grissuga Griset Rodriguez

En una sola tarde caí ante su embriagante sabor agridulce con una sola sonrisa de sus labios seductores. Hermosa portada hecho por @KookGgukk ✔Alto contenido explícito. ✔Narración de escenas sexuales(Leer bajo su propia responsabilidad si eres menor de edad.) ✔Posible lenguaje vulgar y obsceno. ✔Relato 100% escrito por mi. No permito copias, adaptaciones o traducciones.


Fanfiction Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans.

#relato #oneshot #jefe #secretaria #yoongi #minyoongi #lemon #smut #min #yoongibts #
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Bittersweet

━══━══ •❥• ══━══━


Esa mañana de invierno me levanté como de costumbre, sin saber todo lo que ocurriría hoy. Me alisté luego con una blusa blanca de mangas largas y una falda tubo de color negro. Miré por un segundo mis tacones de 8 cm que eran obligatorios de usar para las mujeres que trabajaran en la compañía y resoplé hastiada de mi vida. No es que odiara mi trabajo, al contrario, me va muy bien y tengo para comer y sustentar mis gastos pero esos códigos estrictos de vestimenta estaban de mas, a mi entender.


Mi jefe no era un viejo panzón de 50 años de edad pero sí era un hombre muy temido por todos. Su carácter era agrio y prepotente pero de igual modo imponía respeto. Realmente lo toleraba por que trabajo para él y no me quedaba más remedio que tratarlo, ya de por sí soy educada, paciente y trabajadora y no fue muy difícil acostumbrarme a sus cambios de humor.


Peino mi cabello hasta que queda pulcramente recogido en una coleta lisa y prolija, con un simple labial mate en los labios termino mi outfit. Cojo mi bolso de trabajo una vez que me coloqué las medias y los tacones, al estar ya lista salgo de casa.


Debo llegar media hora antes que él y dejarle cada uno de sus documentos organizados alfabeticamente y por prioridad, dejándolos bien apilados encima de su mesa, además es primordial limpiar su escritorio muy bien y no dejar el menor rastro de polvo o suciedad, sus lápices, bolígrafos y útiles laborales deben quedar igual de deslumbrantes y ordenados. Por que sí, aparte de cargarse un carácter de mierda es un obsesivo-compulsivo de la limpieza.


Lo último que no puede faltar en su buró es un café negro bien cargado para iniciar a todo tren por las mañanas.


Le doy una última mirada a la puerta de mi casa y bajo las escaleras directo a la parada de autobús que queda a tan solo dos viviendas de la mía. Apenas son las 6:05 de la mañana así que aún tengo tiempo. El bus no tarda mucho en llegar, tengo bien calculado mi horario y soy muy organizada, eso algo que me hace sentir orgullosa.


Cuando llego a la parada solo hay dos personas más aparte de mí, un señor de traje que aparenta unos cuarenta y tantos años seguido de una ancianita de cabellera blanquecina con un bolso florido en sus manos. Verla me recuerda a mi abuela, ella falleció hace dos años, recordarle siempre me hace sonreír a pesar de que me duela con locura su partida. Mi abu fue como la madre que nunca tuve y siempre le estaré agradecida por haberme criado con tanto amor y devoción, me dio lo mejor aunque no tuviera ni como sustentarse.


Por eso le estaré agradecida eternamente.


Con la llegada del transporte público subo al vehículo seguida por las otras dos personas y luego de pagar con la tarjeta de transporte busco un lugar donde sentarme. Ya ubicada en mi sitio, al lado de una ventanilla y con el viento mañanero azotando mi cara me permito observar el firmamento y la hermosa paleta de colores que se forman en él. Las tonalidades son tan hermosas que tan solo al contemplarlas me hacen respirar paz durante al menos un segundo.


Reviso mi celular, ya que desde anoche no lo he mirado y me encuentro con que hay varios mensajes no leídos. En lo que el autobús se desplaza por la carretera decido leerlos. Al instante compruebo que todos son de mi mejor amiga.


