-mely_km- ✿ 𝕄𝕖𝕝𝕪 𝕂𝕄 ✿

«Los alfas y los omegas pueden ser amigos. Yo solo digo que es perfectamente posible que un alfa y un omega sean amigos. Nunca he entendido cuál es el problema. O sea, sí, hemos tenido que soportar un montón de preguntas estúpidas: ¿Estáis juntos?, Pero algún rollo habréis tenido, ¿no? Bueno, vale. Sea como sea, reconozco que no todo ha ido como la seda. Hemos tenido algún que otro problemilla. Vale, bastantes problemas. Pero mira cómo ha acabado todo. Cuando llegué al colegio, ambos dimos por supuesto que no volveríamos a intercambiar palabra después de aquel primer día. Sobre todo tú, porque enloqueciste por mí en cuanto me viste. Abundan los adjetivos para describirme: genial, fuerte, viril... ¿Quieres que siga?» Digamos que Jimin y Jungkook fueron amigos a primera vista. Todo el mundo dice que alfas y omegas no pueden ser amigos de verdad, pero ellos lo son. Y mucho. Quedan después del instituto, comparten miles de chistes que solo ellos entienden, sus familias están superunidas... Jungkook y Jimin solo son amigos, y están felices así. Pero, claro, los chicos no piden salir a Jimin porque piensan que está con Jungkook y Jimin pasa tanto tiempo con el que no le queda tiempo para sus parejas. Así que un día comenzarán a preguntarse si no estarían mejor juntos. Aunque quizá eso complique demasiado su relación. 📏 Kookmin 📏 Yaoi/BL/Homosexual


Fanfiction Groupes/Chanteurs Tout public.

#kookmin #juvenil #adaptacion #amigos #bestfriend
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📏. 1

Seguro que era el único omega del mundo que estaba deseando que terminaran las vacaciones. Durante los meses de verano, tenía demasiado tiempo libre, lo cual implica demasiado tiempo para pensar, sobre todo si eres un omega de once años en pleno duelo. No veía el momento de empezar séptimo. Ponerme a hacer codos. Pasar menos tiempo a solas. Al principio de las vacaciones, me arrepentí de haber rechazado la oferta de mi padre de pasar el verano en Irlanda con la familia de mi madre, pero es que sabía que allí todo me recordaría a ella. Aunque para recordarla me bastaba con mirarme al espejo.

El caso es que el colegio era mi única vía de escape. Cuando me dieron el recado de que pasara por secretaría antes de clase, temí que me esperara otro curso plagado de visitas obligatorias al psicoterapeuta del centro, de miradas compasivas por parte de mis compañeros y de profesores bienintencionados pero algo despistados empeñados en decirme lo importante que era «mantener vivo su recuerdo».

Como si pudiera olvidarla.

Aquella mañana, no estaba para muchos dramas. Ya tenía bastante con enfrentarme a un nuevo curso desde que...

—¿Quieres que te acompañe, Jimin? —me preguntó Taehyung cuando recibí el recado de la secretaría.

Aunque intentaba disimular, la sonrisa tensa del rostro le traicionaba.

—No, tranquilo —repuse—. Seguro que no es nada.

Me escudriñó un momento antes de arreglarme el clip del pelo.

—Muy bien, si me necesitas estaré en clase del señor Nelson.

Esbocé una sonrisa tranquilizadora y me la pegué a los labios para entrar en el despacho. La señora Blaska, la directora, me abrazó.

—¡Bienvenido, Jimin! ¿Qué tal el verano?

—¡Muy bien! —mentí.

Nos miramos mutuamente, sin saber qué decir a continuación.

—Bueno, necesito ayuda con un nuevo alumno. Te presento a Jeon Jungkook. ¡Es de Los Ángeles!

Me volví a mirar y vi a un alfa rubio que llevaba una coleta a la altura de la nuca. Su pelo era aún más largo que el mío. Se recogió un mechón suelto detrás de la oreja antes de tenderme la mano y decir:

—Qué tal.

