quarantine Gguk seven

—Señor Jeon, por favor, una pregunta... ¿Podría decirnos como se conocieron? —Mi ángel y yo nos conocimos en la habitación dieciocho… ⩩ KookTae ⩩ Romance/Mafia/Drama ⩩ Historia Original ⩩ OS


Fanfiction Interdit aux moins de 18 ans.

#jungkook #vottom #taehyung #kookv #kooktae
Histoire courte
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Capítulo único

N/A: ¡Hola! Este OS estaba anteriormente en un libro de recopilaciones, pero decidí mejorarlo y dejar esta versión que opino, es mucho mejor que la de antes. Imaginen que esta dentro del universo de RF jeje.

📷

𖠇Kim Taehyung / Vante

𖠇23 años

𖠇Pelirrojo

📷

𖠇Jeon Jungkook

𖠇30 años

𖠇Pelinegro

Espero les guste tanto como a mi me gusto hacerla.

¡Gracias por leer!

[...]

No tenía la vida que había soñado, pero ¿Quién realmente sí? No debía quejarse, eran pequeñeces e idioteces creer que podría alcanzar lo que un día soñó. Tenía que resignarse, más ahora que por fin tenía un lugar donde dormir, bueno, si es que podía referirse así a ese lugar. Pero, aunque se repetía de forma mental que debía dejar la esperanza atrás, aun había una pizca que le impulsaba a querer luchar.

«Tal vez un día pueda...»

Lastimosamente sus ilusiones se rompían cual fragilidad de cristal cuando al llegar su hogar comprobaba que jamás podría escapar. Tiempo atrás creyó que el precio que pagó por tener un hogar fue lo justo, ahora sabía que el costo alquiler que aceptó, había sido mucho más caro. Fue ingenuo al creer que la amabilidad de JunWoo era libre de intereses. Ahora su error le tenía cautivo en un pozo profundo sin escape.

Por eso, es mejor aceptar su realidad a seguir creciendo esperanzas que solo terminan por dañarlo.

Taehyung ha sellado su destino a cambio de la ilusión de un hogar. Sin notar que lo único que pacto fue su condena permanente en aquel escenario neón, la tinta azul no solo le hizo firmar por una habitación, también para entregar sus sueños y arrojarlos lejos de su cabeza mientras baila desnudo no solo en cuerpo, sino también en alma, porque el sudor que escurre por su cara son lágrimas al notar que perdió su libertad, anhelos y esperanza por un puñado de billetes, halagos lascivos y rebotes en la misma cama donde lo único que cambia son los hombres que le abrazan.

Pero, ya era absurdo pensar en ello, rememorar su ingenuidad solo hacía a Taehyung blasfemar. No tenía sentido seguir hurgando en anhelos que ya habían sido hurtados por JunWoo.

El pelirrojo cerró los ojos, estaba cansado de la misma usanza en aquel lugar, del vitoreo excesivo por varones alcoholizados, del baile incómodo, las miradas libidinosas y carentes de amor, del sucio tacto que parecía jamás irse de su piel dorada sin importar que tan fuerte restregará. Era su condena, tenía que soportarla. Por eso, Taehyung adormecía su mente con copas de licor, era mejor engañar a sus sentidos y alejarle de la realidad para hundirlo en una ilusión donde quizás en vez de ser sometido con rudeza, era tocado con delicadeza, como si el fuera el pétalo de una suave rosa, era mejor estar en medio de una alucinación donde le hacían el amor, y no en la verdad de estar bajo un cerdo adinerado que le escupía en la espalda, y maltrataba. Era mejor fingir que por las noches solo se recostaba y no que lo tomaban hasta lastimarlo. Tal vez así un día enserio engañaría a su cabeza y dejaría de lamentarse.

"Una copa de Ron para adormecer mi corazón, dos shots de Bourbon para sentir que sus sucias manos no me están tomando, una calada de tabaco para apaciguar el olor del dolor, un sorbo profundo de vodka para no palpar como me rompes en mil pedazos, y un beso imaginario para dormir hasta que la pesadilla acabe..."

—¡Vante! —Gritó el diablo disfrazado de salvador. Azotes contra la puerta se hicieron presentes. —Date prisa, ¡Joder! Tengo un cliente importante esperando por ti en la habitación trece. —Dijo con voz firme JunWoo.

Choi JunWoo era un hombre de más de cuarenta años, su acta delataba cuarenta y nueve años, pero el hombre bien conservado presumía de ser menor. Tal vez parecía más joven por la forma constante en que hurtaba la inocencia y anhelos de los demás, era como un dementor, que chupaba hasta la raíz de un sueño para prolongar su poder, o quizás la vida no era justa, y por eso premia a idiotas como Choi. Debía ser eso, pues aunque el varón mantenía en su interior pura pudrición y oscuridad, en su exterior se exponía una belleza intimidante, la ventaja de dominar el habla y seducir con palabras, así fue como envolvió a Taehyung para arrástralo hasta su infierno disfrazado de burdel.

Impaciente de la lentitud de Taehyung, JunWoo se adentró al camerino del menor para recargarse contra el marco de la puerta, cruzó sus brazos por encima de su pecho, haciendo un escrutinio incomodó sobre el pelirrojo, quien pretendía maquillarse para salir al espectáculo. Choi soltó una risa nasal al ver la lentitud con la que el moreno aplicaba brillo sobre los labios, era obvio lo que Taehyung tramaba, pero no iba a perimirle retrasar sus planes. Acortó la distancia, se inclinó para quedar justo a la altura del oído ajeno y habló: —Deja de hacer el tonto, se bien lo que intentas, y no vas a lograrlo. Lo único que vas a obtener será un castigo por retarme. —Inhaló el aroma natural del menor, le fascinaba como aún quedaban vestigios de esa pureza que el mismo manchó. Llevó su diestra directo al pezón cubierto por un intento de top de lentejuelas y apretó suave. —Eres mío Taehyung, y así será hasta el día que mueras, aun así, si yo quiero después de la muerte seguirás siendo de mi propiedad. Así que mueve tú culo y ve a abrirte de piernas.

Taehyung apretó en exceso el brillo labial, mordió su labio inferior con tanta fuerza que no solo palpó el sabor artificial de las fresas, sino también su propia sangre. Soltó el aire de golpe al sentir que se ahogaba con su mismo aire. Quería gritar, ser valiente y enfrentar a JunWoo, golpearlo, hacerle daño, matarlo... ser libre. Pero no pudo hacer nada.

—¡Puta madre! Hueles demasiado a alcohol. —Se quejó al percibir el aliento del menor, hurgó entre las bolsas de un ridículo chaleco de marca que portaba hasta dar con una minúscula bolsita de plástico. —Toma, inhala una raya para bajarte esa mierda. Si vomitas encima de los clientes, te haré pasar una noche en el sótano, y no quieres eso ¿Verdad? —El pelirrojo negó, porque a pesar de estar medio ebrio, eso no significaba que no recordará las veces que sufrió de más en ese lugar. —Bien —tomó el rostro del moreno y susurro: —Eres un buen chico. Ahora ve y demuéstrale a mi socio lo bueno que es Vante.

Su intentó por engañar a JunWoo falló, como siempre. Taehyung tenía claro que aquello era imposible, aun así, su deje de esperanza le incitó a creer que esa ocasión podría funcionar. Tuvo fe en que tal vez esa sería una noche donde estaría en paz, donde podría dormir sin llorar, donde no le dolería el cuerpo por la forma ruda en que los hombres le hacían el amor, quiso pensar en que solo por un instante podría dejar de ser el objeto de placer, y ser solo el iluso chico que huyó de casa para ir detrás de sueños de papel.

Solo que una vez más, ilusionarse no servía de nada. Taehyung seguía siendo cautivo de aquel infierno, y aunque las llamas del pecado le quemaban para carbonizar sus anhelos, la lluvia de esperanza llegaba de forma esporádica para hacerle creer que un día volvería a la libertad, tal vez sus suplicas serían escuchadas y un salvador llegaría para volverle a su mundo ideal.

Quería que pasará antes de perder con totalidad la fe.

Sin poder retrasar más su destino, Taehyung se terminó de alistar, ajustó la lencería negra a su silueta, el top brillante que solo cubría lo necesario de sus pezones, medias altas de seda con un cinchó en sus muslos, un arnés que cruzaba para acentuar su pecho y cintura pequeña, zapatos de tacón elevado y delgado, dificultando así su firmeza, eso y el escueto trozo de tela entre sus nalgas que no le gustaba.

