silvino Silvino Ludus

Mi hermana es más atractiva, deseable e inteligente que yo, pero yo soy más golfa. ¿A quien prefieres?


Érotique Interdit aux moins de 18 ans.

#sexoanal #sexoral #golfa
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Prueba conmigo

No es cierto que los hermanos se parezcan. Que tengamos los mismos padres, vivamos en la misma casa y en la niñez hayamos ido juntos de veraneo no significa que tengamos los mismos gustos, ni pensemos igual, o llevemos la misma vida. De hecho, ni siquiera garantiza que nos queramos.

Es el caso de mi hermana Paula y yo. Tan solo nos llevamos dos años. Ella es la mayor y yo la pequeña y desde siempre ella ha sido la favorita de todos, tanto por la familia como por las amistades y vecinos. De pequeñas las alabanzas y gestos cariñosos siempre se las llevaba ella, cualquier cosa que dijera siempre caía en gracia y era celebrada con entusiasmo. Si alguna vez reparaban en mí era porque mi madre chistaba a los presentes para que repartieran más equitativamente los agasajos, pero cuando consideraban que ya habían cumplido volvían a estar pendientes de ella. Desde entonces y hasta ahora, ella siempre ha sido la más guapa, elegante, bien formada, educada e inteligente. Siempre ha sacado muy buenas notas, es muy trabajadora y disciplinada y tiene clara su vocación desde siempre, ser médico. Desde siempre quedó claro que no podía competir con ella. Eso es así y no lo puedo negar

Mi hermana cuando pasea por la calle, los chicos, y también los hombres más maduros, se giran para verla. A mí me tienen que mirar dos veces para darse cuenta de mi presencia y no tropezar conmigo. Y eso que considero que no estoy tan mal. Vale que soy más baja y un poco rolliza, pero diría que soy guapa, aún con cara de bollo, y mi pelo negro y liso casi hasta la cintura causa sensación. Soy más del gusto de mi abuelo, que dice que soy una mujer como debe ser, con agarraderas. Mi abuela en cambio dice que no sufriré cuando tenga un hijo. Es una manera de decirme que soy ancha de caderas y culona. Me temo que soy más del gusto de la generación de los abuelos que de la mía.

Quizás penséis que tengo celos de mi hermana. Pues sí, los tengo. Desde que era pequeña y hasta ahora. Ni me avergüenzo de ellos ni me orgullezco. Es mi sino haber nacido después de una chica con la figura y clase de una modelo que me eclipsa totalmente

Pero tengo un arma infalible que me hace superar a mi hermana en el éxito con los hombres y es que soy una guarra. Sí, una guarra, o si lo prefieres una viciosa o una golfa. A mí me gusta decir guarra porque no deja lugar a dudas y es más provocador. Me gusta ser vulgar, los chicos se vuelven locos con el lenguaje soez.

Aprendí a serlo, donde se aprende lo esencial en la vida: en el instituto, haciéndoles pajillas a los chicos en los lavabos y me consagre en la universidad, donde todavía estoy, en las fiestas borrachas de las facultades y en las de los pisos de estudiantes, en las que suelo terminar sin saber dónde están las bragas.

Pero lo que hace de mí una verdadera zorrona es que me gusta montármelo con los novios de mi hermana. Puedo ver un tío en la calle o en un pub y no decirme nada, pero sí sé que a mi hermana le gusta, me vuelvo loca por él y se vuelve mi objetivo tirármelo. No sé, debe ser la rivalidad fraternal.

La primera vez que sucedió fue casi inevitable. Víctor se llamaba la víctima. Mi hermana tiene la costumbre de llevarse a sus novios a casa. Mis padres por la tarde están en el trabajo y vuelven casi a la hora de la cena. A veces están en el comedor, en la cocina, pero la mayor parte del tiempo en la planta superior donde están las habitaciones. Mi habitación está al lado de la suya y he adquirido la costumbre de escucharlos. ¿Sabéis eso de apoyar un vaso en la pared y pegar la oreja en su culo para escuchar mejor? Lo he inventado yo.

Los oía en su habitación, generalmente jugando a la PlayStation o viendo alguna serie. En ocasiones no oía nada, entonces es cuando sabía que se estaban dando el lote. Mi hermana es muy de darse morreos y magrearse, pero de ahí no pasa.

Un día le oigo decir en plena sesión.

― No, para, eso no. Venga, quita. Vale. ¡Ya! ― Y se hace el silencio tras lo cual los oigo murmurar como discutiendo.

