cantabile Darcy Cantabile

Unos pocos segundos después de que Lesath cayera en el suelo en ese día lluvioso, con la espada atravesando su vientre, se dio cuenta de que aquello sería lo último que haría en este mundo. Tenía 35 años, había sido un amargado prácticamente la totalidad de su vida, incluso su padre había dicho que había nacido con una expresión hosca y los puños cerrados. No tenía esposa, familia, ni nadie que lo quisiera e incluso pudo notar en sus propios súbditos ciertas expresiones de complacencia cuando lo vieron caer. Pero por sobre todas las cosas, la expresión de completa satisfacción y las risas del hombre que sostenía la espada era lo que más arrepentimiento encendía en su alma moribunda ¡Volveré como fantasma y te haré la vida imposible Agnis, maldito bastardo! Y aunque lo hizo, jamás iba a imaginarse que el destino jugaría sus cartas en su contra y acabaría como el sirviente del tipo que juró destruir.


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#locura #amor #odio #lucha #espadas #reinado #reyes #aventura #epico #lgbt #venganza
Histoire courte
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La catástrofe: Piloto.

ADVERTENCIA: Vocabulario inadecuado.

A Lesath le dijeron cuando era un niño que su nombre venía de las estrellas, también algo que tenía algo que ver con los escorpiones, con la parte más venosa de ellos.

Su padre nunca fue el mejor hombre de la tierra para elegir nombres, bastaba con mirar la cantidad descomunal de nombres ridículos que había en su reinado para entenderlo. Pero, según parecía, realmente le había acertado bastante bien con el suyo. Estaba loco y aquello lo había vuelto más que venenoso en algún punto, no iba a negarlo, pero al menos creía tener una excusa para estarlo.

Ahí recostado sobre su abdomen maldijo en voz baja, se había metido en un buen lío por haber hecho planes apresurados, pero no se iba a rendir. Estaba decidido, incluso si había perdido la guerra al menos se lo llevaría consigo, ese tipo se las había buscado.

<<Ese bastardo, ese perro, ese infeliz, ese mal nacido, ese pavo real engreído que meneaba su cola por todos lados como si alguien quisiera verlo ¡Ese hijo de puta! ¡Cuánto lo detesto!>>

Apretó los dientes mientras miraba al imbécil caminar elegantemente por el pasillo. Ahí, escondido entre las tablas del techo, incluso sentía las bolas apretadas y tener que ver a ese idiota pavonándose en su palacio no era precisamente su actividad favorita de la vida. Se rascó la cara, la barba incipiente estaba comenzando a molestarle y eso era sólo una nimiedad comparada con el resto de sus molestias, después de todo no se había movido de su escondite en dos días.

El conocido por su belleza y buenos modales, Rey del Poniente se sentó en su trono y se dispuso a escuchar las noticias de los mensajeros con expresión calma. Su cabello rubio caía en un delicado desorden sobre su frente y sus ojos claros se bañaban en una eterna e imperturbable belleza. Cualquiera se habría dejado encandilar por esa hermosura, pero Lesath podía ver mucho más allá de todo eso, sabía que era sólo una máscara. Sintió deseos de vomitar, pero no había comido nada en dos días así que no había nada que su estómago pudiera devolver, lo cual agradecía.

Simplemente se acomodó levemente sobre su costado sacando una navaja de hoja corta, Lesath podía ser muchas cosas, el bastardo más antipático del planeta, un caballo desbocado, un rey fracasado, uno que hasta que su propio ejército odiaba por tomar un centenar de decisiones equivocadas, pero era más habilidoso que cualquiera en las artes de la guerra, estaba casi seguro de que podía lanzar la navaja desde allí y atravesarle el corazón en un sólo golpe, si se lo proponía, ya no tenía intención de seguir esperando un mejor momento, si todo aquello terminaba con Agnis muerto, no le importaba si él mismo recibía una flecha en el cuello a manos de sus soldados. Pero no fue hasta que comenzaron a hablar del palacio del Sol Saliente, que Lesath realmente se puso tenso.

