goldenphoenix Golden Phoenix

Una joven corre por el bosque, sola y herida, huyendo de sus perseguidores. Le han tendido una trampa, separándola, otra vez, de las personas que ama. Despierta luego de un horrible dolor, con su mente revuelta y sin recordar su propio nombre, se encuentra encerrada dentro de una especie de cubo de cristal, que contiene a otros niños y jóvenes similares a ella en su interior, fuera, unas personas vestidas con uniforme azulado toman nota de sus comportamientos, sin ayudarlos o explicarles la situación. Para ellos, son solo meros experimentos, un número entre muchos. Su sangre ha sido contaminada con un suero desconocido, y los hará pagar por ello. Pero antes tendrá que ser lista y astuta si desea sobrevivir. Por suerte, no está sola, un grupo de chicos la ayudará. Su objetivo final será ganar aquel cruel juego que sus perseguidores han organizado con esmero para ellos.


Science fiction Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Capítulo 1: Experimento.

Los jadeos iban a en aumento con el pasar de los segundos, al igual que su acelerada y entrecortada respiración. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba corriendo dentro de ese frondoso bosque, uno de los pocos que quedaban en la actualidad, escapando de sus perseguidores.

Podía escuchar los seguros pasos, sobre la tierra húmeda y sucia, de sus verdugos. Siguiendo el indiscutible rastro de sangre entre las ramas. La brisa nocturna golpeó contra su espalda, a la vez que mecía las hojas de los árboles cercanos a ella, provocando un dolor insoportable, las marcas de las garras de aquella criatura aún ardían, igualando la sensación de un cuchillo recién afilado cortando la tierna carne. Eso le recordó que debía seguir corriendo, huir de ese lugar, si no quería ser la cena de alguien más.

Aún podía oír los gritos de sus compañeros, agonía y pánico entremezclados cuando aquel grupo les atacó. Vestían un uniforme completamente azul, destacando un broche de plata con forma de triángulo en sus hombros derechos. Invadieron el campamento mientras todos dormían, capturándolos como ganado. Había hecho lo imposible para mantener a sus camaradas a salvo, pidiéndole a los más pequeños del grupo que escaparan a las montañas, mientras los mayores defendían su hogar, pero todo fue en vano, el ruido provocado por las armas y la lluvia de plomo llamó la atención de los Carnívoros. Fue cosa de minutos, el campamento se llenó de aquellas criaturas mortíferas, destrozando todo a su paso, despedazando y devorando a sus compañeros y a sus enemigos por igual.

No supo qué o quién comenzó el incendio, pero al ver las llamas consumir todo aquello por lo que había luchado conseguir, lo supo, todo estaba perdido. Terminó haciendo lo que había prometido no volver a hacer en su vida, huir y no mirar atrás.

Herida, lastimada y destrozada por dentro, era lo único que podía hacer por ahora, correr. Y velar por su propia seguridad.

Su vista se volvía borrosa, tras la pérdida de sangre.

Un mal pasó le hizo perder el equilibrio, cayendo al borde de una empinada colina, rodando en la húmeda tierra, gritó, cuando su espalda lastimada se golpeó contra las filosas rocas, el dolor era insoportable, ardiente y sofocante.

El terreno plano la hizo detenerse, trató de levantarse, pero se sentía horriblemente mareada, sus piernas no querían responder a su llamado, y su cuerpo había llegado al límite.

Escuchó el inhumano rugido a sus espaldas. Volteó, encontrándose frente a frente, con un carnívoro de dos metros de alto, cuerpo robusto, envuelto con una fina capa de sustancia amarillenta y pegajosa. Sus garras filosas se extendían hacía ella, al igual que sus mortíferos colmillos que podían desgarrar la carne de un solo mordisco. Ojos color dorado que le observaban de manera hambrienta, el león había atrapado a su presa.

Eso era todo, esperó el golpe que la llevaría a su horrible final. Pero este nunca llegó.

El sonido de un disparo surcó por los aires, acompañado de un chillido inhumano. La bala chocó con violencia contra la cabeza de aquella criatura, haciéndola caer de golpe al suelo.

En sus últimos momentos de consciencia, alcanzó a divisar la insignia plateada de forma triangular en el hombro de “su salvador”. Cerró sus ojos con pesadez, hubiera preferido morir.

Oscuridad, solo eso, negra y espesa oscuridad ¿Dónde se encuentra? No puede ver nada ¿Qué es esto? Se siente extraña ¿Estará muerta?

No, no está muerta, ellos jamás desperdiciarían la oportunidad, o al menos eso cree. La imagines de lo ocurrido vienen de golpe a su mente, el ataque al campamento, el carnívoro persiguiéndola, su caída y luego… el disparo.

