polanco Carlos Polanco

Harry cerró su casco y el suministro de aire se activó automáticamente el visor frontal se obcureció y en su interior se proyectó todo el exterior. El sólo reflejo de nuestro sol sobre la superficie de Marte lo llevaré siempre conmigo.


Science fiction Tout public. © ISBN 978-607-29-2196-3

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Base Agnes

Harry cerró su casco y el suministro de aire se activó automáticamente el visor frontal se obcureció y en su interior se proyectó todo el exterior. El sólo reflejo de nuestro sol sobre la superficie Marte es —en ese momento del día—, simplemente enceguecedora.


El traje cósmico en unas décadas pasó de ser un incómodo traje protector de la radiación proveniente del espacio profundo y un suministrador de fluidos vitales para el organismo humano, en un traje ergonómico que se adhiere al cuerpo como una segunda piel, y cuyas extensiones de carbono ocultas en su interior, conectadas a los diminutos servomotores dispuestos en sus articulaciones, lo posibilitaban como un poderoso exoesqueleto capaz de maniobrar cargas muy pesadas, donde la fuerza gravitatoria lo requiere.


Harry abrió la última escotilla y puso un pie fuera de la base Agnes. Ahora se disponía a revisar los generadores de oxígeno sumergidos en la corteza marciana a quinientos metros de profundidad. La base Agnes es ahora el último refugio de ochocientos sobrevivientes humanos que llegaron del planeta Tierra.


El suelo rojizo inundaba todo el crater donde se apostó la base Agnes, a los robots a cargo de su construcción les tomó mes y medio su emplazamiento, luego vendrían cinco semanas para adecuar el equipamiento de sobrevivencia y un mes más para conectar y probar todos los generadores de oxígeno, además del segundo techo que fué inundado de agua, y dispuesto para evitar que la radiación cósmica afectara a sus inquilinos.


—Cuento con cinco horas para esta inspección —pensó Harry—. Tiempo suficiente para esta tarea, así que no correré.


—Harry a base Agnes, todos mis controles vitales en orden, dejo la base y me dirijo a los elevadores que me comunican con los generadores solicito monitoreo cada 60 segundos a partir de este momento —propuso Harry.


—Registrado Harry —respondió Noah—, el monitoreo de tus signos ya esta programado.


Cada 300 metros del recorrido se aposta un refugio donde el cosmonauta conecta su largo cordel de seguridad, además de que en su interior el refugio puede mantener seguro a dos tripulantes por espacio de cuatro horas, al entrar y cerrar la esclusa basta para presurizarse y proveer aire y fluidos a una atmósfera de presión. En caso necesario su superficie exterior se inunda de agua para blindar la corteza de la radiación externa.


—Ninguna medida de seguridad esta de sobra —pensó Harry—, no olvidaré los tres cosmonautas que fueron sorprendidos por una tormenta de arena y que los arrojó a varios kilómetros de la base. Su retorno vivos no fué posible. Ello implicó mantener cables de seguridad que sólo se desanclan de un refugio cuando el otro extremo se ancla al siguiente refugio.



—La vida en el espacio es inmensamente dificil —repuso Harry—, todo nos es contrario a la vida y cada paso debe ser observado cuidadósamente, la vida en Marte puede perderse en el siguiente minuto —agregó.


—Harry a base Agnes mis sistemas vitales en orden me dispongo a avanzar al segundo refugio.


—Adelante Harry —replicó Noah—, el desanclaje de base Agnes ocurrió correctamente, tus signos vitales también aquí se muestran normales, prosigue —finalizó Noah.


La atmósfera marciana es una superficie rojiza compuesta principlamente de arena fina, resultado de la fuerza descomunal del viento, su subsuelo por el contrario es rico en agua y minerales necesarios para los seres humanos. Cincuenta años atrás la primera nave proveniente de la Tierra trajo consigo a trescientos seres humanos, fué el primer emplazamiento y todo ocurrió muy rápido.


Para el año 2093 los planes para una colonización ordenada de Marte habían considerado emplazar base Agnes en su subsuelo, la tecnología espacial en ese entonces era suficiente para ello, sin embargo, la alianza bélica de los paises de Europa del Este precipitó una guerra que rápidamente se propagó a todo el planeta.


Sólo un año después —y bajo un total sigilo—, la nave Serenity-I dejó el cosmódromo de Kourou en la Guayana Francesa.


Harry había arribado al segundo refugio, se ancló y automáticamente se desancló del primer refugio.


—Harry a base Agnes signos vitales normales, mi monitor advierte la inminencia de una tormenta en dos minutos, procedo a internarme en el refugio —replicó Harry—, a la vez que abría la esclusa.


—No advertimos señales de tormenta en tu posición Harry —respondió Noah—, el sonar climatológico indica turbulencia a 16 kilómetros al oeste de nuestra base. Tus signos vitales advierten ansiedad Harry —continuó Noah.


—Esclusa cerrada —respondió Harry— permaneceré en el refugio hasta conocer la razón de la advertencia en mi monitor.


—Si no es una tormenta —pensó Harry—, bien puede ser el arribo inusitado de rayos cósmicos provenientes del espacio profundo.


—Noah, ¡verifica la intensidad solar de los últimos 20 minutos! —advirtió Harry.


Noah transmitió al monitor de Harry la telemetría a la vez que exclamó.


—Harry una llamarada de radiación cósmica va hacia nosotros. Los protectores acuosos de nuestros emplazamientos ya se activaron —afirmó Noah.


Harry dispuso todo para permanecer dos horas en el refugio.


—Es momento de descansar —dijo Harry a la vez que miraba —a través de la escotilla— la llanura marciana.

24 Mai 2022 20:28:21 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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