Tenía que reconocerlo: como mínimo era educado... para ser un surfero. La señora Blaska me tendió el horario del alfa nuevo.

—¿Puedes enseñarle el centro y acompañarlo a su primera clase?

—Claro.

Salí del despacho seguido de Jungkook y me dispuse a mostrarle rápidamente la escuela. No estaba de humor para jugar a «cuéntame la historia de tu vida».

—El edificio tiene forma de «T». Por este pasillo llegarás a las clases de Mates, Ciencias e Historia —me puse a mover las manos como un mesero—. Detrás de ti, las clases de lengua y literatura, además de la sala de estudios —eché a andar con brío—. Hay gimnasio, cafetería, sala de música y sala de arte. Ah, y cuartos de baño al fondo de cada planta, además de un dispensador de agua.

Puso cara de sorpresa.

—¿Qué es un dispensador de agua?

Mi primera reacción fue de incredulidad. ¿Cómo era posible que no supiera lo que era un dispensador?

—Pues una especie de grifo. Para beber.

Se lo enseñé y apreté el botón para que manara agua.

—Oh, te refieres a un surtidor.

—Sí, dispensador, surtidor... qué más da.— Él se echó a reír.

—Nunca había oído eso de «dispensador». Yo me limité a caminar más deprisa.

Mientras él echaba un vistazo al pasillo, me fijé en que tenía los ojos de un azul muy claro, casi grises.

—Qué raro —prosiguió—. Todo este colegio cabría en la cafetería de mi antiguo cole —formulaba las frases en tono ascendente, como si fueran preguntas—. O sea, voy a tener que cambiar de chip, ¿sabes?

Supongo que la reacción apropiada habría sido interesarme por su antiguo centro, pero quería llegar a clase cuanto antes.

Unos amigos se acercaron a saludarme y todos le echaron un vistazo al alfa nuevo. Mi cole era bastante pequeño; la mayoría asistíamos desde primero, muchos desde infantil.

Volví a mirarlo de reojo. No estaba seguro de si me parecía mono o no. Tenía las puntas del pelo casi blancas, seguramente como consecuencia del sol. El bronceado de su piel resaltaba aún más el tono trigueño de su cabello y el azul de sus ojos; pero no le duraría mucho, teniendo en cuenta que en Wisconsin, pasado el mes de agosto, apenas vemos el sol.

Jungkook llevaba una camisa a cuadros blancos y negros, bermudas y chanclas. Se diría que había intentado combinar un estilo informal con otro más serio. A mí, por suerte, me había ayudado Taehyung a escoger el conjunto del primer día de clase: una camisa a rayas amarillo y blanco con una chaqueta blanca.

Jungkook me sonrió, nervioso.

—¿Y qué nombre es ese de Jimin? ¿O es Jimy?

Mi primer impulso fue preguntarle si el nombre de Jungkook procedía de los vaqueros que su madre llevaba puestos el día que él nació, pero opté por comportarme como el alumno responsable que, al menos en teoría, era.

—Es un nombre típico de mi familia —respondí. Lo cual era una trola como una casa. El nombre tal vez fuera típico de alguna familia, pero no de la mía. Aunque me encantaba tener un nombre tan original, me daba vergüenza admitir que el nombre procedía del whisky favorito de mi padre—. Es Ji-min.

—Tío, qué guay.

No me podía creer que acabara de llamarme «tío».

—Sí, gracias —di por concluida la visita delante del aula de su primera clase—. Bueno, aquí te dejo.— Me miró indeciso, como esperando a que le buscara un pupitre y lo arropara en la cama.

—¡Hola, Jimin! —me saludó el señor Driver—. Pensaba que no tenías clase conmigo hasta más tarde. Ah, vaya, tú debes de ser Jungkook.

—Le estaba enseñando el cole. Bueno —me volví hacia Jungkook—. Me tengo que ir a clase. Buena suerte.