Y le oí decirle: “No te la pienso chupar, yo no hago esas cosas”. Entonces pensé “Pues yo sí, ¿Cómo puede dejar a ese tío tan buenorro ahí empalmado, eso no se hace. Habrá que ponerle remedio”. Y me tomé en serio lo de ponerle remedio.

Víctor se iba de casa más caliente que una mona, pero siempre volvía, enganchado como estaba a mi hermana.

Yo, como soy de natural borde, empecé a hacerle trastadas. Una vez calculé cuando estaban en el recibidor a punto de irse de casa, para bajar las escaleras recién duchada y envuelta con una toalla bajo las axilas y que apenas me tapaba medio culo. Bajé diciendo “que calor” para que se percataran y me vieran.

― ¡Marcela! cochina, tapate― gritó mi hermana.

― Uy, perdón, pensaba que ya no estabais. ― Me fui corriendo, pero Víctor ya había disfrutado de una amplia perspectiva de mi chichi.

Me fui envalentonando. Si Víctor ya iba bastante encendido mi idea era ponerlo a punto de explotar.

Mi hermana siempre me dejaba una ventana de oportunidad. Los jueves quedaba con sus chicos en casa y a las siete hacía que la llevaran a clase de cello. Mientras ella se duchaba y se vestía ellos esperaban abajo en el comedor. Es cuando yo hacía mi aparición estelar y montaba mis numeritos. Un día me senté delante de él, cogí un plátano y empecé a comérmelo lentamente, gimiendo como arrebatada de placer y engulléndolo todo mientras le miraba a los ojos. Él tragaba saliva sin decir nada, pero yo sé que tenía el paquete a punto de explotar. Se volvía loco. Terminado el numerito me acerqué a él y le susurré a la oreja.

― Te has equivocado de hermana, la que la chupa soy yo.

Y me fui corriendo, dejándolo ahí pasmado y empalmado. Pero no creáis que iba dejarlo así, no soy tan cruel como mi hermana.

Quizás penséis que era un juego muy arriesgado porque se lo podía contar a mi hermana, pero no, creedme, nunca lo cuentan. No porqué les de vergüenza hablar de eso ni porque no quieran provocar un cisma familiar. No lo cuentan porque no quieren perder la oportunidad de pegar un buen polvo con la hermanita zorrona.

El siguiente jueves allí estaba el otra vez en el comedor, sentado en el sofá. Cogí un plátano nuevamente, él me sonrió. Lo pelé, primero una tira, después otra, hasta cuatro. Mirándole a los ojos, empecé a metérmelo en la boca, pero entonces lancé un mordisco brusco, arrancando la mitad del plátano. Él dio un sobresalto, como si el mordisco se lo hubiera dado a él.

Le dije

―Si tu novia te deja a medias, prueba conmigo. Mis padres no vuelven hasta las nueve.

No esperé a que me contestara, me subí a mi habitación dejándole expectante. Después de llevar a mi hermana al conservatorio volvió a casa como yo ya sabía que iba a hacer. Nada más abrirle la puerta y pasar al recibidor me dice:

― Solo he venido a dejar las cosas claras― Vaya con Víctor, pensé. ¿Es posible que si tuviera un poco de decencia? ¿Qué no cayera en mi trampa? ¿Qué no fuera capaz de ponerle cuernos a su novia con el putón de su hermana? Habría que comprobarlo,

Sin decirle nada, puse mi mano sobre su bragueta tentando su paquete. Él me miraba serio, pero no se apartaba. Seguí palpando el bulto cada vez más grande, hasta que vi que su cara se relajaba y que soltaba un suspiro. Ya está, el muy cabrón se había rendido, su resistencia era puro postureo. No había aguantado ni diez segundos. No había venido a dejar claro nada, había vuelto a por lo suyo.

Allí mismo, en la entrada de casa me arrodillé delante de él, para desabrocharle el pantalón y liberar su pene ansioso de desplegarse al aire libre. Abrí mi boca para abarcarlo todo dentro de mí y darle la bienvenida. Tantas veces se había ido del dormitorio de mi hermana frustrado y hoy por fin podía darse un homenaje.

Se la chupé un par de veces antes de levantarme y cogerle de la mano para llevarlo al sillón donde ambos estaríamos más cómodos. Lo hice sentarse y le saqué los pantalones para tener más libertad. Acerqué el taburete y me fui al frigorífico a por una lata que puse en su mano.

― Tomate una cerveza mientras.

¿Acaso no es el sueño de todo varón sentarse en un sillón bebiendo cerveza mientras les hacen una mamada?

