shadowilinise Elisa Viteri

Otro día, otro dólar. Recuerda sonreírle a los clientes. Solo es otro día más... Eso se suponía. No me apunte para esto


Histoire courte Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Histoire courte
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Cuenta regresiva

Escuché un estallido, seguido del olor a pólvora y algunos gritos. Esto no lo había planeado. Cuando perdí el equilibrio, no pude evitar preguntarme... ¿Había algo más que pudiera haber hecho?

Varias horas antes…

10:34

Dejé escapar un gran suspiro mientras otro día de servir bebidas terribles a personas terribles que no funcionaban sin su café mañanero, llegaba.

“Tomaré un café con leche de almendras, canela, crema batida y sirope de chocolate.

¡Y date prisa! Tengo clase a las diez y cuarenta.” Una universitaria con aires de grandeza me ordenó mientras mandaba mensajes en su teléfono móvil. Ni siquiera me miró a la cara.

"Seguro. Serán 5,35” le di mi mejor falsa sonrisa.

Ella me dio un billete de diez y yo le di el cambio. Tomé uno de los vasos de plástico y

escribí la orden en el mismo con un marcador, pasándoselo a mi compañero de trabajo, que estaba a cargo de hacer las bebidas. Él era un chico silencioso usualmente, sin embargo, hoy estaba extrañamente irritado…pero bueno, no es mi problema mientras podamos terminar el día laboral. A nadie le gusta trabajar en servicio al cliente cuando los clientes son de lo peor. Es un trabajo que no requería experiencia previa así que lo acepto.

"Dame un expreso pequeño". Preguntó el siguiente hombre en la fila, estaba malhumorado y

por supuesto, no hubo un "buenos días".

“Como desee señor, son 1,30”

"¿Tienes cambio de 50?"

Se supone que debo estar acostumbrado a esto, pero siempre me sorprende. Abrimos a las 10 de la mañana, no tenemos ese tipo de cambio a esta hora.

"Lo siento señor, pero no tenemos esa cantidad de cambio a esta hora".

Como era de esperar, a él no le gustó mi respuesta.

"¡¿Qué?! Entonces, ¡¿Cómo se supone que voy a conseguir mi café?! ¡No dejaré esta línea hasta que tenga mi café!”

"Lo siento, no hay nada que pueda hacer. Por favor señor, está bloqueando la línea".

"¡No! ¡Soy un cliente! ¡Dame mi café!

La multitud detrás de él comenzaba a murmurar y enojarse. Un chico joven, probablemente otro estudiante puso una mano en el hombro del hombre tratando de moverlo suavemente.

"Señor, por favor, esta deteniendo la fila".

Lo que recibió como respuesta fue un empujón en el hombro y unos insultos. Todos los amigos del chico vinieron en grupo y comenzaron a pelear a gritos contra el molesto hombre mientras otros miembros de la multitud trataban de intervenir. Todo esto, estaba sucediendo frente a mí, un lunes por la mañana.

Me quedé allí. Tristemente, esta no era nuestra primera pelea. Quería esperar a que pasara,pero trabajo aquí, así que me veo obligado a hacer algo.

"Ya me harté de esto". Mi compañero de trabajo se dijo a sí mismo con voz sombría.

"¡Por favor! ¡Dejen de pelear!" Nadie me hizo caso, por supuesto.

Se escuchó un disparo, poniendo todo el lugar en silencio.

El sonido vino de detrás mío. Me giro lentamente para ver a mi compañero de trabajo sosteniendo un arma que acababa de disparar al techo.

"Realmente estoy cansado de esto". Su cara de furia me tomó por sorpresa, por lo general era el chico silencioso de gafas.

"José." Di un salto al escuchar mi nombre.

“Cierra las puertas.”

La multitud estaba a punto de entrar en pánico, pero fue detenida por otro cañonazo.

“Nadie se mueva”. Su voz era fría.

El arma fue en mi dirección.

"¿Qué dije?" me miró. “Cierra las malditas puertas.”

11:05

Las puertas estaban cerradas y barricadas, las cortinas también estaban cerradas, en la entrada de la puerta había un cartel que decía “Cerrado por remodelación”. Teníamos veinte personas dentro de esta cafetería. Las chicas adolescentes de la escuela estaban todas reunidas en un montón, pero todos los demás estaban en el mismo lugar en el que habían estado de pie no mucho tiempo atrás. Sin embargo, ahora estaban sentados en el suelo. Se podían escuchar los sollozos y susurros llenos de miedo. Tristán, mi ahora ex compañero de trabajo y actual captor, caminaba y miraba a su alrededor como en trance.

"OK. Esta fue la gota que derramó el vaso." Dijo llamando la atención de todos. “He trabajado aquí por tres años, y conozco las caras de la mayoría de los regulares de memoria.” Todos parecían confundidos, y yo no estaba siguiendo su lógica en lo absoluto. “Entonces sé quién ha sido grosero y quién no.” Poco a poco entendí. “Quien haya venido aquí sin decir un “buenos días” o “gracias”, van a vivir una experiencia”.