Kristen🍺


Oye...


6:07 am


Kristen🍺


Loca...


6:07 am.


Kristen🍺


Hoy paso por tu pocilga...toca pollo 🍗 y cerveza🍺.


6:08 am.


Claro baby, necesito emborracharme para olvidar que mi vida es un asco🍻.


6:09 am


Kristen🍺


COOL🍺☻


6:09 am


Doble cool🍻☻


6:10 am.


Una vez mandé el último mensaje apagué el móvil. Faltaban solo cinco minutos para llegar a mi destino.


El enorme edificio donde trabajo como secretaria pertenece a una de las familias más ricas e influyentes de Corea. Su apellido es sinónimo de realeza, de hecho se cree que alguno de sus antepasados haya gobernado la nación como emperador.


Su familia está conformada por tres hermanos, dos varones y la menor, el hijo mayor será el futuro presidente del país, así es Min YoonHwan ya tiene su cargo casi asegurado. La hija menor aún es estudiante pero está estudiando modelaje, ya a sus 18 años Min YoonRa es reconocida por su belleza y sofisticado sentido de la moda. Llegamos al hijo del medio, Min Yoongi, alias mi jefe atractivo y gruñón con 30 años de edad.


Sin duda su legado hará historia en Corea.


A veces me pregunto como uno puede experimentar esos beneficios en su vida. Sería mucho más fácil nacer en una familia acomodada donde tus padres te críen rodeada en abundancia, las carencias no serían una opción por así decirlo. Hubiera sido en verdad genial haber tenido mi futuro asegurado pero eso no quiere decir que menosprecie mi vida, lo que tengo lo he luchado a capa y espada.


Siempre he tenido la absurda idea que el dinero trae la felicidad, o al menos una parte de ella, como en algunos casos que solo llega a una mera ilusión o un breve momento de dicha. El señor Min es un ejemplo de ello, sus caras largas y frases cortantes me confirman que de algo carece en su mundo brillante.


Supongo que alguien rico y poderoso tendría también sus pesares y demonios, no todo debe ser fácil y color de rosa cuando carga con una enorme responsabilidad sobre sus hombros. De igual modo existe la posibilidad que esté carente de afecto femenino, del calor de una mujer y que lo consienta. Yoongi es muy atractivo y sexy así que la atención de las mujeres no debe faltarle, estoy segura que hay una fila interminable de féminas esperando que las miren al menos una vez.


Envío a un rincón de mi mente cada uno de mis pensamientos ya que es hora de bajarme y mi parada no espera. Entro por la puerta principal, luego de admirar por un momento el gigante rascacielo donde laboro. De camino a la oficina reviso la hora comprobando que son las 6: 17 am. Apresuro el paso al notar que no puedo perder un segundo más en divagaciones.


Entro en el elevador y marco el piso 25, algunos otros trabajadores se unen al mismo y luego de ver cambiar la pantalla de uno a otro piso llego sin demora. Sin mirar más el tiempo perdido me interno en mi lugar de trabajo.


Preparo mi notebook con las diligencias del día y luego de soltar mi bolso tras mi silla prosigo a entrar a la oficina del Sr Min. Al estar ya acostumbrada a esta rutina mañanera termino mi labor dejando todo reluciente y organizado en su escritorio.


Teniendo arreglado el despacho principal bajo a la cafetería que queda justo al frente de Min Holdings. Al ser cliente habitual mi pedido debe estar ya prepardo, la encargada sabe siempre a que voy cada mañana.


La campana de la entrada se hace sonar al traspasar la puerta y Ju-ri me recibe sonriente, como en cada ocasión.


─Buen día, Scarlett. Ya tengo tu café amargo bien calentito para tu jefe.


─Gracias, Ju-ri y muy buenos días.


