fabicoronel2022 Fabi Coronel

Un Santo que cumple promesas. Un objetivo que busca llegar a su destino sin importarle las consecuencias. Todo acción tiene una reacción. Eso nunca hay que olvidar.


Thriller/Mystère Interdit aux moins de 18 ans.

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Brujerías y maldiciones

Yo siempre supe que Raúl andaba en cosas de magia negra. Le aconsejé una y mil veces que dejara de jugar con brujas y demás, pero él no me hizo caso nunca. Era su novio, no su madre para darle órdenes. Cada vez que quería criticarle algo de lo que él hacía, se enojaba. Tenía los ojos de color verde esmeralda y eran enormes como si fueran huevos fritos. Tal vez eso era lo más atractivo de él, y era lo que también más miedo me daba.

Cada vez que decía o hacía algo que a él no le gustaba tenía esa manía de mirarme abriendo los ojos como lechuza.

Los labios eran pequeños, finos como si fuera prácticamente una línea. Por eso cuando fui a reconocer su cuerpo a la morgue casi no lo identifiqué porque ese ser tenía la boca hinchada.

Nosotros convivíamos desde hacía casi dos años, pero a mí la relación prácticamente no me convencía. Por muchas cuestiones que abarcaban miles de cosas. Su continuo estado de enojo, sus ganas eternas de menospreciarme y maltratarme psicológicamente, el sexo que se convirtió en algo automático que solamente pasaban los domingos por la tarde.

Si bien la relación cada vez me parecía más efímera, jamás hubiera actuado de esa forma como para que él muriera. Como les dije, él solo se la buscó por andar en cosas raras.

Su madre y él siempre anduvieron en brujas y curanderas para que “limpiaran” sus energías. Recuerdo de haber viajado muchos kilómetros solamente por las ganas de visitar a alguna mujer que hacía “gualichos” poderosos que les traerían bienestar a él y a su familia.

Ni idea qué bienestar buscaban, solamente sé que una vez que les dije que yo no quería entrar a que me limpiaran con humo y me leyeran las cartas, su madre me contestó enojada “dejálo Raúl, él no quiere estar bien”.

Si bien sus padres estaban separados, ellos no aceptaban que su padre anduviera con alguna nueva mujer o que pasara tiempo con la abuela Olga que vivía al lado de la casa de su mamá. Les disgustaba terriblemente verlo pasar en su moto frente a ellos. Lo odiaban con todo su ser.

Como les contaba, Raúl andaba en cosas turbias relacionadas a la magia negra. Iban de una curandera a otra tratando de buscar ese “bienestar” que nunca llegaba. Creo que el error les llegó cuando fueron a esa mujer llamada Rita. Una mujer cuarentona que trabajaba con San La Muerte. El Santo más oscuro y poderoso que existe, pero también el más vengativo.

Rita les había pedido algunos materiales que yo al principio creí que era para conseguir cosas como dinero o salud, pero en realidad lo que querían era que su padre muriese. El objetivo de ellos era claro, la muerte de su padre traería ese estado que buscaban. Ambos decían que con la herencia podrían comprar materiales para agrandar la casa o comprar un automóvil que Raúl tanto quería.

Esa tarde recorrimos toda la ciudad buscando santerías. No me querían decir qué querían comprar, todo lo hacían a escondidas pidiéndome que me quedara dentro del auto hasta que ellos salieran.

Cuando al fin consiguieron lo que querían volvimos a la casa de “Rita la curandera”. Ingresaron Raúl y su madre primero, pero, aunque no les gustó la idea, tuvieron que pedirme que pasara. Yo presencié el ritual que hicieron. Necesitaban de varias manos que estuvieran conectadas para pedir el deseo.

La sala estaba decorada con telones de San La Muerte en varias poses, dimensiones y perspectivas, cada cual era más escalofriante realmente. Habían cien velas negras encendidas y una corona hecha de hojas de paja que tenían en el centro una caja con un escuerzo encerrado que croaba a un ritmo infernal. Rita nos invitó a que hiciéramos un círculos sentados en cuclillas. Me di cuenta que se me notaba el susto porque Raúl me lanzó una de “sus miradas” desafiantes para que no dijera nada y actuara como ellos.

Rita elevó una copa con lo que parecía vino y la bebió. Agradecí a Dios que solamente ella consumió ese líquido y no se le dio por convidarnos. A continuación le pidió a Raúl los materiales, pero fue su madre quién buscó en su cartera y sacó dos bolsas con cosas. En una de ellas tenía tierra de cementerio, en la otra fotos de su ex pareja y una tumba de cera.

Las plegarias se elevaron a Satanás y al Santo terminando con la introducción de las fotos en la tumba y en el escuerzo que fue cortado con un bisturí por la mitad.