Taehyung no acató la orden de JunWoo, tiró el sobre con cocaína y en vez de hacer todo por despabilarse, tomó un vaso más de vodka antes de salir. Se tambaleó por el angosto pasillo, sosteniéndose de la pared para no caer, su visión borrosa le impide distinguir con claridad, lo que hace vislumbre solo sombras, mismas que parecen divertirle, pues comienza a reír, o tal vez es una reacción de su propio cerebro para nublar lo que le espera.

Entre tropezones y carcajadas, Taehyung llega a su destino, o lo que cree lo es, pues no logra distinguir si el número de la puerta es un tres de trece o un ocho de dieciocho.

—¡A la mierda! —Dice arrastrando las palabras, pues al final no importa si es un tres u ocho, obtendrá lo mismo, una madrugada de sexo descontrolado, insultos y al final volver a su hogar para terminar inundado en lágrimas. Por eso, Taehyung relame su boca reseca antes de gritar: —¡Estoy aquí! —Anuncia y abre la puerta de forma abrupta, no piensa retrasar más lo inevitable. Parpadeó al ser recibido por una luz tenue, el ambiente estaba cargado de un perfume diferente al habitual, era sutil y refinado, le gustó. Por eso avanzó, quiso parecer firme, pero tropezó justo sobre un cuerpo alto y fornido, sus dedos rápido tocaron brazos musculosos y el aroma exquisito se intensificó para adormecer su lengua de vergüenza y así hablar: —¡Hola, guapo!

Taehyung sonríe, demasiado, tanto que ajenos a su realidad pueden confundir con facilidad aquello a felicidad. Pero, a pesar de que el pelirrojo no es feliz, ahora hay una pizca coqueta que le incita a barrer con la mirada al hombre de gran estatura, es la primera vez que un cliente apuesto va tomarle, no pierde tiempo en subir sus manos hasta los hombros anchos, sus yemas resienten la tela fina, pero aunque su agarre debería quedarse solo ahí, la tinta negra sobre el cuello lechoso, le hace tentar hasta llegar a la nuca y enredar sus dedos en la melena oscura. Sus mejillas se sonrojan y ni siquiera sabe si es por el alcohol o lo que ha estado admirando, la imagen mejora al comprobar unos labios finos, pómulos marcados, y unos preciosos ojos zafiro.

Es el hombre más guapo que ha visto a lo largo de su vida, y vaya que ha visto muchos.

—¡Wow! Por fin alguien guapo. —La mezcla de licores inhibe a su lengua parlanchina. —Estoy tan harto de los viejos —hace una mueca y tiembla ligeramente—, ellos son hostiles, sucios, pervertidos y sabes, la mayoría ni siquiera esta en condiciones de estar aquí —levanta su meñique hasta la mirada del opuesto, solo para extenderlo firme y en segundos doblarlo—, tú me entiendes, o eso espero. —Con confianza pegó el rostro al pecho del ajeno, sin poder evitar necesitar inhalar más de ese perfume que le provocó cosquillas raras en el abdomen. —Me alegra tanto que estés aquí. —Hay un punto de quiebre en su mente, se aferra con fuerzas al cuerpo opuesto, lo hace porque sabe que hay una posibilidad enorme de que todo solo sea un sueño antes de caer de vuelta al infierno.

El hombre al cual Taehyung se abraza con vigor se mantiene inmóvil sin saber quien demonios es ese chico precioso y ebrio que no quiere soltarlo. Había oído que el burdel Golden era un lugar lleno de sorpresas, pero no imaginó que la forma en que sería sorprendido fuera a causa de un pelirrojo que se aferraba a él.

Cuando Jeon Jungkook accedió hacer a tener una cita de meramente negocios con Choi JunWoo, sabía de antemano que su respuesta sería no, lo dejó en evidencia, no le gustaba la forma de trabajar de Choi, pero este fue insistente, por eso, el hombre le invitó a pasar una noche en una de sus salas privadas, sin limite de bebidas y con acceso total a cualquiera de las bailarinas o bailarines.

Tomó la oferta, no porque le hiciera ilusión la idea del desfogue, simplemente creía que Golden tenía potencial. Así que, al llegar al burdel, se dejo guiar hasta la sala que Choi prometió, bebió whiskey, y a pesar de que se negó a bailes privados, JunWoo insistió rodeándole de mujeres desnudas que le restregaban las tetas en la cara. No tenía nada en contra de las chicas, menos de los senos, solo que no estaba ahí por placer, por eso molesto exigió el cambio de sala.

Así que, al ver entrar al pelirrojo, sin duda intuyo que todo era un error.

—Creo que te equivocaste de sala, cielo. —Referirse así del menor era lo más acertado, ya que creía ese pelirrojo debía provenir del mismo paraíso. Jungkook se dejó hacer, sonrió a labios cerrados cuando el contrario le enterró la nariz en el pecho sin pena para así inhalar de su perfume. Un cosquilleó le erizo la piel entera, tenía que frenar aquello, había ido por negocios, no placer. Por eso se separó, tenía intención de marcharse, hasta que su mirada cayó en esos ojos esmeralda.

Jungkook tragó duro, quedó embelesado ante la imagen que se le mostraba. Era sublime, más que eso, parecía casi irreal la naturaleza y finura con la que el pelirrojo portaba prendas extravagantes, poseía caderas de buen tamaño, una piel olivácea, con facciones delicadas, labios rojizos y regordetes, una nariz perfilada, mejillas rosadas y esa mirada dilatada que le hizo sentir hechizado.

Entonces, aunque Jungkook no planeo decir lo que pensaba en voz alta, su lengua contraída por la ensoñación que le causó la imagen del menor, le hizo hablar: —.¿Quién eres?

—¿Quién soy? —Habló con gracia. —Chistoso ¿Quién eres tú? —se relamió los labios para seguir parlando—. Te ves mucho mejor que mi último cliente, aunque si estas aquí para follarme, supongo que debes tener un defecto. —Escupió las palabras, y sin dar tiempo a Jungkook de responder, continuó: —Pero bueno, si tu juego es pretender que no sabes quien soy, de acuerdo. Te lo digo. —Se enderezó en su lugar, lo más que su estado le permitió. —Soy a quien te vas a coger esta noche —azotó su palma contra una de sus nalgas, quería ser seductor, pero su tambaleó le impidió lograrlo, tropezó, pese a que el mayor quiso ayudarle, se negó. Taehyung gateó hasta la cama para subirse de forma torpe, se posicionó en el centro y se abrió de piernas, jaló su tanga para dejar en vista su sexo punzante. —Anda, deja los juegos, chico guapo. Follame antes que me duerma.

El pelirrojo separó más sus piernas, llevó una de sus manos justo donde el arnés apretaba sus pezones, echó la cabeza atrás y comenzó a mover las caderas hacía adelante. Ya sabía cual era su papel, su destino. Así que, aunque Jungkook fuera un hombre de vista agradable, sería otra noche de maltrato. Era mejor ser rápido.

Sabía que no era un buen hombre. Jungkook lo tenía claro. De otra forma, no estaría ahí. Aparte debía sumarle que había estafado, amenazado, mentido y matado. Era un mafioso disfrazado de un simple ciudadano, un varón calculador, inflexible y sin compasión. Un experto para derrumbar imperios ajenos e imponer su legado. Para muchas de sus ex parejas sexuales, un tipo rudo que les dejaba recuerdos de noches descontroladas tatuadas en la piel y entrada. No era bueno, hasta que Taehyung tropezó con él.

Lo que el pelirrojo le hizo sentir fue con la magnitud de cientos de sismos, tanto que Jungkook juró sentir perder estabilidad a sus pies. Nunca había sentido algo igual, por eso un deje de incomodidad al no saber reaccionar le hizo quedarse quieto. Relamió sus labios ante la imagen de Taehyung meneando sus caderas, su cuerpo tenía hambre del menor, pero su pecho era un freno que le hacía querer sostener el cuerpo frágil en la cama. Era confuso como por primera vez no sabía qué hacer.

En medio de aquel infierno, Jeon encontró un ángel.

Jungkook soltó el aire, paseó una mano por su rostro, como si así pudiera menguar la tremenda erección que crecía en sus pantalones al mismo ritmo ajetreado que deambulaba por su pecho.

