evelyn-serra-castro1535600440 Elly Castro

Un grupo de personas necesitan elegir a uno de ellos como un sacrificio para poder ir al otro mundo. Cuento creado para el reto El diálogo de acción de La Copa del Autor.


Action Interdit aux moins de 18 ans.

#theauthorcup #theauthorscup #TheActionDialogue
Histoire courte
0
2.2mille VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

Elegir a un sacrificio

— ¿Quién irá? ¿Quién de nosotros será el sacrificio?

— …

— …

— …

— Yo, por favor.

— No creo que este sea el modo adecuado...

— Por favor... Yo quiero ir, por favor. Dejénme ir.

— No digas eso, Magda. Ven. No te acerques a la borda. Tú no piensas de esa manera. Lo sabemos. No te preocupes pronto vamos a encontrar la solución para salvarnos e ir al otro mundo.

— No quiero interrumpir el momento pero no podemos tardarnos en elegir. El monstruo volverá pronto.

— ¿Acaso crees que con preguntar quién quiere morir conseguirás algo? Ninguno de nosotros quiere morir.

— Yo quiero. Necesito ir con ellos, por favor.

— ¿Cuánto tiempo nos queda?

— Poco. Siempre queda poco tiempo.

— ¿Qué haremos? ¿Cómo podemos ir al otro mundo? ¿Acaso no hay solución más que sacrificar a uno de nosotros? No es que me importe más de la mitad de los aquí presentes pero, igual, no llegaremos a ningún lado solo esperando y mirándonos las caras.

— Si nadie va a ofrecerse voluntario debemos votar.

— ¿Qué?

— ¿Votar?

— ¿Dijiste votar? ¿Acaso esto es una democracia ahora? Nadie de los aquí presentes ha vivido en una democracia. Preferimos la tiranía y ser tiranos entre tiranos. Además, ¿Por qué actúas como si fueses el jefe? Pasaron cientos de años desde que fuiste rey. ¡Oh, no! Espera. Nunca fuiste rey. Fuiste el amigo de uno. Tú con tu femenina túnica ahora estás luciéndote frente a otros como un rey. Yo soy el único rey. No sabes ni siquiera sostener una espada. ¡Maldito politiquero!

— Podré no haber sido rey pero al menos tengo un cerebro que uso.

— ¡Basta! El tiempo corre. El tiempo no se detiene mientras están discutiendo. No podemos pelear más. Si quieren pelear entre ustedes mejor los dos arrojénse por la borda y ayuden a los otros a pasar al otro mundo.

— Es cierto. Solo estamos perdiendo el tiempo.

— Estoy de acuerdo con seguir un criterio democrático. Vamos a intentarlo por ahora. Cada uno debería anotar en un papel el nombre de aquel que piensa que debe ser sacrificado.

— ¿Dónde hay papel? ¿Quién tiene la pluma? ¿No hay?

— Estamos en un barco a mitad de la nada esperando que uno de nosotros sea sacrificado para que la compuerta al otro mundo se abra. Discúlpame si no tenemos pluma y papel.

— No es momento para ironías. Magda, ¿qué es esto? ¿Y este papel con tu nombre? ¡Oh! ¿Encontraste pluma y papel? ¡Perfecto!

— Simplemente...

— Vamos a hacerlo.

— ¿Deberíamos poner el nombre del que vota?

— ¿Por qué haríamos algo así? ¿Quieres desatar el caos?

— Creo que es mejor ir siempre de frente. Hay alguien aquí que siempre va por la espalda. Espera el momento y apuñala.

— ¿Estás hablando de mí?

— Tal vez.

— Me estás mirando así que tienes que estar hablando de mí.

— No nos desviemos. Denme los papeles si terminaron.

— Listo.

— Aquí tienes.

— Un, dos, tres, cuatro y cinco. Voy a empezar a contar.

— Atil uno. Julio uno. Magda uno. Atil uno. Julio uno.

— Hay un empate.

— ¿Qué hacemos ahora?

— Pongamos los dos nombres en papeles y tomemos uno al azar.

— ¿Para qué perder más tiempo? Julio es más necesario que tú. Él es rey de reyes. Tú solo eres un soldado con ejército. Es muy simple. Te lanzas, el monstruo marino te devora mientras el resto escapamos.

— ¿Te escuchas mientras hablas? ¡Tú serás el que lanzaré por la borda! ¡Eres un…!

— ¡Déjalo, Atil! No podemos decidir las cosas así.

