gonzalo-celayes-caballero Gonzalo Celayes Caballero

Esta historia se remonta al siglo 17, en el año 1652 en Inglaterra, donde existe un lord llamado Edward Charles Johnson Hamilton, quien es conde Northumberland y miembro del parlamento Inglés de Gran Bretaña. Antes lucho en las Guerras Civiles Inglesas sirviendo a Inglaterra como caballero, pero ahora, tiene que cumplir con las ordenes de los reyes. Sin embargo, Edward empezara a darse cuenta que los reyes no estan ayudando a su pueblo, que no los estan protegiendo y que la gente sufre de mucha pobreza y miseria. Al ver tanta crueldad por parte de estos reyes, quienes no dan a su gente nada para comer, planea armar una revolución en la que los pueblos sean liberados, que dejen de estar condenados por la maldad de sus superiores. Para lograrlo, Edward tendra que usar todos sus conocimientos, estrategias e ideas, para acabar con toda esta destrucción.


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LA REVOLUCIÓN DE LOS PUEBLOS CONDENADOS: PARTE 2

Viendo que este gran ejercito no los dejaba avanzar, Edward tomo aliento y, corriendo muy rápido, ¡se dirigió hasta los caballeros! Saco su espada y los empezó a matar. Fue tanta la rapidez que tenía que ningún guerrero lo veía, los estaba matando y ellos no podían detenerlo. ¡Les atravesaba el estomago con su espada! ¡Atravesaba sus hombros y les sacaba los ojos! Nadie se comparaba con su forma de pelear.


Entre la gente que peleaba, estaban algunos hombres que vivían en Northumberland, y justo, peleando junto a ellos, estaba Guzmán Reeder Blakewood. Guzmán luchaba contra un par de soldados, con su espada mato a un par de ellos. Pero, en el momento en que Edward lo vio, allá a lo lejos, y Guzmán también lo vio, se distrajo por un momento, sin ver a su oponente.


¡Estando distraído, un soldado se acerco a él y le atravesó el pecho con su espada! Salió mucha sangre de su cuerpo y el caballero siguió matándolo. ¡Le corto el brazo con su espada! ¡Fue tanto el dolor que Guzmán grito de sufrimiento! El hombre lo lastimo tanto con la espada que hizo que se cayera al piso.


El caballero estaba a punto de cortarle la cabeza, hasta que Edward llego rápidamente y le dio un golpe en la cara a ese soldado. Este cayó al suelo, Edward se acerco a Guzmán y toco su pecho herido, toco su cabello y salieron lágrimas de sus ojos, observando tristemente como el amor de su vida moría.


Edward: ¡no! ¡Esto no puede estar pasando! Guzmán… tú no puedes morir, no puedes irte, tú no te mereces morir, porque… ¡¿porque tuviste que pelear?! ¿Porque no te quedaste en Northumberland? No quiero que mueras, te amo tanto… no me dejes, no sé cómo vivir sin ti... por favor, resiste, se que te vas a mejorar, te curare yo mismo y vivirás…. Por favor, mi vida, no te vayas de mi lado, sin ti no sé lo que haría, sin tu cariño, sin tus abrazos, sin tus besos…. ¡Oh, mi amor! Yo no sé lo que sería sin todo eso….


Guzmán: Edward… agh… no te pongas triste, cariño, yo siempre estaré contigo… me queda poco tiempo de vida, pero el amor que siento por ti nunca morirá…. Te amo, te quiero con toda mi alma…. Sé que tu lograras ganar, yo se que podrás salvar a nuestro país. Tu puedes, yo estaré ahí, a tu lado, nunca te dejare…. No temas, no llores así, quiero ver tu sonrisa una vez más…. Deseo ver esa felicidad que tienes, verte por última vez con esa cara feliz que se que tienes. Algún día estaremos juntos, pero ahora, tienes que seguir aguantando… tienes que resistir y salvar a nuestros pueblos… por favor mi amor, no dejes que esta guerra sea en vano… lucha con todo tu corazón, te amo… adiós….


Las lágrimas de Guzmán caían por ese suelo lleno de sangre, Edward soltaba un par de lágrimas y abrazaba a Guzmán con mucha fuerza, no quería que se muriera. Por fin había conocido a una persona que lo supo amar, y término herido de esta manera. Antes de irse, Edward se acerco a los labios de Guzmán, lo beso y le dio el último beso de amor. Debajo de esa lluvia, sus labios se cruzaron por última vez, las lágrimas de los dos caían entre sus caras y la lluvia los mojaba.