—¡Hey, chico guapo! ¿Ya te acobardaste? —Pregunta con burla el pelirrojo, reta el autocontrol de Jungkook, tomando en su agarre su propio falo, hace un vaivén de arriba hacia abajo, mueve lento, casi como si estuviera tocando algo frágil, sus ojos están sobre el mayor, sus caderas se tensan ante su jugueteo. —Entonces ¿Vas a follarme?

Con un demonio que quería hacerlo.

Jungkook quería tanto follar a ese precioso pelirrojo. Pero, el simple hecho de verle en la cama, desprotegido, ebrio y perdido. Le hizo sentir incorrecto sus deseos, por esa razón paso saliva con la intención de menguar su deseo ¡Maldito JunWoo! No mentía al decir que Golden era un lugar lleno de sorpresas.

Taehyung estaba fuera de si mismo, con el ritmo ajetreado de sus caderas y corazón, le latían las sienes, estaba mareado, confuso, cansado y jodidamente anhelado la cercanía del extraño. No quería follar, solo quería que ese hombre de aroma elegante le abrazará hasta quedar dormido. Solo quería una noche sin pesadillas, pero ese era su mundo y debía aceptarlo.

No había paz, ni felicidad en Golden.

—Date prisa... por favor. —Suplicó, ansioso por la quietud extrema del mayor, que un cliente no estuviera encima suyo (como los demás) parecía un peligro. A JunWoo no le gustaría saber que un cliente le ha rechazado. El miedo comienza a inundar sus sentidos, su cuerpo reciente el estado dominante y tiembla ligeramente. —Si no me follas, JunWoo me va a matar.

No tenía porque importarle el destino de ese chico, solo había ido por tratos.

Pero, pese a que se repitió eso, no basto para frenar su lento andar hacía el pelirrojo, era como si los ojos esmeraldas le atrajeran, era magnético. Jungkook caminó con sigilo, como un cazador a su presa, su mente se desconectó. El pelinegro tomó con desespero la cintura del ajeno, llenó sus fosas nasales de ese aroma dulce, un néctar que explotó en sus sentidos como un estimulante, podía sentirlo por todos lados sin siquiera haberlo probarlo.

«¿Qué mierda estoy haciendo?» Se preguntó Jungkook a sí mismo, mientras que sus dedos se enredaron en la melena rojiza del menor con sutileza y necesidad, soltó el aire con pesar cuando la cercanía peligrosa le provocó un cosquilleó en el estómago, era inusual sentir esa bola de nervios en su interior. Pasó saliva con fuerza, y pegó más la anatomía del pelirrojo, a tal grado que podía sentir el calor del opuesto emanar y golpear en sus puntos cardinales. El contrario se removió con clara intención de ir por más.

No podría soportarlo.

—¡Quieto! —Ordenó, no solo para el menor, sino también para sí mismo. Pero su orden fue ignorada por el pelirrojo, pues este hizo caso omiso para menear sus caderas contra Jungkook. Aquel roce despertó todo lo que Jeon creyó no tener, su alma brilló en desespero, su cuerpo ardió con ansiedad de poseer al ajeno. —¡Para! —Pidió casi con suplica. El deseo transformando sus fortalezas en evidentes debilidades, su propia anatomía traicionándole. Jeon tenía una erección, sus bolas dolían y se sentían pesadas, sus manos parecían pegadas a la melena del más bajo, y sus ojos hechizados por ese rostro alcoholizado.

Ese fue el recordatorio de que estaba actuando mal. El menor estaba alcoholizado, incapaz de reaccionar, y pese a que no era un hombre de buenos actos, no quiso seguir con su historial pasado. Inhaló profundamente, y se alejó solo un poco del opuesto para sonreír de lado y hablar: —No sigas restregándote de esa forma, no es correcto, no estas en condiciones, no piensas de forma racional...

La irrupción llegó en forma de una risa nasal, era burlesca, y en cierto punto, llena de sorpresa.

—Que mierdas dices ¿Acaso esperas mi permiso? ¿De verdad? No seas ridículo, has pagado por esto, así que solo follame y deja la actitud de galán para alguien más... —para alguien que lo vale. Se atrevió a pensar aquello, con el dolor del simple pensamiento, Taehyung marcó distancia con el mayor, sabía que no debía ofenderse, después de todo, era lo que era, lo que JunWoo le repitió hasta el cansancio, un simple prostituto, alguien de uso, solo eso. No merecía los tratos lindos, ni palabras dulces, menos esperar respeto de los hombres que lo usaban.

Pero pese a ello, ahí estaba el pelirrojo con los ojos anegados en lágrimas, el pecho contraído en ese dolor tan usual que ya consideraba normal, con el nudo en la garganta y buscando consuelo en un abrazo a sí mismo. Miró con temor hacía el mayor, tal vez lo que ese hombre tramaba era un nuevo juego de placer, fingir ser alguien decente y que se preocupaba por él, cuando al final solo eran mentiras para romperlo en mil pedazos. Estaba harto.

—Deja el juego, solo follame...

No pudo más.

Tal vez fue el simple físico del menor que le atrajo como un imán, o quizás la necesidad de con ese beso dejar lado esa exigencia exagerada del pelirrojo por ser tomado. Jungkook no sabe con certeza que fue, solo siguió sus impulsos para juntar su boca famélica y alimentarse de la saliva del contrario.

—¿Qué haces? —Preguntó Taehyung en medio del beso, sin despegarse del todo de aquel cuerpo ajeno, aunque su mente le gritaba que estaba mal sentir con desespero buscar refugio en un extraño, su anatomía no acató la orden sigilosa, en su lugar, el mismo se pegó con vigor al tronco del mayor, embelesado por la sutileza y ferocidad en un beso.

—Te tomó a mi manera. —Respondió Jungkook, acarició las mejillas sonrojadas del opuesto, y lo cogió en sus brazos para caminar con el hasta la cama. Lo recostó, lo admiró y volvió a su deber de besarle. —Esta noche te haré mío como yo quiera...

Fue así, Jungkook se deleito besando a Taehyung por largas horas, hasta sentir que sus labios estaban hinchados, entumecidos e impregnados de la saliva ajena. Tocó con delicadeza el cuerpo del pelirrojo, nada obsceno, simples toques suaves por la cintura, brazos y rostro, así hasta que el chico intoxicado por alcohol de adormeció en su agarre, un abrazo improvisado donde tenía la melena rojiza contra su pecho y las piernas esbeltas enredadas con las suyas.

Jungkook bostezo, estaba cansado, pero prefería seguir en vigilo, había velado el sueño del menor, lo había cubierto con su propio saco, como si las sábanas de aquella cama no fueran dignas para cubrir el cuerpo frágil, así era para Jeon. Porque el hombre tenía la certeza de que nada en el Golden era merecedor de Vante.

Vante, fue como Taehyung se presentó a Jungkook antes de ceder al cansancio y agotamiento mental. Su mínima parte racional le indicó no decir de más, no podía revelar su identidad, después de todo ¿Acaso Taehyung seguía existiendo en el mundo real?

Cuando el alba comenzó a colarse por una diminuta ventana, Jungkook comprobó que después de muchos años había pasado una noche entera en cama con alguien sin follarlo. El mayor se levantó de la cama al verificar que su cita de negocios no se había concretado, no le importaba. Solo podía pensar en Vante, por eso, lo acomodó sobre el colchón antes de acariciar los mechones rojizos y luego salir en silencio de la habitación, demasiado ensimismado con lo que había pasado, que la persona que le habló, tuvo que repetir la acción tres veces.

—¿Jeon? —Insistió el hombre, quien escruto el rostro del contrario, ojeras marcadas, un rastro de barba, pero aun así, una sonrisa incapaz de ser borrada. —Veo que al final optaste por tomar mi regalo. —Dice JunWoo con burla, seguro que las mujeres que asignó para engatusar a Jeon, cumplieron con su labor. —¿Pasaste una noche agradable? —Cuestiono, miró detrás del cuerpo opuesto para comprobar que estaba en la habitación que le había asignado, el número dieciocho.

Ambos hombres se miraron con intensidad, la tensión se elevó y casi pudo ser palpable. Jungkook se removió incomodo en su lugar, con el apuro de bloquear la vista de JunWoo hacía la puerta, no quería que irrumpieran el sueño de Vante, pero sabía que el opuesto no desistiría a su palabrería hasta que le complaciera, dándole lo que quería, falsos halagos.