Escucha voces a su alrededor, al igual que un sonido metálico y resbaladizo, como pequeñas ruedas siendo arrastradas por el pavimento, muy parecido al que emiten los carritos de supermercado o una camilla. Tiene la sensación de atravesar varias puertas ¿Está acaso en una especie de hospital?

No, no es un hospital, debe ser algo mucho peor, por los gritos que puede escuchar a su alrededor, desgarradores y cargados de dolor. Aquellos tipos la capturaron para experimentar con su cuerpo, los conoce muy bien, no es la primera vez que atacan uno, de los muchos campamentos, a los que ha pertenecido en su vida, pero si es la primera que logran atraparla. No hay retorno después de esto.

Ella hubiera deseado que todo fuera diferente, haber sido más precavida.

Quiere abrir sus ojos, ver qué está pasando a su alrededor, pero siento sus párpados pesados, seguro la han anestesiado bien, ni siquiera debería estar consciente, pero por alguna razón, lo está. De un momento a otro, todo el ajetreo se detiene, las ruedas dejan de chirriar y los gritos desaparecen, esfumándose en el aire.

Se encuentra en una especie de pabellón, lo sabe por aquellas voces que repercuten entre las cuatro paredes formando ecos, y el olor a desinfectante mezclado con alcohol por todo el lugar, detesta ese aroma.

Trata de mover su cuerpo, ordenándole a sus extremidades que reaccionen, pero es imposible, no responden.

Las voces que tanto parlotean a su alrededor se oyen más nítidas, ya no son sonidos desparramados sin ningún tipo de sentido, ahora se vuelven palabras, frases que puedo captar y entender.

— Un espécimen infectado no es el ideal para nuestros procedimientos— Dijo una voz.

¿Infectada? Oh, lo había olvidado completamente tras la adrenalina y el miedo de huir, el carnívoro la había herido con sus garras, infectándola con aquel virus mortal, solo le quedaban unas veinticuatro horas máximo antes de convertirse en uno de ellos. En otras condiciones, eso la hubiera aterrado, pero actualmente se oía bastante tentador. El procedimiento para alguien infectado era la muerte, no existía cura alguna para la enfermedad, razón por la cual la humanidad había padecido tan rápido. Si moría ahora, eso le quitaría días de torturas y experimentos dolorosos, por no decir monstruosos.

Pero la suerte no estaba de su lado aquella vez.

— Que esté infectada la hace perfecta para el procedimiento. Probaremos el nuevo prototipo en ella. Si el experimento falla, morirá, si vive, continuaremos con la siguiente fase— Habló otra voz.

— Prepare el suero.

Ni siquiera su propia muerte le pertenecía.

Sintió como una de esas personas parlantes se acercaba a su oído y susurraba.

— Si sobrevives a esto, tu vida será un infierno, pero le darás a la humanidad lo necesario para reconstruir. Debes estar orgullosa de ser útil para un propósito tan relevante.

¿Reconstruir? ¿Propósito? Aquello era un sueño idílico, tarde o temprano la humanidad siempre terminaba destruyéndolo todo…

Y como si esas últimas palabras de su verdugo fueran una sentencia, sintió un pequeño pinchazo en su antebrazo derecho, algo extraño comenzaba a ingresar en sus venas, algo dañino, como fuego. El dolor consumió su cuerpo casi de inmediato, haciéndola convulsionar.

Quiso gritar. Era como si agua hirviente entrara en su sangre, quemando y destrozando todo a su paso. Trató de pedir ayuda, por mero instinto de sobrevivencia, pero ningún sonido salió de su garganta, paralizada.

Su cuerpo ardía y temblaba con violencia, podía sentirlo, todo en su interior se derretía, sus huesos, sus órganos, todo se consumía en un incendio voraz. Deseo la muerte, otra vez, solo ella podría calmar este dolor, pero incluso ella le falló, de haberla querido aquel carnívoro la hubiera destrozado en su momento. La extraña sustancia no se detuvo hasta infectar todos sus sistemas. Todo se volvió caótico, un infierno.

Y repentinamente, todo se detuvo de golpe, como si ya no hubiera nada más que destruir. La lava frenó sus avances. Ya no había dolor.

— Seis horas con treinta y cinco minutos, es todo un récord.

— Es un espécimen prometedor. Ha pasado con éxito la fase uno. Déjala descansar y llévala con los otros.

La intensa oscuridad se volvió reconfortante. Perdió la conciencia.

22 Novembre 2022 14:11:31 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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