La cera selló la tumba así como los hilos sellaron el vientre del animal.

Rita la curandera le habló a Raúl y le dijo algo en el oído. Él, sin dudarlo se levantó despacio y fue hasta un altar en el que estaba la figura de San La Muerte. Pareció extraño, pero le retiró la mano y lo apuntó con un dedo abriendo los ojos grandes como cuando estaba enojado. Era obvio que amenazaba al Santo a no devolverle la mano hasta que le cumpliera el deseo.

El ritual terminó ahí, a secas. Sin preámbulos y sin nada más que decir, así fue que ellos entregaron un fajo de dinero a la curandera y nos marchamos.

Mientras volvíamos a su casa ellos hablaban de lo vivido, estaban felices. Decían que al fin su padre obtendría lo que merecía.

Las postales que quedaban ahora eran la mano del Santo en la billetera de Raúl, la tumba que debían enterrar en el patio de su casa y el escuerzo que debían arrojarle por el patio a la abuela Olga, lugar donde frecuentaba su padre.

Así fue que cumplieron con todo lo solicitado. Ahora solamente quedaba esperar a que la magia hiciera su efecto.

Pero como les estuve diciendo, yo creo que todo lo que uno da vuelve. Y las brujerías, siempre me dijo mi madre, vuelven más fuerte.

A partir de ese día sentí que Raúl estaba diferente, se lo veía más cansado y todo comenzaba a irle mal. Lo despidieron de su trabajo y ahora solamente trabajaba para una empresa de mala muerte cobrando diez o veinte pesos a negocios que habían solicitado muebles a pagar en cuentagotas. La madre le dijo que el ritual se había roto porque su perro, llamado Oso, había escarbado y desenterrado la tumba de cera. Le dijo que una mañana lo vio jugando con la tumba y que a partir de allí la maldición le había caído al animal. Yo la verdad tengo mis hipótesis. Sobre todo porque ella decía que se había descaderado por la brujería, aunque yo me enteré que un día ella gritaba como loca y el perro lloraba desconsoladamente como si lo golpearan con algo. Pero no hay que desconfiar de la gente tampoco, aunque yo sabía en qué andaban.

Una noche me levanté para ir a mear, y cuando abrí la puerta de la habitación vi que habían dos velas negras encendidas en el comedor. Me acerqué a ver y me encontré con dos estampitas que estaban invertidas. Una era de San La Muerte, otra era de San Son. A la mañana siguiente le pregunté qué era esa situación que me encontré. Pero como se imaginarán, él solamente me lanzó esa mirada desafiante que me pedía que callara.

Su padre no murió, su madre sí. En teoría le había dado una muerte súbita cuando le llevaba el café a su jefe. Nadie dio más explicaciones que eso.

El entierro fue algo triste, obviamente, pero prácticamente nadie lloró ni se desgarró la ropa en actitud de dolor profundo.

Con Raúl seguimos unos tres meses más luego del fallecimiento de su madre. Pero realmente no aguanté más ver todas las noches esas estampitas de santos invertidas con velas negras encendidas. Por ello un día le dije que me iba a alquilar solo, cargué mis cosas y partí. La cara del tipo estaba transformada realmente. Me miraba con los ojos grandes pero sonreía de una manera que no podría explicar, era como si fuera un demonio realmente.

Luego, no supe más nada de él, hasta que bueno… Ustedes me llaman a declarar porque encontraron el cuerpo de él en esas condiciones… Yo no creo que su historia de vida haya ido más allá de esto que les comenté. Creo que la brujería, y sobre todo el Santo con el que había pactado es muy poderoso y vengativo.

Me costó identificarlo en la morgue realmente, sobre todo porque las facciones estaban como muy diferentes de lo que yo conocía.

Pero les juro que ver la piel de él con costras grisáceas, con tres dedos amputados y con marcas de corrosión. Lo hubiese reconocido más fácil si hubiera visto sus ojos claros, pero solamente ver las cuencas vacías era como muy desconcertante.

Y bueno, esas especies de cuernos que le sobresalían por la frente creo que sería una mala pasada. Una persona no se desfigura así por alguna enfermedad. Eso es cosa de mandinga…

Pero así como les dije al principio, yo siempre supe que Raúl andaba en cosas de magia negra. Le aconsejé una y mil veces que dejara de jugar con brujas y demás, pero él no me hizo caso nunca. Era su novio, no su madre para darle órdenes. Él sabía en lo que se metía al jugar con el diablo y sus Santos.

10 Octobre 2022 00:03:48 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Fabi Coronel Jorge Fabián Coronel. 36 años de edad. Escribo sobre terror y misterio.Mi alma está perturbada. Mi mente no creo que esté bien. Creo en fantasmas y a veces hablo con ellos en mi soledad.

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