lagueralmamia Karina Hernández

"Nuevamente ese día estaba nublado, en el cielo no se podía ver otra cosa más que el color gris oscuro de las nubes, presagiando la tormenta que estaba por venir..." Para Anne, la reina de Pritige todo había cambiado en el transcurso de un año. Había sufrido bajas insoportables y era el tiempo de levantarse de las cenizas como el ave fénix y luchar, pelear por el puesto que le correspondía, salir al campo de batalla para recuperar de la oscuridad su amado país. Había llegado el momento de la revancha, de la r-e-v-o-l-u-c-i-ó-n.


Fiction adolescente Tout public.

#juvenil #301 #guerra #revolución #inkspiredstory #la-corona
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Ejecución

“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.”


Haruki Murakami.


Capítulo 1

Ejecución



En la Explanada de los Fundadores no había ningún alma. Luego del anuncio que había hecho Alejandro Burgos sobre la ejecución del senador Martín Frarraga, la gente de la ciudad decidió no salir de sus casas aquel domingo. Esperaban que los rebeldes no los hicieran salir de sus hogares para presenciar el espectáculo como con el rey Felipe VI, afortunadamente no fueron requeridos.


Aun después de que Frarraga fuera nombrado por Burgos como Presidente de la Cámara de los Comunes y con ello fuera el tercero al cargo con los rebeldes, existían personas en el país que seguían confiando en él. No podían creer que todo lo que este había profesado en favor de los ciudadanos fuera una simple actuación

.

Poco antes del anuncio de la ejecución se había corrido el rumor de que él secretamente ayudaba a la gente, contradiciendo a todo lo que representaba el nuevo régimen. Las personas se acercaban a él para pedirle protección y este inmediatamente les ofrecía lo que necesitaban. Por eso cuando el monarca ilegitimo sacó el decreto notificando la sentencia de muerte del senador, todos confirmaron la veracidad de aquel rumor y ahora rezaban por él. Otro grande hombre sería ejecutado, dejando un gran vacío en la ciudad. Tuvieron más miedo que antes, ahora ya no existía en la metrópoli alguien que les pudiera ayudar, estaban completamente solos.


Antes de que Martín se dirigiera al Palacio de Burgos para ser apresado, había llamado a Miguel Contreras y a Rose para darles indicaciones. Él no les había dicho nada sobre su presentimiento, pero les había ordenado que juntaran a toda la gente a la que él se había comprometido a brindarles protección y las llevaran al Cuartel General.


Fue hasta unas horas antes de que este grupo de personas partiera de la ciudad cuando se enteraron de la sentencia de muerte que recaía sobre el senador. Este acontecimiento obligó a Miguel y a Rose a adelantar los planes y se fugaron de la capital, no sin salir sin complicaciones. Ahora ya estaban refugiados en el Cuartel General esperando tristemente la noticia de la muerte de Frarraga.


Aunque el capitán Machado y Adrián Romero querían rescatarlo de su fatal destino no podían, todavía no estaban listos para entrar en la ciudad. Esmeralda se había refugiado en su habitación desde que había vuelto de despedirse de su mejor amigo, Rose lloraba todo el tiempo y Anne se había encerrado también en su cuarto. Christopher y Alfonso habían llegado muchas veces hasta la puerta de ella para apoyarla, sin embargo ambos en el último momento se habían arrepentido y regresaban entre sus pasos. Sabían que era mejor que ella pasara sola su duelo.


Mientras más se acercaba la hora pactada para la muerte del senador, la ciudad quedaba desértica, ninguno quería ser testigo de aquella tragedia.


A las seis y media de la tarde el prisionero fue sacado de su celda, esposado en las manos y tobillos lo hicieron caminar hasta el lugar en donde se llevaría a cabo su ejecución. El exsenador iba escoltado por un par de guardias rebeldes, él jamás se opuso, al contrario, caminó con decisión hacia su muerte. Durante su trayecto pudo ver a través de las ventanas a la gente del pueblo asomándose para darle la despedida, respiró profundamente tratando de calmarse, sus ojos querían llorar, pero no por miedo, sino por agradecimiento a las personas que lo veían por sus ventanas para hacerle saber, sin decir ni una sola palabra, que él moriría como un héroe.


Esto lo supo cuando los vio a través del cristal con una rosa blanca sostenida con la mano sobre el corazón. Según las tradiciones de Pritige, cuando un héroe moría, se les honraba de aquella manera.