— Él siempre me está buscando la lengua. ¿Por qué ahora defiende a Julio? ¿ahora después de lo que le hizo? Le traicionó antes pero actúa como su perrito faldero. La esencia de los traidores se esconde mas nunca cambia, con el tiempo se revela. De donde venimos, del bajo mundo, Julio lo tortura cada día y noche. Por eso le aterroriza ir en su contra. ¡Ahora no eres nada, Brutus! No voté por ti porque sabía que ustedes dos iban a votar contra mí y Jackie iba a votar contra Julio, pero tú, solo tú, deberías ser lanzado por la borda. Traicionaste en vida. Ahora deberías pagar como traidor con tu sangre. Si tanto quieres que tu querido Julio alcance el otro mundo. ¿Por qué no te lanzas por tu propia voluntad?

— ¿Sigues con eso?

— O muere uno o morimos todos. No hay vuelta atrás.

— Déjenme ir a mi. Os lo suplico. No quiero quedarme aquí. No quiero ir al otro mundo. Por favor…

— No digas esas cosas, Magda. Todo está bien. No te preocupes, solucionaremos esto. Ve a descansar abajo. Debes estar cansada. Has pasado por mucho. Ven conmigo, querida. Te acompañaré.

— Déjala de mirarla lascivamente. Pervertido.

— ¿Qué diablos te pasa conmigo? Ahh…

— ¡Ahh!

— ¿Qué fue ese movimiento?

— ¿Ha sido el monstruo marino?

— No sé. No logro verlo.

— Hay algo, allá en el horizonte con escamas doradas.

— El monstruo marino no tiene escamas. Tiene forma de pulpo y es morado con ojos blancos.

— ¿Alguno ha visto al monstruo marino? Él no tiene ojos.

— Se equivocan tenía ocho ojos y era como un pez gigante.

— ¿Dónde está Jackie?

— Todavía está abajo con Magda.

— Tal vez ella sepa como se ve el monstruo marino.

— ¡Miren! Se ha vuelto a asomar. ¿Lo ven?

— No veo nada.

— Está en la parte de abajo de la popa. ¡Miren, aquí abajo!

— Julio, ¿a qué te refieres? No hay nada.

— Yo tampoco veo nada.

— ¡Ahh! ¿Qué intentas hacer? ¡Ayudénme a subir!

— ¿Qué...?

— ¿Ayudarte? ¿yo? Hace mucho tiempo atrás te traté como un hijo, como si de mi misma sangre se tratase. Te enseñé todo lo que sabía. Te ayudé a ser alguien. Pero, ¿cómo me lo pagaste?

— ¡Maldito traidor, Julio!

— Exacto, me traicionaste. Cuando te encontré en el bajo mundo pensé que te haría pasar un infierno, te trataría como mi esclavo y disfrutaría con tu sufrimiento. Pero verte me hace sentir deseos de vomitar. El odio y el desagrado que siento se irá una vez deje de verte.

— Ayúdame, Atil. Voy a caer.

— Tú querías que yo cayera por la borda. Que me lanzara y fuese comido por el monstruo para que tú pudieses sobrevivir. ¿Por qué debería ayudarte?

— Sí, ¿Por qué debería ayudarte, Brutus? Tú solo quieres todo para ti. No piensas en los demás.

— ¿Qué está pasando aquí?

— Jackie.

— ¿Qué...?

— Van a arruinar nuestra diversión.

— Brutus, ven, sube.

— ¿Qué hacen? ¿Acaso no recuerdan las reglas? No contará como un sacrificio si no está de acuerdo la persona sacrificada. Si alguien muere y no es el sacrificio, el resto volverán a la tierra de abajo.

— ¿Cómo? ¿Cuándo dijeron eso?

— Sí...

— Ayúdame a subir, Jackie.

— Vamos. Atil, ayúdame, tú eres el más fuerte.

— ¿En serio?

— ¡Atil!

— Sí, sí...

— Ah... ¡Listo!

— No podemos seguir demorándonos. Estamos empezando a olvidar.

— ¿Qué dices? ¿Por qué olvidamos?

— Yo no olvidé. Solo tú porque tienes el cerebro más débil...

— Ahora mismo no se acordaban de las reglas impuestas. Si pasa más tiempo...

— Tenemos que apresurarnos en decidir.

— Que alguien me explique, ¿qué está pasando?

— ¿Qué tanto recuerdas Atil?

— Todo.

— ¿En serio? Entonces responde, ¿De dónde venimos?

— Del reino de abajo.

— ¿Qué hacíamos ahí?

— Nosotros...

— ¿Adónde vamos?

— Al otro mundo.

— Y, ¿qué hay en el otro mundo?

— Hay...

— Poco a poco iremos olvidando. Si olvidamos no podremos cruzar.

— Alguien tiene que caer por la borda.

— Alguien caerá.

— Ya ha pasado mucho tiempo. ¿Qué haremos?

— Vamos simplemente a volver con los papeles. Al azar...

— El elegido tendrá que aceptar su destino.

— Lo aceptará o lo obligaré a ello.

— No eres capaz más que de amenazar. ¿Y si sales tú entre los elegidos?

— Empecemos.

— Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Ya tenemos los cinco papeles con nombres. Ahora... voy a sacar uno de los papeles.

— ¡Espera! ¿Por qué tú? ¿Cómo sabemos que no los has marcado? Son solo cinco, sería muy fácil memorizarlos.

— ¿De qué hablan? Nunca haría algo como eso.

— Vamos, Jackie, que si estabas en el mismo lugar de nosotros no puedes ser una santa.

— Yo sé lo que hiciste. Más de cien mujeres, destripadas, todas jóvenes y hermosas. ¿Estabas celosa? ¿O simplemente te habían rechazado?

— Mi pasado no es relevante. Tenemos que seguir. Si no quieren que yo extraiga el papel con el nombre. ¿Quién lo hará?

— Yo lo haré.

— ¿Por qué te demoras tanto es solo elegir un maldito papel?

— Calla, me estás desconcentrando.

— ...

— ¡Solo toma uno!

— ¡Ey! Yo era el que se suponía que lo tomaría.

— Vete a quejarte a otro lado. Ya casi no tenemos tiempo. Es...

— ¿Qué pasa?

— Tú eras el que me estabas apurando. ¿Por qué estás titubeando?

— Es... Es Magda.

— ...

— ...

— Bueno, supongo que tendremos que hacerlo de nuevo.

— ¿Qué pasará si la persona que sale elegida se niega a sacrificarse?

— ¿Qué dices?

— Sería normal. Nadie aquí quiere morir.

— ¡Oye! No es momento de crear problemas, es momento de buscar soluciones.

— Si mi nombre sale yo no iré.

— Pues si mi nombre sale yo tampoco.

— ¿Qué clase de rebeldía es esta? Tenemos que decidir.

— Si tanto quieres decidir, ¿por qué no te ofreces de voluntaria y te lanzas por la borda? Prometo incluso nombrar en tu honor una ciudad y erigirte una estatua gigante. No lo haces. No lo harás. ¿Sabes por qué? Porque eres como nosotros, no quieres morir y no quieres volver al reino de abajo.

— ¡Ah! ¿Sí? ¿Qué somos entonces? ¿Cobardes?

— Somos… ¿Qué pasa con esa cantidad de niebla? …

— Me siento mareado.

— Yo también.

— Mmm…

— Uh…

Uno, dos, tres, cuatro. Tenía cuatro pájaros en el jardín. Como no me gustan los pájaros, los asesiné y luego los cociné. El más ruidoso me lo comí por la mañana, el más gordito como almuerzo, la más delgada como cena y el más rebelde para el postre final.

— ¿Qué estás haciendo?

— ¿Quén eres?

— Quien soy... ¿Quién sabe? Soy alguien entre muchos y nadie entre alguienes. Ja ja ja.

— Por favor... Déjanos ir.

— Irse. Yo quiero irme. No recuerdo cuánto hace que estoy aquí. Escondido en el sótano del barco. El mar. Odio el mar. Pero cuando salgo solo hay mar por todos lados y personas peleándose. El barco siempre va de un lado a otro, viene al intermedio con personas y siempre vuelve solo al reino de abajo. Solo quiero irme de aquí. Quiero irme a... ¿A dónde quiero irme?

— Quieres irte al otro mundo, por supuesto. Nosotros también. Tenemos que hacer un sacrificio. Uno tiene que voluntariamente morir para que los demás podamos pasar.

— Sacrificios. Sacrificios. Sí, sí, sí. Tenemos que llenar al monstruo marino de sacrificios. Solo así...

— No, te equivocas... ¡Ahhh!

— No me interrumpan cuando hablo. ¿Entendido? Estoy salvándome. Voy a dejarlos a ustedes caer por la borda. El monstruo se los comerá mientras nadan por su salvación o caerán y chocarán contra las rocas. De igual modo será poético.

— Eres un psicópata.

— Tal vez lo soy. La verdad es que... ¿Les digo un secreto? No recuerdo.

— Así nunca vas a irte de aquí. Los sacrificios al monstruo tienen que ser consentidos por la persona sacrificada...

— Quiero morir. Dejénme irme. No quiero seguir aquí.

— ¡Cuidado!

— ¡Magda!

— ¡Magda! Vuelve abajo. Aléjate de ese borde.

— Por favor, denme permiso para morir.

— ¡¿Qué dije sobre interrumpirme?! Lo siento, hermosa. Aunque quieras ser la solución nunca podrías serlo. Tú tienes que vivir. Vuelve abajo.

— No quiero ir al otro mundo. No quiero pasar al umbral de los vivos.

— Ya logramos demasiado al llegar hasta aquí. Uno tiene que ser sacrificado. No hay solución. Pero prefiero que los tres lo sean por la belleza de la numerología… ¡Ahhh! Son cuatro. ¿Qué haré ahora? Uno de ustedes se salvará. ¿A qué no hay mejor regalo de cumpleaños que este? Tin marín de dos pingue, cucara macara, titeré, fueeeee. ¡Uy! ¡Qué suerte!

