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Paola Escobar


Una profecía que debe cumplirse. Un asesinato y un aparente culpable. Pero, ¿él fue quien la mató realmente? Un complot para apoderarse del clan Kim lleva a Taehyung directo a una trampa donde una Omega resulta muerta. Jungkook buscara vengar la muerte de su hermana aun a pesar de saber que el asesino de esta es su alfa destinado e intentara renunciar a su naturaleza Omega en un intento de convertirse en un Alfa para igualar sus condiciones y lograr matar al asesino de su hermana. Sin embargo una profecía dicta que de su union nacerá un Alfa que cambiará para bien o para mal el destino de todos. Un enfrentamiento entre dos clanes poderosos y un Alfa y un Omega envueltos en una pelea a muerte por el poder aún a costa de su propia historia de amor. Alfas: Taehyung, Yoongi y Namjoon. Omegas: Jungkook, Jimin, Seokjin y Hoseok. Pareja principal: Taekook Parejas secundarias: Yoonmin y Namjin, breve mención de Vhope


Fanfiction Célébrités Déconseillé aux moins de 13 ans.

#tortura #muerte #lobos #mafia #clanes #hoseokomega #eunwooalfa #jinomega #namjoonalfa #Namjin #JiminOmega #yoongialfa #yoonmin #jungkookOmega #taehyungalfa #taekook #BTS #Omegaverse
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Cuando todo comenzo




¿Cómo había parado en aquella situación?


¡Ah! claro el bendito alcohol como siempre, ese néctar de Lucifer había nublado una vez mas sus sentidos y ahora debía pagar por su error, esta vez nadie podría salvarlo, sin importar que tan gorda fuera su billetera o de quien fuera hijo no tendría escapatoria.


No recordaba casi nada de lo que había pasado la noche anterior, solo sabia que lo que sea que halla hecho era muy malo, los asientos de su auto estaban cubiertas por un liquido color carmesí; era sangre obviamente y sin duda no era suya.


Para descartar posibilidades reviso cada parte de su cuerpo meticulosamente y no tenía ninguna herida mas allá de su labio inferior roto, pero esa herida recordaba perfectamente que era producto de un golpe que le había propinado Eun Woo cuando lo descubrió mirando de manera morbosa a su omega Hoseok, claro que en su defensa podía decir que el condenado omega era exageradamente bonito y se veía ardiente como el infierno en esos pantalones apretados que llevaba, así que realmente no podían culparlo de querer follarselo con la mirada, el solo recuerdo del Omega le provocaba una jodida erección.


Estaba sentado en su cama, ya hacia unas dos horas que había despertado con una jaqueca de los mil demonios, la boca reseca y la mente totalmente nublada; como siempre se encontraba solo, probablemente su padre estaría en su oficina "supuestamente trabajando", nada mas alejado de la realidad que aquello puesto que era un secreto a voces que el renombrado alfa, dueño de la mas grande multinacional empresa de construcción de Asia, (fachada perfecta para ocultar sus negocios ilícitos), la mayor parte del día se la pasaba entre las piernas de su secretaria, una beta rubia de pechos exageradamente grandes y una inmensa ambición por poseer el dinero de la fortuna de éste y que quería obtener a como diera lugar el puesto de omega marcada del poderoso Kim Taeyeon, mismo que hasta ahora ostentaba su madre.


Kim Yerin, su mamá, muy probablemente estaría jugando canasta con sus amigas, o en la peluquería, o de compras gastando el dinero de su alfa, en realidad a ella sus hijos no le importaban mucho, la única compañía que Taehyung había tenido desde niño era su nana, su mamá solía decir que ya había hecho suficiente con haberle dado a su esposo hijos alfas para continuar su apellido y posición social como para también sacrificar sus años de juventud y belleza en criarlos, es por esto que Taehyung desde que tiene memoria nunca recuerda una caricia o al menos un gesto amable de parte de la mujer que le dio la vida.


