niniesmimarido la mejor horan dog

Cuando descubrió que aquel luchador era la persona que bañó su cuerpo en lujuria, no pensó compartir su vida con este. Louis es hijo del jefe de la mafia más poderosa de Europa, estando así, atado a acompañar a su padre a cada acontecimiento para prepararse como futuro heredero del delirio de grandeza.


Fanfiction Érotique Interdit aux moins de 18 ans.

#gaylove #mafia #harrystyles #louistomilson #larrystylinson
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CAPÍTULO I. Cicatrices.

Las manecillas del reloj sonaban tan despacio, que pensaba que su mente colapsaría por el atroz silencio que su padre marcaba entre ellos. Sus ojos azules le miraban a los propios, siendo estos de un tono más azulino; aún no comprendía porque su padre le había pedido de forma tan seria sentarse en los sillones de su despacho, le estaban esperando en la calle.


—... ¿Papá, vas a hablar?— sus manos jugaban nerviosas entre ellas, pues cada vez que Thomas debía dar una información importante, mandaba reunirse en su lugar de negocios.


Comprendía que no lo hablasen cara a cara en la cocina o en el salón como las familias normales, ya que ellos no eran comunes en la sociedad Londinense; ahora tenía una pistola encima del escritorio de su padre, al igual que en el resto de las habitaciones de la mansión, solo que estas estaban ocultas.


Mirase donde mirase en lo que debería sentirse como un hogar, habían decenas de personas más, vigilando cada rincón de la casa o trabajando para su padre en silencio. Ya se había acostumbrado a ese estilo de vida, pues lo vio normal desde que nació y fue criado entre chanchullos y armas blancas.


—Hoy es la noche.— dijo al fin, con la voz rasposa que le caracterizaba por su adicción a los puros.


—¿Desde cuando te importa mi cumpleaños, papá?


Toda su vida vivió sin saber cómo se sentiría que celebrasen ser un año más que el anterior, asistiendo tan solo a los del único amigo que su padre le había permitido tener.


—Desde que faltan horas para que seas mayor de edad, Louis.— confirmó lo que sospechaba, le dolió.


Tragó saliva, sintiendo esta de forma pastosa pasar por su garganta cerrada por los crecientes nervios.


—¿Hoy es mi último día como tú hijo secreto?


—Hoy es el último día donde no podrás permitirte ser un promiscuo. Sabes que nunca te he prohibido nada, no me obligues a ponerte un puto perro guardián pegado a tus espaldas.— alzó una de sus cejas, esperando una reacción de Louis.


—Gracias por la advertencia, ¿puedo irme ya con el único amigo que me has dejado tener?— cuestionó, imitando la expresión facial de su padre.


—Puedes irte.


Mirándolo una última vez con un atisbo de repulsión, arrastró la silla dejando marcas en la moqueta roja del suelo; no tenía miedo de Thomas, el jamás le haría nada ya que el pequeño debía heredar la mafia en su muerte. Le interesaba mantenerle atado a él, aunque eso significase permitir situaciones que un criador común no haría; lástima que no sean una familia normativa.


Se acercó a la puerta, abriéndola con cuidado para no hacer temblar las ventanas y detuvo su paso cuando su padre carraspeó en su dirección.


—Llega vivo a casa por lo menos.— dijo con una sonrisa, mofándose de su hijo.


—No mates a alguien esta noche por lo menos.— rebatió saliendo de allí.


Puso su mano sobre su pecho, por encima de la camisa blanca que había decidido ponerse esa noche; la valentía que había conseguido reunir después de la cena no era algo muy común en el, ¿importaba acaso? Louis ya estaba cansado de las constantes manipulaciones de su padre, si debía soltar lo que antes callaba, lo haría sin que el pulso le temblase.


Parpadeó un par de veces, y bajó donde los empleados de su padre, invadían lo que debería ser una zona de relajación delante de la televisión; en la mansión no había rincón familiar, todo era un lugar de trabajo, siendo su habitación el único lugar donde sentirse en paz.


—¿Ya se va, Louis?— preguntó un guardaespaldas cualquiera del cual no le sonaba la cara.