─Oye, no había visto bien al señor Min pero amiga que guapo está, te digo con seguridad que es el hombre mas apuesto que he visto en mi vida. ─el comentario de Ju-ri no me extrañó, todas las chicas al ver por primera vez a Yoongi dicen lo mismo.


─Sí, es muy atractivo pero no para mí, así que me abstengo de verlo con otros ojos. ─ confecé con sinceridad.


─Ay amiga pero lo que yo diera por tirarme a ese pedazo delicioso de hombre. ─ reprimo una mueca de asco al escuchar semejante manera de hablar tan sexista, siempre me pareció desagradable y sumamente repugnante que las personas vieran tanto hombres como a mujeres de forma tan cruda, como si fueran un trozo insignificante de carne que quieran morder.


Un poco incómoda respondí.

─Me gustaría seguir hablando contigo pero ando contrarreloj, debo regresar a la oficina.


Sin esperar contestación alguna salgo de la cafetería con el envase de café entre mis manos y retorno al edificio. Todo iba bien hasta que choqué abruptamente con alguien y el café terminó manchando mi blusa blanca.


─ Oh Scarlett, cuanto lo siento, iba muy entretenida y no llegué a distinguirte delante. ─ ese tono de voz tan chillón e hipócrita me hizo mirarla solo una vez pero reprimiendo gritarle las cuarenta en la cara.


Control, estamos en el trabajo.


Y es una suerte que tenga mucha paciencia y control sobre mi misma si no la hubiera abofetedado ahí mismo por ser tan cínica.


─ ¿Estás bien?─ preguntó descaradamente Sunny.


La verdad es que ella me odia desde el día uno que empecé como secretaria de Min Yoongi. Ella era la que debería haber tomado mi lugar pero por alguna razón yo terminé por ganarme el trabajo. Sunny se ha encargado de hacer de mis días un real infierno.


─No te preocupes, no es nada, sabía que algo más iba a pasar para arruinar mi rutina pero son cosas que pasan.


─Una pena que haya arruinado tu blusa. ─ la ironía con la que soltó ese comentario me hizo morderme el labio inferior para contener el impulso de agarrarla del cabello por su actitud tan descarada.


─ Sí, una pena─ dije con el mismo tono de ironía.─ Ya estoy acostumbrada a este tipo de situaciones, no me afectan nimiedades como esta, si me disculpas debo seguir.


Caminé ignorando todos sus resoplidos y murmuraciones. Volví al elevador marcando el mismo piso, le doy un vistazo a mi camisa blanca y está arruinada por completo. En toda la zona de mis senos se extiende la mancha oscura transparentando la tela y dejando ver mi sujetador blanco de encaje.


Suelto una baja maldición por todas las cosas que me han pasado y espero que acabe esta mala suerte porque no sé que sería de mi si esto continúa. Salgo a paso apresurado rumbo a la oficina con la intención de dejar el envase aun caliente del café en el escritorio, ya que aun tiene la mitad de su contenido intacto pero una vez abro la puerta me encuentro a mi jefe de espaldas observando el paisaje citadino.


Su fuerte colonia ligada a su aroma varonil fresco pero con algo sexy y salvaje me hace trastabillar un poco. El señor Min se ve tan poderoso e imparable que daría lo que fuera por tener un hombre así en mi vida.


Me sorprende por una parte que esté tan temprano, siempre acostumbra llegar a las 7 de la mañana pero por lo que veo decidió entrar 30 minutos antes.


Este se voltea al notar mi presencia y decido salir de mi trance.


─Buen día, señor Min. No sabía que llegaría mas temprano hoy.


─No creo que tenga la obligación de decir mis horarios de llegada. ─ respondió con tono severo.


Bajé la mirada al suelo, apenada. No me incumbía decir nada de eso pero ahí va mi bocota de imprudente.


─Discúlpame señor, no fue mi intención. ─ añadí con sinceridad.


─¿Cuántos años llevas trabajando para mi, señorita Brown? ─ inquirió con rostro sereno e impasible.


