axel-melgarejo1625109491 Axel Melgarejo

tras la muerte de su esposa, el doctor Ryan Benerson se obsesionó con la idea de encontrar el misterio de la muerte, convencido de que no es un acto natural del cuerpo sino de que hay un culpable, se propone a investigar todo lo relacionado a la imagen de la Parca, descubriendo durante el proceso varios eventos que ocurrieron en la Edad Media y durante la decada de los 80 en un pequeño pueblito, entre otros tantos incidentes en apariencia aislados pero que dan a un solo resultado: la precencia de una entidad de aspecto femenino que viste de rojo y posee un enorme sombrero negro y que parece divertirse al precenciar, o quizas provocar, la muerte de otros.¿Podrá Ryan descubrir la verdad acerca de la misteriosa Ágata y pedirle que le devuelva la vida a su esposa o será una victima más de la Parca Roja?


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PROLOGO: “NO LE TEMAS A LA PARCA”

El sol se estaba poniendo en el horizonte y la carretera se iba volviendo menos calurosa, por lo menos, desde el interior de su “Chevy” de color azul del 75, el calor ya había amainado un poco y el viento, que entraba por la ventanilla de su coche, refrescaba su caluroso cuerpo. Sin embargo a Danny Freister poco o nada le importaba su estado corporal debido a que se encontraba más concentrado en cantar “Don’t Fear The Reaper,” al compas de Blue Oyster Cult, que en el sudor que corría sobre su blanca frente y sobre su bronceado codo, que se apoyaba sobre la ventana del coche. Llevando una campera de cuero sin mangas, una remera blanca y unos pantalones vaqueros azules, Freister viajaba desde la ciudad de Los Ángeles hasta Nueva York con una sola intención: abrir una empresa discográfica. L.A ya poseía varias que le darían problemas y en Miami había demasiada mierda con la guerra en contra de las drogas, pero en Nueva York no habían problemas con Carteles como en Miami, o al menos eso es lo que Freister creía, y las empresas discográficas no abundaban tanto como en Los Ángeles. El dinero ya lo tenía, también tenía las bandas que parecían interesadas en su propuesta. Se había comunicado con ellos por teléfono y se vieron un poco entusiasmados ante la idea de firmar con otra discográfica que no los fastidiara tanto, como lo hacían las de California. Y el local sería en las cercanías de las zonas más prestigiosas, nada de basureros o lugares de dudosa calidad. Freister era un hombre que iba por todo y a ganar sin importar lo que ocurriera después. Sus faros, tras parpadear un poco, se encendieron y divisaron, a la lejanía, una silueta femenina que caminaba en solitario dándole la espalda. Quitándose sus lentes oscuros, Freister observó con cierto interés a aquella silueta que llevaba un enorme vestido rojo y un enorme sombrero negro. Sonriendo debió de pensar que se trataba de una chica cuyo carro se había estropeado y necesitaba un aventón a la gasolinera más cercana. Disminuyendo la velocidad, le hizo señas con las luces de su coche, sin embargo aquella mujer las ignoró por completo y continuó camino. Desacelerando, Freister bajó la ventanilla del lado izquierdo y le preguntó a la caminante:

- Hola preciosa ¿Necesitas que te lleve?- la figura no se detuvo a verlo y, con una voz casi espectral, le respondió

- No gracias- aquella respuesta sorprendió a Freister quien no esperaba que se negasen a su pedido. Por otro lado, mientras más lo pensaba, no podía recordar haber visto, haría unos kilómetros atrás, un coche detenido. Bien podría estar el coche delante pero… ¿Por qué iría en dirección contraria retornando al coche en lugar de ir a donde estaba la gasolinera?

