loodevis-john Loodevis John

En medio del caos del hombre, la esperanza no se pierde, ni en las madres que cuidan a sus hijos, ni en los guerreros que lloran el no volver, y mucho menos la naturaleza que reza el poder detener.


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La Tormenta

No olvidaré esa noche cuando vimos por la ventana la silueta de aquel proyectil que surcó a gran velocidad e impactó contra el edificio de telecomunicaciones, segundos después, ocho canales quedaron sumidos en oscuridad. La explosión se hizo temblar las paredes de nuestro hogar, mamá nos abrazó y cerrando los ojos pidió que nos calmáramos, ante lo cual nosotros estábamos tranquilos pues no entendíamos la gravedad del asunto.

Cuando inició la guerra, apenas habíamos pasado una pandemia donde mis abuelos un día partieron al hospital y de ahí nunca salieron. Y tras el abandono de nuestros abuelos, nos quedamos solos con mamá quien por esos días comenzó a salir con un hombre quien con mucho cariño nos apoyó en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, a tres días del inició de los ataques por parte del ejército Ruso, ese buen hombre fue obligado a unirse al frente de batalla, de la cual él prometió regresaría con un recuerdo para mí y mi hermana; Mamá lloró mucho al despedirlo y ambos se abrazaron por casi 20 minutos, mi hermana y yo no entendíamos que implicaba la guerra, el dolor que marcaba en los corazones de los que se despiden y el temor que produce que muchos se fuercen a quedarse.


En ese primer mes de la guerra, muchos de nuestros vecinos abandonaron la capital, tras el ataque a la Torre de telecomunicaciones, mamá decidió que no era momento de marcharnos, se le veía con la mirada perdida, asustada y constantemente embelesida en la ventana; afuera decenas de militares ucranianos marchaban y seguramente ella esperaba que su amado se encontrará entre los que ahí marchaban.


Cumplido casi dos mese de iniciado el conflicto, medios de comunicación que aún resistían, junto con mensajes que llegaron a los celulares, avisaron que las fuerzas armada rusas realizarían un ataque aéreo previo a la entrada de las fuerzas armadas. El pánico corrió entre los pocos que aún quedábamos pues por días las tropas habían resistiendo la incursión del ejercito Ruso y en está ocasión era casi notorio el temor y desesperanza de las familias que en las calles corrían presurosas para escapar, inclusive algunos soldados ayudaron a subir equipajes a los vehículos, aunque se legajaban a creerlo, era probable estimar que al amanecer se daría la pérdida total de la capital.


A la llegada del atardecer mamá aún se encontraba indecisa por irse o quedarse, nuestro pequeño auto aún aguardaba afuera de la casa y aunque costará podríamos escapar. Sin embargo, entre tanto ella decidía, pronto fuertes impactos se hicieron presentes en las cercanía, fue un bombardeo total que pronto hizo levantar los gritos de los soldado resistentes, el intercambio de fuego entre las aeronaves rusas y las defensas antiaéreas Ucranianas había comenzado, se escuchaba a los soldados correr e impactos como de rayos hacían que lleváramos nuestras manos a los oídos.


Por cerca de 30 minutos el cielo se iluminó de un color amarillo que hacía presenciar un amanecer adelantado, vimos los fogonazos de los misiles derribar en explotar en el aire señal de que un misil había sido interceptado. No obstante, a lo largo de la ciudad, explosiones iban destruyendo los edificios que solíamos mirar cuando salíamos de casa al parque, a la es cuela o al supermarket que ahora todos eran escombros y barricadas destruidas.


La noche cubrió de nuevo el cielo y mientras mamá lloraba y con los ojos cerrados balbuceaba, nuestros ojos atónitos de mi hermana y míos, buscaban encontrar en ella una explicación para el shock aterrador que nos invadió frente a horripilante suceso.

Nos iremos — susurró mi madre — al amanecer nos iremos — dijo antes de correr al cuarto a empacar, nosotros sentados en ese rincón de la sala solo podíamos observarla moverse agitada y compulsivamente, metiendo sin pensar cosas a la maleta.

Cuando estuvo lista, ella se encaminó hacia nosotros, pero en su trayecto nuevamente el sonido como el de un trueno hizo retumbar nuestra casa haciéndola caer al suelo, en ese instante mi hermana empezó a llorar y gateando hasta ella le estiré la mano la cual tomó y aunque no era mucha mi fuerza, ella aprovechó para arrastrarse hasta nosotros. Nos abrazó y por el resto de la noche presenciamos el retumbar y brillo en los cielos producto de los proyectiles que iban destruyendo Kiev.


A las 4 de la mañana los impactos pararon, ya no se escuchaba el marchar de los soldados, el bullicio de sus voces, ya no se escuchaba más que el tronar de algunas maderas aún ardiendo. Mamá se asomó por la ventana y llevando su mano a la boca quiso frenar un llanto que no pudo, ante su impotencia sólo ocultó su mirada de nosotros tratando de evitar fuéramos testigos del horrido momento que había presenciado.


Cuando el amanecer empezaba a proyectarse, un frío mayor al común comenzó a sentirse, en las afueras todo yacía con secuelas de los impactos, mamá quiso salir a buscar nuestro pequeño auto, el cual estaba debajo de varios restos de escombros, los cuales de alguna forma habían terminado ahí. Las casas alrededor estaban en pésimo estado y al parecer toda presencia de soldados estaba desaparecida.