─Tres años, señor Min.


─ Muy bien, con ese tiempo a mi servicio debes de saber mis gustos y exigencias, ¿no es así?


Por algún motivo noté su tono más rudo pero en vez de asustarme ocurría lo contrario. Sentía que con cada palabra soltada acariciaba mi cuerpo y las llamas de sus ojos hacían que la temperatura de mi cuerpo se disparara.


─Sé con certeza cada uno de sus gustos. ─ aseguré.


─ ¿Entonces por qué aún no está mi café en su lugar? ─ exigió endureciendo la mandíbula.


─Justamente venía a dejarlo pero sufrí un accidente y derramé un poco encima de mí, una vez más le ofrezco una disculpa, nunca había pasado este tipo de contratiempos. ─ me incliné en una reverencia de noventa grados a modo de disculpa y lo sentí acercarse a mí.


─ Que no se vuelva a repetir o no me quedará de otra más que despedirla por incompetente ─ finalizó a modo de advertencia─. Ahora vaya a limpiarse un poco, si es mi secretaria debe verse presentable al menos.


─Enseguida, señor Min. Con permiso.


Salí disparada de ahí, aguanté las lágrimas que querían escapar de mis ojos por sus duras palabras, estas calaron hondo en mi pecho. Ingresé al baño con la conversación aún vigente y doliendo cada frase como el demonio. No sabía que Min podía llegar a pisotear mis barreras e influir así en mí. Esta era la primera vez que me regañaba tan cruelmente, parecía que en verdad había cometido un pecado mortal cuando solo me tardé un poco y sufrí ese contratiempo.


Al mirarme al espejo vi rastros de las lagrimas que ya asomaban pero las contuve, no iba a llorar porque soy alguien fuerte que no se amedrenta tan fácil.


Abrí la llave y cuando el agua salió a borbotones mojé un poco una servilleta para pasarla por mi blusa estropeada. Luego de pasarla varias veces la mancha disminuyó pero terminó trasparentándose más. Decidí dejarla así mismo pues no había manera de hacer nada más.


Al volver a mi escritorio me senté en mi silla y di así inicio a mi larga jornada laboral. El señor Min no me llamó como de costumbre y fue algo que me extraño pero decidí pasarlo por alto.


El teléfono de mi mesa sonó y al descorgarlo la potente voz de mi jefe se delizó en mis oídos como agua fresca de manantial.


─ Scarlett, cancela todas mis reuniones de hoy, voy a trabajar en la oficina y que nadie me moleste.


─Sí... ─ alcancé a decir solo eso pues colgó abruptamente.

Luego de esa llamada sumamente incómoda me centré en revisar algunos contratos y organizar los archivos del mes. Así transcurrió el resto del día, no me paré de mi silla ni para almorzar, quería adelantar lo más que pudiera.


Estaba tan sumida en lo que hacía que pasé por alto las horas y cuando desvié la vista contemplé oscuridad, el cielo ya pintado en su totalidad de negro, miré mi móvil comprobando que era muy tarde y debía haber salido hace rato hacia mi hogar.


Me levanté camino al despacho de Min y al trapasar su puerta lo observé aún sentado tras su escritorio, tecleando en su ordenador.


Estaba endemoniadamente guapo con el cabello despeinado como si hubiera pasado sus dedos numerosas veces por él. Tres botones de su camisa se hallaban desabrochados y el saco de su elegante traje lo había colocado en el respaldo de su silla.


Tuve que pestañear varias veces a ver si se apaciguaba ese deseo que surgía en mis entrañas, un deseo primitivo de entregarme a él, de que me toque y explore todos los rincones prohibidos de mi cuerpo. Me sentí una depravada por estar mirándolo con esa hambre voraz que se apoderaba de mí.


─¿Aún sigue aquí, srta Scarlett?─ su voz grave y enronquecida fue lo que me puso los pies en la tierra, pues mi mente se había sumido en una atmósfera demasiado confusa.