- Nena, no es que quiera ser un pesado contigo pero la siguiente gasolinera se encuentra a más de un kilometro de distancia, bien puedes ir en mi auto y con gusto te llevaré a…- insistió Freister, siendo interrumpido nuevamente por aquella voz fantasmal

- Caminaré

Algo andaba mal en todo esto, la muchacha podía tener un motivo valido para negarse pero… ¿Por qué ese tono de voz lo aterraba? Freister podía sentir un deseo irrefrenable de acelerar y no mirar hacia atrás, sin embargo contuvo su extraño temor instintivo e insistió, “No había ningún coche detenido o roto allá atrás ¿Qué hace caminando sola en plena carretera, a donde se dirige?” pensó Freister y un leve escalofrío recorrió toda su espina dorsal al solo considerar semejante pregunta.

- Escucha nena, no soy ningún tipo raro ni nada por el estilo. Al contrario, si dejo que sigas caminando sola de noche, entonces los verdaderos degenerados harán lo que quieran contigo o serás comida para los animales salvajes. Quizás ambos- con un tono de suplica añadió- por favor, no quiero que te pase nada y varios oficiales de policía anden haciéndome preguntas incomodas si llegan a enterarse que fui la última persona en verte con vida

La doncella de rojo se detuvo y tras largar un suspiro de resignación, le contestó:

- Bien- abriendo la puerta del auto y subiéndose a él, aquella mujer ocultó su rostro en su enorme sombrero negro. Con su voz espectral le dijo- conduce

- A la orden señora- rió Freister largando una exclamación de alegría que molestó a la doncella escarlata, mirando nuevamente su enorme sombrero negro que tapaba su rostro, le preguntó- ¿A dónde se dirige?

- Adelante- le contestó aquella mujer sin dar mayores detalles al respecto

- Si pero adelante ¿Dónde?- le volvió a preguntar Freister viéndose aun más confundido que antes

- Te lo diré cuando lleguemos- le contestó aquella mujer, sin dar más explicación al respecto

“Todo esto es muy raro” volvió a pensar Freister atendiendo a la carretera, que ahora se veía por completo oscura, y a los faros que volvieron a parpadear. “Una noche sin luna, genial, lo único que me faltaba” se quejó internamente Freister manteniendo la concentración en la carretera y en sus faros parpadeantes. “ No iba en coche y no se dirige a una estación cercana, apenas habla y parece más interesada en seguir caminando sola de noche a antes dejar que alguien la lleve a donde carajos sea.” Los pensamientos de Freister continuaban molestándolo a pesar de que trataba de ignorarlos, otra idea cruzó por su cabeza al recordar aquella vieja anécdota del taxista que llevó a un fantasma hacia el cementerio. “No, ella no es un fantasma” pensó Freister, tratando de dejar de lado aquel miedo irracional, “No debe haber un cementerio cerca y por lo general los espectros de esas leyendas no buscan ser dejados en paz sino subir a donde se encuentra su próxima víctima. Ella se negó a subir, fui yo quien la convenció” reflexionó Freister mirando nuevamente a su pasajera cuyo rostro ya no era oculto por su sombrero sino por la oscuridad de la noche, sin embargo un leve destello rojizo en sus ojos casi le quitó el aliento.

- Mira la carretera, no a mí- le ordenó aquella mujer con un tono frío de voz- así es como ocurren los accidentes

- Sí, es cierto, lo siento- se disculpó Freister volviendo a ver la carretera, sus faros habían dejado de parpadear pero su luz se veía con menos intensidad que antes- es que me pareció ver por un momento

- No viste nada ¿Cómo podrías en esta oscuridad?- señaló la mujer, viendo como las luces parecían ir disminuyendo la intensidad a medida que avanzaban

- Es cierto, tienes razón- asintió Freister, añadiendo- por cierto, mi nombre es Danny Freister ¿Cuál es el tuyo?

- Ágata- se presentó la fantasmagórica mujer de rojo

- ¿Ágata…?- al no recibir respuesta, le preguntó- ¿Cuál es tu apellido?

- Solo Ágata ¿De acuerdo?- le contestó con dureza Ágata

- Como digas- se quejó Freister añadiendo- y ¿A qué te dedicas Ágata?

- Mato gente- le contestó Ágata con tal naturalidad que Freister tardó un segundo en comprender la gravedad de lo que ella le había dicho. Como si hubiese captado sus pensamientos, Ágata le preguntó- ¿Hay algún problema con eso, querido?