—Ah, vale —balbuceó él—. ¿Nos vemos luego?

En aquel momento, me di cuenta de que me miraba con una expresión de miedo. Estaba asustado. Por supuesto. Me sentí culpable un momento, pero me sacudí de encima la sensación mientras me dirigía a mi aula.

Ya tenía bastante problemas sin necesidad de añadir uno más.

📏.
• •.°✦ •.°

En cuanto nos pusimos a la cola en el comedor, Taehyung fue directa al grano.

—¿Y qué pasa con el alfa nuevo? —me preguntó. Me encogí de hombros.

—No sé. No está mal.

El examinó una porción de pizza.

—Lleva el pelo larguísimo.

—Es de California —señalé.

—¿Y qué más sabes de él?

Renunció a la pizza y escogió un sándwich de pollo y una ensalada. Lo imité.

Estaba profundamente agradecido de tener un amigo tan "omega" como Taehyung. Mi padre, por más que se esforzase, no podía ayudarme con cosas como peinados, ropa y maquillaje. Si dependiera de él, iría siempre vestido con vaqueros, deportivas y una camiseta del equipo de fútbol más famoso de Wisconsin, los Green Bay Packers, y además comería pizza a diario. Taehyung, sin embargo, rezumaba delicadeza. Sin duda era uno de los chicos más guapos de la clase, con su pelo negro como el carbón, y sus ojos oscuros. También tenía muchísimo estilo y, afortunadamente para mí, compartíamos talla, así que podía ponerme su ropa, aunque el estaba más desarrollado que yo. Al menos, tendría a alguien a quien pedirle consejo cuando tuviera que usar los supresores de omegas. No podía ni imaginar lo incómodo que se sentiría mi padre en una situación como esa. Lo incómodos que nos sentiríamos los dos.

—Mm...

Traté de recordar qué más sabía de Jungkook. Ahora, demasiado tarde, tenía la sensación de que me había esforzado poco.

Danielle se reunió con nosotros. Sus rizos color miel rebotaban en su cabeza mientras recorríamos la cafetería.

—¿Ese es el alfa nuevo?

Señaló a Jungkook, que comía solo sentado a una mesa.

—Qué delgado está —observó Taehyung. Danielle se rio.

—Ya lo creo. Pero no os preocupéis, si no engorda con nuestras grasientas hamburguesas, lo hará con nuestro famoso queso en grano y las salchichas.

Las tres echamos a andar hacia la mesa de siempre. Jungkook nos siguió con la mirada. Estábamos acostumbrados. La gente hacía chistes del tipo: «Un rubio, pelirroja y un asiático entran en...». Yo, sin embargo, prefería pensar en nosotros como «el omega con el que todo el mundo se quiere sentar porque es muy gracioso, el que es el blanco de todos los cotilleos y el que lleva a los chicos de cabeza».

Esbocé una sonrisa rápida en dirección a Jungkook, con la esperanza de borrar en parte la mala impresión que debía de haberse llevado de mí por la mañana. Él me devolvió un saludo triste. Yo me quedé parado un momento y, en ese instante, advertí que me miraba con expresión de gratitud. Pensaba que me iba a sentar a su lado o, como mínimo, que lo invitaría a unirse a nosotros. Titubeé, sin saber qué hacer. No me apetecía hacer de canguro, pero también sabía lo que es sentirse solo. Y asustado.

—Chicos, me sabe mal que se quede ahí colgado. ¿Os importa que se siente con nosotros?— Como nadie puso objeciones, me acerqué a Jungkook.

—Eh... ¿Qué tal te ha ido la mañana? —le pregunté, haciendo esfuerzos por sonreír y ser amable por una vez.

—Bien.

Por el tono de su voz, era obvio que le había ido de todo menos bien.

—¿Quieres sentarte con nosotros? —señalé nuestra mesa con un gesto.

—Gracias —respiró aliviado.

Pronto, la atención que despertábamos fue sustituida por cotilleos del estilo de Sé lo que hicisteis el último verano.

