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Sinopsis: Martin Deeplet es un estudiante de secundaria. Un día se convierte en el principal en el caso de presunto suicidio inducido de una de sus compañeras. Para evitar ser deportado, Martin debe comprobar su inocencia. El gobierno, en conjunto con la escuela, lanza un método de investigación experimental. Este consiste en juntar a las personas que más conocen a la víctima junto con el presunto victimario a hablar una hora al día, todos los días, durante tres meses. ¿Podrá demostrar su inocencia? ¿Qué se oculta detrás de este caso?


Science fiction Tout public.

#psicologico #drama #Deeplet #element #incitador
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Capítulo 0: La reunión

Hace muchos años, cuando aún vivía en Londres, tuve un sueño muy extraño. Justo volvía de visitar a mi abuelo a la isla en la cual vivo actualmente. Sentí como si nunca me hubiera ido de ahí y que me encontraba en una de sus playas, llena de gravilla y con fuertes vientos acompañados de un frío que llegaba a helar la sangre. Mientras el agua del mar alcanzaba mis desnudos tobillos y la arena se colaba entre los dedos de mis pies, me di cuenta de que no estaba solo. Frente a mí se encontraba una hermosa chica.

Su presencia era extraña, casi divina. Su piel era blanca como la porcelana, su cabello dorado brillaba como la luz del sol y sus ojos celestes reflejaban la luz de la luna llena. Llevaba puesto un fino y delicado vestido blanco que ondulaba al ritmo de la brisa.

—¿No tienes frío?

No pude evitar preguntarle eso, a pesar de mi timidez. Las comisuras de sus labios se levantaron, formando una sonrisa. Esa sonrisa aumentó el daño que sentía en ese momento.

—Es imposible que yo sienta frío, ya que… Espera, ¿Cómo has llegado aquí? Tú eres un simple…

Ella recogió suavemente un mechón de su cabello y empezó a acariciarlo mientras me miraba con curiosidad.

“Aquí”

Cada segundo que pasaba, más desorientado, me sentía. Ese lugar se sentía tan mágico, que hasta ese momento no me había dado cuenta de que nada de lo que me rodeaba tenía sentido.

Mi conciencia poco a poco empezó a desvanecerse, y lo último que vi fue el rostro de esa misteriosa chica.

Ella susurró.

—¿Ya te vas? Que lastima. Espero que algún día vuelvas a verme.

Todo esto podría parecer el comienzo de una historia de amor con tintes fantásticos, pero no fue nada más que un sueño.

Han pasado muchos años desde entonces. Pensé que había madurado, pero sigo siendo un simple chico. Lo único que cambió en mi residencia. Dejé atrás el Reino Unido y me mudé a esta infame isla para poder recibir una educación de excelencia.

Obtuve una beca en la que se considera la mejor escuela del mundo gracias a que mi abuelo luchó en la Gran guerra del sur. Trato de esforzarme cada día para ser un alumno ejemplar para así poder sacar a mi familia de la situación de pobreza en la que nos hemos metido, por culpa de las malas decisiones financieras de mi padre.

Todo iba medianamente normal hasta llegado el último año de estudios. Allí ocurrió aquel incidente…

—Me gustas.

Fueron las palabras que salieron de mi boca. Realmente no lo esperaba ni siquiera yo. Fue algo que surgió de dentro de mí, como si fuera un instinto que llevaba grabado dentro de mis genes.

¿Qué aún no me presento? Discúlpenme, soy muy malo con estas cosas. . Me llamo Martin Deeplet, tengo 16 años y justo acaban de ver cuando me confesé a mi compañera y vecina, Juliana. Ella es muy popular debido a que es una belleza. Eso, junto a su personalidad agradable, me había cautivado en algún momento, al punto de confesarme sin pensarlo. Aunque realmente no siento que haya sido algo necesario.

—Lo siento…No tengo planeado salir con nadie por el momento.

Fueron las palabras que salieron de su boca. Ella me dio una sonrisa algo incómoda, sé que esta situación debió ser extremadamente desagradable para ella, pero no pude evitarlo.

—Uwaah que asco. Ese tipo se le confesó a Juli.

—Lamentable.

—¿Realmente esperaba conseguir algo?

—Asco, asco.