Asintió sin prestar mayor atención, no necesitaba un guardián hasta la mañana siguiente; quizá sería el su guardaespaldas.


Le miró una vez más a la par que abría la puerta de su casa, esos ojos como la miel no se apartaban de él; seguramente era nuevo, pues no le sonaba de haberle visto deambular por la casa anteriormente.


—Joder, Louis. Vámonos ya que hace un puto frío...


—Buenas noches a ti también, Niall.— le interrumpió abrazando su cuerpo por la baja temperatura.


Los fanales celestes del rubio se encogieron cuando una sonrisa se dibujó en su rostro, y sin que el más bajo de los dos se lo esperase, un abrazo calentito cubrió su delgada figura.


—¡Feliz cumpleaños!— gritó sin querer en su oreja, comenzando a caminar al coche rojo que esperaba dentro del recinto de su casa.


Louis tubo que aferrar sus piernas a las caderas de Niall para no ser arrastrado por la grava del jardín, riendo por la exageración de su amigo; porque podía ser una amistad organizada por su padre, pero sin duda, era una de las mejores decisiones que Thomas tomó en su vida.


—Aún faltan un par de horas para mi cumpleaños.— sonrió a la par que era soltado delante del coche.


—Y para noche buena, ¡que más da!


Negó sin poder disimular la sonrisa bobalicona que se formaba en sus finos labios, apretando estos en un intento fallido de disimular su felicidad.


—Abre el coche, hace demasiado frío.— demandó Louis con sus mejillas rojas por el helado viento acariciando su acaramelada piel.


Niall negó, chistando su lengua muchas veces.


—Yo voy a beber, tu vas a beber... ¡todo el mundo va a beber! El taxi está fuera, no pienso mantenerme sobrio en una fecha tan especial como lo será en dos horas.


—Que seas el hijo del alcalde tiene demasiadas ventajas...— entrecerró los ojos acusándole de broma.


—Trasporte gratis, eso me arregla todo el mes.— bromeó de igual manera.


En el taxi no pudieron mantenerse callados, no era común entre ellos no tener tema de conversación; no obstante, debían inventarse temas banales que cualquier par de jóvenes tendrían. Si hablaban de lo que habían hecho durante del día, asustarían al taxista a demás de hacerle cómplice de los delitos que sus padres cometían a diario.


Asimismo, bajaron delante de la mejor discoteca de la ciudad, allí donde la gente más adinerada o con contactos importantes iba casi a diario. No necesitaron enseñar sus acreditaciones, pues los guardias del lugar eran de los pocos que sabían de que padres provenían los jóvenes.


—No te separes de mi, esta fiesta es para ti.— dijo Niall pasando detrás de Louis, agarrándole de los hombros para no perderle por el camino como en cada fiesta pasaba.


—Está fiesta es de noche buena, la gente no sabe quién soy aún.— gritó mirándole de soslayo, la música cada vez se intensificaba más.


—Por eso mismo, vamos a la barra.— sin esperar una respuesta, se hicieron paso entre la multitud de cuerpos rozando entre sí.


Niall tenía veinte años, pero el alcalde decidió mantener a su hijo fuera del ojo público por seguridad a su carrera política; el rubio no podía fardar de responsabilidad o serenidad, era un caso perdido que Damian Horan intentase presumir de alguien que solo le fallaba.


Por ese motivo no tenían la preocupación de que les reconociesen; seguramente si se supiera de quiénes son hijos, el pánico crecería en el ambiente fiestero.


—¿Que quieres de beber?— preguntó Louis mirado a Niall a su derecha.


—Lo más fuerte que haya.


El camarero se acercó a ellos con una sonrisa a pesar de tener mucho estrés por la cantidad de gente gritando por su atención detrás de la barra. Pidieron sus bebidas y con estas en mano se encaminaron a la zona central, donde más gente se acumulaba; era más divertido tener a gente desconocida uniéndose a ellos hasta que los dos amigos se perdiesen de vista, como cada vez que salen de fiesta.