Jungkook se sentó a mi lado y picoteó su comida con aire cohibido. Dejó la mochila sobre la mesa y advertí que llevaba una chapa prendida a una tira.

—¿Eso no será...?

Me mordí la lengua. ¿Qué posibilidades había de que aquello fuera lo que creía que era? Demasiada casualidad.

Jungkook se dio cuenta de que estaba mirando su chapa de MANTÉN LA CALMA Y SIGUE COLGADO.

—Ah, esto... Es una serie de televisión que mola un montón... —empezó a explicar. Yo apenas pude contener la emoción.

—Buggy y Floyd. ¡Me encanta esa serie!— Se le iluminó la cara.

—No es posible... Nadie conoce Buggy y Floyd. ¡Es alucinante!— Era alucinante.

Buggy y Floyd trata de las payasadas de Theodore «Buggy» Bugsy y su primo/compañero de piso Floyd. En casi todos los episodios, Buggy se mete en algún lío absurdo del que Floyd tiene que rescatarlo. Y Floyd siempre se está quejando de la situación, de Buggy y de la sociedad en general.

Noté que una sonrisa se extendía por mi cara.

—Sí, la familia de mi madre vive en Irlanda. Vi la serie hace un par de veranos, cuando fui de visita. Tengo los DVD en casa.

—¡Yo también! Un amigo de mi padre es director de desarrollo de una productora y está pensando en adaptarlos para emitirlos aquí.

Gemí. Odio que adapten una buena serie inglesa a los Estados Unidos. A veces, el humor británico es intraducible y todo se convierte en una patochada.

—Lo estropearán —dijimos Jungkook y yo al unísono.

Durante un segundo, nos quedamos flipando. Luego nos echamos a reír.

—Episodio favorito

Jungkook se había echado hacia delante, ahora más relajado.

—Buf, hay muchos. Ese en el que la hermana de Floyd está a punto de dar a luz...

—Que me cuelguen si sé de dónde sacar agua hirviendo a menos que cuente una taza de té —Jungkook clavó el acento londinense.

—¡Sí! —palmeé la mesa con fuerza.

—¿Qué está pasando aquí? —perplejo, Taehyung nos miró por turnos.

—¿Te acuerdas de esa serie inglesa que siempre os digo que tenéis que ver?

—¿Esa? —Taehyung negó con la cabeza como hacía siempre que mis pequeñas excentricidades le hacían gracia. Se volvió a mirar a Jungkook—. ¿La conoces?

Él se rio.

—Sí, es brutal.

—Ajá —Taehyung arrugó la nariz—. Es adorable que tengáis algo en común.

—¡Común! —bufó Jungkook—. Ya sé que no soy la reina de Inglaterra, pero desde luego no soy común.— Era otra cita de la serie.

—Un engorro vulgar y corriente, eso es lo que eres —terminamos los dos. Taehyung nos miró como si fuéramos dos bichos raros. Danielle sonreía divertida.

Charlamos un poco más sobre nuestros veranos respectivos y, cuando llegó la hora de irnos, me aseguré de que Jungkook supiera dónde estaba su siguiente clase. Esta vez, cuando preguntó «¿Nos vemos luego?» descubrí que no me horrorizaba la idea. Sería bastante guay tener un amigo que no compartía los gustos de la mayoría.

Taehyung se rio cuando dejamos las bandejas en la cinta transportadora.

—Parece ser que tu nuevo novio y tú tenéis muchas cosas de que hablar.

—¡Vale ya! Sabes muy bien que no es mi novio.

—Claro que lo sé, pero toda la cafetería se ha quedado con vuestra pequeña fiesta de reconciliación.

Seguro que tenía razón. A estas horas, todo el mundo estaría comentando nuestra animadísima conversación. Sin embargo, me daba igual. Prefería mil veces ese tipo de chismes a los cotilleos que habían proliferado a mis espaldas el curso anterior.