Esas fueron las voces de algunos de nuestros compañeros que presenciaron el evento. Si solo hubiera esperado a estar a solas para hacer mi confesión, todo quedaría entre nosotros. Juliana no es alguien que iría a contar el chisme para que el resto de la clase se burle de mí. Entre nosotros hay mucha confianza. Toda esta situación, me la busqué solito.

—Aah ja, ja, ja, lo entiendo. —Me rasqué la parte trasera de la cabeza y hui lo más rápido posible.

Por suerte las clases ya habían terminado, cruce el enorme portón que sirve como entrada al colegio y caminé rápido hasta mi casa. Previendo lo que me esperaría a partir del día siguiente, decidí ignorar el tema.

Los días, semanas y meses fueron pasando e ir a la escuela se volvió un verdadero infierno. Puede parecer, por como lo digo, que soy un tipo desagradable solamente de ver y… hasta hace un tiempo fue así. No me vestía bien, mi peinado era ridículo y mi higiene no estaba muy bien cuidada, pero hace un año y medio eso cambió, ahora considero que estoy en los estándares normales; cuido mi apariencia, peinado genérico, etc. Tampoco tengo una cara muy desagradable o eso quiero creer yo.

El problema radica en que los jóvenes de mi edad o menos, cuando te etiquetan con algo, eso se queda grabado en ti como un estigma que te perseguirá por siempre.

La razón por la que simplemente no me cambie de colegio, a pesar del sufrimiento que significaba asistir, es porque precisamente me había mudado a esta ciudad para entrar a este colegio. Es uno de los más prestigiosos del mundo. Se podría decir también que es una escuela experimental, aunque esa palabra describe perfectamente todo en este país.

Aparte, yo no me sentía particularmente mal sobre este hecho, porque no era el único que sufría cosas similares.

Estaba el caso de una compañera llamada Ester Carnot. Siempre llevaba pollera larga, se peinaba con dos trenzas y usaba lentes de marco grueso bastante anticuados. Era intimidada por nuestras compañeras porque supuestamente coqueteaba con uno de los chicos más populares del colegio. Aunque teniendo en cuenta lo introvertida que resultaba ser, dudo que sea verdad.

Varias veces decidí intervenir para evitar que las bromas y el acoso se salieran de control. Apenas veían que les hablaba, se alejaban murmurando cosas sobre mí, pero dejando a Ester en paz. Lograba mi objetivo, pero salía bastante herido.

Inmediatamente después de eso, le preguntaba —¿Estás bien?—, a lo que ella asentía despacio y regresaba a lo que estaba haciendo antes de ser molestada, casi siempre, leer.

A veces me agradecía compartiéndome algún dulce que llevaba o recomendándome tímidamente algunos libros. Eran lindos gestos que no me negaba a recibir, pero no podía afirmar que éramos cercanos.

Toda esta dinámica se mantuvo hasta el receso de invierno.

***

Desperté tarde el primer día de clases. Karen, mi prima y la única persona con la que vivo en esta isla, me pegó con una escoba. La alarma estaba sonando, pero no pude escucharla. Había tenido un sueño muy profundo. Lo anoté en una libreta que tenía en la mesita de luz, me vestí y sin tiempo para desayunar, partí hacia el colegio. Apenas puse un pie fuera de mi casa, ya había olvidado el sueño que tuve.

Llegue tarde a la charla de apertura del nuevo ciclo escolar. Al entrar al aula que corresponde a mi clase, vi las mismas caras de siempre, incluyendo algunas nuevas. El ambiente se sentía pesado, todos mantenían expresiones incómodas y, en los recesos, los grupos, que normalmente era bastante ruidosos, se mantenían en silencio. No podía preguntarle a nadie qué es lo que pasaba. No podía molestar a Juliana después de aquello, podrían empezar a circular rumores raros sobre ella. Traté de ignorar el hecho, pero podía sentir que algo andaba muy mal. Sentía un vacío, una tranquilidad muy profunda e, incluso, puedo asegurar que varias miradas se posaban sobre mí. Aunque quizás sea un poco de paranoia de mi parte. El almuerzo fue aún más extraño, ya no solo mi clase, toda la escuela se sumergió en un ambiente sombrío, pero nadie parecía hablar sobre el tema. No llegue a escuchar ninguna conversación.

