yjinfires92 YJINFIRES 92

Kim Seokjin lleva una doble vida. De día, es el hijo menor mimado de un excéntrico multimillonario. De noche, es un asesino sin arrepentimiento. Kim Taehyung ha pasado años soñando con vengarse de la muerte de su padre, pero cuando se enfrenta a su asesino, descubre una verdad desalentadora de la que no puede escapar. Advertencia: Está historia contiene violencia gráfica, humor muy negro y menciones de abusos sexuales a menores en el pasado.


Fanfiction LGBT+ Tout public.

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PRÓLOGO

Dr. Kim Yohan.

Sujeto: Seokjin.

Esta era la parte más difícil: localizar a los chicos. Pero este muchacho... él sería el último. Entonces, el grupo estaría completo.

El Dr. Kim Yohan tenía una pequeña red de científicos que entendían que lo que él intentaba lograr valdría todo riesgo. La mujer tras él, la Dra. Jang, era nueva en el proceso. Era una residente en su segundo año que trabajaba directamente bajo las órdenes de Sangmin, un buen amigo de Yohan.

—¿Edad? —preguntó.

La joven muchacha sacudió la cabeza titubeante.

—Por lo que podemos decir, alrededor de los seis.

Él estaba acostumbrado a esa clase de inquietud, porque lo que estaban haciendo era ilegal. Algunos dirían que hasta inconcebible. Yohan lo veía como un mal necesario.

—Te prometo que esto es lo mejor para el chico —La tranquilizó—. Tiene que estar con personas como él, individuos que entiendan cómo satisfacer sus necesidades particulares.

Ambos miraron a través del vidrio hacia el muchacho sentado en la mesa. Estaba calmado en una forma en que ningún niño debería estarlo. Había cierta clase de calma en su postura que Yohan solo había visto en francotiradores de la milicia y en animales depredadores.

—¿Está medicado?

Una vez más, ella negó con la cabeza.

—No. Cuando está solo es como si simplemente se... apagara. Se retrae al interior de su cabeza. Es algo común en los niños que han sufrido la misma clase de trauma que él.

Yohan lo había visto con anterioridad. Con demasiada frecuencia. El expediente del muchacho decía que lo encontraron cuando la policía respondió a una llamada por asesinato-suicidio. Había estado atado al radiador por tanto tiempo que las marcas de la cuerda alrededor de su tobillo se habían convertido en un permanente anillo cicatrizado.

No era el único niño encontrado en esa casa, cada uno había estado sucio, necesitado y desamparado. Pero los otros dos eran tan jóvenes que tendrían la oportunidad de tener una vida normal. En cuanto a este chico, ¿A la edad que tenía? Ya un trastorno afectivo se habría apoderado de él. Y sabía por experiencia que era algo imposible de revertir.

Yohan estudió la piel pálida y antinatural del chico, los ojos azules de la tonalidad de un lobo siberiano, y el cabello color negro tinta. Si lo pusieran en adopción, tenía una gran posibilidad de que lo escogieran casi de inmediato. Tenía seis años, pero podía pasar por alguien mucho más joven. Las familias siempre querían a los niños cuando estaban pequeños.

Soltó un suspiro.

—¿Diagnóstico?

La Dra. Jang cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿El oficial? Trastorno negativista desafiante, trastorno de la conducta, trastorno reactivo del apego y trastorno de estrés postraumático.

—¿Y el no oficial?

—Muestra signos en aumento de psicopatía. Miente sin problemas, es encantador cuando quiere algo, es divertido y calculador. La forma inapropiada en que toca a los adultos indica un abuso prolongado. No ha intentado activamente causarse daño o lastimar a alguien más, pero no muestra compasión con el sufrimiento ajeno. No es algo sorpresivo dada sus condiciones de vida.

—¿Moja la cama? ¿Provoca incendios o muestra crueldad hacia los animales?

—Quizás sea muy pronto para decirlo, pero hasta ahora no. De hecho, está bastante cautivado con los niños más pequeños. Los trata casi como si fueran... mascotas. Sospechamos que con frecuencia le daban la tarea de mantener a los niños más jóvenes con vida. No era algo fácil, considerando el rango de movimiento limitado que tenían.