— ¡Ahh!

— ¿Qué ha pasado?

— ¿Ha sido el monstruo marino otra vez?

— No, parece ser que nuestro barco ha encallado.

— Pero… ¿cómo es posible? Se supone que no habrá tierra hasta que sacrifiquemos a uno de los cinco.

— Mira, hay una isla.

— ¿Dónde?

— ¡Allá!

— Tienes que asomarte en la borda. Verás la tierra abajo de ti.

— No puedo ver absolutamente nada. Es solo un montón de desapreciable cantidad de agua en todos lad... ¡Ahhhh!

— ¿Magda?

— Ahora yo quiero ser libre, quiero ser libre como él. Dejénme ir.

— Magda, bien hecho. Lo has hecho muy bien. Nunca pensé que podrías hacer algo así.

— Nos has salvado a los cuatro.

— No, no, no. No nos ha salvado. Se ha sacrificado a una persona sin su consentimiento. Seremos devueltos al reino de abajo.

— Vamos a hablar después. Por ahora, Magda, desátanos.

— ¿Por qué el monstruo marino no ha venido a comérselo todavía? Debería aparecer apenas una persona toque el agua.

— Miren. Es una isla.

— ¿Qué? ¿Cómo es posible?

— El psicópata está ahí, por eso, el monstruo no ha aparecido para comérselo.

— ¿Qué le pasa a la isla?

— Está desapareciendo.

— Vamos a subir al psicópata. Nos puede ayudar. Como sacrificio. Sacrificamos a alguien externo del grupo y podemos pasar los cinco al otro mundo.

— Es peligroso bajar.

— Miren, se está despertando.

— Vamos a llamarlo.

— Ven, ven, aquí.

— Está subiendo al barco.

— ¿Deberíamos comentar algo acerca de que uno de nosotros ha intentado asesinarlo?

— No, por supuesto que no. Vamos a hacernos su amigo de alguna forma. Está demasiado loco. Buscaremos como convencerle de que se sacrifique.

— ¿Lo traicionaremos entonces?

— Sí, lo haremos. Haremos una traición digna de Brutus.

— Quiero volver, quiero volver con los muertos. No quiero seguir.

— Magdalena, trae un vaso de agua para nuestro invitado.

— Sí. Quiero irme de aquí. Quiero caer en el mar.

— ¿Un vaso de agua? ¿No sería más amable ofrecerle vino?

— No hay vino.

— ¿Cómo es posible que no haya vino?

— Shh… ¡Silencio! Ya está subiendo. Viene en camino. Jackie, por favor, termina de desatarnos. No queremos que el invitado se sienta extraño.

— ¡Ah! ¡Claro!

— Gracias por desatarnos, Jack.

— Bienvenido.

— Hola.

— Buenas a ti, forastero. ¿Qué te trae en nuestro humilde barco?

— Ustedes han sido los que han llegado a mi isla.

— ¡Woaw! ¿Esa es tu isla? ¡Increíble! Nunca había visto una isla tan hermosa.

— Pues sí. La verdad es que yo tampoco. Aunque nunca he visto otra isla. Tal vez solo me gustaría que fuese un poco más grande. Es muy incómodo compartir una isla con cangrejos. Ellos piensan que son dueños de todo el lugar.

— Debe ser muy difícil.

— Sí, lo es.

— Aquí traje el agua.

— Gracias. Curiosa agua que parece roja.

— Lo siento. Ha sido nuestro error. No debimos haber mandado a Magdalena por el agua.

— ¡Ahhh!

— ¿Qué ha sido eso?

— ¿Eso? Pues ha sido otra isla.

— Es una isla muy avanzada. Puede moverse de un lado a otro.

— Tiene escamas.

— Es morada.

— Tiene forma de pez.

— Pero no tiene ojos.

— ¡Oh! Me encantaría poder ver una isla así.

— Pues no tienes más que asomarte en la borda para ello.

— ¿En aquella borda?

— Sí, en aquella.

— Yo quisiera caminar por la borda…

— Magda, ve a traer más vino, por favor.

— Ven, te acompaño hasta ahí.

— ¿Puedo preguntarte tu nombre?

— Shh. Silencio. No hay necesidad de relacionarse de más con la comida.

— No tengo nombre pero todos los cangrejos de la isla me llaman El escritor.

— Pues adiós, escritor.

— ...

5 Mai 2022 03:53:25 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
0
La fin

A propos de l’auteur

Elly Castro Amo leer historias tanto que decidí intentar ser parte de ese mundo. Como no podía convertirme en personaje aquí estoy en un intento de escritora en mis tiempos libres.

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~