejo con joyas de colores alrededor.


—¿Qué es eso? –preguntó Naia con curiosidad.

—Este es mi secreto –respondió Amelia con una sonrisa.


La anciana le explicó que ese libro había estado en su familia por largas generaciones. Cada “bruja” incluía ahí todas las posiciones, hechizos y secretos que con los años iba descubriendo y desarrollando. Era como su biblia personal, por lo que estaba segura que ahí debía de haber alguna respuesta de lo que estaba ocurriendo y más importante aún, les diría que debían hacer.


—Pero debemos comenzar por el principio. Cuéntame sobre cada uno de estos sueños que has tenido.

—Recuerdos –aclaró Naia.

—Muy bien. Recuerdos… ¿Cuáles son esos recuerdos que te atormentan?

11 Juin 2023 19:16 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Maria  Gabriella Lazzarini Maria Gabriella Lazzarini
Me gusta mucho tu forma de narrar. La lectura es muy placentera
June 11, 2023, 20:15

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