lucaaosora LucA Ao Sora

Luego de la caída de la Quinta República en Corea del Sur, la Sexta parecía prometer paz y prosperidad a la población, pero el joven Park Jimin, esclavo de las redes de trata que solo crecían a pasos agigantados, sabía muy bien que nada iba a cambiar. Encerrado y marginado del mundo en el restaurante del Dragón Dorado, enlazará su destino con una persona de la alta sociedad, quien terminará reavivando la llama de la esperanza que creyó extinta en él. Y, tal vez..., en sus flamas arderá también el amor. ►Pareja: KookMin. ►Mafia AU! ►Se advierten escenas de violencia, lenguaje vulgar y temas delicados. Se recomienda discreción. ©Obra protegida bajo ley de derechos de autor. No se permiten adaptaciones, copias ni traducciones.


Fanfiction Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans.

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Prefacio.

Es en absoluto incuestionable el hecho de que la vida puede cambiar por completo en solo un efímero segundo, que puede dar un giro de ciento ochenta grados y atraparnos con la guardia baja en el preciso momento en que todo parece marchar a la perfección. Y eso mismo estaba sucediéndole a él…

Desconocía la cantidad de horas que había pasado con sus manos atadas detrás de su espalda. Su tensionado cuello dolía hasta la médula y un simple movimiento le provocaba la sensación de su cabeza a punto de estallar. El frío congelaba sus huesos, no conseguía percibir la punta de los dedos de sus desnudos pies, y su nariz moqueaba un poco. Claro, llevaba tan solo una fina camisa blanca, húmeda y desaseada, repleta de manchas de suciedad, y un pantalón de jean.

No lograba descifrar si era su mareo o si en realidad el suelo sobre el que se encontraba estaba en movimiento. Divagaba con su mirada por los alrededores de esa habitación, tan blanca como el alabastro, en busca de algún objeto o detalle que pudiera darle al menos una pista de su ubicación, pero fallando en el intento, pues no había absolutamente nada en esas cuatro paredes. Tan solo estaba él junto con otras seis personas desconocidas…, todos en su misma situación, con sus manos atadas en la espalda, desorientados y confundidos, sintiendo la desesperación crecer al paso de cada minuto.

No entendía una sola palabra de lo que ellos hablaban, eran extranjeros. No tenía la necesidad de hacer ninguna pregunta, porque para él era seguro el hecho de que desconocerían su idioma. Para ser sinceros, no se sentía con la capacidad de descifrar las lenguas ajenas, pero de algo estaba seguro: nadie hablaba inglés, porque, afortunadamente y a pesar de que no entendía en absoluto ese idioma, podía darse cuenta de que se trataba de este si escuchaba a otros hablándolo.

De pronto, unos extraños sonidos provenientes desde el otro lado de la enorme entrada invadieron el ambiente, descolocando a cada uno de los presentes allí. El pesado metal de la puerta blanca provocó un ruido ensordecedor que invadió hasta el más recóndito sector de los tímpanos ajenos al ser movido por desconocidos. Él posó su mirada sobre aquel sujeto de pie bajo el umbral, se veía alto y corpulento, de piel blanca, ojos azules, con rasgos occidentales perfectamente hegemónicos, rudo y de semblante estoico; transmitía una señal de inminente peligro a tan solo unos metros de distancia.

Nuestro joven, de preciosos ojos rasgados, se percató también de que la mano derecha de dicho hombre empuñaba con fuerza una cabellera castaña. Tenía a una persona amarrada de sus hebras entre sus fornidos dedos, quien de igual forma llevaba atadas las muñecas detrás de su espalda. Era un chico, se notaba por su contextura física; delgado y de piel ligeramente bronceada. Este fue arrojado con brusquedad hacia el interior de la habitación por medio de una violenta patada en su abdomen, la cual le provocó exclamar un quejido de dolor con su ronca voz gruesa.

En cuanto ese nuevo integrante del grupo de rehenes cayó al suelo, el estridente sonido de la puerta otra vez aturdió a todos, dejando tan solo un eco intrascendente y un ambiente desolador luego de ser cerrada. Las miradas de cada uno se posaban sobre las demás de forma intermitente, expresiones de desesperación y tristeza se hacían notar junto a un leve destello de esperanza. Supo muy bien que no iba a regresar a su vida cotidiana en el justo instante en el que vio al sujeto extranjero, que, por cierto, poseía una serie de llamativos tatuajes, pero imposibles de descifrar debido a la vasta cantidad de ropa color azul que llevaba; parecía vestirse como un militar.