Ni siquiera en las pocas veces en que enfermo esto fue diferente; aun recuerda con tristeza la vez que con tan sólo 10 años tuvo apendicitis y su nana fue quien lo llevo de urgencia en la madrugada al hospital, su madre apareció en la tarde del día siguiente cuando ya lo habían operado y estaba bien, entro a su cuarto de forma imponente enfundada en un abrigo de piel sintética color marrón, tacones altos, un vestido de seda negro, perfectamente bien maquillada y peinada, parecía salida de una portada de revista, avanzo hasta la cabecera de la cama donde se encontraba acostado, ladeó una sonrisa floja y pregunto a su nana como estaba, cuando esta le respondió que ya estaba fuera de peligro inspiro y exhalo, se dio media vuelta y salió diciendo que había perdido su tiempo pues su presencia allí no era necesaria y había cancelado su partida de póker con sus amigas para nada, sin una palabra hacia su hijo que solo la veía con sus ojitos inundados en lágrimas, y así solo salió de el cuarto de hospital sin importarle nada mas.


Recuerdos como este, de la soledad en la que vivió durante su niñez y adolescencia tenía por montones y siempre llegaban a su mente cada noche cuando las luces del día se apagaban y la función que representaba la vida perfecta que en realidad no tenía se acababa, en eso se había basado su vida desde niño, en apariencias y engaños, formaba parte de una maquinaria que funcionaba a base de mentiras y él solo era un engranaje mas, una pieza del circo que era su familia, pero en la soledad de su cuarto muchas noches se había dormido con los ojos hinchados de llorar y el corazón arrugado por tanta soledad; y es que dolía demasiado el saber que los seres que le dieron la vida y lo trajeron al mundo no tenían ningún afecto o interés por él, había nacido por obligación, estaba muy consciente de ello y había aprendido a fingir que no le importaba y lo aceptaba, pero en el fondo de su corazón deseaba haber tenido una familia como las de sus compañeros de colegio, con padres y hermanos amorosos y no la soledad tétrica en la que vivía siempre y de la cual no podía si quiera quejarse porque se suponía que aquello que vivía era normal.


Eso era lo que se esperaba de todo matrimonio y así debían ser las cosas, se suponía que cuando un alfa encontraba a su omega y se enlazaban el siguiente paso

a seguir era tener cachorros que perpetuaran su apellido y su casta.


Esa era la razón por la que se había prometido así mismo que nunca marcaría a un omega; desde que cumplió 16 años y se presento como Alfa, había dejado de ser ese adolescente tierno y dócil, que era en extremo cariñoso con sus hermanos y se había convertido en un ser frívolo y vacío, al parecer no había nada que pudiera llenar su frío corazón, todo aquel que lo conocía dudaba que al menos tuviera algún sentimiento en el.


Nunca se había enamorado y sus días se basaban en ir a la universidad, visitar los sitios de moda, gastar grandes cantidades de dinero y todos los fines de semana salir de fiesta hasta el amanecer y perder la conciencia embriagándose con cuanto licor encontrara a su paso, también había empezado recientemente a experimentar con algunas drogas, nada pesado que pudiera hacerle perder el control, tampoco era tan estúpido como para convertirse en un adicto y ser desheredado por su padre, el había nacido en cuna de oro eso llevaba consigo sus propias limitaciones; lo único que nunca le había faltado era dinero y eso le gustaba, le daba poder y popularidad, tenía la equívoca idea de que el dinero era lo único realmente importante en la vida y cuanto mas tuvieras era mejor pues gracias a su cuenta bancaria y apellido siempre obtenía lo que quería y aunque se metiera en problemas solo bastaba con mencionar que era el hijo de el multimillonario Kim Taeyeon para que el mundo se arrodillara a sus pies.


El problema ahora era la laguna mental que tenía en ese momento, sabia que después de pelearse con Eun Woo había salido de la fiesta en compañía de una bonita omega pero no tenía idea quien era, nunca le importo saber quien se llevaba a la cama, se había acostado ya a sus 20 años con casi la mitad de los y las omegas de Seúl, sus nombres no eran relevantes como tampoco lo era, si eran hombres o mujeres eso no tenía importancia para él, pero en esta ocasión hubiera dado su dedo meñique del pie (era demasiado vanidoso para perder alguna otra parte de su cuerpo que se notara mas), por al menos haber tenido la cortesía de haberle preguntado a aquella niña cual era su nombre.


Eso era otra cosa que podía recordar, la omega era demasiado joven, en otras circunstancias no la habría sacado de la fiesta, era un borracho desobligado pero no un pervertido, pero en esa ocasión estaba tan enojado y con su torrente sanguíneo tan lleno de licor que tenía su juicio totalmente nublado y simplemente no pensó en absolutamente nada, la Omega se le había colgado del brazo y tenía un olor dulzón tan empalagoso que sus fosas nasales se bloquearon y lo único en lo que pensó fue en salir de allí pensando en que quizá en un ambiente mas aireado seria mas fácil aguantar el desagradable aroma de la omega.