📏.
• •.°✦ •.°

El tío Adam me estaba esperando para llevarme a casa después de clase. Siempre se alegraba mucho de verme, aunque hiciera pocas horas que nos habíamos separado.

—¿Qué tal tu primer día? —me preguntó mientras me daba un gran abrazo.

—¡Bien! —le aseguré.

—Genial.

Cogió mi mochila y echó a andar hacia el coche.

Allí al lado, Jungkook se montaba en un todoterreno conducido por una mujer que debía de ser su madre. Le dijo algo y ella echó a andar hacia nosotros. El alfa la siguió poco convencido. Noté que se me hacía un nudo en el estómago. Siempre me pongo a la defensiva cuando tengo que presentar a Adam.

El tío Adam es una persona increíble y todo el mundo lo adora. Es simpático, extrovertido y el primero en echar una mano cuando hace falta. Pese a todo, nació con un defecto del habla y arrastra un poco las palabras. No sé muy bien cuál es el término exacto para definir su problema, pero no se le cierra del todo la garganta y a veces cuesta un poco entenderlo.

Cuando pregunté, de pequeño, qué le pasaba al tío Adam, mi madre me dejó muy claro que no le «pasaba» nada, sencillamente hablaba de manera distinta a causa de un defecto de nacimiento. Yo me lo tomé al pie de la letra. Hace un par de años, volvía a casa del parque cuando unos chicos me preguntaron qué tal le iba a mi «tío el retrasado». Yo les grité: «No es retrasado, solo habla de un modo extraño». Entré en casa llorando y le conté a mi padre lo sucedido. Fue entonces cuando me informó de que Adam padecía una discapacidad mental. Mis padres pensaban que yo ya lo sabía. Sin embargo, ¿qué sabía yo? Conduce, tiene un empleo y vive solo (en la casa de enfrente). Su vida es idéntica a la nuestra.

Contuve el aliento cuando la madre de Jungkook se presentó, temiendo que, como muchas otras personas, metiera la pata de algún modo.

—Hola, Jimin, soy la madre de Jungkook. Muchas gracias por haberlo tratado tan bien. Es muy duro tener que trasladarse a la otra punta del país y empezar de cero en un colegio nuevo.

Tenía el pelo del mismo color que Jungkook, pero ella llevaba la coleta a la altura de la coronilla. Vestía un pantalón de algodón y una sudadera, como si acabara de salir del gimnasio. Incluso sin maquillar, era guapísima.

—Mamá —gimió Jungkook, temiendo que me contara su vida. Ella se volvió hacia Adam.

—Y usted debe de ser su padre.

El tío Adam le cogió la mano. Cuando la madre de Jungkook se la estrechó, le vi dar un ligero respingo.

—Su tío.

—Este es mi tío Adam —intervine.

—Encantada de conocerle.

Sonrió con calidez mientras mi tío y Jungkook se estrechaban la mano a su vez. Me fijé para comprobar si Jungkook titubeaba también, pero no lo hizo. Seguramente estaba más pendiente de arrastrar a su madre de vuelta hacia el coche.

De repente, me sorprendí a mí mismo dando explicaciones.

—Es que mi padre a veces trabaja hasta muy tarde en su empresa de construcción, así que Adam sale un momento del almacén para llevarme a casa.

—Bueno, si alguna vez necesitas que te llevemos a casa o quieres quedarte en la nuestra hasta que tu padre o tu tío salgan del trabajo, estaremos encantados de que te vengas con nosotros.

No supe qué decir. Estaba acostumbrado a las buenas maneras de la gente del medio oeste, pero allí estaba aquella mujer, recién llegada al pueblo y que acababa de conocerme, ofreciéndome su casa. Y lo hacía por pura amabilidad, no porque supiera lo del accidente.

—¡Qué bien! Los miércoles siempre se nos complican —dijo el tío Adam antes de que pudiera cerrarle la boca.