Luego de varios minutos en un sepulcral silencio y cabizbajo, se dispuso a alzar su mirada de nuevo para observar el lugar que ya parecía conocer de memoria, paseando su vista por las siluetas de los demás. Eran tan solo tres jóvenes masculinos entre cinco chicas, todos esparcidos por la pequeña habitación sin seguir un patrón exacto. Dos chicas de cabello rubio se encontraban en una de las esquinas, alejadas del grupo, hablaban entre sollozos un idioma desconocido para él; las otras tres chicas —una de tez oscura como el chocolate, otra de cabello pelirrojo como el fuego y la última de cabello castaño y piel tan blanca como la nieve— se hallaban separadas la una de la otra y no emitían palabra alguna. El joven masculino, al que había visto al despertar en ese lugar, parecía de origen latino, tenía una complexión delgada y piel tersa de tonos semioscuros; había intentado comunicarse con él en dos ocasiones, pero ni siquiera sabían inglés, la lengua era un muro inquebrantable para todos los presentes allí.

Sin embargo, su inquieta mirada lo llevó a prestarle atención al nuevo chico, aquel de cabello castaño y voz gruesa que había sido arrojado sin una pizca de misericordia. Se encontraba dándole la espalda, sentado justo en el medio del pequeño cuarto, removiendo sus manos en un fallido intento de despojarse de las gruesas y ásperas sogas que apresaban sus muñecas. No parecía prestar absoluta atención a su alrededor, solo estaba concentrado en sus acciones, así que ni siquiera se tomó el tiempo de observar a los demás…, pero fue en ese fugaz instante, justo cuando volteó su rostro hacia atrás para tratar de llegar con su mirada hacia sus manos, donde él se percató de la forma de sus ojos. ¡Era asiático! ¡Igual que él!

No quería emocionarse, pero no pudo evitar sentir algo de esperanza en medio de ese calvario. Atinó a exclamar un “¡ah!”, llamando la completa atención de todos, incluso la de ese joven de cabello castaño, quien, extrañado, dirigió su mirada hacia la suya, encontrándose por fin con él. La expresión en el rostro ajeno fue de sorpresa pura, al parecer tampoco se esperaba algo así…, pero el asunto no terminaba allí, ninguno de los dos sabía si hablaban el mismo idioma de todas formas. Él era coreano, pero aquel otro chico podía ser japonés, chino, tailandés, entre muchas otras posibilidades; incluso podía ser un asiático de origen estadounidense, así que era su momento de hablar.

—¿Eres…?

—¿Coreano? —completó la frase al instante, como si hubiesen pensado exactamente lo mismo.

Ambos espetaron una carcajada, no sabían por qué estaban aliviados, pero el simple hecho de haber encontrado a alguien de su mismo país en un lugar tan desconocido, apartado del mundo y con la incertidumbre recorriendo sus venas, los llenaba de consuelo.

Aquel joven de cabello castaño y piel trigueña comenzó a arrastrarse por el suelo hasta llegar hacia él, colocándose justo a su lado. La euforia que recorría sus cuerpos era indescriptible, sus corazones palpitaban a un ritmo descontrolado, pero ahora, por fin, como un regalo caído del cielo, tenían la posibilidad de comunicarse con alguien.

—¿Sabes qué lugar es este? —se apresuró a preguntar.

—Vengo de otra habitación igual a esta, pero solo éramos dos allí —indicó—. Lo poco que pude entender y ver mientras me traían hacia aquí es que estamos dentro de un barco.

—¡¿Un barco?! —exclamó, extrañando a todos.

—Sí…, y me atrevería a decir que es uno de los grandes, esos de carga —opinó.

—What are you talking about? (¿De qué están hablando?)

La voz de una de las señoritas que no había emitido palabra alguna hasta el momento resonó en toda la habitación. Él observó al chico de cabello castaño en busca de ayuda ante la pregunta ajena, pues no entendía en absoluto el idioma inglés, aunque, por alguna extraña razón, podía darse cuenta de que estaban hablándolo.

—We're inside a ship —respondió su compañero, intentando sonar lo más claro posible. (Estamos dentro de un barco.)