Era perfecto.

—Interesante. ¿Tiene un nombre?

—Si lo tiene, no nos lo dice. Nosotros simplemente lo llamamos Seokjin. —dijo, sonando cansada hasta los huesos.

Yohan lo entendía. Trabajar como un psiquiatra pediátrico le mostraba a una persona lo inhumanos que podían resultar los seres humanos, el nivel de dolor y trauma que podían infringir en su población más vulnerable. Le demostraba que la mayoría de los desórdenes mentales en los niños eran el resultado directo de las personas que se suponía debían amarlos. El conocimiento te comía el alma a medida que el tiempo pasaba, y se volvía demasiado difícil de aguantar para algunas personas.

Y allí es donde él entraba. No había forma de reparar a estos niños, de curarles la psique. En mejor medida, ellos se convertirían en un peso para cualquier persona que aceptara tenerlos. Y en el peor de los casos, se volverían una plaga para el hogar e incluso para el mismo vecindario. Las mascotas comenzarían a desaparecer, los padres comenzarían a colocar múltiples seguros en las puertas, la familia entera dormiría en una sola habitación hasta que no pudieran soportarlo más e irían a rogarle a la corte que interviniera. Y ellos no lo harían.

Pero Yohan sí lo haría. Los tomaría antes de que se tornaran en una plaga para la sociedad.

—¿No hay acta de nacimiento? —preguntó.

La doctora desvió la mirada hacia él una vez más.

—No. Los padres no parecían ser del tipo que hace papelería. Ninguno de los niños en esa casa tenían actas de nacimiento. Las pruebas de ADN probaron que todos estaban relacionados biológicamente a la madre, así que no era una situación de secuestro. El hombre que la mató solo era padre del menor de ellos, y no tenemos forma de determinar quién es el padre biológico de este niño. No hay ninguna coincidencia en la base de datos de ADN. Ni siquiera familiar. Para lo que el gobierno respecta, él no existe.

—¿Y su expediente?

—Sería muy fácil hacerlo desaparecer.

Estos niños siempre caían a través de las grietas. Eran los olvidados, unos don nadie. Fantasmas dentro de un sistema que todavía no los había matado. Las familias de acogidas los tomaban y luego los devolvían, los trabajadores sociales prometían vigilarlos, pero finalmente se veían abrumados por la infinidad de casos.

No era la culpa de una persona en particular. El sistema era como una rueda rota, ineficiente por defecto.

Y eso siempre trabajaba a favor de Yohan.

—Excelente. Quiero conocerlo ahora mismo, por favor.

Ella tragó ruidosamente antes de alcanzar la botella de agua y tomar algunos sorbos.

—¿Qué es lo que hace con ellos? —Finalmente preguntó.

Era justo que ella sintiera curiosidad. En esencia, un doctor de mediana edad robando niños en la mitad de la noche parecía cosa de pesadillas. Un villano de cuento de hadas. Dado el tipo de personas a los que estos doctores se veían forzados a aguantar, estaba bien enfundada su sospecha sobre él. Deberían tener sus dudas. Pero él no era el problema, era la solución.

—Los moldeo.

Sus cejas se juntaron, y su mirada se tornó tajante detrás de los enormes lentes.

—¿En qué?

En asesinos. Yohan sonrió.

—En justo lo que Dios pretendía.

Ella dio un paso hacia atrás, sus manos cayeron a ambos lados.

—No me puedo imaginar a Dios teniendo algo que ver con lo que le pasó a Seokjin.

Yohan negó con la cabeza.

—¿Alguna vez has oído el dicho "los psicópatas nacen, pero los sociópatas se hacen"? Las investigaciones demuestran que es verdad, pero, ¿Y si no es un defecto de fábrica? ¿Qué pasa si ellos están aquí para hacer lo que otros no pueden?

—¿Y eso qué significa?

