ivanescurra Ivan Escurra

Una familia de gitanos queda atrapa en medio de la batalla. Pero cuando todo parece estar perdido, un rayo de esperanza surge de forma inesperada.


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Un giro improbable

Oxana había faltado a la escuela esa mañana, para ayudar a su madre a preparar el cumpleaños número 29 de su hermano, Demyan. En su familia, era la única celebración que se podían permitir festejar, pues en los últimos años su economía se había venido para abajo.

La discriminación hacia los gitanos se había intensificado últimamente y la familia de los Boyko no se había salvado. Su madre perdió el trabajo como ama de llaves, siendo injustamente acusada de robo.

Pero para su fortuna, su hermano se había ganado una buena reputación en la fábrica donde trabajaba. Y a pesar de recibir constantes provocaciones por parte de algunos compañeros, sus superiores lo tenían en alta estima.

Lo que no sabían era que todos sus planes para ese día tomarían un brusco giro con el primer golpe matutino. Al principio, escucharon los impactos en la lejanía, pero los misiles no se hicieron esperar, arrasando con toda su cuadra.

Después de que la mitad de su casa había sido destruida por los misiles, Orynko Boyko no perdió tiempo y huyó con su hija menor hasta el refugio que compartía con sus hermanos gitanos. Al encontrarse incomunicados, esperaba que Demyan fuera a encontrarse con ellas en el mismo punto. Asumiendo que se encontrara a salvo.

Las horas transcurrieron y Demyan no llegaba. El refugio en el que se encontraban había sido atacado, pero aún resistía. Aunque la mayoría de sus vecinos ya estaban huyendo, ellas no tenían medio de transporte y tampoco podían dejar atrás a Demyan.

Después de lo que pareció una eternidad, Orynko escuchó la voz de su hijo llamándola desde el exterior.

—Es tu hermano, alista tus cosas y prepárate para salir. Saldré a asegurarme que el camino esté despejado y luego huiremos.

Con inmenso alivio, Orynko corrió hacia el exterior para recibir a su hijo. Estaba tan feliz que no vio a la tropa rusa descender hacia la calle en dónde se encontraban.

Cuando estaba a punto de alcanzar a Demyan, quedaron atrapados en una lluvia de disparos. Se cubrió detrás de unas columnas, dónde por fin logró reunirse con su hijo.

—Mamá, ¡qué alivio! ¿Te encuentras bien?

—Si, todo está bien, no te preocupes—. —le dijo mientras el color abandonaba su rostro.

Una bala la había interceptado en el abdomen antes de haberse refugiado. La sangre corría profusamente a sus espaldas.

—Tu hermana te espera adentro. Tienes que llevarla a un lugar seguro, prométemelo por favor.

—Ma, te llevaré a mis espaldas, alguien del refugio nos ayudará.

—Ya no queda nadie Demyan. Además, no lograré resistir más de unos minutos. Pero ustedes tienen que sobrevivir.

Demyan jamás abandonaría a su madre, ella le había enseñado a hacer hasta lo imposible para conseguir lo que quería, y nada lo detendría de salvarla. Pero cuando se disponían a moverse, Orynko respiró su último aliento y descansó tendida en el suelo cubierto de nieve.

Para ponerse de pie, Demyan tuvo que armarse de valor y reunir todas sus fuerzas para no mirar atrás. Sentía que su corazón le había sido arrancado del pecho, mientras dejaba a sus espaldas el cuerpo de su madre.

Las lágrimas nublaban su visión mientras corría hacía su hermanita. Detrás de sí, la balacera se intensificó, pues al parecer los rusos habían interceptado a las tropas ucranianas. El ataque repentino había llevado a la cuidad a la ruina, y los pocos que no lograron huir, habían quedado atrapados en medio del caos.

Al reencontrarse con Oxana, Demyan suspiró de alivio. Su cuerpo y mente estaban al borde del colapso, pero ver a su hermana a salvo lo motivó a seguir corriendo.

Ella le preguntó por su madre, pero él no fue capaz de pronunciar las palabras en voz alta. Después de negar con la cabeza, la acercó a sí mismo y le dio un fuerte abrazo. A pesar de los sollozos, Oxana no se derrumbó y le siguió los pasos. Ella siempre había sido la más fuerte y decidida de los tres.

La entrada principal estaba bloqueada debido al ataque de los militares. La única opción que les quedaba era subir hacia los pisos superiores del edificio, con el fin de encontrar un escondite hasta que los disparos cesaran. Cuando se encontraban en el quinto piso, el enfrentamiento se había extendido hasta el interior del edificio. Si los alcanzaban, estarían perdidos.