—A ship? Why did they put us on a ship? Where're they taking us? —su voz sonaba temblorosa. (¿Un barco? ¿Por qué nos pusieron en un barco? ¿A dónde nos están llevando?)

—I'm sorry —dijo apenado—. I don't know any more than that. (Lo siento, no sé más que eso.)

En cuanto concluyó su diálogo, aquella jovencita comenzó a mover sus manos con desesperación, tratando de librarse de las sogas en sus muñecas, lastimándoselas mientras lo hacía. Todos allí empezaron a alzar la voz, algunos se hablaban entre ellos en su idioma natal y otros simplemente exclamaban por ayuda; sabían que era inútil hacer eso, pero, para bien o mal, terminaron llamando la atención de las personas allá afuera.

La puerta otra vez emitió ese estridente sonido al ser abierta, provocando escalofríos en los demás. Por allí ingresó el mismo hombre que antes habían visto, esta vez con dos hombres más a su lado, de similar aspecto. En su mano derecha empuñaba un arma de fuego, cosa que hizo enmudecer a los demás en cuanto se percataron de ello. Indicó a sus acompañantes algo en lo que parecía ser idioma italiano y estos se adentraron aún más a la habitación, dirigiéndose hacia una de las jovencitas.

—Take her away —habló, pronunciando un poco mal su inglés, pero con una clara intención de hacerle entender a la chica lo que quería hacer. (Llévensela.)

—What?! No, don't touch me! —exclamó, arrastrándose hacia atrás como podía. (¡¿Qué?! ¡No, no me toquen!)

Los dos hombres corpulentos la tomaron de ambos brazos mientras ella forcejeaba en vano. Gritaba y sollozaba con desesperación, haciendo su mayor esfuerzo por liberarse, cuando la fuerza ajena era abismal y aun sabiendo que era inútil intentar escapar estando arriba de un barco lleno de tipos como esos. Sin embargo, justo en ese momento, aquella joven que había estado antes intentando desatarse se puso de pie, dejando a simple vista sus manos liberadas para arremeter contra esos hombres de inmediato.

Cualquier destello de esperanza de escapar de ese lugar fue enterrado seis metros bajo tierra en cuanto tres estruendosos disparos resonaron entre las paredes de la habitación, cada uno dirigido hacia aquella inocente joven, la cual cayó cual muñeco de trapos sin vida directo al suelo, provocando un sonido seco y lúgubre que inundó el ambiente de silencio. La chica que había estado forcejeando antes dejó de moverse por completo ante la aterradora idea de acabar como la que yacía sin vida frente a sus ojos y, sin emitir queja alguna, se resignó a su destino, siendo llevada por esos dos hombres a quién sabe qué lugar, mientras que el tercero, de estoico porte y el perpetrador de tal asesinato, tomó por el talón derecho a dicha víctima bañada en carmesí y la arrastró hacia la salida como si fuera una simple bolsa de basura.

Nuestro joven, de ojos rasgados y gruesos labios, tragó en seco, no pudiendo asimilar lo que acababa de acontecer, sintiendo sudor frío recorriendo todo su cuerpo y temblando de miedo, dirigió su mirada hacia su compañero coreano, el cual también se notaba atónito ante tal hecho. Ambos se observaron sin decir una sola palabra, pero transmitiéndose un millón de sentimientos al mismo tiempo, para luego quedar con sus cabezas gachas en un intento de no ver lo que estaba pasando, pues la puerta no había sido cerrada todavía…, y de allí seguían ingresando esos dos hombres corpulentos para llevarse a la fuerza a los demás. Sabían que iba a llegarles su turno.

Sin embargo, luego de que trasladaran al joven de aparente procedencia latina fuera de esa habitación, los tres hombres ingresaron y se quedaron de pie frente a ellos dos, los únicos que faltaban, los de origen coreano.

—Sono questi i coreani? —dijo el de ojos celestes, parecía ser el jefe de los otros. (¿Estos son los coreanos?)

Sus miradas volvieron a encontrarse, esta vez con expresiones de confusión, ¿qué iban a hacer con ellos a diferencia de los demás? No podían entender nada de lo que esos tipos hablaban, eso los desesperaba más.

—Proprio così, signore. (Así es, señor.)

—Slegateli e dite loro di togliersi i vestiti. (Desátenlos y que se quiten la ropa.)