- Pu… pu… pues… no… pero me preocupa saber cómo lo haces

- No soy una asesina- lo tranquilizó Ágata sin dejar de mirar la carretera, cuya oscuridad comenzaba a crecer mientras las luces perdían mas brillo y volvían a titilar - en realidad, ellos me temen

“Oh Dios mío, es una psicópata ¡Debí saberlo al verla caminar sin rumbo por la carretera!” pensó Freister desviando su mirada de la carretera para observar la rojiza mirada que Ágata le estaba dedicando.

- Si no eres una asesina o una mercenaria, entonces ¿Cómo los matas?- le preguntó Freister sintiéndose aun más aterrado que antes

- Solo dejo que las cosas pasen- le respondió Ágata confundiendo a Freister

- No comprendo ¿A qué te refieres con dejar que las cosas pasen?- le preguntó Freister sorprendido

- Precisamente a eso, dejo que las cosas pasen, dejo que los incendios se propaguen y que las personas se ahoguen o sean devoradas por fieras salvajes. Dejo que los asesinos maten y que las tragedias o actos de justicia y venganza ocurran- le explicó Ágata mientras sus rojizos ojos iban creciendo conforme ella hablaba- y disfruto de todos y cada uno de esos momentos debido a soy la Parca de túnicas rojas. Blue Oyster Cult se equivocó querido, ustedes los mortales si deberían temerme

La risa de Ágata heló la sangre de Freister que se dio cuenta de que sí había subido a su coche a una lunática con anteojos rojos, esa era la única respuesta correcta al brillo escarlata de sus ojos. Sin poder contenerse, le preguntó:

- Y que haces en plena carretera de noche, “Parca Roja”

- Esperar- le contestó Ágata

- ¿Esperar qué?- volvió a inquirirle Freister sintiendo como su corazón daba saltos debido al pánico que sentía en ese momento

- La respuesta está delante de ti querido, por eso quería caminar. Iba a ser molesto tratar de quitarme la suciedad de mi vestido después de que ocurriera. Bueno parece que llegamos a mi destino. Gracias por el aventón, realmente eres un amor cariño- una enorme luz blanca iluminó el rostro de Ágata y el sonido de una fuerte bocina sobresaltó a Freister. Ágata, sonriente, le recordó- la carretera cariño, por mirar a otros mientras conduces es que los accidentes ocurren

Durante ese breve instante Freister lo vio, vio el rostro de Ágata y después vio al enorme camión que se aproximaba hacía él a una velocidad de vértigo mientras sus faros se encontraban apagados. Freister largó un alarido al ver el esquelético rostro de Ágata, que solamente era un horrido cráneo con ojos saltones de color rojo y cuyo vestido dejaba ver su huesudo pecho, carente de toda carne y con un oscuro vació por pulmón y corazón. La cadavérica imagen largó a reír mientras Freister gritaba y veía con horror como el camión se estrellaba contra su Chevy, destruyendo la parte frontal. Su cuerpo salió volando del asiento, rompió el parabrisas y su cabeza se fracturó al golpear con el roto capot de su coche junto al enorme radiador del camión.

Deteniendo su vehículo, el camionero de camiseta blanca, campera de tela azul sin mangas y pantalones vaqueros con una gorra roja, se bajó para ver si el conductor de aquel coche, que había salido de la nada por la velocidad que llevaba junto a sus faros apagados debido a un desperfecto técnico, se encontraba bien. Al ver el cadáver iluminado por los enormes faros del camión y cuyas expresiones mostraban un indescriptible horror antes de morir, el camionero se tapó la boca y, en contra de todo razonamiento posible, comenzó a pedir ayuda. Durante su ataque de pánico no notó a la extraña mujer de vestido rojo y sombrero negro que caminaba por el borde de la carretera alejándose del lugar del accidente mientras silbaba aquella canción de los Blue Oyster Cult sobre no temer a la parca.

27 Janvier 2023 04:12 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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