Sacando el ambiente extraño y las sensaciones particulares que yo pueda tener, el resto de la mañana transcurrió normalmente. Al terminar las clases, alrededor de las tres de la tarde, tomé mis pertenecías para volver a mi casa. Cuando estaba a punto de cruzar el enorme portón de la entrada, la profesora encargada de mi clase, Dafne Mounier, me llamó. Ella siempre suele tener una expresión fría y distante, pero en esta ocasión podía percibir cierto nerviosismo en sus gestos.

—Acompáñame.

Solo dijo eso y caminó hacia dentro del edificio escolar. Yo no tenía otra opción que seguirla, desobedecer a un profesor se puede pagar muy caro aquí. Este colegio es bastante grande, tiene dos plantas y alrededor de treinta aulas. Seguí a mi profesora hasta una pequeña aula perdida por el fondo de la primera planta, nunca había estado por aquí. Ella no me dijo una sola palabra en todo el camino y yo no me atrevía a preguntar.

—Entra y siéntate. Volveré en un momento.

Dijo eso y se fue. Espere hasta que su figura cruzara la esquina del pasillo para no verla más. Giré la perilla de la vieja puerta, que al abrirse hizo un ruido extraño, y simplemente me lancé dentro.

El interior era bastante diferente a la antigua estructura exterior del edificio. Había una mesa metálica y cinco sillas, cuatro de ellas ocupadas por alumnos, vestidos con el uniforme negro que pertenece a este colegio. Dos chicos y dos chicas.

Los chicos eran; a la izquierda, Iván Anderson. Rubio, alto, elegante, extrovertido, miembro del equipo de fútbol del colegio y se podría el más popular de nuestra clase. A la derecha, Marcos Bernini, un introvertido con cara de Bulldog. Suele pasar desapercibido en el aula porque nadie quiere involucrarse con él.

A diferencia de los chicos, estaba muy familiarizado con las chicas ahí sentadas. La primera, a la izquierda, era la hermosa y popular, de largo cabello marrón claro y una sonrisa siempre en su rostro, Juliana Beckman, mi vecina. La otra, era alta y elegante, de cabello negro y ojos verdes pero de actitud solitaria. Su nombre era Gemma Ferrer. La conozco por ser la hija del jefe de mi padre y también por ser compañera mía en la primaria. Al parecer se unió este año a nuestro colegio.

Un grupo, conformado por gente con la que no quería relacionarme, aparece frente a mí. Muy mala suerte.

¿Por qué nos habrán reunido?

Al entrar me miraron por un segundo, pero luego miraron cada uno, por un lado. Ellos estaban sentados a los lados de la mesa y la única silla disponible para mí, era la que estaba en la punta contra la pared del fondo. Cerré despacio la puerta, y me senté. Nadie emitió un sonido y, debido a la incomodidad de tratar con esta gente, por motivos obvios, yo tampoco lo hice.

Después de algunos minutos, que parecieron siglos, la profesora Dafne entró por la puerta sujetando una carpeta. Ella arrojó la carpeta sobre la mesa y empezó a hablar.

—Martin, ya que no estuviste presente en la charla del inicio del ciclo lectivo, tengo que ponerte al tanto. —La firme voz de la profesora resonó por toda el aula—. Ester Carnot se suicidó ayer por la noche.

—¡¿?!

Quedé boquiabierto. La sensación de vacío que sentí antes, se debía a eso. Faltaba el aura de esa chica, que solía pasar desapercibida, a menos que fuera molestada. Mi corazón empezó a latir rápido.

—Debido a eso, la escuela hizo una encuesta durante la charla, para ver quiénes estaban relacionados con ella. Ustedes fueron los seleccionados.

—Pero ¿Por qué yo? No estaba relacionado prácticamente con ella. Solo un par de veces hemos cruzado palabras.

—¿Qu…? —Me atraganté. No podía comprender esas palabras, mi cabeza empezó a doler.

En ese momento, el sueño que tuve durante la noche, regresó a mis recuerdos.

"Por favor, cuídate".

La voz, creo que pertenecía a Ester.

26 Juin 2022 23:19:12 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Raul Ramirez Raul Ramirez
Estuvo buena la parte del escobazo que le clavaron al Martín XD
August 20, 2022, 02:12
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