marymarcegalindo Marymarce Galindo

Víctor Manuel Vega pasa sus noches trabajando en una discoteca de Ibiza mientras espera obtener experiencia y trayectoria para alcanzar su sueño: ser un discjockey famoso como aquellos a los que telonea. La casualidad hace que conozca a Gianluca Rossi, un jovencito italiano que está vacacionando en la isla antes de emprender el mayor desafío de su vida. La playa, la aventura y la música serán cómplices de la maravillosa y trágica historia de amor que los dos iniciarán al final de un verano.


Romance Interdit aux moins de 18 ans.

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Introducción

Muchas veces, el verdadero amor se oculta tras la mirada más fiera.

Habla a través de señales que solo entiende el corazón.

Se esconde en atardeceres mágicos.

Se perfuma con la brisa del océano y se baña entre sus aguas.

Danza con la música de una discoteca y se arrulla en el eco de un buen blues.

Agita sus alas en nuestro estómago.

Y se viste de piel.

El amor nos hace reír, nos hace llorar.

Nos hace gozar y nos lacera el alma.

Nos adormece con su calor y nos congela con su indiferencia.

En un instante nos da la vida y al siguiente nos hiere de muerte.

Y yo tuve que entender que el amor es felicidad y dolor

cuando conocí a un bello ragazzo italiano

del que me enamoré al final del verano.


[...]


Tenía el corazón partido en dos. Mi futuro me esperaba en Ibiza y mi presente estaba en Bellagio. Si dejaba pasar la oportunidad de grabar aquel único tema que el productor inglés había escogido, tal vez nunca más podría llegar a tener otra en toda mi vida. Si decidía tomar el vuelo de las ocho tal vez perdería la oportunidad de estar con él unos días más.

Eran las ocho de la mañana y el sueño me había abandonado, así que llamé a la única persona que en ese momento podría iluminar mi mente y calmar mi corazón. Cualquier palabra o señal que ella me diera sería para mí una orden porque mamá nunca se equivocaba. Ella tenía una especie de corazonadas que podían llegar a convertirse en realidad, por eso su hermano y yo siempre respetamos su palabra.

La melodía de la llamada sonó durante muchos segundos y mis ansias me provocaban una ligera falta de aire, temblor en las manos y hasta sudoración. Desde hacía un buen tiempo que no había consultado con ella una decisión y mucho menos una tan importante para ese momento de mi vida… para toda mi vida.

Y mientras luchaba con mi agitado océano de emociones mi mejor amiga respondió:

—Manoli, por qué me estás llamando a esta hora. —Akili se escuchaba tan asustada que pude imaginar sus enormes ojos marrones bien abiertos—. ¿Pasó algo?

—Nada malo, morena. —Me estaba arrepintiendo de pedir su ayuda, pero como siempre me cogía las mentiras no pude inventar nada bueno—. Todo sigue igual. Este… yo… te quería hacer una pregunta y quiero que me des un consejo justo.

Mi amiga escuchó en silencio aquel dilema que me había quitado el sueño y apretaba sin misericordia mi pecho. Era tanta mi ansiedad que pudo notar mi agitación por eso, con su dulce hablar, me pidió tres veces que me calmara.

—¿Qué harías tú en mi lugar? —Quería que Akili se pusiera en mis zapatos. Esa forma de pedir un consejo lo había aprendido de ella pues, cada vez que debía hablar o aconsejar a alguien, ella me decía que sintiera como esa persona se sentía. A ella le sería más fácil orientarme si se ponía a pensar cómo me sentía en ese momento.

—Manuel Vega, eso que me estás pidiendo ahora es una decisión que solo tú puedes tomar. —Mi nombre y apellido en su boca significaban que ella se había puesto realmente seria—. Nadie más que tú puedes decidir qué es lo que quieres hacer.

—Entonces… —Sucedió lo que no esperaba. Ella jamás me dijo eso, siempre me ayudaba a escoger una de mis alternativas.

—Solo puedo decirte que, si escoges una y no la otra, no deberás arrepentirte jamás. Recuerda lo que dicen los ancianos, allí donde está tu corazón está tu felicidad.

Recordé la lección que aprendí desde niño por boca de mi abuelo y que mi madre también me repetía. Era tan similar a las palabras que Akili me dijo cuando no me decidía a escuchar la voz de mi corazón.

Yo sabía que cuando el corazón da sus razones, los demás argumentos desaparecen; pero también era consciente de que una decisión apasionada puede llevar a arrepentimientos. Yo no quería arrepentirme de nada.