No creía que se la hubiese follado, el condón que siempre guardaba en el bolsillo delantero de su costoso pantalón Armany aun estaba ahí y el no era de los que follaban sin protección, mas aun considerando el hecho de que tenía múltiples aventuras de una sola noche y no se iba a exponer a ser contagiado por alguna enfermedad venérea, claro que considerando el hecho de que no recordaba nada, cabía la posibilidad de que por primera vez lo hubiera hecho, solo rezaba porque no fuera así; imagínense eso solo serían mas problemas aún de los que ya seguramente tendría.


La imagen de la cojinería de su auto salpicado de gotas de sangre que había visto tan solo minutos antes cuando tratando de recordar fue a la cochera y lo reviso, no salía de su mente, estaba asustado, casi entrando en pánico, respiraba pesadamente tratando de recordar que había pasado con la chica; su aroma a roble y hojas secas inundaba la estancia, fuerte y áspero, quería pensar que había llevado a la chica a su casa sana y salva, pero si era así, entonces, ¿a quien pertenecía aquella sangre?


Sentía que en cualquier momento se iba a enloquecer si no recordaba que había pasado.


Su teléfono comenzó a vibrar, en la pantalla se leía que era un mensaje de Namjoon, su hermano.


—¿Qué hiciste Taehyung? Yeji esta muerta.


Muerta... muerta... esa palabra se reproducía una y otra vez en su cabeza, había una persona muerta y él probablemente era el culpable, no lo recordaba, pero era su auto, él estaba con ella, habían salido juntos de la fiesta y la sangre, ¡Diosa la sangre! él era un asesino, un maldito criminal.


Se sintió mareado saboreo en su paladar un liquido amargo que amenazaba con subir por su garganta y salir de su boca, fue corriendo hacia el baño trastabillando, enredándose con sus propias piernas que parecían no querer obedecerle y caminar de forma coordinada, aquello era mucho peor que cuando intentaba bailar en clase de danza y el profesor siempre se quejaba, argumentando que el joven tenía dos pies izquierdos.


Llego al baño y cayo de rodillas frente al water, expulsó lo único que tenía en su interior desde la pasada noche, aquel liquido amarillo y amargo que salió de su interior quemaba su garganta.


Algunas imágenes empezaron a llegar a su mente como pequeños flasbacks de la noche anterior, recordó de nuevo la omega en su auto que no paraba de hablar, se recordó a si mismo desesperado por la molesta parlanchina de la chica, recordó que se había estacionado en un estacionamiento de un centro comercial ubicado a muy pocas calles de la casa donde se había organizado la fiesta, la Omega se le había abalanzado encima suyo a besarlo y aunque al principio intento alejarla no pudo y muy a pesar del desagrado que le producía su olor, su cuerpo término por reaccionar y acabó calentándose con sus caricias y rasgando su ropa, eso era todo lo que podía recordar, después de eso todo se volvía oscuro de nuevo en su memoria.


Su lobo interior arañaba en su pecho inquieto y un rugido alto y estruendoso salió de su garganta, tan fuerte que muy seguramente se había escuchado a varios metros a la redonda, cayó al suelo de rodillas sosteniendo su cabeza que no paraba de latir, causándole más y más dolor, entonces recordó que choco contra un árbol y recordó ver por última vez a la chica antes de caer inconsciente, no sabia si ella había muerto producto del accidente aunque suponía que así había sido y fue su culpa, él estaba ebrio y aunque ella le había obstaculizado la vista al ponerse sobre él en el auto, era consciente de que en primer lugar no debió llevarla con él y sobre todo que no debió manejar si había tomado.


¡Que había hecho!




En otro lado de la ciudad una humilde familia se encontraban en la sala de espera de la morgue aguardando por el cuerpo de la menor de los integrantes de su núcleo familiar, una omega de edad madura se sujetaba del cuerpo de un chico también omega y ambos lloraban abrazados la perdida de su querida Yeji.


Jungkook y su madre habían llegado a reconocer el cadáver después de pasar toda la noche preocupados sin saber en donde se encontraba Yeji, esta siempre había sido un poco rebelde y desobediente, era tan solo una adolescente que soñaba con encontrar un alfa millonario con quien casarse que aliviara su situación económica, y desde hace un par de semanas se había obsesionado con perseguir a el capitán del equipo de fútbol de la universidad a la que recientemente había ingresado y a la cual también su hermano asistía, ella quería acercarse a ese hermoso alfa millonario a como diera lugar.