—¿Qué están diciendo? —indagó, pero recibió una negación cargada de incertidumbre de parte del joven de cabello castaño.

—Get up! —exclamó uno, alarmando a ambos. (¡Levántense!)

Confundido y desorientado, decidió seguir los pasos de su compañero, quien sí entendía inglés, y se puso de pie a la par suya. El hombre los observó de arriba abajo.

—Abbassare i pantaloni. (Bájenles los pantalones.)

De repente, los otros dos hombres se aproximaron hacia ellos y se colocaron a sus espaldas para tirar de sus pantalones hacia abajo, junto con su ropa interior, dejando expuestas sus partes más íntimas ante la inquisidora mirada ajena.

Nuestro joven de labios gruesos se sintió despojado de toda humanidad, igual que un objeto, cohibido y aterrado por los susurros de aquellos hombres que no despegaban su vista de él.

—Your name? (¿Tu nombre?)

Frunció el ceño, confundido, y alzó su mirada para encontrarse con aquellos fríos ojos celestes. La pregunta había sido para él, pero no entendía…

—Tu nombre —murmuró el otro chico a su lado.

—Ah… —vaciló—. Jimin. Park Jimin.

—Are you a virgin? (¿Eres virgen?)

Buscó ayuda otra vez en aquel joven de cabello castaño, quien le tradujo la pregunta de nuevo. Se sintió tan extraño y horrible al darse cuenta de lo que ese hombre quería saber. ¿Por qué le importaba si era o no virgen? Se mantuvo atento por unos segundos a las expresiones ajenas, buscando respuestas sin éxito alguno, y terminó por asentir con su cabeza, recibiendo una sonrisa de aprobación de su parte. Sabía que estaba en problemas, pero ahora comenzaba a entender la magnitud de estos, solo era la punta del iceberg.

—Your name? —volvió a preguntar, esta vez al otro chico.

—Kim Taehyung.

—Virgin?

—No.

Algunas palabras en otro idioma fueron intercambiadas entre los tres hombres blancos, dejando a ambos chicos con sus pantalones y ropa interior abajo por un largo tiempo.

—Lasciateli qui nel porto di Vladivostok. Che la Bratvá li venda all'asta. (Déjenlos aquí en el puerto de Vladivostok. Que la Bratvá los venda en subasta.)

Unas risas fueron espetadas de sus bocas. Uno de los hombres se dirigió hacia el joven de cabello castaño que se identificó como Kim Taehyung y volvió a colocarle la ropa en su lugar original, procedió luego a desatar sus muñecas y llamó la completa atención de Jimin, que con ingenuidad creyó que los estaban liberando, pues otro tipo se dispuso a hacer lo mismo con él.

Sin embargo, en cuanto observó a su compañero caer inconsciente al suelo debido al golpe que aquel hombre blanco acababa de propinar en su nuca, comprendió que había vuelto a pecar de inocencia al aferrarse tan solo a una insignificante gota de esperanza.

—No… —balbuceó, viendo cómo el hombre a su lado se preparaba para darle un golpe también, desesperándolo más a cada segundo—. No, por favor. ¡Déjenme!

Y, como cruel destino escrito con sangre, todo se volvió oscuro… Su vida terminó por tomar un camino sin retorno.

30 Mai 2022 05:56:17 9 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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AP Andrea Piccoli
Se viene lo bueno..
June 15, 2022, 10:01
KL Karen López
Es muy interesabte espero el siguiente capitulo
June 06, 2022, 00:48
Paw Park Paw Park
Me hice una cuenta solo por ti hehehe
June 04, 2022, 19:15

  • K L Karen López
    Hola alguien sabe como encontrar una lectura que busco se trata de que jk es un vanirio atormentado por la muerte de su amigo y busca venganza y secuestra a jimin que es humano pero en su cumpleaños se transforma o convierte en vampiro June 06, 2022, 00:51
  • LucA Ao Sora LucA Ao Sora
    AAAAAAAAA GRACIAAAAS 💜💜💕💕💕🥺 June 05, 2022, 01:38
Vanesa TK Vanesa TK
OH MY FCKIN GODDDD!!!!!! ESTO ESTÁ RE FUERTE Y SOLO ES EL INICIO
May 30, 2022, 20:50

Hs M Hs M
MIS CHIKITOS:(
May 30, 2022, 17:37

~

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