Louis sabía que Niall estaba a sus espaldas, pero ambos se ignoraban cuando sus primeras presas se acercaron a ellos; el menor de ambos divisó ante el una mirada azul como la propia, siendo más grises los del hombre. Sus cabellos azabaches se movían ligeramente al comenzar a pegarse a Louis un poco más.


—¿Vas muy lanzado, no crees?— jugueteó el castaño subiendo su mano libre por el pecho del desconocido.


—¿Te molesta a caso?— lamió sus labios al ver como Louis le miraba de forma provocativa a la par que bebía la mitad del alcohol del vaso.


—No lo se...— sonrió.


Su mano subió hasta el cuello del moreno, enredándose en los mechones lacios de su nuca; aquello pareció tomarlo como una señal para agarrar a Louis de las caderas y frotarse con el compás de la sensual música.


Lo estaba disfrutando, este era el último día que podía verse libre de follar con un desconocido en los baños de una discoteca, seguramente su padre comenzará a buscar una mujer que le acompañe para hacer creer que tiene una vida estable con dieciocho años.


Ladeó la cabeza cuando los labios del de ojos casi grises bajó a su cuello, dejando un suave lametón que erizó toda la piel de Louis.


—Un segundo.— pidió separándose de él.


—¿Que ocurre?— alzó una ceja, sin dejar de mirarle.


Louis miró su vaso y se acabó lo que restaba de un par de tragos, sintiendo el ardor del alcohol bajar por su garganta, haciendo efecto más rápido de lo normal por sus prisas de querer tener las dos manos libres.


—Ahora.— agarró las mejillas del de cabellos negros, y dejó un besito en sus labios.


—No me jodas que eres de esos sosos.— dijo a dos centímetros de sus labios.


Louis negó, a nada de juntar sus labios en un beso fugaz; que mala suerte ser empujado por un hombre de cabellos rizados que se encaminaba a la barra.


—¡Mira por donde vas!— gritó para que le escuchase, pero este no le prestó atención.


Se sentía ignorado y su orgullo fue creciendo, con el paso de los años dentro de su casa, tragando discusiones que aprendió a sobrellevar para no sentirse pisoteado. Se separó por completo del cuerpo ajeno, dejando de sentir esos besos en su mejilla que le pedían de sus labios.


—Ey, ¿donde vas...?


Con su ceño fruncido pasó por alto al moreno, apartándose asimismo de Niall que se había quedado a su merced todo este tiempo a pesar de estar bailando con otro muchacho. Su objetivo estaba llegando a la barra, lo único que podía ver era su musculosa espalda ancha por debajo de la camisa negra que cubría su cuerpo.


—¡Eh, tu!— intentaba pasar entre la gente, siendo dificultoso por el poco espacio.


Los vio, esos ojos verdes iluminados por la luz amarilla le miraron de forma seria; pero desapareció entre la multitud cuando una chica rubia se puso a bailar con Louis de la nada.


—Apártate.— le gruñó a la chica.


—¿No quieres bailar un rato, cariño?— insistió, poniendo sus esbeltas manos en los hombros de Louis, ambos medían lo mismo.


—Soy gay, mi amor.— le guiñó un ojo para desaparecer una vez más de allí, yendo directo a la barra.


Se apoyó en esta, enfadado por no poder plantarle cara a ese mastodonte que iba empujando a la gente; le miró con superioridad y eso era algo que hacía que su sangre ardiese, no lo podía dejar así.


A su derecha estaba el, jugando con una copa vacía en sus dedos, acariciando el borde del cristal. Sonrió de forma maliciosa y pegado a la barra no dejó de desafiarle con la mirada; ser parte de la mafia le hacía valiente.


—Oye, te había perdido.— una vez más, apareció el de cabellos azabaches.


—Ahora no puedo, luego te busco.— dijo intentando pasar por su lado, pero la mano del apuesto desconocido se posó en su cintura, frenándole.


—¿Por que tanta prisa? La noche es joven.


Louis dejó de mirar al rizado para ver a su ligue, alzó una ceja en muestra de desacuerdo ante su actitud; parecía no notarlo.