—¿Otra vez pensando en invadirnos? ¿No les bastó con ser derrotados hace unos años? — dijo el rey, asombrado <<fingiendo asombro y humildad>>, se recordó Lesath. Sin embargo, no se esperaba que el imbécil elevara sus ojos azules hacia el techo y lo mirara directamente –Lesath, querido, ya que llevas en el techo dos días ¿Por qué no vienes y desmientes esas calumnias? Estoy seguro de que estás aquí por eso.

Si las bolas de Lesath dolían por estar sobre su abdomen dos días, ahora que ese zorro astuto había mencionado su nombre con esa boca venenosa suya sentía que iban a explotar ¿Supo que estuvo ahí todo el tiempo? ¿Qué mierda era eso?

Con un suspiro, se soltó de la viga y se dejó caer frente a Agnis, sus ropas negras se movieron con suavidad y casi todos los soldados se exasperaron y lo apuntaron con sus espadas en cuanto lo vieron, pero el rey simplemente movió una mano indicándoles que lo dejaran.

—¿Desde cuándo lo sabías? — dijo soltando una risa seca y acercándose a la mesa de la comida para levantar un vaso de vino y llevarse un par de panecillos a la boca, estaba hambriento a más no poder y sentía la boca demasiado amarga como para continuar hablando. Sintió como la comida parecía derretirse en su boca, deliciosa, estúpidamente deliciosa, era ridículo que incluso aunque intentara evitarlo con todo su ser, aquello no le trajera recuerdos de su infancia. Una infancia en la que su padre estaba vivo.

Agnis se removió levemente en su asiento mirándolo con intensidad, había una pizca de diversión en su rostro cuando habló —Desde que llegaste, no podías ser más escandaloso, incluso te he escuchado maldecirme desde lo alto por dos días, Lesath. No hay manera que no me diera cuenta. Si este era tu plan para venir a matarme debiste haberlo hecho de manera más rápida y silenciosa– dijo el rey con una suave sonrisa, le hizo un gesto para que se sentara y Lesath lo miró con molestia, incluso le estaba dando recomendaciones para matarlo, aquello era ridículo.

Con todo el descaro del que era capaz, soltó una carcajada y simplemente se sentó frente a él bebiendo un par de sorbos más –Bueno hay cosas que no podemos evitar— levantó su copa de vino con una sonrisa seca a modo de brindis y agregó —A la salud de tú próxima e inevitable muerte, bastardo.

El chico de cabellos dorados lo miró con una amplia sonrisa, sin embargo, uno de sus guardias le puso una espada contra el cuello —¿Cómo te atreves a hablarle así a su majestad?

Lesath apartó la espada a pulso con aburrimiento mientras fruncía el ceño —Pues resulta que le hablo cómo me de la gana ¿No es así? — dijo fijando su mirada en el rey que le devolvió la mirada con algo de nerviosismo y su sonrisa tembló un poco.

—La verdad es que preferiría mantener las leyes básicas del respeto y la buena educación — mencionó en voz baja, mientras observaba al rey del sol naciente terminarse la copa de vino de un sorbo largo y hacerle un gesto algo grosero a un sirviente por otra.

—Pero la verdad es que a mí no me interesan esas tonterías fingidas de compostura así que puedes metértelas por el culo — le respondió con brusquedad y vio cómo los soldados de su enemigo apretaban las armas en sus manos. No podrían tocarlo a menos que el rey los dejara y era bastante claro que el rey no tenía intención de hacerlo, no podía. Ese tipo, tenía una imagen que mantener, simulaba que no dañaría una mosca si no era estrictamente necesario. Siempre había sido así, una máscara de cordura y buenos modales.

Agnis lo miró con aprehensión y le hizo un gesto a todo el mundo para que saliera del salón, sólo se quedó a su lado su antiguo consejero, un hombre que los había visto crecer a ambos desde niños —Detengamos esto, Lesath. Esa guerra fue una tontería, sé que tienes muchos agravios en mi contra, pero no quiero continuar con esto. No hay razón alguna para que los demás sigan pagando los problemas entre nosotros.

—Sabes que la hay, sabes que la hay maldita sea, tú y tu familia son los peores bastardos que han pisado la tierra, no puedo dejar que sigan existiendo en ella — Lesath golpeó el vaso vacío contra la mesa de al lado — ¿Dónde está ella?

