Histoire courte
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Toda la vida delante de los ojos

Hay momentos en la vida de todo criminal donde hasta un cabrón como yo necesita acordarse de todo lo malo y de lo poco de bueno que ha hecho durante toda su triste y complicada existencia. A mi me tocó hoy. Recordar esos momentos que me marcaron para siempre, que hicieron de mi la persona que soy en realidad. Fue por eso que, al encontrarme en aquella situación tan desesperada, no pude evitar acordarme de cuando, aun siendo niño, me di cuenta que mi familia más que humilde era pobre y que yo iba a tener que luchar más que la mayoría de los muchachos de mi edad para salir adelante. Me acordé de la primera vez que besé a una chica. De su olor a vainilla y de sus labios pringosos y suaves como algodón de azúcar. De la primera vez que pagué a una mujer para acostarme con ella, del olor a incienso de su habitación, de las marcas de cortes en sus antebrazos y del sabor a licor de su boca. Me acordé de mi primer delito, un robo en una farmacia. Donde casi nos cargamos a un hombre para llevarnos menos dinero de lo que se podía haber ganado en un día de trabajo honrado. Me acordé de la primera vez que le quité la vida a otro ser humano. Se lo merecía, pero eso no fue suficiente para olvidarme de cómo me miró antes de ejecutarle. Me acordé de todas las veces que hubiera podido cambiar mi vida, pero siempre preferí elegir la opción más fácil. Y vivir al margen de la ley era una de aquellas elecciones que una vez que las tomas, ya no tienes la posibilidad de volver a replantearte tu futuro. Cuando estás en equilibrio sobre una cuerda floja, ya no puedes volver hacia atrás. Solo puedes seguir adelante y rezar para no caerte al vacío. Me acordé de todo el tiempo pasado en la cárcel por haber cometido estupideces. Del tiempo malgastado en bares y casas de apuestas. El tiempo perdido en las peores esquinas de mi barrio y de otros barrios parecidos, olvidados por las instituciones y por el mismísimo Dios. Me acordé de los ratos felices que nunca pasé con mis hijos y de todo el tiempo que las pocas personas que me quisieron desperdiciaron intentando darme buenos consejos. Así que, mientras aquel hombre me apuntaba con su pistola directamente a la cara, entendí por qué la gente suele decir que, cuando estás a punto de morir, se te pasa toda la vida delante de los ojos. Podía notar el frío acero del cañón de la pistola en mi frente, su aliento a tabaco y como su saliva salpicaba en mi cara cuando me escupía las últimas palabras. Luego la oscuridad. Y comprendí entonces que mi tiempo estaba a punto de acabar. Que aquello era la última cuenta, la última factura que tenía que pagar y que, por fin, había llegado para mí el momento de descansar eternamente.

15 Janvier 2023 19:20 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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