Por lo general, Adam trabajaba de las siete de la mañana a las dos de la tarde, así que era él quien me recogía del colegio. Salvo los miércoles. Ese día, tenía turno de tarde. El año pasado o bien me quedaba en la biblioteca o bien esperaba a que Taehyung o Danielle terminaran sus respectivas extraescolares.

La madre de Jungkook no lo dudó ni un instante.

—¿Por qué no te vienes a casa el miércoles? Si te apetece, claro.

Le eché una ojeada a Jungkook, que me miró y articuló sin voz las últimas palabras de su madre: «Si te apetece».

—¡Desde luego! —asintió el tío Adam.

—Le daré mi número por si el padre de Jimin quiere ponerse en contacto conmigo, ¿de acuerdo?

Jungkook señaló la chapa de su mochila y enarcó las cejas con ademán risueño. Me vino a la cabeza la imagen de nosotros dos viendo juntos Buggy y Floyd.

—Sí —articulé a mi vez.

Los dos adultos intercambiaron los números de teléfono. Mi yo destructivo pensaba que la madre de Jungkook se estaba ofreciendo a ocuparse de mí porque pensaba que mi tío no estaba en condiciones de cuidarme. Mi yo constructivo me dijo que aquella mujer tan simpática solo quería que su hijo hiciera amigos.

Puede que lo haya dicho por pena, dijo mi yo destructivo.

No lo sabe, arguyó mi yo constructivo. Lo sucedido no se parecía a cuando alguien con quien tenías poca relación se interesaba por ti de repente, te ofrecía un hombro en el que llorar o te traía un tupper de algo que tu madre jamás en la vida había cocinado.

El tío Adam y yo montamos en el coche. Él siempre se aseguraba de que me hubiera abrochado el cinturón antes de arrancar.

—¿Va todo bien? —me miraba fijamente.

—Sí —dije, aunque no sabía qué pensar de lo que acababa de suceder. No me hacían mucha gracia los giros inesperados. A esas alturas de mi vida, había protagonizado más de los que me correspondían.

Adam parecía muy triste.

—A tu madre le encantaba recogerte del colegio.

Respondí con un asentimiento, como hacía casi siempre que alguien la sacaba a colación. Una lágrima rodó por la mejilla de Adam.

—Te pareces tanto a ella...

Me estaba acostumbrando a aquel comentario. Me encantaba parecerme a mi madre. Tenía sus mismos ojos, grandes y marrones, el rostro acorazonado y el cabello lacio de un color castaño que en verano se aclaraba y adquiría un tono rojizo.

Sin embargo, también era el omega del espejo, el recordatorio andante de cuanto había perdido.

Cerré los ojos, inspiré a fondo y me prometí a mí mismo: dentro de quince minutos, estarás haciendo los deberes de mates. Dentro de quince minutos, se te concederá una tregua. Sobrevive esos quince minutos y todo irá bien.

📏.
• •.°✦ •.°

¿De verdad piensas que mi madre se ofreció a llevarte por compasión?

Ya no. Ahora sé que tu madre es la definición personificada de «increíble».

De tal palo, tal astilla.

Venga ya.

Pero reconoces que si tú me invitaste a sentarme con vosotros fue por pena.

Ya te digo.

¿Lo ves? Se supone que debes mentir y decir que te apeteció charlar conmigo porque pensaste que yo era un tío superguay.

¿Me estás pidiendo que mienta?

Mm... Sí. Los amigos mienten para que el otro se sienta bien. ¿No lo sabías?

¿Te he dicho ya que hoy estás muy mono?

Gracias, yo... Eh, un momento.

📏. • •.°✦ •.°

Bueno que puedo decir, me gusta mucho poder adaptarles este libro porque es muy especial para mi, espero disfruten su lectura 💗, es de una lectura fácil y muy bonita 💝

Aclaro las partes que solo estén en cursiva son como conversaciones de ellos en el futuro o algo así, la primera vez que lo leí tbm me confundió jeje

1 Février 2023 00:00:33 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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