─El tiempo se me fue volando sumida entre revisiones y archivos. Ya me iba, ¿estará más tiempo aquí, señor? ¿Necesita algo más?


─Ahora que lo mencionas necesito me ayudes con los registros financieros del mes.


─ Por supuesto.


Caminé hacia su escritorio haciendo resonar mis tacones en el suelo y alisé mi falda, nerviosa. No era buena idea acercarme con todos esos pensamientos erróneos nublando mi raciocinio.


─Antes que nada, Scarlett quería ofrecerte una sincera disculpa por como te hablé en la mañana. Estaba muy estresado y no medí mis palabras. ─ dijo una vez que estuve al lado de su silla, este se volteó a verme y acomodó sus lentes, estos le daban un aire intelectual y sexy a la vez. Desvié la vista al sentir una vez más los efectos de su mirada ardiente.


─ No se preocupe ya el tema está olvidado, no tiene que disculparse. ─añadí titubeante.


─ Me alegra, no quiero estar en malos términos contigo.


Retrocedí al verlo ponerse de pie y acercarse como un león hambriento se aproxima a su presa, sentí que debía salir de allí ahora mismo pero una de sus manos tomó una de las mías y me pegó de un tirón a su anatomía.


─Señor Min, ¿qué hace? No es apropiado esta cercanía entre ambos. ─declaré mirando sus ojos negros y profundos, pero por alguna razón absurda los veía brillar en llamas.


─Creo que he llegado a mi límite, no creo poder contenerne más. ─añadió pegando su frente a la mía y enroscando sus manos en mis caderas.


El fuerte olor que desprende su cuerpo me golpeó como un tzunami cuando alcanza la orilla, la fuerte corriente del agua se deslizó sobre mi piel enviando descargas eléctricas por todo mi cuerpo hasta concentrarse en mi manojo de nervios.


No sé si era idea mía pero sentí subir a grados desorbitantes la temperatura del lugar.


─ ¿A qué se refiere, señor? ─ dije aún confundida pero no hallaba fuerzas para separarme de su calor.


─¿Acaso no has notado como te miro? ¿No te has dado cuenta de lo que ocasionas en mí?─ susurró en mi oído haciendo chocar su aliento mentolado con la tersa piel de mi cuello. Su tono se asemejaba al ronroneo de un felino y su tacto lo noté caliente aún por encima de la ropa.


─No sé de que habla señor. ─murmuré apenas esas palabras aún abrumada por lo situación.


─Si aún no lo entiendes te explicaré con acciones, ya me cansé de esperar.


Cuando la última palabra fue dicha lo siguiente que sentí fue su boca abrazar la mía, acarició mis labios con los suyos y me apretó contra su cuerpo. Le respondí el beso como pude, mis ojos estaban abiertos como platos aún sorprendida pero los cerré para permitirme disfrutar de las sensaciones. Su boca se volvió demandante cuando tiró de mi belfo inferior con sus dientes, esa acción me arrancó un gemido el cual fue callado por su lengua devastadora. El sabor agridulce emborrachó mis sentidos y como si me hundiera en el profundo mar me dejé llevar.


La mía se sumó a la acción igual de demandante, lamiendo y succionando sus labios que me sabían a gloria. Min me fue arrecostando a su mesa y con ambas manos me hizo sentar sobre esta sin importarle los papeles que quedaban sobre ella.


Se separó bruscamente, noté sus labios brillosos y su respiración acelerada, no necesitaba saber nada más para darme cuenta que él me deseaba, y no tenía idea de como había surgido esto pero me parecía irreal que en verdad estuviera pasando.


─Ahora te haré mía aquí mismo como tanto soñé.


Su declaración fue como una promesa, la misma que cumpliría cuando desgarró como si nada la tela de mi blusa haciendo saltar los botones y dejando a la vista mis senos ocultos tras brasier de encaje.