—Suéltame.— repitió.


—Vamos a divertirnos un rato a los baños.— insistió aferrando más sus manos a la cintura de Louis.


El castaño ya comenzaba a ponerse nervioso, podía ser valiente en ocasiones, pero a la hora de enfrentarse a un problema de gravedad era un cobarde.


—Suéltale.— una voz profunda hizo a Louis alzar su vista hasta ver ese par de esmeraldas a su lado.


—¿Y tu quien cojones eres?— rió, pegando el menudo cuerpo al suyo, incomodando más a Louis.


Sonrió sin gracia, ladeando su cuello hasta crujirlo.


—No tengo paciencia, pedazo de mierdecilla. Desaparece de mi vista.— con la barbilla, señaló un punto cualquiera de la discoteca, haciendo que este temblase por el peligro que parecía detonar el más alto de los tres; así que prefirió marcharse de allí.


Louis lo miró, cruzándose de brazos.


—Me has dejado sin polvo.


—Ves a buscarlo entonces, no me importa tu vida.— le miró de arriba a abajo, lamiendo sus labios.


Sus ojos jades desaparecieron de su vista cuando se dio la vuelta para no volver a verle, pero Louis tenía un objetivo en mente y era insultar al desconocido prepotente. Reaccionó de forma inmediata, siguiéndole a dos metros de distancia, poniéndose de puntillas de vez en cuando para poder ver por donde iba; cualquiera que le viese pensaría que era un maldito acosador, así que se planteó volver con Niall. Pero ahí estaba la señal que necesitaba, los rizos cortos del más alto se agitaron al buscar con la mirada a Louis, sonriendo maliciosamente como si tuviese un plan en mente y ese marchase bien.


—Hijo de puta...— susurró sonriendo.


Caminó más rápido, hasta perderle la vista en la puerta que estaba delante del baño masculino, no pensaba arrastrarse más para dejar claro que le había enfadado en dos ocasiones; jodiéndole el beso y luego la follada. Sin embargo, entró con la espera de poder encararle.


—Puto enano. No sabía que tenía un perrito faldero siguiéndome.— dijo al salir de uno de los cubículos del baño, ¿por que no había nadie dentro?


—Bueno, antes te has ido; no me ha dado tiempo a insultarte.— se encogió de hombros acercándose a él.


Este dejó de lavarse las manos para apoyarse en el enorme lavabo, con sus brazos cruzados.


—Tienes una manera muy curiosa de agradecer que te liberen de un acosador.


Louis se quedó de pie ante el, alzando un poco su mentón para ver cómo el rizado le miraba desde arriba, lleno de superioridad.


—Eso no es lo que me ha molestado. Quizá luego lo busque para terminar lo que habíamos empezado...


—No tengo tiempo para niñatadas.— sentenció la conversación, rodando los ojos mientras se enderezaba.


—Quieto ahí.— puso una mano en el pecho del de ojos verdes.— Ahora me tienes que compensar.


Estalló en una carcajada cargada de burla, Louis alzó una ceja sin comprender lo que había dicho que fuese tan gracioso.


—No te voy a follar si es lo que buscas, niño.


—¿Niño? Ni que tuvieses treinta.


Dicho aquello se pegó un poco más al cuerpo del rizado, notando con el roce la erección del contrario.


—Tu cuerpo no piensa igual que tu, romeo.— el de esmeraldas presionaba sus dedos en el borde el mármol, como si hiciese fuerza para no tocar el cuerpo del menor.— ¿Cual es tu nombre? Para gemirlo.


—¿Como con esa cara de angelito dices esas guarradas?


—La portada de un libro no lo define todo.— sonrió llevando una de sus manos al cierre del pantalón negro del rizado.— Dime tu nombre.


—Harry...— suspiró, poniendo su mano sobre la de Louis.— ¿Has bebido?


Louis le miró negando, una copa no le hacía estar bebido. Estaba más atrevido, pero totalmente consciente de sus actos y pensamientos.