—Si, la pase bien. El lugar es agradable, dedo admitir que me he llevado una grata sorpresa, no es como esperaba. —Responde Jungkook, lo que ha dicho se siente como un chiste para sí mismo, quiere sonreír, pero la insistencia de JunWoo por ver hacía la puerta, le hace pensar de forma paranoica. «Él sabe que escondo a alguien. Él sabe que Vante está ahí dentro, intacto...»

Jungkook se tensó al ver a JunWoo andar con rumbo a la habitación dieciocho, quiso usar su cuerpo para bloquear al opuesto, pero para fortuna suya, una voz ajena lo logró. El pelinegro soltó el aire, sin sorprenderse de ver a uno de los senadores más influyentes de Seúl salir con gesto molesto de la habitación trece.

—¡JunWoo! —Gritó un hombre de unos sesenta años, tenía el cabello cenizo, lo poco que quedaba de él, los lentes de aumento con armazón negra acentuaban sus ojos pequeños, la nariz era grande y con cicatrices de una adolescencia llena de acné, la piel nívea brillaba por un exceso de grasa, el aroma a tabaco era letal, impregnado al típico traje de dos piezas que el tipo siempre usaba, al parecer una talla menor, por eso el bulto en su abdomen era pronunciado, al igual que caderas regordetas, el senador Lee era inconfundible a donde fuera, al igual que su lenguaje altisonante: —Estoy furioso, tú jodida perra me quedó mal, pague un alto precio por una noche entera con Vante, y esa puta jamás llegó a mi habitación ¡Quiero mi dinero de vuelta! —Exigió con furia, el hombre viejo casi temblaba de rabia. —También espero ver el castigo que le darás a esa zorra...

No tenía que ser muy inteligente o requerir a gran ciencia para darse cuenta de lo que había pasado. Jungkook solo unió los puntos para entender que Vante se había equivocado de habitación. Todo había sido un error, pero aun así no podía permitir que se le castigará, por lo que, sin meditarlo, habló.

—Me disculpo por su mala experiencia, senador. —Irrumpió, se posicionó por delante de JunWoo, tomando así por sorpresa a ambos hombres. —Me temó que Vante no pudo llegar a su cita, debido a mí. —La mirada del dueño del Golden exigía respuestas y detalles, pero el senador fue más veloz.

—¡¿Tú quién diablos eres?!

Aquella pregunta era una de la que pocos tenían una respuesta certera.

Jeon Jungkook, para muchos solo era un mafioso más, el heredero de la mafia del Norte, un varón de rostro agraciado que curiosamente le era de beneficio en ciertos negocios, también era poseedor de una reputación intachable por ser un hijo de puta insensible e inquebrantable, por ello mismo se sorprendían de que no fuera él capo. Aunque, su fachada era tan versátil, que podía cumplir con el papel de un filántropo admirable, el honorable varón de treinta años que siempre estaba inmerso en asuntos gubernamentales para brindar apoyo a la ciudadanía, un guapo y elegante empresario que posaba con gracia en cada evento social. Podía ser ambos, no importaba, porque al final, en cualquiera de los dos Jeon, solo quería lo mismo, poder total. Sin espacios para distracciones.

Pero, el senador Lee a pesar de estar inmerso en aquel mundo, no reconocía a Jeon como quien era, más bien como un estúpido que le había interrumpido.

—Jeon Jungkook, nuevo socio de Golden. —Entre esas líneas sello el trato al que se había rehusado desde un principio. Lo hizo por el simple pensamiento de un pelirrojo y su bienestar, quebró sus principios por un chico que apenas conocía, pero ya quería cuidar. —Anoche vi a Vante pasar, así que como soy quien va a mantener este lugar a flote, me tome la libertad de tomarlo, él no pudo negarse. —Prefirió decir aquello a confesar que la ebriedad del chico pelirrojo le había hecho terminar en otra habitación, en otra cama y con otro hombre. —Al final de cuentas, todo lo que hay aquí... es mío.

Ese sentido de posesión le había costado cientas de guerras, que por supuesto ganó.

Pero JunWoo no era un lacayo más de Jeon, tenía sus propias trampas y formas de ganar. Así que, ante lo dicho por Jungkook, se limitó a sonreír, quería ver la forma en que el opuesto manejaba su negocio.

—En cuanto a tú pago, el dinero se te devolverá, no se preocupe por ello. Golden esta por cambiar de reglas. —Dijo lo último con un ligero vistazo a JunWoo. El senador Lee no tuvo opción más que retirarse, dejando así a los dos nuevos socios a solas. Jungkook caminó hacía el opuesto con pasos firmes, bloqueando con su cuerpo ancho la visión hacía la habitación que le importaba. —Quiero ser parte del Golden, pero tengo una petición.

La sonrisa sigilosa de JunWoo se expandió hasta que sus pómulos quedaron demasiado altos. Aceptaría lo que fuera por tener a Jeon solventando su tesoro.

—Claro, claro. Pide lo que desees, Jeon.

—Quiero que a partir de ahora Vante quede fuera de los servicios al público. Será exclusivamente para mí, solo para mí.

La exigencia y el brillo en la mirada de Jungkook al espetar aquello, le dio a JunWoo lo necesario para saber que tenía la suerte de su lado. Había encontrado sin querer el punto débil de mafioso, y para su ventaja era objeto de su propiedad. Taehyung.

[•••]

4 meses después

El recuerdo de esa mañana tranquila donde despertó solo en la habitación dieciocho, seguía latente en su cabeza como un disco rayado que repetía una y otra vez. Era inútil negar que se había vuelto su momento favorito en casi diez años de encierro. No podía olvidar la calma que le abrazó, no hubo lágrimas, ni la sensación de suciedad en su cuerpo, solo estaba envuelto en un saco fino cargado de loción elegante y el señuelo de que durmió entre brazos cálidos.

Pero eso no era todo, porque sus mañanas siguieron ese mismo rumbo, ya no había más clientes agresivos y depravados, ni la necesidad de pasar tiempo entre el escenario bailando sin prendas, no había alcohol o el uso de drogas para olvidarse de sus desgracias, solo había calma, todo gracias a Jungkook, el nuevo socio del Golden.

Su salvador, así fue como llamó a Jungkook.

Jungkook y él se encontraban cada noche en la misma habitación para repetir la misma acción, o casi la misma. Platicaban por horas, reían, se abrazaban, se confesaron tanto, había confianza que incluso Vante dejó su papel atrás para mostrarse con su verdad. Esa noche Jeon besó todo el cuerpo del menor como premio por su valor, y es que, aunque había besos fogosos donde ambos querían perder las prendas, hasta la fecha no importaba la intensidad del acto, el mafioso jamás había intentado algo más.

Era algo que de vez en cuando irritaba al pelirrojo, la incertidumbre de porque Jungkook no quería tomarlo, le hacía doler la cabeza, solo que, al sentirse dormitar entre los brazos del mayor, se olvidaba de todo para descansar, y al despertar estar envuelto en el recuerdo de una noche en paz.

Para Taehyung parecía absurdo todo lo que Jungkook le provocaba, pensar en sus inicios le hacía sonreír como un tonto, había sido un error llegar a él, y sin embargo, ahora todo parecía correcto, hasta el limitante extraño para culminar su relación como su papel en el Golden dictaba. Pero a su vez, que Jeon no le haya tomado, le hacía sentirse de cierta forma parte de algún romance clásico donde el protagonista primero intentaba conquistarle, adoraba creer en ello, más cuando el mayor hacía aparición sigilosa con cientos de regalos.

No solo eran los bellos momentos a solas lo que compartían, Jungkook se había encargado de llenar sus días del sutil recordatorio de que lo llevaba presente. Flores en su puerta, no solo un ramo, a veces diez, y cuando era un día especial, podían ser cien; peluches gigantes, poesía, joyería y presentes que hacían a Taehyung desplazar los rumores que comenzaban a tomar fuerza con respecto al mafioso.

"Dicen que el nuevo socio dejará de venir, vi en las noticias que va a comprometerse muy pronto..."

En ocasiones, escuchar aquello por los pasillos le rompía el corazón, sabía que no debía aferrarse a una idea vaga e irracional como el amor, él no merecía nada de romance, estaba sucio, lo entendía, pero había un atisbo de esperanza dentro de sí, misma que le forzaba a pensar que un día obtendría libertad y podría amar. Era lindo creer en ello, hasta que los mismos rumores le pegaban de vuelta para romper sus anhelos.

En ese instante, Taehyung se sintió iluso por creer que podría cumplir sus sueños. Así como había días buenos, había otros donde todo atisbo de fe se carbonizaba por el fuego de su verdad. Como en ese instante.