A lo lejos un soldado yacía gritando y corriendo, no era por mi madre pero decía algo que entre lo poco que se entendía era como que si aún había alguien debían prepararse para resistir la llegada.


Mamá yacía absorta y afligida, pues parecía que no teníamos ya escape. Sin embargo, a lo lejos vimos a dos mujeres corriendo con maletas, no éramos los únicos que quedaban en la ciudad. Imbuida de valor, mamá corrió de nuevo a casa tomó nuestra maleta en la espalda, abrazo a mi hermana y tomándome del brazo salimos listos para huir lejos de Kiev, así fuera caminando de ninguna manera habríamos de quedarnos a ver la aparente caída de nuestro hogar.


Cómo pudimos empezamos a atravesar los escombros y pedazos destruidos de los edificios que por años se erigieron frente a nosotros demostrado ímpetu y valiosa elegancia. Poco a poco la destrucción era mayor, y ya podíamos notar a algunos soldados en los alrededores gritando "¡ya vienen!", "¡preparados!" "¡si queda alguno!", era una escena tan impactante y aún a nuestra corta edad, era de darse cuenta cuán terrible daño había ocasionado esta guerra.


Entre tanta devastación, mi mamá trataba de visualizar la ruta más segura pero entre tanto la nieve había empezado a caer, además el humo y un fuerte viento poco a poco fueron obstaculizando la visibilidad del camino. Mi madre con dudas y una cara de aflicción no se rendiría hasta encontrar un lugar seguro a donde correr; volver a casa ya no era una opción, lo mejor que se podría hacer era llegar a la salida de la ciudad y esperar que algún transporte militar aún esperará para evacuarnos. Sin embargo, la huida aún estaba muy lejos.


Con la tormenta arreciando, y la visibilidad cada vez empeorando, mi madre no pudo más que tomarme a mí en su otro brazo y entre bufidos de desesperación correr lo más rápido que sus piernas le permitían. No obstante, en un momento de inclemencia alguien me tomó en sus brazos, e igual por el otro lado tomaron a mí hermana y tomando a mi mamá de la mano tres personas nos ayudaron corriendo por varias cuadras.


Corrimos justo hasta donde estaban cuatros jeeps militares donde gente sin uniforme militar esperaban gritando que nos apresuramos, no portaban uniformes más que abrigos y una especie de bandera amarilla en sus espaldas, nos subieron a uno de los jeeps y acomodándonos entre otras familias, dieron la orden de que nos fuéramos. Los que nos ayudaron prometieron que nos alcanzarían, aún tenían que esperar y buscar a alguna otra persona que no hubiera evacuado.


El jeep arrancó y aun con las inclemencias del frío condujo hasta la otra salida de Kiev, donde un autobús esperaba, nos bajaron y subieron al autobús y este arrancó, dejando atrás nuestra capital que incluso a través de la tormenta de nieve dejaba notar columnas de humo subiendo.


El autobús condujo por varias horas, hasta llegar a otra ciudad donde nos trasladaron a refugios, en estos sitios varias de esta personas con banderas en la espalda, nos regalaron mantas y agua caliente, podía escuchar como en la esquina había gente con ojos cerrados susurrando palabras, y en otra esquina gente abrazada llorando mirando su celular. Pese al momento, el refugio pronto se llenó de calor, una tormenta de nieve se había cernido en el exterior pero dentro estábamos a salvo. Sintiéndonos seguros y abrazados los tres, poco a poco nos fuimos quedando dormidos.


Al abrir los ojos, había anochecido, las labores no se detenían y en todo el lugar se veían a las familias abrazadas. En algún punto del día habían traído un televisor donde un noticiero entrecortado, daba seguimiento al evento. A estas horas donde se esperaba que Kiev hubiera quedado en las manos de los Rusos, el presentador pronunciaba que como si de un milagro o evento inverosímil se tratará, las tropas rusas no habían podido acceder a la capital gracias a la tormenta de nieve que imposibilitaba el avance de la caravana de muerte que había partido de Rusia, ante las inclemencias la incursión había quedado en un alto total.

Ante tal eventualidad, los representantes de Ucrania y Rusia nuevamente se habían reunido y en dicha reunión países cercanos Rusia habían decidió inmiscuirse a fin de que se pudiera encontrar un acuerdo que diera pasó al cese del fuego, las imágenes del antes y después de Kiev, habían dado la vuelta al mundo e inclusive los países que se rehusaban a tomar partido en dicho conflicto se mostraban deseosos de ayudar a que el evento parara.


Con la imposibilidad de seguir avanzando, la única forma de dar seguimiento a la guerra sería por medio de las negociaciones de paz. Y entre tanto sucedía esto a nivel político, a las afueras de donde nos resguardábamos, varios vehículos lograron llegar a los albergues, estas caravanas traían consigo a soldados que sobrevivieron la incursión en Kiev y a pocas la tormenta que arrasaba todo lo visible.

Calentándose con nosotros y atendiendo las heridas de otros, ellos nos narraban la horrida noche que presenciaron y de como ahora Kiev era un sepulcro de nieve y aunque parecía el fin de nuestra ciudad esta por lo menos, se mantenía firme y en control de fuerza Ucraniana.

8 Mars 2022 00:21:24 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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Loodevis John Hola viajero de la inspiración, ¿me das un tiempo? Internate a uno de mis pequeños relatos, se que te harán pensar.

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