La mayoría de los ojos de la habitación se abrieron. Sí, ellos sabían quiénes eran.

"¡Oye! Señor del expreso pequeño.” El hombre que mencionó bajó la cabeza tantocomo podía, el sudor bajaba visiblemente por su cabeza calva. Mientras escuchaba pasos ir en su dirección se agarró la cabeza y empezó a llorar como un niño.

"¡Por favor! ¡Puedo darte dinero! No me mates…”

"¡¡Espera!!" mi voz le impidió disparar esa arma.

"¡¿Qué?!" Me dio una mirada punzante, no tenía ningún plan, solo quería detenerlo. Tuve que pensar rápido.

“No puedes matarlo porque…” levantó una ceja cuando rápidamente respondí.

"... Yo lo mataré".

Un jadeo colectivo resonó en la habitación. Parecía confundido, pero dejo de apuntar la cabeza del señor con su pistola.

“¡Soy yo quien tiene que tratar con él personalmente todos los días! Sí, tú haces su bebida, pero ¡Soy yo a quien le gritan cuando no tengo cambio!”. El señor del expreso estaba tan pálido que ya parecía un cadáver. "Entonces... déjame encargarme de él, ¿de acuerdo?"

Traté de sonreír y esperar su respuesta. Todos los ojos estaban en mí de repente.

Sólo tenia que mantener la calma.

"Bien, pero solo este". Vino hacia mí y me entregó el arma.

"No puedo tomarla". Tuve que formular un plan en el acto. “Tú usas guantes, pero yo no, no quiero mis huellas dactilares en nada”.

"Ah bien. Ve a ponerte unos y rápido.” Asentí y volví al mostrador, y al pasar junto a él, lo hice tropezar con mi zapato, rápidamente recuperó el equilibrio, pero hacerlo caer no era mi plan, mi plan era hacer que sus lentes cayeran.

Se escuchó un crujido.

Se congeló cuando se dio cuenta de que había pisado sus propios anteojos. Mi idea era que estos se cayeran, el hecho de que los pisara solo fue un gran bonus.

"¡Oh no!" Fingí que me importaba. Estaba tan ciego como un murciélago sin sus anteojos.

Después de respirar hondo sacó algo de su bolsillo, era una granada.

“Estaba dejando esto para la policía, pero…”

"¡No, espera!" parecía molesto por mis interrupciones. “Mataré a la gente grosera,

con el arma... y tu puedes mirar... y si viene la policía ¡pensaré en algo mientraste escapas! Mi papá es juez, la ley no puede alcanzarme”. Esa era una enorme mentira. Si papá supiera que hice algo así, me tiraría a la cárcel sin pensarlo dos veces.

Se cruzó de brazos y entrecerró los ojos.

"Entonces hazlo. Mátalo."

El tipo del expreso y yo intercambiamos miradas. Dije "está bien" en palabras mudas tratando de asegurarme que leyera mis labios. Regresé al mostrador y me puse unos guantes, viendo que Tristán me mirara, y luego saqué muchas botellas de jarabe de debajo del mostrador y me los metí en el bolsillo del delantal en tiempo récord.

Tragué saliva y un sudor frío comenzó a deslizarse por mi rostro. Tomé el arma y me posicioné de tal forma que solo viera mi perfil. Mi mano derecha estaba en la pistola y la otra sostenía el jarabe. Tenía que dárselo al señor del expreso, pero necesitaba que Tristan se distrajera por lo menos un segundo.

Miré a la multitud detrás mío con ojos suplicantes. Solo necesitaba que alguien

tosiera o algo.

Pude escuchar algo de tos y un pequeño jadeo de una de las niñas de la escuela, quienes, gracias a Dios, estaban detrás de él.

"¡¿Que esta pasando ahí?!" se dio la vuelta. Perfecto.

"Sostén esto así". Hice que el señor del expreso sostuviera el jarabe con la mano izquierda,

apuntándolo a su cabeza.

Mientras tanto, la distracción…

“¡Por ​​favor, no te enojes! ¡Es asmática!” Dijo una amiga de la niña que tosía, mientras la chica estaba usando su inhalador y calmándose.

"¡Mantén su boca cerrada!" volvió su atención hacia mí. Todo estaba arreglado.

“¡Sí! ¡Tus días de tomar expresos han terminado! ¡Nos vemos en el infierno!" Disparé, y la

botella de jarabe rojo explotó. El tipo de expreso captó la idea y se hizo el muerto. Gracias a los cielos, era el mes de Halloween, y teníamos toneladas de ese terrible jarabe de fresa

por el “Frapuccino de sangre de vampiro”

Después de ese disparo, muchos comenzaron a gemir y llorar, pero los que estaban alrededor del hombre entendieron mi idea.