—Eres un tonto, Taehyung. Es obvio que él merece a alguien mucho mejor. —Dijo mientras yacía sentado frente al tocador sin siquiera mirarse. Cabizbajo soltó el aire, dándose cuenta que estaba totalmente enamorado de un hombre lejano a su verdad. —Jungkook... ¿Qué demonios me estas haciendo? —¿Por qué me haces tener fe?

Pero las respuestas que Taehyung esperaba, llegaron con preguntas del mismo hombre que las causaba.

—Eso mismo me pregunto yo, cielo. —Respondió Jungkook, quien había llegado hace poco. La voz suave del hombre provocó que Taehyung brincará en su lugar, cosa que causó una sonrisa en el mayor. Caminó hasta el menor, se agachó para quedar a la altura del opuesto en el banco, dejó un beso lento sobre aquellos labios que adoraba, y se separó con necesidad de admirar la belleza de su chico.

Perfecto. Para Jungkook la perfección si existía y era totalmente sinónimo a Taehyung. Estaba tan enamorado del pelirrojo, lo deseaba en todos los sentidos, tanto como soñaba con despertar todos los días de su vida a lado del menor, dormir sobre el pecho y escuchar los latidos que hacían sinergia con su alma, hasta el deseo carnal de hacer el amor con la única persona que amaba. Pero se había prometido a sí mismo no llegar más allá hasta que el menor realmente sintiera su amor, no quería que Taehyung creyera solo lo deseaba como los otros hombres en su pasado.

—Te vez divino, como siempre, mi ángel.

Lo era, su ángel, con un cuerpo de pecado, pero sentimientos puros como el mismo cielo. A veces Jungkook solía pensar que su tacto sucio era capaz de manchar la pureza del menor, le daba miedo infectar con sus pecados la piel del pelirrojo, solo que, al sentir los labios suaves de su chico, todo se le olvidaba. Lo amaba.

—¡Por favor, basta! —Contestó Taehyung, tenía las mejillas sonrojadas. Aunque en el pasado recibió elogios, no era lo mismo escuchar silbidos corrientes y palabras altisonantes con respecto a su cuerpo, que ser endulzado por Jungkook. —Eres un adulador de primera, eres bueno con las palabras, ahora ya entiendo porque todos aquí suspiran por ti... —ahora entiendo porque pronto vas a casarte; dijo para sí mismo.

Lo que Taehyung dijo, era cierto de alguna manera. Jungkook si era bueno con las palabras, gracias a ello y su buena astucia, mantenía nexos excelentes en los negocios, era líder, aunque no tuviera el título de capo. Pero su palabrería para la mafia, no era nada igual a lo que decía a su ángel.

—Te equivocas, mi ángel. Contigo es especial, mereces lo mejor de mí. —Tomó el rostro del menor y acaricio con parsimonia y devoción las mejillas cálidas, adoraba lo suave que la dermis del pelirrojo se sentía contra su agarre, era como mantequilla resbalándose por sus dedos, tan delicado. —Tú eres mi ángel, él único que puede sacar lo mejor de mí, me tienes a tú merced —suspiró antes de pegar su rostro al ajeno. —¡Dios! Cuando estoy contigo me siento más humano, me haces sentir que aún hay bondad en mí, eres la luz en mis días oscuros, eres miel que necesito para borrar el mal sabor de lo que soy, eres lo que quiero, lo que necesito.

Taehyung tembló contra el agarre del mayor. Era demasiado recibir aquellas palabras, más al sentir ese cosquilleo peligroso que amenazaba con destrozarlo. Puede que Jungkook estuviera ahí jurándole amor en silencio, pero la realidad era que tarde o temprano aquello iba a finalizar, si los rumores eran ciertos, su hombre pronto tendría una pareja a la cual dedicarse en cuerpo y alma. Ya no iba a necesitarlo.

Así que, con ese pensamiento, se levantó de su lugar, poniendo distancia entre la ilusión que Jeon le causaba. Empuñó sus manos y soltó el aire, deseando que dejar ir a Jungkook fuera tan fácil como respirar. Se giró solo para ver el rostro confuso del mayor, y decidió que, si su felicidad iba a terminar, sería feliz una última vez como tanto deseaba.

Posó sus manos sobre el pecho del mayor, besó la quijada del opuesto, fue lento, suave, delicado, quería disfrutar del tacto.

—Hazme tuyo... follame. —Pidió con desesperó oculto detrás de la mirada brillante. Quería creer que ser tomado por Jungkook sería el final para los dos, quizás una vez que el hombre lo probará, dejaría de ser tratado con devoción para ser desechado tal como lo hicieron otros hombres en su pasado.

La petición de Taehyung causó un revuelo en el interior de Jungkook, un golpe a su estabilidad y control, un apretón entre sus pantalones. Jamás había deseado tanto a alguien como al pelirrojo, pero la mirada triste que el menor intentaba ocultar, le hizo controlarse.

Amaba a Taehyung, no quería poseerlo como lo hicieron en el pasado, no ansiaba fornicar y ya, quería hacer el amor.

—No quiero hacerte mío. —Soltó casi de golpe, por eso mismo el corazón de Taehyung sufrió. Él pelirrojo pensó lo peor, tal vez Jungkook sentía asco por su historial en la cama, así que, para mitigar el llanto, bajó la mirada a sus pies descalzos. Hasta que Jeon se acercó para tomar la barbilla y levantar la cara delicada. —No eres mío, mi ángel, eres tuyo. —Tomó la mano del opuesto para dejar un beso sobre el dorso, luego lo tomó por la cintura y lo pegó a su cuerpo ardiente. —No quiero algo tan banal como simple sexo, porque tú y yo somo más que simple deseo. —Iba a confesarse, ya no podía callarlo. —Te amo, Taehyung, yo te amo —inhaló de lleno, pegó su frente con la del contrario, y susurró sobre la boca del menor: —No quiero follarte, quiero amarte.

Taehyung lloró por lo dicho, porque de todo el tiempo que estuvo soñando dormido y despierto con amor dentro de su encierro en el Golden, jamás imaginó que así se sentiría ser amado. Se sostuvo de los brazos del mayor, demasiado rebalsado por la emoción como para que sus rodillas soportaran. Jungkook no era el único enamorado.

—Te amo... por favor, hazme el amor —sollozó contra el mayor, aferrado al cuerpo del más alto—, te lo suplico, borra todo lo malo en mí, quita la suciedad de mi pasado con tus besos...

—¡Shh! —Interrumpió Jungkook, recogió con sus yemas las gotas saladas del rostro ajeno, besó los parpados húmedos del pelirrojo, luego la punta de la nariz y al final los labios. —No hay nada malo en ti, mi ángel.

Dicho eso, Jungkook tomó el cuerpo frágil de Taehyung para posicionarlo como su Dios al centro de la cama, iba a ser devoto a la piel que poco a poco fue evidente ante la carencia de prendas, el mayor separó las piernas para hincarse a rezar en su nuevo templo, nunca tuvo creencias, pero esa noche solo podía pensar en entregarse y glorificar al menor.

La ropa desapareció, Jungkook no solo estaba desnudo en cuerpo, sino también en alma. Él hombre besaba con desespero y necesidad a su fuente de paz, de pureza, lamió desde la punta de los pies hasta la entrepierna del menor, decoró su paladar con el sabor del amor, y se inundó del olor que la dermis ajena emanó ante su tacto. Era perfección.

—Todo en ti es arte, y yo solo quiero adorarte. —Dijo Jeon mientras su verga apuntaba directo a la hendidura del menor, tenía las piernas de Taehyung sobre sus hombros, expuesto en cuerpo y alma, veía a su ángel retorcerse ante su toque, las perlas blanquecinas chorreando como cascadas de placer por el falo de este, mientras su polla palpitaba fuerte por ser abrazada por el calor del contrario. Jungkook tomó su verga para masturbar un poco, pequeñas gotas viscosas cayeron entre su palma y la pelvis del menor. —Te amo tanto, Taehyung. —Confesó una vez más antes de poner su punta gorda y rosácea contra la estrechez del pelirrojo, se introdujo lento, recibiendo olas de calor y contracción, las uñas de su ángel rasgaron directo a sus brazos cuando este tuvo que sujetarse ante el dolor de la irrupción.

Jungkook gimió sin poder callar su placer, apretó las nalgas para impulsarse a entrar más, los arañazos en sus brazos y espalda eran estimulante para continuar, puso los ojos en blanco cuando se sintió sobre pasado.

