ManuelGL Manuel Gonzalez

Un anciano solitario conoce y disfruta de la amistad de un ser aún más solitario.


Drame Tout public.

#Soledad
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La Noble Muerte

El ir y venir de las personas, el molesto ruido de los automóviles, las risas de los niños, el cantar de las aves, los calurosos días soleados y los nostálgicos días nublados, todo esto formaba parte del día a día de aquel anciano que hizo del parque su segundo hogar, pues desde la mañana hasta la tarde permanecía en la misma banca, leyendo el periódico y conversando con las personas quienes lo consideraban un hombre muy agradable, aunque no sobra mencionar que algunos conversaban con él más por lástima que por otra cosa, ya que se encontraba solo, pues no tenía familia y por eso era que pasaba tanto tiempo en el parque, para tener alguien con quien charlar. Aquel hombre trataba de permanecer el mayor tiempo posible ahí, ya que nadie lo esperaba en casa y el silencio que en ella reinaba siempre le hacía recordar la soledad que desde mucho tiempo atrás lo perseguía, y es que a pesar de ser una persona muy noble y agradable nunca fue bueno para socializar. Su nobleza solo era superada por su timidez, cosa que le impidió expresar sus sentimientos a las mujeres de las que se llegó a enamorar. Tal vez la causa raíz de todo fueron las constantes burlas de las que era blanco en su infancia, por el hecho de usar anteojos y de haber sido un niño con sobrepeso, y como resultado de esas mofas el niño, el joven y el hombre se alejaron de todo y de todos, pues de antemano sabían que las burlas podrían ser muy crueles. Lo más apropiado era no acercarse a las personas para evitar ser herido. Por años pensó lo mismo y para cuando se dio cuenta ya se encontraba en la última parte de su vida. El arrepentimiento llego muy tarde, ya era muy tarde para cambiar, ya era muy tarde para intentar cumplir su mayor anhelo que era forma una familia y tener un hijo, algo con lo que había soñado en una infinidad de ocasiones y siempre se trataba del mismo sueño, en el que caminaba de la mano de un niño y por esos instantes, aunque solo era un sueño, se sentía realmente feliz.

Todo lo anterior normalmente lo sumergía en una profunda depresión, las cosas que pudo hacer y no hizo, lo que pudo decir y no dijo, esto aún lo atormentaba llevándolo a experimentar el horrible sentimiento de la soledad, esa sensación de opresión en el pecho que termina por hacer llorar a cualquiera al creer que nadie en el mundo se preocupa por nosotros. Esa sensación se había vuelto habitual en la vida del anciano solitario.

En uno de esos tantos días de estar en el parque, el anciano se encontraba como siempre leyendo el periódico local, estaba en la sección de deportes cuando de repente el periódico fue arrebatado de sus manos por un balón de futbol. El dueño no tardó en aparecer para reclamar su tan preciado artículo. Se trataba de un niño quien inmediatamente se disculpó por haber maltratado el periódico con el balonazo, el viejo le restó importancia al accidente y de una forma muy amable le devolvió el balón. El muchacho le agradeció y se quedó unos momentos ahí parado en silencio como queriendo preguntar algo, hasta que al fin se animó y dijo:

-Disculpe, ¿Usted viene muy seguido al parque?

-Sí, vengo muy seguido por aquí jovencito -contesto el anciano.

El niño asentó con la cabeza y permaneció otro breve instante en silencio, hasta que pregunto:

-Y, ¿Cómo se llama?

-Me llamo José, pero puedes decirme Pepe -le dijo el viejo con el mismo tono amable con el que le había devuelto el balón –y tú ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Bernardo, pero puede decirme Berna, aunque nadie me dice así, todos me dicen Bernardo, bueno mejor dígame Bernardo.

El hombre soltó una pequeña carcajada luego de la respuesta y su explicación. Entonces vino otro pequeño momento de silencio, hasta que el niño pregunto otra cosa.

-¿Vive por aquí cerca?

-Sí, vivo aquí a cinco cuadras –y con el dedo apunto hacia su derecha- supongo que tú también eres de los alrededores ¿Verdad?

El chico asintió con la cabeza y después vino otro instante de silencio. Al anciano se le hacía un poco raro que uno de los niños se acercara a conversar con él, pues lo último que querían los niños de por ahí era perder su tiempo platicando con un vejete, hasta que al fin salió el peine, ya que luego del momento de silencio Bernardo preguntó:

-¿Sabe algo de fracciones?

-Pues ya tiene mucho que no veo una fracción o quebrados pero más o menos me acuerdo de cómo eran.