Ante el asentimiento de Harry, Louis comenzó a desabrochar los pantalones del más alto; había sido tan fácil, y eso que sus intenciones eran hablarle mal. Cuando quiso bajar la ropa, las manos de Harry se despegaron del mármol para agarrar las caderas de Louis y subirle encima del lavabo; al parecer Louis no iba a tomar el control.


—¿Alguna vez has echado un polvo en un baño público?— susurró sobre sus labios.



—Bastantes veces, si.— se acercó un poco más, queriendo probar de su veneno.


—No hay besos en este juego, angelito.— le agarró de la mandíbula para que le mirase a los ojos.


—Louis, me llamó Louis.— ignorando lo dicho, dejó un lametón en los carnosos labios de Harry.


—Puto enano...— gruñó.


No hubo tiempo para más reproches, el más bajo fue desprendido de su camisa blanca; los botones rebotando en el suelo por la brusquedad del rizado al romper la prenda con lujuria, al parecer no quería perder el tiempo. Louis no pudo evitar jadear en sorpresa, mirando su ropa ya en el suelo por las necesitadas ganas de Harry.


—Vaya, si que me tienes ganas...


—Cierra la jodida boca.— dijo con la voz ronca antes de llevar sus labios al cuello del castaño.


Sus labios succionaban a la perfección su acaramelada piel, sabiendo que iba a dejar una marca; quería quejarse pero recordó que el lamió sus labios cuando se lo prohibió, además le apetecía que su padre le viese con el chupetón en el cuello a modo de medalla.


Supo que no habrían preliminares cuando Harry bajó sus pantalones para después hacer lo mismo con los propios, dejando a Louis expuesto por bajar también su ropa interior.


—Chupa.— demandó llevando dos de sus dedos a los labios del de ojos azules.


El menor introdujo las falanges en su cavidad bucal, lamiendo de manera lasciva a la par que no quitaba su vista de la de Harry; sus pupilas estaban dilatadas como un animal en celo, Louis estaba provocando aquello en ese hombre tan atractivo.


Asimismo, los dedos de Harry tantearon la entrada de Louis con este enroscándose en las estrechas caderas del más alto; aunque ahora estaban a la misma altura. Louis asintió ya algo desesperado por terminar ese sucio juego que ellos habían comenzado, había quedado para celebrar su cumpleaños con Niall y estaba a nada de dejarse follar por un desconocido de hipnotizantes ojos como un bosque en verano.


Dos dedos de golpe empezaron a estimular a Louis, buscando el equilibrio entre el placer y la preparación para que no fuese doloroso. Harry no quitaba la mirada del espejo, mirando un punto fijo a través de este.


—¿Q-que miras tanto?— jadeó Louis al no tener su mirada en sus ojos.


—Tu culo, joder.— llevó una de sus manos a las nalgas desnudas del menor, apretándolas con fuerza de manera que sus cuerpos se pegaron más. Louis podía sentir la hombría de Harry en su muslo.


—Harry...— dejó caer su frente en el hombro del nombrado cuando este tocó su punto dulce.


—¿Harry que, hmm?— jugó con el, doblando sus dedos para matarle de placer.


—P-para, si no paras acabaré ya.— rogó apretando sus manos en los hombros del rizado.


—Y no queremos eso.


Sacó sus dedos del interior del castaño, masajeando su miembro con lentitud para después acercarse a la entrada de Louis.


—Preservativo, ponte uno.— le frenó, con sus piernas temblando por el deseo.— En mis pantalones hay uno.


Harry gruñó apretando con rabia las caderas de Louis, pero se agachó a coger el preservativo que el castaño había dicho tener; lo colocó en su erección y ya no hubo más impedimentos, Louis se abrió de piernas para el dándole la invitación de que le destrozase.


No le dio tiempo ni a sostener el aire, todo rastro de oxígeno fue expulsado de entre sus labios cuando Harry se adentró por completo en el, con un gruñido que erizó los vellos de la nuca del más bajo.


Los jadeos comenzaron bajos por parte del castaño, aferrando sus manos a la camisa negra de Harry, arrugándola por las constantes estucadas que daban en lo más profundo de el. No estaba satisfecho por ser el único despojado de todas sus ropas, así que comenzó a desabrochar la camisa de Harry, lamiendo sus labios al ver dos golondrinas tatuadas en su piel.