Se había vuelto una experta en espiarlo, conocía de memoria los horarios de sus clases, sabia los nombres de cada uno de los integrantes de su grupo de amistades, sabia cada uno de sus gustos en cuanto a comida y pasatiempos se refería y por supuesto estaba al tanto de la agenda de actividades del alfa tanto adentro como afuera de la universidad.


Es por esto que sabia que esa noche él estaría en aquella fiesta, a la que ella no estaba invitada pues era para los estudiantes de la facultad de derecho a la cual el alfa asistía y ella estudiaba diseño, carrera que pertenecía a otra facultad; pero ese no fue ningún impedimento, averiguo la dirección exacta del lugar en el que se ofrecería la fiesta ayudándose de el enamoramiento que tenía por ella uno de los chicos nerds de la facultad de derecho.


Tanto su madre como su hermano le pidieron que se quedara en casa y no asistiera a esa fiesta en la que iba a estar expuesta a miles de peligros; una fiesta en un lugar cerrado lleno de alfas tomados no era precisamente un panorama seguro para una omega como ella que aunque alegaba saber defenderse bien, no podía negar su naturaleza, seguía siendo una omega y eso la hacia una presa fácil para cualquier alfa lujurioso que con solo utilizar su VOZ de mando, podría dominarla y someterla, pero ella no hizo caso de ninguna de las palabras de su angustiada madre ni de las suplicas de su hermano, tenía 18 eso la hacia mayor de edad y no la convencerían de no ir a lo que ella llamaba EL ENCUENTRO CON EL ALFA DE SU VIDA.


Eran cerca de las 5 de la mañana y Yeji seguía sin llegar a su casa, su hermano intentaba no parecer angustiado para no empeorar las cosas con su madre pero los nervios lo estaban destrozando, necesitaba saber a como diera lugar qué pasaba con su hermana, no estaría tranquilo hasta no verla llegar sana y salva a su casa con su familia; no aguanto mas la espera y aprovechando que su madre al fin se había quedado dormida tomo su billetera, el celular y las llaves del auto y salió silenciosamente para no despertar a nadie.


No sabia a donde había ido su hermana, estuvo unos minutos dando vueltas mientras pensaba donde debía buscarla, hasta que recordó a Lalisa una beta que era la mejor amiga de su hermana, se dirigió hacia su casa que no quedaba muy lejos de la suya y en poco tiempo ya se encontraba en frente de su puerta, se bajo del auto rogando porque aquella chica le dijera algo que ayudara a averiguar el paradero de Yeji; sintió mucha vergüenza de tocar la puerta a esas horas de la madrugada pero no tenía otro remedio, se disculparía con los padres de la beta y les explicaría la situación y la razón por la cual necesitaba la ayuda de su hija a esa hora.


Nervioso toco el timbre de la puerta y espero a que alguien atendiera, un olor a alfa molesto llego a sus fosas nasales y sintió un tirón en el estómago, mas que nunca maldijo su débil condición de omega, solo esperaba que aquel alfa que se acercaba no usara SU VOZ en él; ya antes le había pasado que algún mal alfa se aprovechara de él y haciendo uso de esto lo obligara a hacer cosas desagradables en contra de su voluntad.


La puerta se abrió dejando ver a un hombre alto y corpulento, por su fuerte olor a sándalo, era un alfa sin duda, miro a Jungkook con el ceño fruncido y una expresión de pocos amigos en el rostro, este se apresuro a hablar antes que el alfa y que todo saliera mal.


—Buenas noches señor, mi nombre es Jeon Jungkook, —saludó reverenciando en dirección al Alfa. —Mi hermana esta desaparecida y su hija es su amiga, yo quería saber si ella tendría alguna idea sobre donde podría estar —hablo tan rápido que se quedo sin aire, la expresión del alfa se suavizo al sentir en el aire el aroma ácido a naranjas y jengibre de omega asustado que él chico emanaba.


—Tranquilo muchacho que no te voy a hacer nada, perdóname si te di la impresión de que así seria, acabo de despertar y nunca estoy de buen humor si no duermo bien, iré a despertar a Lisa entra si quieres y espera en la sala.