-Entonces, ¿Me podría ayudar a resolver unas? es que no le entiendo nada a la maestra.

-Bueno no te aseguro que te puedo ayudar porque a lo mejor ya ni me acuerdo como resolverlas, pero aunque sea les puedo dar una checada.

Bernardo luego de escuchar esto salió corriendo por su mochila, la cual había dejado colgada de un árbol, regresó rápidamente para las clases con su nuevo tutor. El día transcurrió más rápido con las clases de matemáticas y para cuando lo notaron ya estaba oscureciendo. Entonces el alumno se despidió porque ya se tenía que ir a su casa no sin antes agradecerle al anciano por las clases.

Para Pepe significo mucho el haber convivido con aquel niño, tanto que incluso esa noche fue distinta a las demás, pues contrario a la soledad y frustración que normalmente lo aquejaban, en esta ocasión fueron reemplazadas por una especie de felicidad y tranquilidad que hace tiempo no sentía.

Al día siguiente el anciano llego a la hora acostumbrada al parque, apunto estaba de sentarse cuando una voz lo interrumpió, se trataba de Bernardo quien de inmediato se acercó a saludarlo.

-Buenos días Don Pepe, ¿Cómo está?

-Muy bien, gracias Bernardo ¿Y tú? ¿Cómo te encuentras el día de hoy?

-También muy bien, oiga –dijo el muchacho mientras le daba un vistazo a la banca- ¿Se la pasa todo el día sentado en esa banca?

-Si es que no hay muchas cosas que hacer por aquí para un anciano.

-Y si mejor se hecha una cascarita conmigo, es que no tengo con quien jugar.

-Bueno pero te advierto que ya no soy muy rápido.

-¡Pues mejor para mí….!

Ambos rieron luego de la frase del niño. Entonces el anciano acepto y el niño salió disparado con su balón en manos, pero atrás se quedó Don Pepe quien efectivamente ya no era muy rápido y para apresurarlo el niño regreso y lo tomó de la mano. Se la pasaron todo el día jugando futbol, canicas y hasta matatena. Para el atardecer regresaron muy cansados a la banca y después de mucho resoplar el anciano dijo:

-No recuerdo la última vez que me había cansado tanto.

-Yo tampoco, es mas no recuerdo la última vez que había jugado tanto.

El anciano volteo un tanto extrañado y le dijo:

-Tal vez no te acuerdes pero seguramente en alguno de los recreos de la escuela jugaste mucho más que ahora.

-Estoy seguro que no, porque para eso hay que tener con quien jugar.

-¿A qué te refieres? –preguntó el viejo con mucha curiosidad.

-Pues a que no tengo amigos, nadie se junta conmigo, creo que hasta me tienen miedo, pero ya no quiero hablar de eso porque me pongo triste, mejor me voy a echar un sueñito.

El anciano se quedó pasmado porque se dio cuenta que aquel niño era igual a él, supo entonces que tenía que ayudarlo para que no terminara como él, pero debía ser en otro momento, primero debía saber un poco más de la situación de Bernardo para después ayudarlo como a él le hubiera gustado que lo ayudaran. Luego de meditar esto Don Pepe le dijo al niño.

-Tienes razón Bernardo creo que yo también me voy a echar un sueñito porque estoy muy cansado, pero me despiertas al rato no vaya a ser que pase el policía que patrulla el parque y piense que somos unos vagos.

-No se preocupe, yo lo despierto al rato para irnos -respondio el niño ya con los ojos cerrados.

Entonces los dos se quedaron profundamente dormidos, y ya para el anochecer el policía que patrulla el parque se acercó a despertar al anciano, pero este no reacciono, un poco alarmado el policía toco el cuello del viejo y se dio cuenta que ya estaba muerto.

La noticia corrió como pólvora, de inmediato los vecinos se arremolinaron en el parque para ver lo que sucedía y al asegurarse de lo que había pasado, las personas que conocieron mejor a Don Pepe no evitaron soltar lágrimas de tristeza por aquel hombre, pues lo consideraban una gran persona y lo que más les dolía era que aquel pobre anciano había muerto solo, algo que no era justo para una persona como él, quien siempre trato de estar alegre a pesar del gran vacío que tenía en su corazón, y al contraste de ese vacío se encontraba la gran nobleza que lo distinguió. Durante toda su vida fue una persona muy noble, tan noble que hasta la fría y calculadora muerte se apiado de él y cumplió su más grande deseo antes de llevárselo al descanso eterno.


FIN

16 Septembre 2017 05:52:35 0 Rapport Incorporer 0
La fin

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