—Ggukie...¡Ah! Tan grande...—Gimió Taehyung al sentir la verga del hombre abrir paso en su interior, un punzón en su vientre le hizo apretar de más, engullendo el miembro ajeno, se sentía correcto estar así con quien amaba.

—Mi ángel... ¡Dios! Estás tan exquisito. —Habló para luego pegar su boca al pecho sudado del menor, lamió el sudor de los pezones y mamó hasta que su lengua se sació del sabor a loción corporal y un toque salado por la acción. Empujó lento, suave, sin intención de lastimar al pelirrojo, vio con deleite como Taehyung se contraía en placer, los pies de este rebotando contra su espalda, el sudor entre los dos hacía ruidos chiclosos que le hacían querer ir por más. Tomó los muslos del menor, para aumentar la velocidad. —Te amo tanto, quiero llenarte de mí esperma —dijo mientras su mano hacía presión en el abdomen plano del menor—. No eres mío, mi amor, no eres de mi propiedad, no eres un jodido objeto, tú... ¡Ah! —se irrumpió al sentir su orgasmo avecinarse—, eres tan perfecto, por favor, mi ángel, permíteme quedarme a tú lado, quiero cuidarte, amarte...te amo.

Él pelirrojo abrió la boca en grande sin emitir un sonido ante la dura estocada que provocó sus paredes anales se apretaran en exceso sobre la verga del mayor. Taehyung enrolló sus pies ante el cosquilleo y miró a Jungkook para con el dulce "te amo" explotar en placer. Chorros calientes de semen apuntaron al abdomen de Jeon, escurriendo como nieve sobre montañas, marcando la dermis blanquecina con su liberación.

—Te amo, Ggukie... —Sollozo, aunque había llegado a su punto álgido, Jungkook siguió embistiendo, estimulando en exceso el cuerpo del menor. —¡Ah, joder! —Gritó cuando su punto sensible volvió a ser tocado, iba a desmayarse por el exceso de placer, salivo y sujetó el cuello del mayor para sostenerse, tenía su rostro contra el de Jeon. —Se que no te merezco, no sabes cuanto desearía haberte conocido en otras circunstancias, en otro lugar, ser alguien digno para ti...¡Ah!

Jungkook silenció las palabras del menor con una embestida final antes de cubrir con su esperma el interior de este, gimió alto y se pegó a la boca de Taehyung, meneando las caderas mientras su verga se deslechaba, fue demasiada intensa la fuerza del orgasmo, que el mafioso cayó rendido sobre el pelirrojo, se abrazó con vigor al cuerpo sudado, cerró los ojos y se dejó llevar.

«Eres perfecto como tal, no me arrepiento de nada, me fleche por Vante, pero me enamore con fuerza de Taehyung, no me importa como inició, solo sé que te amo tanto, quiero pasar mi vida a tu lado...»

Eso quiso decir Jungkook para tranquilizar la inquietud de Taehyung, pero en vez de ello, el sueño le venció. Se durmió sin poder sentir como por primera vez era el pelirrojo quien se escabullía de su encuentro.

Taehyung cerró la puerta de la habitación dieciocho con un último vistazo al mayor, le dolía el corazón, sabía que era tonto querer que Jungkook le convenciera de sus palabras de amor, pero al obtener nada después de su entrega, pensó lo peor. Por eso, se giró para caminar de vuelta a su infierno, era ahí a donde pertenecía, las ilusiones no servían de nada en el Golden. Era momento de aceptar que su sueño de amor había terminado en el mismo lugar donde inicio.

[•••]

2 meses después

Sabía que estaba mal el ignorar deliberadamente a Jungkook, pero era lo mejor para su corazón. Por eso Taehyung soltó el aire al ver un regalo más a su puerta, con su ausencia y silencio, los presentes de Jeon habían aumentado a más del doble, el hombre hacía de todo por alcanzar al pelirrojo, solo que este huía más rápido, incluso pidió ayuda a JunWoo, quien no dudo en buscar su beneficio entre la disputa de su propiedad y nuevo socio.

Aparte, los rumores de compromiso habían tomado mayor peso, se le había visto al mafioso con una preciosa señorita de cabello castaño y ojos claritos, un deleite y elixir para cualquiera, una mujer perfecta para el hombre.

No tenia caso seguir jugando a lo que fuera que Jungkook había hecho con él.

Taehyung negó con la cabeza, soltó el aire y respondió: —Por favor, le pido que no vuelva a ignorar mis peticiones, no quiero las flores, lléveselas o tirelas, me da igual.

—Pero señorito, no puedo volver con ellas o el señor Jeon me castigará, por favor, acéptelas.

La suplica habitual del hombre y ese deje de esperanza con curiosidad hizo que Taehyung tomará otra vez el ramo de rosas entre sus manos. Sabía a la perfección lo que era recibir un castigo por actos de alguien más. Se adentró de vuelta con el regalo y lo dejó en una esquina, junto a los otros ramos, cogió la nota y leyó con el mismo temor y curiosidad de veces pasadas.

"Mi ángel, no entiendo que hice mal, ni porque te rehúsas a verme, pero por favor, te suplico me permitas enmendar mi error, verte, no puedo seguir sin ti. Te amo demasiado y tu ausencia me tiene loco, soy un loco enamorado que no puede simplemente olvidarte, me rehusó a perderte, Taehyung.

Atte: J. Jungkook"

Limpió con su dorso las lágrimas que habían escapado, por más que intentará el tampoco podía simplemente olvidar a Jungkook, pero tampoco podía tomar el amor de este como algo real, menos cuando ya era indudable que había una mujer a su lado. Así que Taehyung rompió la nota, lloró por un largo rato hasta sentir que ya no quedaba nada, luego se dedicó a maquillarse y arreglarse, a pesar de que faltaban horas para que el Golden se abriera, era mejor ocupar su mente en algo más que decepción de amor.

El tiempo avanzó rápido para fortuna de Taehyung, salió de su camerino con las prendas diminutas lista para su show, esa noche iba a regresar al escenario, se había puesto un body chain dorado, cadenas con pedrería cubrían parte de sus pezones y caían como cascadas sobre su abdomen, mientras su tanga mantenía su virilidad protegida de miradas lascivas. Era irónico sentir que ese pedazo de tela podría cubrirle cuando su destino era terminar desnudo sobre alguna cama con un extraño.

Al salir, iba con la mente en blanco, dispuesto a terminar rápido, hasta que vislumbro a Jungkook en primera fila, ahí estaba después de dos meses de no verlo, ahí estaba el hombre que le había lastimado sin saber, ahí estaba quien amaba.

Intentó no prestar demasiado atención, pero fue imposible, la multitud desapareció, bailó con su mirada totalmente sobre Jungkook, Taehyung ignoró a todo menos a quien amaba, fue su baile más erótico y sensacional porque su hombre le miraba, entonces antes de subir al tubo, se deshizo de su tanga y la aventó directo a quien amaba. Se restregó contra el tubo, subió y sujetó con los muslos para dejar su torso caer hacía atrás, tocó su pecho en las alturas y meneó las caderas hacía delante, recordando las embestidas de quien le miraba. Se dejó ir, resbaló por el tubo y se tumbo al suelo mientras se recupera del primer orgasmo que tuvo en el escenario, para que cuando las luces neón dejaran de apuntarle, llorar en su lugar.

El show había terminado.

Jungkook se levantó con prisa de su lugar al ver que las luces se habían apagado, corrió hacía donde sabía Taehyung estaba. No podía soportarlo más, tenía que hablar con su ángel. Con desesperó se adentró al pasillo que daba a las habitaciones, no entendía que demonios estaba mal, últimamente la electricidad en el Golden estaba fallando, como en ese instante, todo estaba a oscuras, impidiéndole dar con quien amaba.

—¡Demonios! ¿Dónde estás, amor? —Preguntó para sí mismo, pero la respuesta le llegó en forma de un gritó que despertó sus sentidos.

A solo unos pasos pudo identificar aun en la oscuridad la silueta de Taehyung, pero el chico no estaba solo. La imagen cobró color y Jungkook sintió la rabia quemar por sus venas al ver lo que estaba pasando. Un imbécil tenía arrinconado al pelirrojo contra una de las paredes, peor, el idiota suicida tuvo la osadía de poner sus sucias manos sobre la anatomía del menor, queriendo romper el body chain por la parte superior.