Llegaron hasta un amplio salón con mesas de trabajo. La oficina que funcionaba en ese piso parecía intacta, a diferencia del desastre que se producía tan solo unos pisos abajo. Se escondieron debajo de las mesas, esperando no ser descubiertos. Su única esperanza era que sus compatriotas salieran victoriosos, de lo contrario el enemigo ocuparía el edificio y no habría manera de huir.

Después de una hora, la balacera por fin había terminado y lo único que lograban escuchar era la conversación de los soldados restantes. Al oírlos hablar en ucraniano, casi gritaron de felicidad. Demyan y Oxana se dispusieron a salir de su escondite cuando un soldado entró a la sala en dónde se escondían y se desplomó frente a ellos.

Se acercaron a él para descubrir que se trataba de un soldado ruso. Se pusieron alertas de inmediato, pero el hombre no mostraba signos de estar consciente.

Lo registraron en búsqueda de armas, pero aparte de una navaja, el chico iba desarmado. Detrás de la sangre que le cubría el rostro, se ocultaba un chico que no lucía mucho mayor que Oxana. No parecía superar la mayoría de edad, lo que dejó perplejo a Demyan. No comprendía que hacía un chico acompañando al pelotón de su país.

—Ayuda…

Al principio, la voz parecía provenir de lejos. Pero cuando miraron abajo, el chico comenzaba a despertarse. Sin perder tiempo, Demyan lo inmovilizó a pesar de que el enemigo apenas respiraba.

—Suéltalo, no ves que está sangrando. Le estás haciendo más daño—. —le gritó Oxana.

—¿No te das cuenta de que se trata del enemigo? Esta gente es la responsable de que perdiéramos todo. ¡Ellos mataron a mamá!

Demyan gritaba de forma salvaje, consumido por la rabia. Lo que provocó que los soldados prestaran atención al tumulto que sucedía sobre sus cabezas. Ya escuchaban los pasos dirigiéndose hacia ellos, mientras seguían debatiendo sobre qué harían con el chico.

—Algo que nos enseñó mamá todo este tiempo, fue a no juzgar por el color de piel o la procedencia de los demás. Hace solo unas semanas me humillaron en la escuela por cómo me veo, pero nunca me vengué con nadie. Que mamá no esté con nosotros, no significa que olvidaré todo lo que me inculcó. Si quieres puedes irte, pero si hay algo que pueda hacer por él, lo intentaré.

Demyan se odió por lo que estaba a punto de hacer, pero después de tragarse la rabia, ayudó a su hermana a ocultar al soldado herido. Tan solo segundos después, los soldados irrumpieron en la sala, listos para abrir fuego.

—Por favor no disparen, somos compatriotas—. —les suplicó Demyan.

Después de revisarlos, los actualizaron sobre la situación. Actualmente se encontraban rodeados y esperaban a que los refuerzos llegarán en aproximadamente dos días.

Afortunadamente, tenían provisiones y armamento suficiente para aguantar ese tiempo. Mientras Demyan era instruido para utilizar un subfusil, Oxana aprovechó la distracción de los soldados y se encargó de cuidar al soldado herido.

Su nombre era Pavel y tenía solo 16 años. Asumiendo que era verdad lo que le había contado a Oxana, no se encontraba allí por voluntad propia. Su padre era general del ejército que entrenaba en las cercanías de Mariúpol. Quien después de desplegar sus tropas para tomar la ciudad ucraniana, se llevó consigo a su hijo para que formara parte de la histórica derrota que llevarían a cabo.

Oxana no comprendía como un padre podía exponer de esa manera a su hijo. Con su falta de experiencia, era casi como un sacrificio. Pero según lo que le comentó el chico, el plan de guerra que trazaron no implicaría peligro alguno para ellos.

Pero no contaban con que Ucrania tenía parte de su ejército preparado en zonas estratégicas de la frontera, lo que les dificultó la toma de la ciudad. Aun así, Ucrania se encontraba ante una desventaja abismal, de la que solo podrían recuperarse con más apoyo.

Al día siguiente, Demyan les informó que el ejército de Estados Unidos estaba enviando armamento al país. Se encontraban en camino sistemas antitanque portátiles, que marcarían la diferencia para su pueblo.

—Es mejor que te mantengas a la vista Oxana, los soldados pueden dudar de nosotros si pasas demasiado tiempo encerrada aquí.

Demyan solo quería apartarla de aquel ruso que le causaba repulsión. Pero después de oír la historia del chico, sintió pena por él. Al igual que muchos civiles que vivían del otro lado de la frontera, Pavel solo quería que acabara la masacre.

Después de unirse a los soldados, Oxana se dio cuenta de que estaban tan asustados como ella. El grupo consistía de tan solo tres hombres. Un líder de escuadrón al que llamaban Fedir y los únicos soldados sobrevivientes de su pelotón, Yakiv y Borys.

Luego de las 48 horas más largas de sus vidas, los refuerzos se hicieron presentes, reavivando el ensordecedor sonido de batalla. Una agrupación de soldados se dirigía a rescatarlos para llevarlos hacia una zona segura.