Chicas, si queréis triunfar en el amor tenéis que dominar el arte de la felación. No hay nada que les gusté más. Pero es que además tienen la ridícula idea de que es un acto de veneración a su persona, cuando en realidad es acto exclusivamente entre su falo y nosotras. Piensan que les estamos adorando casi religiosamente, hasta la postura de rodillas les ayuda a pensar que somos sus sumisas. Pero en realidad no es así, están dejando lo más preciado que tienen entre nuestros dientes. ¡Qué temerarios! En ese momento tenemos el poder de darles placer y si se portaran mal de castrarles de un mordisco. Mucho ojo.

Pero es que además yo también lo disfruto. Me gusta jugar con mis labios y con mi boca, que es toda ella una gran zona erógena. Practicando el sexo oral puedo ser creativa y expresar mi pasión y frenesí o en ocasiones mi cariño y agradecimiento. Practico movimientos lentos y profundos, movimientos rápidos y cortos, en recto, laterales, en espiral, combinado con lamidas, chupetones y besos. Y también está la satisfacción de saber que puedo proporcionar, si quiero, un inmenso placer.

A mí me gusta hacer el trabajo yo misma. Eso del face-fucking me parece una burla y un desprecio a nuestras habilidades.

A Víctor le hice la mejor mamada de la que fui capaz, tenía que hacer que valiera la pena la tropelía que estábamos cometiendo contra Paula.

Dejé que se corriera dentro de mi boca, me sabe mal retirarme cuando mejor se lo están pasando, pero lo escupí en un pañuelo, que una también tiene sus límites.

Víctor, fue el primero, pero no él último. Quizás ellos pensaran que era simplemente una travesura sin importancia, un desliz ocasional, pero era mucho más que eso. Era mi venganza personal y era también la rotura de la relación que tuvieran con mi hermana. Después de eso y algunos jueves más su relación estaba tan deteriorada que solamente podían cortar. Algunos pretendían quedar conmigo para repetir, pero chica, una vez que ya no salían con mi hermana a mí me dejaban de interesar.

Con determinados chicos, muy contados, llegaba más lejos. Era con los que yo llamaba hombres-hombres. Los hombres de verdad, los de antes, no bailan y no ríen continuamente como si estuvieran agilipollados. Los hombres-hombres, te miran con el ceño fruncido y parece que te estén follando la mente. Ante ellos, ya estás rendida antes de que abran la boca. Ante ellos sí que me someto, incluso contra mi voluntad y a lo único que aspiro es a servirles bien y no errar en cumplir sus deseos.

En estos hombres todo es duro, no solamente lo que estás pensando. Tienen cuerpos trabajados por el esfuerzo físico y sacrificio a la intemperie. Con la piel morena con surcos del trabajo y manos que te raspan cuando te acarician. Es el cuerpo de obreros, de estibadores, de hombres que trabajan bajo el sol. Esos hombres con un olor corporal a piel quemada, a taller mecánico, a tierra. Que cuando les besas tienen un sabor ácido como de pomelo.

Son hombres que no tienen nada que ver con los machirulos, esos machistas cobardes que tienen que hacer daño a los más débiles para escapar de su vida de miseria.

Me refiero a los hombres como los de antes. Seguros de sí mismo, tanto que no tienen que demostrar nada, capaces de dominarte y de respetarte a la vez. Que si les dices que sí lo cogen todo y cuando les dices no, no insisten, ni te presionan, acatan tu decisión e inmediatamente te vuelves invisible a sus ojos haciendo que te arrepientas inmediatamente de no dejarles hacer.

Me vuelven loca. Solamente para ellos tengo preparados el plato fuerte. A ellos les hago la siguiente propuesta después de comerme su polla.

―Si vienes la semana que viene te dejo que me des por culo.

No creáis que es lo que más me gusta. Prefiero un buen polvo. Pero un anal tiene algo especial. Me siento poderosa, capaz de todo. Es un acto salvaje, incivilizado, oscuro, es casi como una protesta y una rebelión, como si gritaras “Abajo los moñas, los que llaman a hacer el amor a lo que solo es follar. Abajo Los tontos que piensan que sin amor no hay sexo”

Cuando les hago la proposición abren los ojos como platos y les entra la impaciencia. Los hombres se pierden con la perspectiva de tener mis nalgas contra su pubis y bombear dentro de mí su polla.