Después de darse este último beso, los ojos de Guzmán se cerraron y cayó al piso, muriendo bajo toda esa lluvia, falleció con honor, murió en la guerra y trato de salvar a su país.

Edward no paraba de llorar, su frente se acostaba en su pecho y sus manos llenas de sangre tocaban su ropa. Las lágrimas no paraban de salir de su cara y todo era tristeza, destrucción y muertes.


A pesar de sentir todo este dolor, Edward se levanto, vio como todos los soldados se estaban peleando, y solo había furia y tristeza en su corazón. Estaba claro que, cuando empezó la guerra, el lord nunca se había imaginado toda la violencia, peleas, muerte y destrucción que causaría esta revolución.

Ya no existían las esperanzas, era una batalla interminable, el fuego se expandía y la lluvia caía por debajo de los miserables. Unas brutales masacres donde caballeros sacrificaban sus vidas y familias eran separadas.

El reino se desmoronaba y, al ver tanta tristeza, Edward gritaba con furia:


“!Que horrible es este lugar! ¡No dejan descansar ni trabajar! ¡Matan a todos sin piedad, el reino es un caos! Solo hay muerte y destrucción en estas tierras. Ojala paguen por lo que han hecho, que se arrepientan por lo que hicieron. ¡Por dios! ¡Mataron a niños, mujeres, familias, son unos asesinos! No hay nadie que nos salve, la gente se muere de hambre y son esclavizados. “


Y así es como nos estamos acercando al final de esta historia, al desenlace que decidirá quién gana en esta batalla, quien vive y quien muere. En estos momentos, el lord inglés siguió luchando contra los caballeros, solo que esta vez estaba más enojado, los mataba a todos de una forma muy violenta y les arrancaba las cabezas.


Al ver a ese soldado que había matado a Guzmán, quien aún seguía vivo, se acerco a él y, sacando la espada, ¡le atravesó el pecho con su espada! ¡Luego le corto la cabeza! ¡Corto sus extremidades y lo mato sin parar! ¡Estando en el suelo, le dio varias patadas en las costillas! ¡Una y otra vez! ¡Le piso la cara con sus piernas!


¡Salía mucha sangre de su nariz y boca! ¡Lo estaba matando sin piedad! ¡Después, agarro un cuchillo que tenía en su bolsillo y, teniéndolo en su mano, le atravesó su pecho repetidas veces con él! ¡Una y otra y otra y otra vez! ¡Le dio treinta y cinco apuñaladas! Aunque ya estuviera muerto, lo siguió lastimando con su navaja un par de veces más y, cuando Guillermo se acerco a él y lo detuvo, soltó el cuchillo.


Edward no paraba de llorar y se sentía mal por todo, sentía que su vida ya no tenía sentido. Sin embargo, aunque sintiera ganas de dejar de vivir, Guillermo lo motivo a que siguieran peleando. Entonces, tomando aliento, se levanto y agarro su espada para seguir en la batalla. ¡Se acerco a más de esos caballeros y los mato a todos!


¡Los mataba de una forma tan rápida que nadie lo veía! ¡Les cortaba las extremidades! ¡Atravesaba sus pechos! ¡Sus abdómenes eran rebanados! ¡Les cortaba la cabeza! ¡Los estrangulaba! ¡Les hacía de todo!!


Tenía una rabia muy grande, sentía ganas de matarlos y que esta guerra se acabara. La pelea era un gran sufrimiento, las calles ardían en llamas, se quemaron muchas casas, iglesias y hasta instituciones.

Otros castillos fueron quemados, cada uno de ellos se destruían por el fuego y la gente moría asfixiada. Muchas personas que estaban en esos castillos murieron, no pudieron salir del incendio a tiempo.


También niños y mujeres murieron por el fuego, por el humo asfixiante que este causaba o por las cenizas que los rodeaban. Ni siquiera la lluvia, que caía fuertemente, era capaz de parar el fuego, era tan inmenso que iba desde las calles del castillo de los reyes hasta la entrada.


Los caballeros no paraban de pelear, estaban cansados, pero ninguno de ellos quería perder la batalla. Los hombres se arrancaban la piel, las espadas atravesaron el corazón de algunos soldados, mientras que otros guerreros usaban hachas para cortarles la cabeza a sus enemigos. Ya no había muchos ejércitos, la mayoría de los soldados habían muerto.