Por indicaciones del comandante Fedir, el escuadrón de rescate ingresó al edificio en dónde se refugiaban. Traían consigo cinco sistemas Javelin con los que planeaban derribar los tanques rusos que circulaban en la ciudad.

El corazón de Oxana dio un vuelco cuando vio a Pavel de pie en el umbral de la puerta. Si lo veían los soldados, podía darse por muerto.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—Lo siento, pero tengo información útil. Como recordarás, mi padre se puso en contacto conmigo ayer. Aún no le di nuestra ubicación, pero si lo hago podrán derribar los tanques cuando vengan a rescatarme.

—Pero cabe la posibilidad de que tu padre se encuentre entre ellos. ¿Por qué te arriesgarías a hacer algo así?

—Porque es la única solución que está a mi alcance. Ya sé que esto no detendrá los ataques en las demás ciudades, pero los ayudará a recuperar esta ciudad. Si existe la más mínima posibilidad de acabar con esta guerra sin sentido, tenemos que intentarlo.

Oxana no entendía como Pavel podía ser tan diferente a su padre. Su postura con respecto a la guerra lo había llevado hasta el punto de entregar a su propio padre al enemigo, con tal de terminar con el conflicto.

Por supuesto, Demyan desconfió de la propuesta. Pero Oxana le mintió, asegurándole que el ejército enemigo ya se encontraba en camino. Su hermano no tuvo más opción que informar a los soldados de la situación, para que pudieran prepararse ante el inminente ataque.

Después de la confirmación por parte de Oxana, Pavel reveló su posición y pidió a su padre que atacaran desde la parte trasera del edificio. Les aseguró que con esa medida, no habría posibilidad de que el escuadrón ucraniano se reagrupara para atacar. Los rusos creerían que llevarían a cabo un ataque sorpresa, cuando serían los ucranianos quienes estarían listos para recibirlos con sus destructivos armamentos.

Demyan les había dado la noticia a los soldados sobre el ataque sorpresa, pero como era de esperarse, desconfiaron de él. Tuvo que presionarlos, asegurándoles que llegarían en cualquier momento, lo que obligó a Fedir y sus hombres a reubicarse para el ataque.

Les había dicho que había recibido la advertencia de un amigo que se refugiaba unas calles abajo. Y después de muchas preguntas, por fin aceptaron seguir el plan de Demyan. Oxana se sorprendió de lo convincente que sonaba su hermano, que a diferencia de ella, se le daba muy bien mentir.

Tal y como Pavel les había advertido, los tanques se acercaron desde la calle que daba hacia la parte trasera del edificio. Los soldados ucranianos se encontraban dispersados en diversos puntos estratégicos, listos para interceptar a los tanques enemigos desde diversos ángulos.

Aguardaron hasta que todos los tanques estuvieran a la vista y abrieron fuego. El estruendo fue ensordecedor. El edificio no paraba de estremecerse debido a los impactos tan cercanos contra el enemigo. Una nube de polvo cubrió el lugar y seguido de las explosiones, llegó la repentina calma.

Los soldados bajaron para asegurarse de que no habían quedado sobrevivientes. Debido a la magnitud del ataque, a Oxana no le cabía duda de que solo se encontrarían con restos de cadáveres, regados por la accidentada avenida.

Encontró a Pavel hecho un ovillo en el suelo. El chico no paraba de sollozar después de que Demyan le confirmara el resultado del ataque. Sorpresivamente, encontró a su hermano sosteniéndolo mientras el chico lloraba su perdida.

Después que Pavel se hubo cambiado el uniforme, bajaron junto a los soldados para contemplar los restos de los tanques que quedaron esparcidos en la calle.

El ejército ucraniano celebraba su victoria, extasiados por haber recuperado su ciudad de un solo golpe. Mientras Oxana contemplaba con horror la devastación a su alrededor. Su vecindario había quedado en ruinas. Su hogar había desaparecido y su madre jamás regresaría.

Deseó con todo su ser que en las otras ciudades hubieran más personas como Pavel, movidas por el altruismo y dispuestas a arriesgar todo con tal de acabar con la devastación que traía consigo la guerra. Esperaba que pronto pudieran pasear por las calles sin miedo a ser atacados de vuelta. Viviendo libres, sin miedo.

Pero de momento, disfrutaría del regalo que habían recibido por parte del enemigo. Por más momentáneo e imprevisto que haya sido, les había cambiado la vida.

30 Mars 2022 03:02:44 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Ivan Escurra Las historias que leí en mi adolescencia me impulsaron a crear mis propios mundos. Además de la lectura, me encanta dibujar y descubrir nuevas series.

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Denyer Joseph Denyer Joseph
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April 15, 2022, 23:43
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