La primera vez que lo hice fue con un monitor del gimnasio, un tío mayor, feo. Tan feo que hasta me resultó atractivo, de una rara belleza. ¿No dicen que el hombre y el oso cuanto más feo más hermoso? Estaba tan cuadrado, tan musculoso y todo en él me parecía tan viril, su manera de caminar, de moverse, sus palabras, tan escasas y tan directas. Me miraba como si no me viera y sólo se me ocurrió decirle una cosa para que se fijara en mí.

― ¿Te vienes conmigo a las duchas?

Ni siquiera me contestó, solamente asintió con la cabeza. Éramos los últimos y él se encargaba ese día de cerrar el gimnasio. Fuimos hacia el vestuario y yo estaba temblando como un flan, no es que fuera novata, ya había estado con varios tíos, pero este no sé porque me causaba tanta excitación como temor.

En las duchas, me quité la camiseta, quedándome con el top y las mallas y empecé a desnudarlo. Pero no me dejó, me cogió de las manos y me pegó contra la pared. Nada delicado, pero tampoco violento. No quería que yo hiciera nada, quería manejar la situación. Me quitó el top y las mallas y recorrió todo mi cuerpo con sus manos. Y cuando digo todo me refiero a todo. Me sobaba con sus manos callosas. Me doblaba, para pasar las manos por mis espaldas, mi cintura, mis muslos. Se frotaba contra mí y yo sentía el calor de su cuerpo. Amasaba mis pechos, y mi culo. Empezó a untarme con mucho gel y poca agua, haciendo que todo mi cuerpo estuviera pringoso. Yo con tanto frotamiento me estaba poniendo a mil. Me puso cara la pared y él detrás de mi pegado a mi culo me esparcía el gel por mi torso, pantorrillas y pechos. Me levantó los brazos para untármelos también desde las axilas hasta la punta de los dedos. Yo me dejaba hacer.

Y así, detrás de mí, separó mis piernas para extender el gel también por mi culo, por las nalgas y pasó su mano sin pudor por el canal que las separa llegando hasta mi ano y más adelante mi ansioso coño. Me llenó de gel, haciendo que todo yo estuviera lubricada. Empezó a meterme un dedo por el ano. Así como estaba yo, pegada contra la pared, sin dejarme hacer nada y él preparándome para lo que venía. Yo ya me lo estaba imaginando y había decidido dejarme hacer. Que me tomara como quisiera. Después de meterme un dedo, empezó a meterme dos y con la otra mano se puso a frotarme el clítoris enjabonado. Yo empecé a jadear como la perra que soy. Con la mano izquierda, pasada por la cintura me masturbaba y con dos dedos de la mano derecha me penetraba el culo, metiéndolos y sacándolos siguiendo el ritmo de mi corazón acelerado. Con mis manos apoyadas sobre los azulejos de la ducha intentaba contenerme, pero no podía, se me escapaban los gemidos de placer. Y él no paraba, sino que, al contrario, intensificaba sus movimientos.

Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, fue cuando se detuvo, pero no me dejo girarme. Con una mano me cogió de las caderas y con la otra guio su pene hacia el orificio de mi ano. Estaba totalmente entregada, abierta y receptiva, lubricada por el jabón. Sentí la punta de su glande como se abría paso. Dicen que duele, no fue mi caso, cada centímetro que entraba abría más mi cuerpo. Sentí que aumentaba la temperatura de mi cuerpo y que la sangre fluía hacia mi cara. ¿Sabéis de esas cosquillas que te dan cuando se te erizan los pelillos de la nuca? Eso sentía yo en mi espalda, en mis caderas, en mis piernas. Cuando me penetró hasta el fondo y noté su pubis presionando mis nalgas me sentí intensamente feliz, por ser capaz de poner ese miembro imponente en tal grado de excitación y por descubrir otra fuente de placer.

Me cogió de las caderas, tanto para evitar que con sus envites me desplazara para adelante, como para hacer que mi culo contrapunteara sus movimientos. Él mandaba y dirigía. Empezó a moverse con un ritmo continuo que poco a poco iba incrementando. El sonido de sus caderas contra mis nalgas y mis gemidos era lo único que se oía en el gimnasio. Él permanecía silencioso, concentrado en follarme. Había abandonado su frotamiento, pero yo lo reanudé y mientras él me penetraba yo acariciaba mi clítoris, sacándolo de su capucha y haciéndolo participar de la fiesta del jabón. Cuando aceleró sus movimientos con una señal inequívoca de que iba a correrse también lo hice yo. Los últimos envites los dio con violencia como queriendo romperme, pero era tanta mi entrega que solamente conseguían incrementar mi deleite.