Pero, aunque eso debía ser lo que acaparará la atención de Jeon, el hombre se centró en la mirada asustada de Taehyung, la forma en que el pelirrojo sollozaba temeroso y como la sucia boda del imbécil yacía pegada sobre el cuello delgado del menor.

No pudo soportarlo.

Jungkook tentó el arma entre su saco, para con prisa sacarla y apuntar sin dudar hacía el idiota, no lo pensó, solo actuó en impulso a hacer lo que fuera para que Taehyung estuviera a salvo, por eso soltó el gatillo, creando así un sonido seco, aun por encima de la música fue reconocible, seguido de gritos por la multitud. No debían estar inmersos en la mafia para saber que un disparo no era una buena señal.

Él cuerpo de quien un día fue él influyente senador Lee DongWoo, él hombre que nunca pudo probar a Vante y que quedó una noche entera esperando en la habitación trece, cayó de lleno contra las baldosas del pasillo, en segundos se crearon ríos carmesíes bajo el muerto, las luces volvieron y el color de la sangre se intensificó, pero aunque era el rojo dominante, Jungkook solo pudo mirar hacía la melena rojiza de su ángel.

—¡Mierda! ¿Ángel, estas bien? —Jungkook corrió hacía Taehyung, ignoró el ambiente denso para centrar toda su atención en el pelirrojo frente suyo, quien permanecía tembloroso y en trance por lo visto.

Taehyung había visto cientas de atrocidades en el Golden, pero jamás a un hombre asesinar a otro justo en su cara. Aterrorizado miró su cuerpo, específicamente su torso, donde yacían gotas de la sangre de Lee. Se le revolvió el estómago, iba a desmayarse, pero el agarre de Jungkook lo mantuvo en pie.

—Taehyung, ángel, amor, por favor. Dime que estás bien.

Escuchó la voz de Jungkook lejana, Taehyung tuvo que parpadear para comprobar que todo era real, y cuando se dio cuenta que así era, olvido los dos meses de contención para brincar contra Jeon, lo necesitaba. Se abrazó con fuerza al más alto, y sollozó sin control. Quería estar a salvo. Quería ser feliz. Quería ser libre.

—Por favor, por favor, sácame de aquí, Ggukie... —Suplicó entre lamentos, la gente seguía dispersa por el Golden, el disparo de Jungkook incitó a uno más, y otro más. La gente en medio de la oscuridad actúa sin pensar. Era cuestión de tiempo para que la policía llegará. Todo era un caos.

El Golden al fin estaba cayendo en pedazos, y todo por un acto no premeditado.

Jungkook tomó a Taehyung en sus brazos, sacaría al menor de ese lugar, aunque eso le costará su vida misma.

—Nadie va a lastimarte nunca más, ángel. —Era una promesa que iba a cumplir. Jeon se aseguró de que Taehyung enredará sus piernas contra su cadera para así poder correr con mayor facilidad. Tenía que ser veloz, ya casi podía escuchar las sirenas acercarse.

El mafioso vislumbro aquella salida trasera que solo él y JunWoo conocían, iba a escapar con Taehyung, no le importaba romper su alianza con su socio sin importar los problemas que eso le trajera con su capo, no importaba perder incluso su posición en la mafia, ni tampoco perder a su familia por su decisión, lo valía. Taehyung lo valía.

Jungkook llevaba un tiempo queriendo destrozar el Golden desde sus raíces, por eso cuando su hermana mayor, capo en turno de la mafia del Norte le pidió infiltrarse y hacer parecer que no estaban interesados, no dudo en aceptar, sería fácil, pensó, solo que nunca esperó que aquel burdel estuviera rodeado de sorpresas y sobre todo que ahí en medio de perversión y desgracias estuviera la única persona que le había hecho amar. Todo el plan había cambiado de rumbo sin siquiera meditarlo. Destruir aquel lugar dejó de ser prioridad.

Al llegar a la puerta, apretó el cuerpo de Taehyung contra sí, estaba tan cerca de darle a su ángel lo que necesitaba, hasta que el chasquido de un arma le hizo frenarse, seguido de un ardor en su costado.

—¡Jeon! ¿A dónde llevas mis pertenencias? —Gritó JunWoo, pese a que la imagen que se le mostraba no era buena, tenía una jodida sonrisa en la cara. —Voy a repetirlo, Jungkook. Deja a Vante, puedes largarte si así quieres, pero no puedes tomar algo que me pertenece. No voy a permitirlo.

JunWoo no era el idiota que YoonGoo, capo del Norte y Jungkook habían pensado. El hombre era audaz, sigiloso, tramposo y convenenciero, por eso cuando la antigua mafia del Sur le ofreció ser parte de una trampa para capturar a uno de los hermanos Jeon, no dudo en aceptar, hizo todo por averiguar las debilidades del Jeon menor, y cuando pensó que no había nada, su Vante salió a relucir la fragilidad de Jungkook. Fue perfecto para sus planes.

Jeon pegó lo más que pudo el cuerpo de Taehyung, sabía que JunWoo era alguien de cuidado, pero también sabía que el hombre se vendía ante cualquier precio alto, aun tenía esperanza de salir de ahí con su ángel.

—¡De acuerdo! Baja el arma. —Pidió con falsa calma, Taehyung le miró con desespero, aferrándose a él en busca de protección. ¡Joder! Haría todo por ver a su chico de vuelta en paz, todo. —Hablemos, Choi. Teníamos un trato, nadie tocaba a Vante, y hoy el hijo de puta de Lee quiso hacerlo, así que lo maté, lo hice para proteger a Taehyung, algo que tú debías hacer y no cumpliste. Ya no puedo confiar en ti, por eso voy a sacarlo de aquí...

—¡Ja! ¿Romper el trato? Fue el mismo Taehyung quien me pidió regresarlo al escenario, ¿Qué no se supone respetarías sus decisiones? Fue lo que me dijiste en la última reunión, así que solo cumplí con lo que me pediste. El trato no se ha roto.

Era cierto, Jungkook pidió a JunWoo aceptar las decisiones de Taehyung, lo hizo así porque antes de su separación había considerado que el pelirrojo aceptaría salir del Golden con él. Aunque YoonGoo se rehusó al inicio, Jeon hizo de todo por disuadirla, todo, hasta seguirla a todas partes, era ella la mujer con la que había sido fotografiado. Pero ahora, sus esfuerzos parecían en vano, porque el mismo Taehyung puso una traba a sus planes.

—Yo...yo creí que no te importaría —dijo Taehyung en voz baja—, tú me hiciste el amor y luego no lo sé... creí que no me amabas, me hiciste sentir eso en esa noche, por eso quise volver al escenario, para olvidarte.

—¡Dios, Taehyung! ¿Cómo pudiste pensar algo así? Te he demostrado que te amo, nunca quise hacerte creer que solo deseaba acostarme contigo —Respondió Jungkook con apuro, como si el otro hombre no estuviera apuntando con su arma hacía ellos—. Te amo, ángel...

—Pero no soy lo que mereces, he estado aquí por tanto tiempo que ya no se cuantos años van. Mi cuerpo ha sido de otros hombres y... no soy puro, no soy elegante como esa mujer con la que vas a casarte...

—¡¿Qué?! Ángel, no voy a casarme con nadie, eres tú a quien amo, eres lo que quiero, y no me importa tú pasado, solo se que quiero estar contigo hasta el final. Te amo.

Como si solo estuvieran los dos, Taehyung y Jungkook se besaron con pasión, lentamente, querían que sus lenguas reconocieran el sabor del otro, se dejaron llevar tanto que les pareció el tiempo se había puesto en pausa, todo desapareció, solo eran ellos amándose y entregándose, puso seguir así, pero el impacto de una bala contra la puerta a sus espaldas, les obligo a separarse.

—¡Aww! Me disculpo por irrumpir tan bella imagen, pero resulta que Vante no podrá irse como planeas, Jeon, es más. Tú tampoco, pues te he vendido a la mafia del sur, solo es cuestión de tiempo para que vengan por ti... o tu cadáver.

Una sorpresa más que Jungkook recibió por parte del Golden, o casi una sorpresa, dado que ya tenía razón de que JunWoo lo había vendido al Sur, la inteligencia de su mafia le había advertido hace poco, pero insistió en mantenerse en pie con el plan, su plan de liberar a Taehyung, aunque eso le pusiera en riesgo total. Así que ahí estaba, a punto de usar su última jugada para intentar ganar y disfrutar de la libertad con quien amaba.