─ Eres perfecta. ─ comentó a la vez que acariciaba mis senos por encima de la ropa interior.


Acarició mi cintura y de una ágil movimiento se deshizo de mi camisa y ropa interior.


Su boca volvió a la pelea pero esta vez en mi cuello, succionaba y acariciaba con sus labios arrancándome jadeos.


─ Quiero escucharte, dime señor Min, no sabes como pone cada que me llamas así. ─exigió demandante.


─Sí, Señor Min.─ contesté sumisa a sus órdenes, lo cierto es que me gustaba el hecho de que tuviera esta actitud dominante.


Un gruñido escapó de sus labios y me arrecostó sobre la mesa. Agarró mis manos y las colocó encima de mi cabeza, para luego amarrarlas con su corbata haciendo un experimentado nudo.


─¿Por qué me ata, Señor? ¿Hice algo mal?─ susurré entre jadeos.


─Pues sí, te estoy atando por tu descaro, no sabes como me ponen de mal estas faldas ajustadas. Debería castigarte por provocarme erecciones en el trabajo al solo verte usarlas. ─ masculló apretando la mandíbula.


─Castígueme entonces señor.


Hizo justo eso, dejó mis manos amarradas a su gusto y enroscó mi falda en mi cintura, delizando mis bragas sin perder tiempo. Sus ojos felinos escanearon mi coño depilado y se relamió los labios deseoso.


─ Me toca hacerte venir con mi lengua ahora.


Sus labios abrasaron mi vagina sin pausa y me acarició como si fuera mi boca la que estuviera probando. El placer era tan arrasador que no podía parar de gemir bajo el ataque de sus lamidas.


Su lengua se abrió paso en mi abertura y se internó sin problema alguno por lo húmeda que estaba, me folló sin compasión. Presionó dos de sus dedos en mi clítoris haciendo que arquera la espalda y gimiera como gata en celo.


Su boca se separó de mi entrepierna, vislumbré su barbilla brillosa y sus labios untados con mi néctar.


─Eres tan deliciosa que no me cansaría de probarte.


Min volvió a succionar mi protuberancia hinchada y envolví mis muslos en su cuello como soporte. Sentí como delizó una de sus falanges en mi abertura y empezó un vaivén delicioso dilatando mi entrada.


Estaba tan mojada que no tardaron en escucharse sonidos húmedos cada que metía y sacaba su dedo. Otro se sumó a la tarea abriéndome más para poder recibirlo. Las estocadas llegaron a mi punto G y me fue imposible apaciguar mis gemidos, eran demasiadas sensaciones que se convirtieron en una avalancha que arrasó con mi autocontrol.


Mi liberación se acercaba al borde del precipicio, no faltaba mucho para que cayera y supe que estallaría cuando su boca succionó desesperada mi clítoris, los espasmos del orgasmo me atacaron y me dejé ir agarrando con fuerza su cabello azabache.


Me desplomé como una muñeca inerte, mis extremidades se hallaban sin fuerza como si un ente diabólico se hubiera alimentado de mi energía.


─Aún no he terminado contigo, di las palabras mágicas.


Sabía con certeza lo que quería que dijera, lo supe cuando me escaneó con tanta hambre y desesperación.


─Fólleme, Señor.


─Con gusto, gatita.


Se quitó el cinturón y bajó su bragueta solo un poco, lo suficiente para sacar su polla, esta se hallaba erguida gloriosamente y de la punta enrojecida goteaba líquido preseminal.


El fuego de la excitación volvió a mi al verlo acariciarse con su diestra comiéndome con la mirada como un felino listo para devorarme, las venas de su polla se enmarcaban y noté que su longitud era demasiado grande, la más grande que tendría entre mis piernas.


Yoongi me tomó de las rodillas y me colocó más al borde de la mesa para poder internarse en mí.