Jungkook asintió y se adentro a la casa siguiendo al alfa que lo dirigió hasta una amplia sala en la que le indico que tomara asiento y esperara mientras iba en busca de su hija, obedeció, tomo asiento y se dispuso a esperar; en sus pensamientos suplicaba que aquella beta le diera algún indicio de hacia donde se había ido su hermana esa noche.


El alfa regreso en compañía de una chica casi dormida vestida con un pijama de conejitos y que arrastraba sus pies negandose a despertar completamente hasta que lo vio sentado en el sofá y del susto despertó de repente, pues si Jungkook estaba ahí solo podía significar una cosa y esta era que algo había andado mal con su amiga en la fiesta.


—Jungkook ¿Qué haces aquí y Yeji?


—No sabemos nada de ella, aun no llega a casa y venia para preguntar si tu sabes en donde puedo ir a buscarla.


La chica tomo asiento al lado de Jungkook, llevando sus manos a su rostro, negaba con su cabeza, notablemente afectada por la noticia de la ausencia de su amiga.


—Y...yo le dije que no fuera lo juro.


La chica había comenzado a llorar y era difícil entender lo que decía, su padre se sentó a su lado y trato de calmarla marcándola tenuemente con su olor y dándole suaves caricias en la espalda.


Jungkook comenzaba a desesperarse, necesitaba saber rápido a donde había ido su hermana, tenía un mal presentimiento y algo le decía que donde sea que estuviera esta corría un grave peligro, miró a el alfa en busca de ayuda y este le susurro a su hija que respondiera si sabia a donde había ido la hermana del omega, no alcanzo a responder cuando el sonido del timbre de un celular rompió la tensión del ambiente y los hizo sobresaltar a todos.


El omega se apresuro a tomar su teléfono entre sus dedos y llevándolo cerca de sus labios contesto la llamada extrañado después de ver a la pantalla y darse cuenta que era un número desconocido y a esa hora obviamente aquello solo podían ser malas noticias.


—¿Jeon Jungkook? —Una voz aguda masculina, que nunca había escuchado antes le hablaba desde el otro lado de la línea.


—Si, soy yo, ¿Quién habla?


—Soy el oficial de policía Choi San Tae, le hablo porque recientemente hubo un accidente en el que dos personas venían en un auto que colisiono contra un árbol y una de ellas falleció, era una mujer omega que tenía entre sus pertenencias un teléfono celular con su número en el.


El mundo de Jungkook comenzó a dar vueltas sin parar, se sintió mareado y con un nudo en el estómago que le produjo una arcada que le hizo doblarse haciendo que su celular callera al suelo, su lobo interior gemía agazapado en un rincón, y de su piel comenzó a emanar un horrible olor a cal y tierra mojada.


El padre de Lalisa que seguía atento a sus movimientos se apresuro a tomar el teléfono para continuar la llamada, salió de la sala dejando a su hija en compañía de Jungkook que seguía tirado en el suelo con la cara empapada en lágrimas sollozando bajito y con ambas manos sujetando su estómago, su olor se volvió cada vez mas húmedo y frio, sus feromonas cargadas de tristeza llenaron el ambiente.


El alfa regreso donde estaba el omega y se inclino para ayudarlo a ponerse de pie.


—Tenemos que ir a buscar a tu madre muchacho, yo te acompaño.


Salieron en el auto del hombre mayor, el omega no se encontraba en buen estado para manejar así que dejo su auto allí y le indico al hombre la dirección de su casa, en todo el camino no hablo, se quedo recostado en la ventanilla pensando como le daría la noticia a su madre.


Minutos mas tarde se encontraban estacionados en las afueras de una humilde vivienda de la cual salió una omega de edad madura, en bata y pantuflas, con él cabello desaliñado y el maquillaje regado dibujando dos oscuros caminos negros bajo sus pestañas que recorrían sus pómulos hasta descender en sus labios.


Al ver bajar a Jungkook del auto, corrió hacia él y se abalanzo llorando a sus brazos, al parecer alguien ya se había adelantado y la habían puesto al tanto de los hechos, la mujer como era de esperarse se encontraba destrozada.


Se abrasaron durante largos minutos, hasta que fueron interrumpidos por la voz de un oficial de policía que sostenía en su mano derecha una cartera rosada adornada con abalorios

de pedrería dorada, misma que Jungkook reconoció al instante en que la vio, y como no reconocerla si estuvo trabajando una semana entera horas extras, para poder comprarla y regalársela a su hermana el día en que cumplió 18 años, no era algo muy costoso, pero para ellos que nunca habían tenido nada más que lo necesario, había sido un lujo, pero no pudo negarse a comprarla después que sorprendió a Yeji embobada mirándola afuera del almacén del centro comercial en donde trabajaba como vendedor en las tardes.