—Todo lo que necesitas saber es que llevo una casa para chicos iguales a Seokjin. Cuidarán de él, lo cual es mucho más que cualquier cosa que alguien de aquí pueda ofrecerle. Tendrá acceso a los mejores cuidados médicos, la educación más fina, y yo le mostraré exactamente lo que es capaz de hacer.

—¿Y eso sería? —preguntó la Dra. Jang, mirándolo como si él fuera un sociópata.

Yohan hizo un gesto amplio con la mano.

—A usar sus dones para el bien en lugar del mal.

La Dra. Jang soltó un resoplido.

—¿Un don? Difícilmente llamaría un "regalo" a este nivel de enfermedad.

Él ya estaba sacudiendo la cabeza.

—Pero allí es donde está equivocada, Dra. Jang. No puede reparar a un psicópata. No puede arreglar a un sociópata. Pero puede guiarlos, perfeccionar su enfoque. Enseñarles a dirigir la rabia contra aquellos que realmente lo merezcan.

—¿Lo merezcan? —Ella repitió —. ¿Les está enseñando a ser unos monstruos?

—Claro que no. Ellos ya son unos monstruos. Les estoy enseñando a matar a aquellos que los convirtieron en lo que son.

Ella se mantuvo en silencio por un rato antes de finalmente preguntar.

—¿Y funciona?

—Eso es lo que intento averiguar. Estos chicos son mis primeros sujetos de prueba. A través del transcurso de sus vidas voy a documentar sus progresos, enseñarles a identificar y examinar a sus objetivos. Les enseñaré a ser invencibles.

Una vez más, la mirada de ella se dirigió hacia Seokjin quién todavía parpadeaba ausente hacia la pared.

—¿Cuántos niños tiene?

—¿Incluyendo a Seokjin? Siete.

Realmente era una muestra muy pequeña, pero con más de siete él no sería capaz de darles su atención y tiempo de manera individual. Era importante que ellos aprendieran a depender de él y entre ellos. Aunque no tuvieran la capacidad de amar, no significaba que no pudieran llegar a confiar el uno en el otro. Ellos iban a necesitar esa confianza. Tendrían que aprender a mezclarse en la sociedad en cierta medida.

—¿Cómo mantiene un hogar lleno de psicópatas, Dr. Kim? —preguntó ella, mirando a través del vidrio hacia la pequeña figura.

—Con mucho cuidado, Dra. Jang. Con mucho cuidado.

Después de unos momentos, ella caminó hacia la puerta y la abrió, haciéndole un gesto a Yohan para que entrara primero. Una vez dentro, los ojos cristalinos de Seokjin observaron sus movimientos, aunque el resto de su cuerpo se mantuvo perfectamente quieto. Estaba claro que ponía nerviosa a la Dra. Jang, pero Yohan creía que él era perfecto. Un espécimen perfecto. Su último niño.

Se acuclilló junto al chico y le extendió la mano.

—Hola, Seokjin, mi nombre es Kim Yohan y estoy aquí para llevarte a tu nueva casa.

La máscara de indiferencia se rompió, siendo reemplazada por una sonrisa lenta y casi siniestra. El chico tomó la mano de Yohan y la sacudió. Podía entender por qué ponía nerviosa a la otra médica. Seokjin no tenía una línea de partida para la normalidad, lo único que podía hacer era observar e imitar las cosas que veía. No era un niño de seis años. Él era un robot de seis años que en estos momentos se encontraba descargando el software que contenía los comportamientos de un niño de esa edad.

Seokjin era un regalo, y Yohan ya podía verlo.

—¿Nos vamos?

25 Janvier 2023 00:44 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Danielle ˙ᵕ˙ Danielle ˙ᵕ˙
Ya que esta completa por fin la puedo leer😍
August 20, 2023, 06:01
MONTAE GR MONTAE GR
CIELOS ÉSTA HISTORIA PROMETE DEMACIADO QUE EMOCIÓN 😍❤️
April 27, 2023, 20:35
Dora Sanchez Dora Sanchez
DIOOOOS, MIL GRACIAS, PENSE QUE JAMAS VOLVERIA A LEERLA 😭😭😭
February 26, 2023, 22:20
~

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