Cuando el catedrático llegó a la Explanada de los Fundadores vio el mismo escenario que se había montado para el homicidio de Felipe VI, agradeció que no hubiera nadie del pueblo como testigo, solamente se encontraban unos cuantos rebeldes. Arriba del escenario ya esperaban Alejandro Burgos y Manuel Manzano.


Nuevamente ese día estaba nublado, en el cielo no se podía ver otra cosa más que el color gris oscuro de las nubes, presagiando la tormenta que estaba por venir. Frarraga pensó que aquel día era uno muy triste para morir. Siempre había amado los días lluviosos hasta que su exesposa, Cecilia había fallecido uno como ese. Fue hasta que conoció a Anne cuando volvió a sentir que había recuperado su encanto con los días con lluvia, siempre y cuando tuviera en sus brazos a su amada.


Cuando avanzaba hacia las escaleras del escenario comenzó a caer gotas de lluvia. Burgos miró al cielo molesto, lo único que quería era acabar con eso lo más pronto posible antes de que la lluvia cayera sobre él, odiaba mojarse de esa manera. Martín sonrió para él mismo, no le importaba morir bajo una lluvia torrencial, de hecho le recordó a uno de los mejores momentos de su vida. Su primer beso con Anne había sido bajo la lluvia, convirtiendo ese instante como el más mágico y romántico de su historia.


Uno de sus escoltas lo empujó hacia las escaleras, él renegó un poco, no había motivo para que hubiera hecho eso. Subió con dificultad las escaleras y se detuvo en medio del escenario mirando fijamente a Burgos, quien no dijo nada. Manzano lo tomó del hombro por detrás y lo posicionó de frente al Edificio de Maltas. Martín observó el majestuoso edificio que se había convertido en su segundo hogar. Manuel lo empujó para que cayera de rodillas.


La lluvia incrementó, Martín alzó la cabeza para sentir el agua sobre su rostro. Mientras miraba al cielo llover, su mente le trajo el recuerdo de Anne. Le pareció maravilloso dedicarle su último pensamiento al amor de su vida. Sonrió, cumplió con la promesa que le había hecho a Felipe VI, desgraciadamente no estaría él para verla cuando se coronara reina.


Tenía la plena confianza de que los monárquicos ganarían la revolución. Suspiró hondo, Adrián se encargaría de la otra parte de la promesa, él era el indicado para guiarla y asesorarla en su reinado. Cerró los ojos, no tenía miedo de morir, estaba listo para hacerlo. Anne estaba a salvo y tenía todos los recursos para la guerra.


Recordó el primer momento en que sus miradas se cruzaron en el primer día de clase hace algunos años. Morir en lugar de la persona a la que se amaba era la mejor forma de hacerlo. Sonrió, su mente se llenó de todos los hermosos momentos que compartió con ella.


- Te amo – dijo en un murmullo.


Sabía que ella no estaba ahí para escucharlo, pero esperaba que el viento se llevara aquellas palabras hasta donde se encontrara. Aun con los ojos cerrados alzó la cabeza. Sintió en su nuca el frío peso de la pistola. Suspiró hondo. Burgos apretó el gatillo. Las aves salieron espantadas por el disparo. El cuerpo inerte que algún día había sido del senador Frarraga cayó al suelo.



Anne estaba afuera del Cuartel General. Había subido a una colina en donde podía ver a lo lejos la ciudad. Había subido hasta ahí esperando sucediera un milagro que le devolviera a sus brazos al amor de su vida. Un fuerte viento llegó hasta su rostro y revolvió su cabello que lo traía suelto. Estaba empezando a llover en el bosque, sintió las primeras gotas de la tormenta que se había desatado en la ciudad y que en cuestión de minutos caería en el lugar en donde se encontraba.


Cerró los ojos y de ellos salieron lágrimas. El viento había sido benevolente con los amantes y le había llevado hasta ella las últimas palabras de Martín.


- Yo también te amo – contestó.


Tragó saliva, sabía que estaba por venir, el ruido de un disparo le hizo sobresaltarse, sin embargo no abrió los ojos. Comenzó a llorar aún con los ojos cerrados. Entendió qué significaba eso. El senador Martín Frarraga, renombrado abogado y profesor de la Universidad de Pritige, acababa de cumplir con la promesa que le había hecho a su padre, el rey Felipe VI, había muerto para salvar la vida de ella.

26 Juillet 2022 00:00:17 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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