Agnis inspiró profundamente al escucharlo y luego cerró los ojos intentando calmarse, no importaba cuanto intentara mantener la compostura, no podía permitir escuchar palabras así de su propia familia —¿No vas a felicitarme por mi boda, querido? — dijo con algo de sorna.

Lesath puso una expresión de asco, parecía que quería escupir en el piso, sin embargo, se puso de pie y finalmente levantó la botella de vino para llevársela a la boca. Dahlia era su princesa, su primer amor, la única mujer por la que pensó que podría cambiar, por la que estaba dispuesto a dejar de ser el cabrón más amargado del mundo y ser una persona mejor.

Pero había elegido al imbécil frente a él, su sonrisa falsa y toda su delicada belleza.

—¿Felicitarte? — dijo entre dientes mientras estrellaba la botella contra el piso, el estruendo hizo entrar a los guardias alarmados, pero Agnis simplemente negó y les hizo un gesto rápido para que se marcharan —Seguramente le echaste alguna clase de maldición, tengo que verla y protegerla de ti.

El rey de cabellos dorados lo miró con una expresión inescrutable en el rostro —¿Tú… aún sigues enamorado de ella?

—¿Y por qué eso sería asunto tuyo? — dijo entre dientes mientras caminaba aireadamente por la sala. Su cabello negro, que normalmente llevaría cuidadosamente peinado hacia atrás, ahora caía por los costados de su cara, en desorden, sus ojos de un verde muy oscuro parecían destilar alguna clase de energía inquebrantable y poderosa. Agnis lo observó unos segundos en silencio y su mandíbula tembló.

—No te lo imaginas— respondió el rey entre dientes y luego agregó en voz más alta — No está aquí, se marchó con su familia para hacer los preparativos antes de la boda, aunque la verdad, es que dudo mucho que quiera verte, Lesath.

—Soy yo quién va a decidir eso — le respondió el rey con brusquedad mientras inspiraba profundamente.

—Es inevitable lo que va a pasar, así que más vale que seas maduro y lo aceptes de una vez— su voz sonaba algo cansada, parecía miserable — Sé que muchas cosas han cambiado… — vio la sonrisa seca y sarcástica de Lesath y se quedó en silencio, sabía que no había nada que pudiera decir para mejorar su situación en ese momento. Probablemente intentaría apuñarlo, sin importar lo que dijera y luego sus soldados lo matarían sin que pudiera hacer nada al respecto.

Su consejero le palmeó el hombro y habló en voz baja y tranquila –Deténgase rey Lesath, si no lo hace en honor al presente, hágalo por el pasado ¿Acaso no eran su alteza y usted buenos amigos en su infancia? Eran casi como una familia – dijo el anciano mirándolo con algo de dureza.

Lesath rodó los ojos mientras volvía a su asiento— ¿Yo? ¿Familia con ese zorro astuto? Antes muerto — lo miró con una expresión de seco desprecio y finalmente cerró los ojos —Te diré lo que pasará Agnis, esta es la última vez que soporto un agravio de tu parte, el haberme quitado a mi prometida será el último error que vas a cometer. Estoy declarándote la guerra oficialmente y esto no va a detenerse hasta que uno de los dos esté muerto ¿Me escuchas? Ni tú ni yo podemos seguir en el mundo mientras el otro exista en él.

—Perdiste la cabeza, definitivamente lo hiciste— le dijo Agnis entre dientes.

Probablemente si lo había hecho, pero el amor sería la última cosa que le quitaría ese bastardo, iba a matarlo, iba a terminar con todo eso. Ese maldito reino le había quitado todo lo que quería en ese mundo.

—Sabes que mi padre jamás quiso…

—¿Qué? ¿Asesinar a mi padre? Pues debió haberlo pensado antes de proponerle invadir el reino medio y que eso terminara con la muerte de ambos ¿Sabes acaso los estragos que eso le ocasionó a mi madre? Murió por culpa de ustedes y sus ambiciones estúpidas ¡Esto es guerra hijo de puta! Te estoy retando a un duelo a muerte.

El rubio lo miró con algo de aburrimiento, parecía estar resignado a la situación, como si ya se la esperara —¿Y qué harás si no quiero aceptarlo? ¿Arrastrarme hasta allá y obligarme a levantar la espada?