Con manos temblorosas retiró la cartera de los dedos del oficial y la apretujo contra su pecho con firmeza, derrumbándose una vez más en la acera de su casa, sollozando audiblemente mientras repetía una y otra vez el nombre de su recién fallecida hermana.


Ese fatídico día en el que Jeon Yeji murió, su hermano Jungkook sintió también morir un poco

en tres ocasiones; la primera de ellas fue cuando recibió la llamada en la que le informaron sobre la muerte de la omega, la segunda fue cuando sostuvo en sus manos aquella cartera rosada que tantos recuerdos le trajo y la tercera, que fue la peor, sucedió cuando tuvo que ir a la morgue acompañado por su madre a reconocer el cadáver de Yeji.


Nada en esta vida puede prepararte para afrontar un momento como ese; todo en ese lugar es tan tétrico, desde el blanco abrumador de las paredes que llega a lastimarte las retinas de los ojos, pasando por la aglomeración de los diferentes olores que están diluidos en el ambiente y concluyendo con la traumante sensación que produce el estar de pie junto a una infinidad de cadáveres y en frente del que podría ser el cuerpo sin vida de una persona que amas.


Hyeji no se sintió con la fuerza suficiente para entrar a reconocer el cadáver de su hija, desde que la omega enviudó, perdiendo así a su alfa y el lazo que los unía, no había vuelto a ser la misma, se había convertido en un ente gris que vivía solo porque no había dejado de respirar.


Jungkook por su parte, a pesar de su condición de omega, y al ser el único varón de su pequeña familia, siempre se sintió responsable por su madre y su hermana desde que su padre había fallecido, por tanto hizo acopió de la poca fuerza que aun le quedaba y entró en aquél frío cuarto con olor a muerte a reconocer el cuerpo de quien en vida fue su hermana menor.


Aquella mañana en la morgue central de Seúl se escucho un lamento diferente a los demás que se habían oído alguna vez en la historia de aquel tétrico lugar, uno tan desgarrador y triste como ningún otro; un fuerte grito de dolor y tristeza fue lo que salió de los labios de Jungkook.


Desde lo mas profundo de sus entrañas desgarrándole la garganta dejó salir un doloroso e involuntario gemido en forma de llamado que en otro lugar un Alfa sintió calarle en los huesos, níveas y cálidas lágrimas bañaban sus marrones ojos, escurriéndose y quemando la piel de sus mejillas como si de ácido se tratara, y fue en ese preciso momento cuando lleno de rabia y dolor Jungkook se juro a sí mismo que buscaría al culpable de aquella tragedia y le haría pagar con sangre todas y cada una de sus lágrimas.




Taeyeon llegó como una tormenta demoledora a su casa, el olor a alfa enfurecido podía percibirse por lo menos a cinco manzanas a la redonda, siempre había sido un alfa imponente, desde su primer celo en su adolescencia, podía doblegar a su voluntad a cualquier omega o beta y hasta a uno que otro alfa de menor rango que él.


Estaba realmente enojado, había recibido en la oficina el informe policial donde se describía que su hijo Taehyung estaba involucrado en un accidente automovilístico, donde él había conducido su auto en aparente estado de ebriedad y que este accidente había tenido como resultado la inminente muerte de una joven omega; gracias al cielo que esta no era menor de edad, de lo contrario todo sería mil veces peor y mucho mas grave aún de lo que ya era.


Estaba harto de su hijo mayor, de su inmadurez e irresponsabilidad.


Estaba bien que para evitar escándalos que mancharan su reputación y su apellido tuviera que taparle algunas de sus fechorías o como el solía llamarlas «locuras de juventud». Pero por todos los cielos ¡había una mujer muerta! Esta vez había llegado demasiado lejos.


Taehyung tenía que madurar de una vez por todas y él se encargaría de eso, había llegado el momento de que comenzará su entrenamiento para hacerse cargo de el negocio familiar, del verdadero claro esta, no de la fachada.




Taehyung se iba a convertir en un Alfa de verdad, uno digno de su estirpe, costara lo que costara.



1 Mars 2022 01:04:45 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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