Los condes sabían que ya no podían seguir teniendo tantas bajas, en cualquier momento perderían la batalla o algo peor, morirían. La batalla estaba terminando, las fuerzas de los reyes estaban ganando, era difícil ganarles, tenían buenos ejércitos y unos grandes estrategas. Al ver tantas masacres, Enrique y Carlota pensaban que ganarían la batalla.


Los reyes contemplaban el combate desde la ventana de su castillo, deseando que esta guerra terminara y que la revolución perdiera la batalla. Viendo que ya era muy tarde, el rey y la reina se acostaron en la cama de su cuarto, esperando que al siguiente día hubiesen ganado el combate final. Pero, dentro de muy pocas horas, una sorpresa inesperada les llegaría.


Pues resulta que, cuando sus padres, Enrique y Carlota, se fueron a dormir, los príncipes estaban vistiéndose en sus cuartos, preparándose para lo que estarían a punto de hacer. Francis se puso un traje negro elegante, mientras Elizabeth se vistió con un vestido blanco. Luego, Francis agarro una navaja que tenía en su cama, la puso en su bolsillo y, su hermana, agarro un cuchillo filoso, el cual lo oculto en una parte de su vestido. Al tener todo listo, los hermanos salieron de su cuarto, tratando de no ser vistos por los guardias.


Después de unos minutos, cuando estaban caminando por un pasillo, se acercaron a la habitación de sus padres, la cual no estaba vigilada por ningún guardia. Viendo que tampoco estaba trancada, abrieron la puerta de su cuarto, se dirigieron a la cama de sus padres, estando uno al lado de Enrique y la otra al lado de Carlota. Sus padres estaban dormidos, nada los podía despertar, ni siquiera el sonido del viento.


Francis saco su navaja, se acerco a su padre y, mirándolo seriamente, ¡le corto la garganta con la navaja! ¡Broto un liquido rojo de su cuello! Enrique se despertó y vio como su hijo lo estaba matando.


¡Francis, agarro la navaja y le dio veinte apuñaladas en el pecho! ¡Una y otra vez sin parar! ¡Salía mucha sangre de su cuerpo! ¡Su padre perdía el conocimiento y se estaba muriendo! Francis sonrió diabólicamente al ver como su padre moría.


Luego, Carlota se despertó y, viendo como su hijo asesinaba a Enrique, trato de detenerlo, ¡pero Elizabeth se acerco a ella y le apuñalo el pecho con su cuchillo! ¡No una, sino varias veces! Le dio más de treinta apuñaladas en el pecho. Ella también se reía sádicamente, disfrutaba ver como su madre moría, los dos estaban locos y mataban a sus propios padres sin piedad. Cuando los reyes estaban a punto de morir, Francis y Elizabeth les dijeron a sus padres las últimas palabras que escucharían de ellos.


Francis: ¡esto es lo que te mereces padre! ¡Por tu culpa murieron muchas personas! ¡Te mereces morir! ¡Jajaja! Ni mi madre ni tu se merecen ningún tipo de perdón o piedad, tienen que pagar por todo lo que han hecho.


Ahora que ustedes morirán, nosotros, mi hermana y yo, seremos reyes de Inglaterra, haremos que los pueblos dejen de ser condenados y le prestaremos más atención a la gente, no como ustedes, malditos desgraciados.


No morirá ningún conde ni nadie, dejaremos a todos vivir, solamente los mataremos a ustedes, ¡porque se merecen morir! ¡Se irán al infierno! ¡No recibirán la salvación divina! Ni siquiera Dios podrá salvarlos. ¡LARGA VIDA AL REY! ¡LARGA VIDA AL REY ENRIQUE! ¡QUE VIVA EL REY! ¡QUE MUERA EL REY ENRIQUE DE INGLATERRA!


Los dos hermanos levantaron sus armas, se sentaron en el cuerpo de sus padres y, mirándolos con una sonrisa diabólica, ¡les apuñalaron en el abdomen! ¡Los mataron con sus navajas! Salía un montón de sangre de sus cuerpos, haciendo que los reyes murieran al instante.


Notando que ya no tenían vida, los príncipes se bajaron de la cama, se dirigieron a la puerta y cerraron el cuarto, dejando los cuerpos de sus padres muertos en aquella cama. Acto seguido, fueron hasta su habitación y se quitaron la ropa que tenían, pues estaba manchada de sangre.


Cuando se cambiaron, los hermanos sonrieron de alegría y se abrazaron, por fin habían concretado su plan. Sus padres estaban muertos y ahora ellos serian reyes. Afuera del castillo, los caballeros siguieron peleando, hasta que aparecieron Francis y Elizabeth en medio de ellos, gritándoles que dejaran de pelear.