Lesath se puso de pie, toda su vida, había sido conocido como un bastardo loco e impetuoso y eso no había cambiado. Incluso aunque la gente de su reino no estaría para nada feliz con saber que nuevamente estarían en una guerra, ya no podía importarle menos. Probablemente el tipo frente a él tenía la razón: Había perdido la cabeza iba a llegar hasta el final.

—Te mataré, incluso si tengo que hacerlo por la espalda— su cuerpo temblaba levemente y en su mano apretaba la daga de su padre —Así que aprovecha mientras estoy siendo honorable. Te espero en el monte Demelt al atardecer del día del aniversario de su muerte.

No agregó ninguna palabra más y los soldados lo dejaron marchar sin siquiera meterse en su camino. Agnis tampoco les dio orden alguna, incluso aunque acababan de amenazarlo de muerte.

Todo el resto, había tenido lugar unas semanas después, pero había varias cosas que Lesath, jamás sería capaz de olvidar de aquella tarde lluviosa, una de ellas era, sin duda, la espada que le había atravesado el estómago y que sería la culpable de que se desangrarse hasta la muerte. Otra, eran las caras de sus soldados que, apiñados a su alrededor lo miraban satisfechos casi como si estuvieran disfrutando su caída. Se lo había buscado.

Y la última, era la expresión de Agnis, esperaba que estuviera exultante por haberse deshecho de su eterno enemigo de una vez por todas y lo mirara con esa clásica expresión pedante y altanera con la que solía mirarlo desde que eran niños y le diera un discurso con su voz suave y tranquila del tipo <<Te lo dije Lesath, te advertí que iba a matarte, bastardo loco>>.

Pero, sin embargo, no esperaba de ninguna manera que comenzara a reírse a carcajadas, cayó sobre sus rodillas y le quitó el cabello de la cara empapado por la lluvia, se reía como si hubiese perdido la razón, mientras él, por su parte, perdía la vida lentamente en el piso, quería maldecirlo, decirle que aquello no había terminado, que volvería como fantasma y le haría la vida imposible, pero no le quedaba energía para hacerlo. Había ganado, ahora se quedaría con los dos reinos, con Dahlia y con todo lo que pudo desear alguna vez en su vida, con ello se convertiría en el más poderoso rey de todo el continente. Y todo aquello había sido obra suya.

Pero ya era muy tarde para comenzar a pensar en la cadena de eventos que lo habían arrastrado lentamente a la locura hasta llevarlo a ese punto sin retorno. Ya era muy tarde para hacer nada más, simplemente cerró los ojos y se dejó ir. Todo había terminado.

La oscuridad lo arrastraba a su eterno e infinito manto, se lo llevaba todo, sus tristezas, sus preocupaciones, todo lo que lo había convertido en lo que era, la persona que fue y la que sería de haber seguido existiendo, se llevaba las que ahora le parecían amargas y burlonas gotas de la lluvia, el toque frío de los dedos de Agnis sobre su frente y su risa. Esa risa que conocía tan bien de días más cálidos y momentos más felices, pero que ahora parecía ser su propio camino al infierno.

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Presentación by Cantabile:

¿Será esta una historia más larga? Probablemente sí, es una historia a la que le llevo dando vuelta más de un año, pero aún no logro componer la trama al completo así que les dejo el capítulo piloto, me sirvió para soltar un poco con la mano y relajarme del estrés de Magnificente.

¿Cuándo lo lanzaré como historia? Excelente pregunta, quizás en unos meses cuando esté más avanzada la base, para no estancarme y terminar correctamente mis otras historias.

¿Es el título definitivo? No, no lo es. Lo cambiaré cuando comience a publicar la historia.

¿Lesath está loco? Bastante JAJAJ y lo estará todavía más cuando se convierta en el sirviente de su archienemigo en una segunda vida.

¡Espero que lo disfruten!

19 Octobre 2022 04:21:13 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Darcy Cantabile Mediante las palabras el universo parece no tener límite alguno. Comencé a escribir porque quería ver mis sueños plasmados en mi realidad. Desde el día en que mi primera historia tomó forma comencé a saber lo que era realmente soñar. IG: @cantabile.books

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