—Lo sé, por eso te ofrezco un mejor trato, Choi. La libertad de Taehyung a cambio de mi mandato en la zona de Busan, podrás mover el Golden o crear nuevas sucursales de este, nadie se opondrá a ello, mejor aún, te daré la inversión total para poner en pie cualquier negocio que desees, sin importar el origen de este.

Taehyung pasó saliva al escuchar las sirenas acercarse, estaba a nada de por fin ser feliz, todo dependía de la respuesta de JunWoo.

—Date prisa, no tenemos mucho tiempo, esto te beneficia a ti, Choi.

Choi sonrió, claro que la oferta era mil veces mejor que el dinero que el sur le ofreció, Jungkook le estaba ofreciendo acceso a la mafia sin preámbulos, podía tenerlo todo, pero ¿Por qué aceptar eso cuando podía ir por más? Tener por siempre a Taehyung, le garantizaba más que un aumento de negocios, significaba tener al hermano de YooGoo, capo del norte, en sus manos.

—Tentador, Jeon... —Dijo, para en segundos apuntar una vez más directo a la pareja, específicamente a Taehyung. —Pero, creo que puedes darme más por la vida de Taehyung.

JunWoo tenía la intención de disparar a un lado de Taehyung, no quería lastimar realmente al pelirrojo, solo persuadir a Jeon para obtener más, solo que no contemplo que Jungkook se abalanzaría sobre él al mismo tiempo que se descuidaba.

Los dos hombres rodaron por el suelo, la euforia y descontrol ambientando la situación, acompañado por los gritos de Taehyung al fondo, y el cada vez más cercano ruido de las sirenas. Todo era un caos, el pelirrojo solo podía ver a su hombre amado pelear con quien le había capturado.

Ya no podía más, Taehyung iba a intervenir, cuando el sonido de un disparo le hizo frenarse a la vez que sentía toda la sangre escapaba de su cuerpo. Un segundo disparó sonó y no pudo contener el grito en su garganta.

—¡¡Jungkook!!

El grito de Taehyung hizo que Jeon abriera los ojos demasiado grandes a la vez que una enorme mancha de sangre crecía sobre sus abdominales, luego un silencio abrumador para al instante sentir un ardor en su abdomen, parpadeo adolorido, iba a desmayarse, hasta que sintió el cuerpo inerte de JunWoo resbalar de él. Todo había acabado.

—¡Jungkook! ¡Amor! —Gritó una vez más Taehyung, se acercó a Jungkook sin prestar atención al segundo cadáver que veía esa noche. —¡Dios! ¡Dios! —Tocó por donde la sangre fluía del abdomen del mayor. JunWoo estaba muerto, pero antes de ello, logró lastimar a Jeon. Él pelirrojo tomó el arma y la aventó lejos, para luego arrodillarse frente al opuesto, lloró con desespero al ver que este cerraba los ojos lentamente. —Amor, no, por favor, despierta ¡Despierta! —Dio palmadas suaves al rostro del mayor, desesperado y asustado. Iba a ser libre, pero ¿A que costo? Perder a Jungkook no valía la pena. —Por favor... Te amo, te amo mucho, no me dejes, quiero estar contigo... ¡Despierta!

¿Estaba muerto? ¿Era acaso ese el cielo o porque tenía a un ángel justo frente suyo?

Jungkook sonrió a pesar de sentirse adolorido, la bala lo había calado profundo, aunque eso no le eximía del dolor, nunca era cómodo recibir un impacto, aunque esa vez el malestar se sentía nada ante el cosquilleo en su cuerpo por escuchar a Taehyung decir que lo amaba.

—¡Dios! Moría por volver a escuchar tus te amo —Dijo con voz lenta, apenas podía mantener los ojos abiertos. —Espere tanto por este momento ¡Joder! Me dejaría balacear entero con tal de siempre escucharlos. Te amo.

—¡Idiota! —Sollozó Taehyung mientras abrazaba el cuerpo de Jungkook. —Te amo, por favor, no vuelvas a asustarme así, pensé que iba a perderte.

Las patrullas al fin llegaron al burdel, al igual que los autos blindados de la mafia del norte, todo estaba a salvo y en orden.

Taehyung ayudó a Jungkook a levantarse y salir del Golden. Él pelirrojo se detuvo una vez los hombres del norte llegaron para auxiliarlos. Se quedó inmóvil, viendo las estrellas, el fresco viento nocturno le pegó en la cara, secando al instante sus lágrimas, tragó saliva sin poder creer que después de diez años estaba de vuelta en libertad. A sus veintitrés años volvía a sentir de lleno esperanzas.

—Eres libre, mi ángel. —Dijo Jungkook, colocándose detrás de Taehyung, el dolor valía la pena a cambio de ver la sonrisa del pelirrojo.

Saltó, lloró y besó a Jungkook. Por fin Taehyung era libre.

Mientras el Golden se consumía en fuego provocado por la mafia del norte, Jungkook y Taehyung huía en un descapotable negro, ambos en los asientos traseros sintiendo el aire en sus caras, tomados de las manos, listos para empezar su nueva vida.

[...]

A un mes del incendió en el Golden, las noticias seguían hablando de ello, y es que aquella noche de verano, más de treinta y ocho personas fallecieron en un altercado que denominaron un altercado entre mafias. El norte y sur volvieron a enfrentarse, dando la victoria como era de esperarse al legado de Jeon YooWoo.

Pero las cosas no solo quedaron ahí, con ello, se descubrió los nexos involucrados con la mafia y trafico de menores en aquel burdel, manchando así la memoria del ya no tan honorable senador Lee.

Todas las evidencias terminaron por culpar a la mafia del sur y a Choi JunWoo.

[...]

Un año después

La popularidad de Jeon Jungkook aumento cuando el hombre se postuló para ministro del país, todos adoraban y apreciaban al influyente empresario que hizo cambios benéficos a Corea del Sur. Era el ejemplo de un buen ciudadano.

Por eso mismo estaba en el foco de atención, muchos querían que Jungkook se equivocará, y al no encontrar nada en su historial, optaron por desviar la atención a su esposo, Jeon Taehyung.

—Señor Jeon, por favor, una pregunta. —Dijo uno de los periodistas a las afuera de la Casa Azul. Vio al mencionado tomado de la mano de un elegante pelirrojo vestido en un traje sastre blanco que se limitaba a sonreír ante las cámaras. A la fecha, Taehyung era un misterio para todos, menos los Jeon. Todos tenían curiosidad por saber quién era y como había llegado a vida de Jungkook. —¿Podría decirnos como se conocieron?

Aquella pregunta removió recuerdos en Jungkook, quien sonrió. Jamás respondía ese tipo de cuestionamientos, pero esa mañana se sentía alegre porque comenzaría a formar una familia con quien amaba. Así que, de buen humor, tomó la mano de su ángel, besó los nudillos y respondió con gracia.

—Mi ángel y yo nos conocimos en la habitación dieciocho...

Fue lo único que Jungkook respondió, causando así la risa de Taehyung. Ambos caminaron lejos de las cámaras, mirándose uno con el otro, sin poder creer que su historia de amor había comenzado con una confusión de habitación.

Fin

14 Août 2022 22:26:54 8 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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Kathy Rodriguez Kathy Rodriguez
👏👏👏👏👏❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🔥👄🔥
tete loves koo tete loves koo
dios dios diooos, que bueno que estuvo, una banda de sentimientos tuve, amo todo <3
August 20, 2022, 04:19
Lina Marcela Giraldo Lina Marcela Giraldo
Ahh que buena historia, crei que de se me moría Jk amo y ahora la mafia se tomó la casa azul que emoción
August 15, 2022, 23:17
sunflower ❀! sunflower ❀!
Wow... Realmente me encantó esta nueva versión, fué mi favorita cuando estaba en wattpad pero ahora es mi favorita de inkspired. Gracias por escribir cosas tan hermosas 💕
August 15, 2022, 05:50
PR Perla Rubí
Mendigo Jungkook, nos metió tremendo susto 😭
August 15, 2022, 02:40
Jjhoppi  Jjhoppi
DIOOOOOOOOOOOOSS, CASI VÓMITO DE LOS NERVIOS, PENSÉ QUE JEON HABIA MUERTO AQJSKSJLDKS TE AMO, GRACIAS POR TRAER ESTA PRECIOSA HISTORIA A INKSPIRED
August 15, 2022, 00:47

  • Gguk seven Gguk seven
    Gracias a ti por leerla 💟😚 August 15, 2022, 00:48
~