Les dijeron que Enrique y Carlota habían muerto y que, por lo tanto, la revolución había ganado. Viendo que ahora ellos eran los nuevos reyes, todos los caballeros, condes, duques, campesinos y todo el pueblo se arrodillaron ante estos.


Francis: ¡caballeros, la guerra ha terminado! Los condes han ganado la guerra, los pueblos ahora son libres y ya no habrá más muertes. Bajen las armas, dejen de pelearse entre ustedes, la batalla se acabo, ningún condado será quemado y los condes y duques no serán ejecutados. ¡Siendo el nuevo rey de Inglaterra, declaro la liberación de los pueblos! ¡Que viva la libertad!


Ayudaremos y protegeremos a cada niño, mujer y hombre que necesite ayuda. Daremos más puestos de trabajo, tendrán buenos salarios y podrán llevar comida a sus familias. Ya no tienen porque sufrir, la miseria se ha ido y el mal no volverá a atormentar a este reino.


Todas las personas gritaron de alegría, la gente del pueblo estaba más que contenta y los condes disfrutaban de esta victoria. Edward lloro de alegría, no podía creer que hubiesen ganado esta batalla. Por fin su sueño se había cumplido, la esperanza de ver a estos pueblos liberados y de ayudar a los necesitados.


La gente celebraba por las calles, había dejado de llover y las nubes se habían ido. El sol brillaba más que nunca, el día estaba brillante y no había sufrimiento. Aunque para ganar esta guerra, los reyes tuvieron que morir, los príncipes le ofrecieron a su país una nueva forma de vivir, les dieron esperanza y libertad.


Luego de haber pasado treinta días, Edward se encontraba en Northumberland, ayudando a los caballeros y ciudadanos a reparar los castillos y las casas. Se sentía feliz de volver a ayudar a su pueblo y de darles el respeto y compasión que se merecían. Por las noches, recordaba la última vez que vio a Guzmán, observando su cabello y sus ojos marrones.


Lo extrañaba, lloraba con tan solo pensar en el, quería estar a su lado y que disfrutara junto a él sus últimos años de vida. Pero sabía que su muerte sirvió para algo, que su sacrificio no fue en vano, ya que el murió con honor, peleando en la guerra y ayudando a su país.


Recordó a todos los hombres que lucharon junto a él y que sacrificaron sus vidas, a todas las personas que lo ayudaron, a Guillermo y a los demás condes que protegieron a su gente. Con esta victoria, por fin podría descansar en paz y seguiría protegiendo a los que quería.


En los siguientes años, Edward siguió siendo el conde de Northumberland, ayudaba y protegía a la gente de su condado. Se volvió un gran amigo de los reyes, aprendió de otros lores y se volvió famoso en otros países por las guerras en las que estuvo. Cuando llego a la edad de 70 años, el 15 de diciembre de 1687, Edward Charles Johnson Hamilton murió. Fue encontrado en la cama de su castillo, seguro había muerto por la noche.


Muriendo por vejez, en Northumberland, descanso de una vez por todas, pudo morir con respeto y honor, siendo un gran héroe de su país. Todos lloraron su muerte, desde la gente de aquel condado hasta los reyes, al igual que los lores de Inglaterra. Su funeral se dio en ese mismo lugar, cerca de su castillo, en un cementerio que tenían.


Nadie olvidara todo lo que hizo, su historia nunca se olvidada. Siempre serán recordados los hombres que lucharon junto a él, al igual que los reyes que salvaron a su país; a pesar de tener que matar a sus padres para que sucediera esto.


Edward fue un lord que se distinguió de los demás, no tenia odio ni rencor, solo quería paz y armonía. Y por fin la había conseguido. Muriendo con gloria y humildad, el conde de Northumberland dejo este mundo, para descansar con el amor de su vida, Guzmán. De esta manera, Edward consiguió la libertad que siempre se mereció.


FIN DE LA HISTORIA.


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G.C.C.

15 Mars 2022 20:43:33 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Gonzalo Celayes Caballero Me llamo Gonzalo y tengo 19 años, me gusta leer libros y escribir. Empecé a escribir cuentos y poemas a los 14 años, me interese por la literatura y los mundos que se pueden descubrir en ella. Mis escritores favoritos son Edgar Allan Poe, H.P Lovecraft, Lorca, Becquer, Benedetti, entre otros.

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