Tristán iba a acercarse, pero lo detuve otra vez. Él no podía venir o olería la sangre extrañamente frutal.

“¡Mantén a los de ese lado bajo control! Nunca se sabe si pueden golpearte por detrás.” Miré a la chica del café con leche de almendras. “Además, las cosas van a ponerse desastrosas por aquí.”

12:45

Después de mucha planificación y otras seis muertes de fresa, el olor afrutado apestaba. Esto no iba a funcionar de nuevo.

"Uf, esos aromatizantes huelen terrible". Yo dije. "¿Puedes desconectarlos? Como los odio, son repugnantes.”

“Ehh…” Muy bien, esta era mi oportunidad para crear una excusa. “¡Si claro!” Si mal no recordaba, la chica que puso los aromatizantes era Julia del turno nocturno, pero también estaba la terrible posibilidad que haya sido Tristán el que los haya puesto, de ser así el sabría que están conectados debajo del mostrador. Tendría que dar un salto de fe y esperar lo mejor.

Fui a una de las mesas cerca de la ventana, donde había un conector debajo y era un lugar donde, de ser el caso, se podría poner un aromatizante.

“¿A donde vas?” La voz de Tristán me paralizó en el lugar, ¿Será que si fue él el que colocó los aromatizantes?

“Me dijiste que retirara los aromatizantes… ¿No?” La sensación de las gotas de sudor que caían por mi frente eran casi una tortura.

1:00pm

“Ah, ok.” ¡Gracias Julia! Pretendí buscar el aromatizante debajo de la mesa y se me ocurrió una idea. “Oh no, se ha roto…”

“¿Qué cosa?” Mordió el anzuelo.

“Teníamos uno de esos Glade de vidrio y parece que se a quebrado, el liquido se regó…”

“¿Y que hace ahí en primer lugar? ¡Esos se ponen debajo del mostrador!” Trague saliva, piensa José. “Un niño tuvo un “accidente” aquí, el jefe no quería pagar por el servicio de limpieza así que hizo a los del turno nocturno limpiar con cloro y poner el glade…Julia me contó por whatsapp ayer.” Sentí que lo dije particularmente lento y probablemente le di sospechas.

Él me dio una larga mirada que helo mi sangre. Me mostró la granada en su mano.

“Haz algo con el olor entonces, en serio me da nauseas”

“¡Si claro!” Rápidamente fui a buscar el cloro en el armario del conserje, pero inmediatamente consideré que no seria buena idea dejar a Tristán sin supervisión y fue ahí cuando algo captó mi atención.

Café.

La máquina expendedora de granos de café.

Retiré el pesado frasco de su base y empecé a regar los granos alrededor de los “muertos” asegurándomelo que caigan en la sangre falsa, y ahí le murmuré a la chica del café de almendras:

“Llama por ayuda.” Ella asintió y cuidadosamente sacó su celular y mando unos mensajes. La elegí a ella porque su cuerpo daba la espalda a Tristán. Solo tengo que mantener esta farsa un rato mas.

Terminé mi labor y puse el frasco en el mostrador. Fue ahí donde cometí un grave error. No pensé que la forma cilíndrica del envase iba a rodar por el mostrador y caer al suelo rompiéndose en varios pedazos, lo que asustó a los “muertos” cercanos a este…

Y Tristán oyó el grito ahogado de los “muertos”.

Corrió hacia el señor del expreso y lo pateó causando que este gritara. Se agachó y ensucio su mano en la sangre, la acercó a su nariz y reconoció el aroma del jarabe que odiaba usar en los populares Frappuccino de vampiro.

“Tú… maldito infeliz…” sus ojos iracundos me vieron por un segundo y se alejo de mi murmurado. “Me engañaste. Debí preverlo…eres uno de ellos un tipo que se cree mas importante que uno.”

1:29pm

Se volteó y sacó el seguro de la granada, lanzándola. Yo apunté y disparé a mismo tiempo, pero en mi pánico resbalé con el jarabe lo que seguramente afectó la trayectoria de la bala.

Eso es todo. Entre un grito colectivo todos íbamos a explotar.

Escuché una ventana quebrarse y caí de espalda cerrando los ojos.

1:30pm

Hum… Nada ha estallado.

Me incorporé y noté que Tristán miraba al suelo anonadado. Las miradas de los clientes también veían el suelo en trance. Me acerqué.

En el suelo estaba los pedazos de la “granada”, trozos de vidrios del que emanaban aquel olor que los ejecutivos y padres de familia solían tener.

Se escucharon las alarmas de los autos de policía.

Recogí la boca de la “granada” que era de acero y lo único que no era de vidrio.

“Ünkut - Perfume para hombre”

16 Octobre 2022 04:20:59 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Elisa Viteri Historias en español e ingles. Bilingual stories. I like to write stories themed around fantasy, horror, and drama with psychology involved.

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