Le dije a Akili que la quería mucho, que debía colgar para pensarlo un poco y que la llamaría el fin de semana. Ella me bendijo y dejó un sonoro bostezo en el auricular. Extrañé que me apretara entre sus robustos brazos. En realidad, ese momento deseaba que alguien me abrazara con fuerza sin importar quién fuera; sin embargo, lo único que pude hacer fue apachurrar la almohada y cerrar los ojos para descansar un poco pues en algunas horas más debía armar mi maleta, agradecer la hospitalidad de la familia y despedirme de mi amado ragazzo. Esa última tarea era la parte más pesada y dolorosa que debía afrontar.

Calculo que durante media hora estuve pensando los pro y contras de cada decisión, poniéndolos en la balanza y viendo cuál sería mejor. En medio de las dudas y los suspiros que cada ventaja y desventaja me sacaba el sueño por fin llegó.

Dos toques en la puerta de la habitación me hicieron abrir los ojos y el sol del mediodía brillaba afuera después de muchos días. El mayordomo de los Rossi me pidió que fuera al dormitorio de Gianluca porque quería hablar conmigo. Estuve listo en quince minutos y retomé mi rutina de todos los días.

Después del almuerzo mi ragazzo me pidió que lo llevara a la sala y encendiera la chimenea. Cumplí su deseo al instante y mientras los empleados de la casa recogían la vajilla del comedor, él contemplaba las chispas que salían de los leños encendidos.

Yo permanecía en silencio porque era difícil decirle que había confirmado mi vuelo para esa noche, que en unas horas más tendría que partir, que había escogido volver a Ibiza y cumplir con la promesa que me hiciera a mí mismo. Separarnos en ese momento, aunque fuera solo por unos días nos ponía en una situación incierta. Me era tan difícil imaginar que las cosas podrían empeorar en Bellagio y que yo no pudiera volver a verlo.

Con desesperación, necesitaba que alguien me asegurara que nada malo iba a suceder y que tendría la oportunidad de volver a la mansión de los Rossi para jugar, caminar, conversar, pasear y compartir ese invierno con mi amado.

De pronto levanté la mirada y encontré los ojos de Luca que me observaban con cariño, quise sonreír, pero solo pude formar una triste mueca en mi boca y entonces cuando estaba a una palabra de contarle mi decisión, él fue quien escogió la alternativa.

—Manu, es importante que vuelvas a Ibiza —dijo con sonora severidad en su voz—. Tu sueño más querido está esperando allá.

—Lo sé, pero yo… —Tenía que decir cómo me sentía y preferí callar.

—Nada malo va a pasar… —Apretó mi mano al ver que mi miedo crecía—. No debes ser tan negativo. Solo serán…

—Tres días. —No estaba dispuesto a quedarme para la presentación oficial en la discoteca, aunque esa fuera también otra gran oportunidad de ser escuchado y visto.

—Tres días se van volando y cuando menos lo pienses estaremos de nuevo jugando con la consola o escapando a algún lugar bonito sin que mi abuelo o mi madre nos vean. —Su sonrisa me daba la confianza necesaria para imaginar que así sería y me sentí más tranquilo.

Después de escuchar algo de música, Luca me acompañó a mi habitación y vio atento cómo preparaba mi maleta, comentó que jamás podría aprender a envolver la ropa como yo lo hacía, así ensayara toda una vida. Yo acomodaba todo con prisa porque tenía miedo de arrepentirme de mi decisión.

Cuando todo estuvo bien empacado y yo andaba envuelto en un grueso sacón de plumas, el mayordomo me informó que el chofer tenía el carro encendido, que la madre de Luca me esperaba en las escaleras y que el abuelo me recomendaba salir en los siguientes diez minutos para llegar a tiempo al aeropuerto de Malpensa.

La hora de decir hasta pronto llegó y con ella mis temores se agigantaron, apretando mis hombros y quebrando un poco mi voz. Me decía a cada rato que debía tener confianza, que el tío Luciano no se opondría a mi regreso y que nada malo pasaría durante esas horas de lejanía.

En la quietud de mi habitación me senté en el sillón cercano a la cama, acerqué a Luca y sujetando su cara con ambas manos, le pedí que hiciéramos una promesa.

—Son las seis de la tarde del miércoles, a las siete de la noche del domingo estaré entrando por esa puerta con esta misma maleta. —Sus ojos se mantenían fijos en los míos mientras asentía a cada palabra que yo decía—. ¿Qué quieres que te traiga de la isla?

—Una caracola de las que hay en Cala Conta. —Fue un extraño pedido—. Dicen que en ellas se puede escuchar el mar.

Dejé muchos besos en su frente, en sus cejas castañas, en sus ojos de miel, en la enrojecida punta de su nariz, en sus mejillas sonrosadas y en su pequeña boca y, mientras lo besaba con ternura, quise estar seguro de que podría viajar sin temores a Ibiza.