Me encantó acompañar sus gruñidos de placer al eyacular dentro de mí con mis jadeos. Cuando sacó su verga de mi trasero sentí pena, tanto es así que me giré para cogérsela con un acto reflejo. Le estaba tan agradecida que tenía que demostrárselo. Me arrodillé para metérmela en mi boca y limpiarla de semen y jabón. En ese momento fue cuando habló por primera vez.

― Tu culo debería ser monumento nacional, no dejes de entregárselo a los hombres.

Yo asentí con el pene todavía en mi boca. Prometido.

Pero, os estaba contando como me lo montaba con los novios de mi hermana. El último, Roberto, al que le invite a cabalgar sobre mi trasero si volvía el siguiente jueves, estaba haciendo oposiciones a policía nacional mientras descargaba camiones en MercaValencia a la cinco de la mañana. Yo me lo imaginaba de noche con frío y sueño echándose cajones de verduras y pescado al hombro y me ponía perraca. Ya había estado con él dos jueves y todavía continuaba con mi hermana. Menudo golfo, igual pensaba que podía tener a las dos a la vez.

Cuando llamó al timbre el jueves, después de dejar a mi hermana en el conservatorio le hice la versión extendida y sin cortes de mis prácticas de twerquin.

En el shower-time de mi hermana, además de comer plátanos, bailaba reggeaton y perreaba a lo cerdo. Ponía la música en el móvil, que no tiene demasiado volumen y les bailaba. Primero suavecito, hacía el baile de la botella, en el que bajaba mis caderas hasta casi tocar el suelo y terminaba en una orgía de movimientos locos de pelvis. Y es que lo mejor que tengo es mi culo, nada que envidiar al de las Kardashian, y le tengo que sacar partido.

Yo le esperaba con un vestido corto que transparentaba mis bragas negras. Le dije con un gesto que se sentara en el sofá del comedor. Llevaba el móvil con unos cascos. Le quité los cascos para que se escuchara la música: un reggeaton caliente bien cerdo de 'Chupop' (Zion & Lennox) con una letras sin desperdicio

“Desde que la besé, rápido lo supuse/

si así besa, cómo sería que me lo chupe/

lo supe, me lo coge y me lo escupe/

tiene una competencia con su prima Lupe”

A mí el reggeaton como música me desagrada, pero para lo que quería hacer cumple su función. Empecé a bailar perreando delante de él, con todo el repertorio de posturitas de las fulanas de MTV para llegar a ese momento en que me dobló y sacó el culo para moverlo, puro twerquin que me sale divino. Primero de lado, moviéndolo frenéticamente de arriba abajo. Me arrodillo dándole la espalda y con culo sobre los talones y las piernas abiertas para hacer el paso buble de rodillas, empiezo a moverlo lentamente suavemente, como si estuviera haciendo los movimientos de un coito. después le doy la espalda, me arremango el vestido poniéndole el culo con el mini tanga a un palmo de su cara y empiezo a agitar las nalgas. Me lo imaginaba hipnotizado siguiendo el sube y baja. Cada vez más caliente, al final me dice.

― Joder Marcela, que culazo tienes

― ¿Te gusta? ¿Lo quieres?

― Si, por favor

Me paso la lengua por los labios en plena señal erótica.

― Vas a tener que darme duro, yo no me conformo con cualquier cosa.

Fuimos a mi habitación. Mi habitación es un santuario, si alguien entra puede considerarse especial. Cuando mi madre quiso cambiar el estilo de la habitación para pasar de niña a adolescente peleé mucho con ella. Estaba claro que los muebles debían adaptarse a mi nuevo tamaño, pero quería mantener los motivos infantiles, los dibujos en la pared, las cortinas, los cojines, muñecas y peluches y por supuesto el rosa con rayas de la pintura. Yo nunca llevo rosa en la ropa, soy más gótica que eso, por eso se sorprende más quien ve mi habitación.

Tenía la habitación ya preparada. A media luz, con un pañuelo sobre la mesilla de noche. Le dije que se sentara mientras iba al baño donde me cambié. Me puse un camisón corto y me saqué las bragas. En homenaje a mi monitor de gimnasio, me puse crema lubricante. No hace falta sufrir.

Salí y se quedó cortado, mi atuendo infantil y la misma habitación le cohibían y excitaban por igual. Puse voz de niña atemorizada.

― Por favor, no me hagas daño.