De una sola estocada su miembro se abrió paso en mi interior. Un sonoro gemido escapó de mi boca al sentirlo tan profundo. Cada una de mis terminaciones nerviosas estaban a punto de erupcionar como un volcán, el torbellino de placer arrasaba con mis defensas.


El señor Min no pensaba darme tregua, inició un movimiento sincronizado de caderas cada que entraba y salía, la velocidad de sus embestidas era bestial y tocaban mi punto dulce haciendo de mi un desastre de gemidos.


Enterró su cara en mi cuello para poder mordisquer esa zona tan sensible donde en ocasiones succionaba más fuerte que dejarías marcas notables para mañana.


El tacto de sus masculinas manos me acariciaba como si mi piel fuera seda, se dedicó a prestarle atención a mis tetas presionado mis pezones duros cual piedras.


─ Scarlett, te sientes de puta madre, creo que encontré mi lugar predilecto. ─ dijo entre gruñidos


─Más señor Min, dame todo de ti.


Acatando a mi pedido agilizó sus embestidas de tal manera que la mesa se movía por la fuerza que ejercía. Era tan placentero que mis gemidos salían de entre mis labios sin censura.


Min continuó su labor en mi cuello, dejando sus marcas en mi piel. Dejó un rastro de besos hasta llegar a mis montículos duros donde se metió uno a la boca para succionarlo ansioso. Arqué la espalda tanto que en cualquier momento temí partirme en dos. Sus habilidosos dedos atendía mi otro pezón dando algunos pellizcos.


Mis manos aún se hallaban atadas por la corbata y en ocasiones tiraba de la tela tratando de liberarme. Mañana tendría igual marcas en las muñecas pero en realidad no me importaba.


Min se separó de mi cuerpo para agarrarme de la cintura e incrementar la velocidad. La magnitud del placer era tan arrasadora que sentía arder mis poros. El sudor ya bañaba nuestros cuerpos y el clímax estaba al tocar la puerta.


Como pude me senté y anclé mis piernas tras su trasero apretándolo contra mi, mis manos fueron a parar tras su nuca y uní nuestras bocas en un beso desordenado, cargado de movimientos erráticos. Los chasquidos que se dejaban escuchar resonaron en esa cuatro paredes.


Mi guapo jefe me apretó más contra él y llevó su diestra a la unión de ambos para presionar mi clítoris, ese fue el catalizador que me hizo alcanzar mi esperado orgasmos. Sentí mis paredes asfixiar su polla ocasionado que Min se liberara de igual modo en chorros calientes de semen.


Respiraciones aceleradas y gotas de sudor resbalaban presurosas.


─ Esto fue demasiado bueno. ─fue su confesión luego que se calmara un poco.


─ Confirmo.─ añadí entre risas.


Yoongi se retiró y añoré tenerlo dentro, creo que de igual modo había encontrado mi lugar favorito en el mundo, siendo suya entre sus brazos.


Rápidamente nos acomodamos la ropa con los estragos de nuestro momento fogoso y con las luces de la ciudad detrás de ambos.


Con cuidado desató mis manos y colocó sus brazos a cada lado de mi.


─Espero que apartir de mañana me recibas como se debe, señorita Scarlett.─ masculló por lo bajo.


─Tranquilo señor Min, su bienvenida mañana está más que garantizada.


Y no sabría decir que nos esperaría de ahora en adelante o hacia donde nos llevaría esta extraña relación pero sabía que ya no había vuelta atrás, me había vuelto completamente adicta al sabor agridulce de sus labios.


¿F I N?


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23 Janvier 2023 05:33 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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A propos de l’auteur

Griset Rodriguez Hola! Cuenta en Wattpad(@GrisetRodriguez) Bienvenidos a mi perfil, aquí encontraran mis historias las cuáles escribo como mucho amor y esfuerzo, tengo cuenta en Wattpad, ahí tengo todas mis historias , las que iré publicando aquí igual y espero que les gusten. I purple you.

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