—¡Mierda!— sus manos se detuvieron cuando Harry le agarró de la cintura para ser aún más brusco; siendo lo más sonoro, sus cuerpos chocando.


Allí descubrió, cuando su mirada se posó en el torso desnudo de Harry, que no solo tatuajes decoraban su piel; cicatrices de diferentes anchuras y largarías atravesaban sus músculos; no dijo nada, no podía pensar en nada más que no fuesen las estrellas que el rizado le estaba haciendo ver.


—Puta mierda...— jadeó de igual manera Harry al sentir las uñas de Louis clavándose en su espalda.


Ahora el de ojos azules gemía sin descaro alguno en la oreja del mayor, lloriqueando por estar en el cielo. Harry daba a la perfección en su punto de placer; arremetía sin piedad una y otra vez, haciendo que el menor rodase los ojos por estar empezando a llegar a su orgasmo.


Nunca le habían follado de aquella manera.


Cuando pensaba que no podía ser mejor, el rizado agarró uno de sus muslos, palpándolo con deleite antes de subirlo a su hombro; tuvo que sujetar mejor a Louis por la inestabilidad de su cuerpo en aquella posición. Pero el menor supo cuánto valía la pena por el pequeño grito de sorpresa que se le escapó al sentir su placer intensificado; era la primera vez que no debía estimular su miembro para llegar al orgasmo.


—¡Ha-Harry!


—¿Si, angelito?


Se acercó a sus labios, anhelaba saber cómo se sentiría probarlos; pero no lo haría, debía aceptar que Harry no deseaba aquello.


—Ya casi...


—¿Tan rápido?— sonrió llevando sus manos a las pomposas nalgas de Louis, apretujándolas con fuerza.


Los dedos del castaño subieron a los cortos rizos de la nuca de Harry, estirándolos un poco antes de soltar su esencia sobre los dos torsos; su pecho agitado por la intensidad de lo que podría decir que fue la mejor aventura de una noche de su vida.


Harry se mofó de el por ser algo rápido en cierto modo, pero su felicidad fue borrada de sos labios cuando el cosquilleo en su estómago sentenció el final de su noche; de la noche de Harry y Louis.


—¿Quien era rápido?— sonrió ahora Louis, ahogando un jadeo cuando Harry salió de el.


—Sigues siendo tu.— negó escondiendo una sonrisa, no hizo mueca de felicidad, pero un hoyuelo le delató.


El rizado ató el preservativo y lo tiró a una papelera que había a su izquierda.


Louis rápidamente volvió a vestirse, y cuando Harry subió sus pantalones, el castaño dejó un beso en su mejilla.


—Hasta nunca, Harry.


Sin mirar la expresión del rizado, salió del baño mirando su destrozada camisa; ya no tenía como abrocharla, pero eso le daba igual, debía encontrar a Niall. Sacó el teléfono de su bolsillo, el cual agradeció que no se rompiera cuando Harry lanzó sus pantalones al suelo, y le llamó.


Un par de tonos bastaron para escuchar la borracha voz de su amigo al otro lado de la línea.


¡Lou! ¿Donde estas?


El nombrado frunció su ceño por escuchar al rubio dos veces, una por el teléfono y la otra...


—¡Niall!— gritó cuando le vio pasando por su lado.

El de ojos celestes llevó su mirada a la persona que le había llamado, encontrándose con su mejor amigo.


—¡Feliz cumpleaños!— se lanzó a sus brazos sin pensar que era más grande que Louis, provocando que este se tambalease pero pudiera devolver el abrazo.


—¿Ya son las doce?


—Es la una de la mañana; llevas mucho rato perdido, cabrón.


—Acompáñame a beber, me voy a emborrachar como nunca.— dejó un beso en la sien del rubio, viendo de soslayo como Harry salía del baño.


Este le miró e ignoró al instante, como dos desconocidos que no acababan de bañar su cuerpo en lujuria.

23 Mai 2022 11:08:13 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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