Roberto ya no podía más con toda la escenografía. Allí de pie me cogió para tocarme mis pechos, pasarme las manos por la cintura y restregarse conmigo. Yo le dejé hacer. Me besaba y mordía toda, en especial mis pezones, que chupaba enardecido, me pasaba la mano por el interior de los muslos rondando mi sexo. A los pocos minutos, me separé de él. Le quité la camiseta, dejando al aire su torso musculado por el ejercicio y el trabajo. Le quité los pantalones, Su pene totalmente erecto hacía que el slip sobresaliera, se lo quite y le masajee un poco para comprobar lo duro que estaba. No necesitaba más estímulo. Cogí un condón del cajón de la mesilla y me lo coloqué en la boca para ponérselo. Es una técnica complicada que aprendí con mucha práctica y no pocas risas con mi compañero gay de carrera con el que jugaba a ponérselo a una botella de Pinord.

Repté por la cama sin deshacer y me puse a cuatro patas en la postura del perro. Giré mi cabeza para decirle.

― A ver de qué eres capaz.

― Ya verás, te voy a pegar el polvo del siglo.

Ya, menos lobos caperucita, pensé. Se acercó detrás de mí y puso su glande en la boca de mi ano. Yo pasé mi mano entre mis piernas para coger su pene y orientarlo en la dirección correcta, tras lo cual empecé a mover mi culo para ser yo misma quien se lo introdujera. Roberto alucinaba.

―Joder Marcela, que puta eres.

Yo sonreí complacida, para mi es motivo de orgullo y satisfacción ser la mayor puta del reino.

Una vez todo introducido y con sus pelotas acariciándome mi coño le dije.

― Venga, fóllame, no te cortes.

Y lo hizo, por supuesto que lo hizo. Me cogió de las caderas y empezó a bombear, mirando extasiado como mi culo se movía cada vez que chocaba su pelvis contra mis nalgas. Iba a la suya, con el ritmo que mejor le venía, utilizándome como su juguete, como a mí me gusta. Ser un objeto para ellos, para que me usen y me tiren. Lo que no saben es que yo disfruto tanto o más que ellos, porque veo como pierden toda voluntad y dignidad cuando se vuelven locos por verter dentro de mí su pringue.

Roberto, esta vez sí, rompió con mi hermana esa misma semana. Supongo que ya era demasiado cinismo, incluso para él, continuar con la dos.

A la semana recibí un whatsapp:

ROBERTO: “me gustaría quedar contigo”.

MARCELA: “¿Para qué?”

ROBERTO: “Para hacer lo que a los dos nos gusta”

MARCELA: “¿No has cortado con Paula?”

ROBERTO: “Sí, pero contigo no”

MARCELA: “Si cortas con una, cortas con los dos”

ROBERTO: “Paula no me entendía, pero creo que tú si”

MARCELA: “¿entender? ¿ahora se llama así?”

ROBERTO: “Vamos, ya sabes a que me refiero”

MARCELA: “Si, lo sé, pero no. Se acabo.”

Y es que si no hay morbo no hay sexo. Y así le di portazo como a tantos otros.

La verdad es que mi hermana y yo hacemos un equipo genial. Ella me trae a los tíos a casa y me los calienta y yo los filtro para ver si son buenos para ella. Si no son capaces de resistirse a la hermanita cachonda no merecen ser sus novios. En realidad, le estoy haciendo un favor inmenso, le estoy ahorrando muchas decepciones.

Por supuesto mi hermana no sospecha nada. A veces se queja con mi madre de que no le aguantan nada las parejas, a las pocas semanas se vuelven distantes y desaparecen con excusas tontas. Yo la escucho con paciencia, pero me dan ganas de gritarle:

― ¿Por qué no pruebas a chuparla?

16 Juin 2022 22:30:50 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Silvino Ludus Prendado de los clásicos, novela histórica, erótica y ciencia ficción. Igual leo novelones tochos que poesía, teatro o relatos en paginas eróticas. No escribo de lo que vivo sino de lo que desearía vivir.

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Silvino Ludus Silvino Ludus
Un comentario, por favor. Ayudadme a mejorar. Gracias
August 30, 2022, 19:06
Silvino Ludus Silvino Ludus
Un poquito de feedback para el pobre escritor: lo que os ha gustado, lo que no, lo que añadiríais, lo que quitaríais. Esas cosas. Ayudar a los demás a mejorar es de buenas personas.
July 27, 2022, 14:43
Silvino Ludus Silvino Ludus
Si te ha gustado no te olvides de clicar en el corazoncito
July 27, 2022, 14:42
~

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