—¿Me esperarás? —En verdad esa no era una pregunta. Era una súplica desesperada que hacía mi corazón insistiendo en cada latido por quedarse junto al ragazzo.

—¿Regresarás? —Luca también tenía miedo y fue bueno que me lo hiciera saber.

—Volveré. Mil veces volvería por ti. —Dejé mi cabeza en su regazo y con sus largos y delgados dedos él ordenó mi alborotada melena—. Volveré siempre, Gianluca porque te amo.

—Dilo en italiano —Caprichoso como a veces era me pidió ese detalle—. Dilo así para que lo sienta más real.

—¿Cómo se dice volveré en italiano? —Lo había olvidado.

—Tornero. —Alzó la mirada y movió la cabeza a los costados.

—Io torneró, Gianluca Rossi perche ti amo. —Mi corazón y mi vida completa se deslizaron con esas palabras.

El último beso fue fruta fresca y amarga hiel. Sentí que una garra separaba nuestros corazones y que todavía estaba a tiempo de dejar mi maleta en la cama y llevarlo a su cuarto para que cenáramos juntos como lo hicimos los últimos días.

Si no me paraba y lo dejaba junto al abuelo no podría decir hasta pronto. Fiel a mi decisión rompí el último hechizo de nuestro cariño y sujeté mi maleta azul que me había acompañado semanas atrás cuando llegué por primera vez a Bellagio.

Luca me acompañó hasta las gradas, el abuelo nos detuvo en el primer peldaño y con grandes palmadas en la espalda me despidió.

—Manuelle, espero que todo te salga bien en Ibiza. —Sus grandes manos apretaron las mías y la confianza de volver a su casa regresó—. Te estaremos esperando.

Afirmé varias veces, le pedí que me despidiera del tío Luciano y sin querer mirar atrás bajé las escaleras a toda prisa. Quería establecer distancia porque si Luca decía cualquier palabra durante esa partida, yo volvería a subir esas escaleras de fina madera y no partiría.

Corrí al coche y me encontré con los ojos de Fabiana. La madre de Luca me esperaba en la puerta con su rígida postura y su perfume a jazmín.

—Dime que vas a volver. —En sus ojos claros pude ver la duda y la enorme pena.

—No desconfíe, señora —le pedí sin apartar las pupilas de su hermosa mirada—. Esto que estoy haciendo ahora es solo un compromiso. Gianluca, en cambio, es mi prioridad.

Mientras el chofer acomodaba mi maleta en la parte de atrás, abracé a la madre de mi chico y le dije al oído dos veces que regresaría a tiempo y subí al coche con un enorme nudo en la garganta.

La misma llovizna que me había dado la bienvenida, me despedía esa noche y yo temía que fuera el preludio de un adiós. No quise ver la mansión, tampoco los árboles. Me puse los audífonos y cerré los ojos para no pensar más. Solo éramos mi música y yo. Las calles de Bellagio desaparecieron en pocos minutos, se convirtieron en carretera y la oscuridad se hizo más densa cuando salimos por la vía que lleva a Milán.

En solo dos horas estaría en el avión y cumpliría con mi sueño, pero no me quedaría en la isla, tendría que decirle a mi jefe que debía retornar a Bellagio, que necesitaba alargar el permiso que me dio. Pero si él no quería, si debía despedirme y poner un reemplazo, yo lo entendería y, aunque lo perdiera todo, regresaría con Luca. Había hecho una promesa a mi amado y a mi corazón.

El chofer tomaba con calma las curvas de la carretera, el sonido del lago Como todavía podía escucharse a los lejos y para no pensar en Luca decidí subir más el volumen del celular. Escuchaba un mix de Martin Garrix y de pronto no cómo ni porqué apreté la pantalla y entonces ingresó aquella canción que me hablaba de Luca, que hablaba de mí, que ambos hicimos nuestro himno de amor durante una noche de fiesta y luces en Ibiza al final de aquel verano.

Volví a sentir la presión en los hombros, el vacío en el pecho y el palpitar intenso en las sienes como síntomas de que mis temores tomaban otra vez el control. La duda volvió a mostrarme su irónica sonrisa y la voz de Iselin Solheim sonaba como un pedido para que volviera a la mansión de los Rossi.

¿Qué debía hacer? Volver con Luca o volar a Ibiza para alcanzar mis sueños.

El carro corría a toda prisa alejándome del chico que amaba, acercándome a un futuro incierto y yo no podía decidir si era mejor cambiar de canción o decirle al chofer que diera la vuelta al coche.





Nota de autor:

Con los nervios sobre los hombros les presento mi primera novela original que habla de un intenso y corto amor. Espero que la acojan con el cariño y respeto que demostraron con mis fanfics . Agradezco de antemano vuestro apoyo y comentarios.


23 Mars 2022 16:48:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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