corromero Nuria Cor Romero

Jairo Beltrán, es joven y muy atractivo, además es el soltero más codiciado de la ciudad de Miami. Recién llegado a su ciudad, ahora debe hacerse cargo de la empresa familiar, pero no lo puede hacer solo... Ha llegado la heredera del antiguo socio, para cambiarlo todo. Corina Reina, es una joven hermosa y madre soltera. Su llegada a la cuidad tiene varios propósitos ocultos, además de ser la heredera en la empresa.


Romance Suspense romantique Interdit aux moins de 18 ans.

# #secretosocultos #protagonistamasculino #amordulce
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1 ¿Y tú quién eres?

Gracias por esta oportunidad y espero que les gusten y lo disfruten.

¿Y Tú quién eres?

Nada sucede por casualidad.

Primera parte.

—Mi asistente le llamará... Muchas gracias por venir.

La muchacha asiente y sonríe. Se sonroja cuando le regreso una sonrisa ladeada. Contengo el impulso de poner los ojos en blanco, antes de que saliera por la puerta de la sala de juntas.

Soy consciente de que mi rostro y mi cuerpo atrae a las mujeres como un imán. A decir verdad, no lo niego, me gusta el efecto de deseo que provoco en ellas. Aunque a veces es agotador, porque sólo se esmeran en percibir lo que hay en el exterior, sin ver más allá, bajo el pecho. El interior. En el corazón. Claro que, viendo el lado positivo y las ventajas de todo, es que no se involucran sentimientos, ni emociones... ¡Solo es sexo!

Y si ellas se dejan, ¿quién carajo soy yo para privarlas de una noche caliente?

Dejo caer la solicitud en la esquina del escritorio.

Mi abuelo, Justin Beltrán, que hasta entonces había estado en silencio durante toda la entrevista, sonrió divertido.

—Bueno... Otro currículum que va al trastero.

Llegué a la ciudad de Miami hace dos meses. Y mi abuelo decidió dejarme a cargo de la empresa familiar. Nuestra especialidad es fabricar zapatos de tacón exclusivos.

El problema, era encontrar al diseñador artístico, pues la empresa irá a la quiebra sin la producción.

Y perder la compañía me tiene muy frustrado. No sé qué más debo hacer...

—Pues qué te digo, abuelo... Ya van siete entrevistas hoy. Pero ayer solo fueron cuatro ¿eh? —bromeo para que no se preocupe.

Él soltó una risita discreta.

—Querido, tienes un gusto muy peculiar porque ninguna de las candidatas o candidatos te agrada, y eso que lo buscas con urgencia.

—Como usted bien dice, la desesperación no trae nada bueno... Y, la verdad es que no encuentro el potencial que busco...

—... ¡Y no lo encontrarás!

Ambos giramos la vista hacia la puerta siguiendo el rastro de esa voz ruda y femenina. Una joven hermosa, entraba en la sala sin pedir permiso, como Pedro por su casa. De perfil, capto su cabello largo, castaño y ondulado se movía con gracia en su espalda.

—Lo siento, señor no pude detener a la señorita...

Miro a Brenda, mi asistente estaba detrás de la joven, le hice una señal para que se retire, luego ajustaré algunos detalles con ella...

La joven intrusa no se detiene. Camina hacia nosotros haciendo resonar su tacón con mucha actitud. La elegancia y sensualidad de su vestido corto, color granate, bien moldeado a su cuerpo, nos tienen al abuelo y a mí encantados.

Arroja una carpeta, que aterriza sobre la mesa, frente a mí.

—Porque lo que buscan está ahí.

El maquillaje leve en su rostro hacía más que evidente su hermosura, aunque, a decir verdad, no lo necesita, es guapísima. La dulzura contradecía a su gesto altanera y retadora al mismo tiempo, cuando señala con la barbilla hacia la carpeta.

Clavo la vista en esos ojos oscuros, y no puedo evitar sonreír ante mi curiosidad;

—¿Y tú quién eres?

Hace una breve pausa, antes de responder:

—La mujer que va a salvar la empresa con esos diseños.

El abuelo se inclina hacia la carpeta, curioso como yo.

Abro la carpeta y quedo alucinado con lo que contiene. Elegantes y sensuales zapatos de tacón ocupan mi campo de visión. Todos los dibujos eran diferentes, pero igual de buenos y exclusivos.

Justo lo que estoy buscando.

—¿Los ha hecho usted? —quiso saber mi abuelo.

—Así es señor Beltrán.

La joven le dedicó media sonrisa, que se borró inmediatamente en cuánto fijó la vista en mí, ladea su cabeza, mostrando seriedad. Profesionalidad.

—Y puedo hacer los bocetos de todo un año, si lo prefiere.

—A ver... —cierro la carpeta de golpe. Apoyo las palmas en la madera oscura de la mesa, inclinándome hacia ella. —¿Nos podría decir su nombre, si es tan amable?

Estira la mano sobre el escritorio, a modo de saludo.

—Corina Reina.

Estrecho su mano. Su tacto es cálido, aunque seco.

—¡Corina... Muchacha...!

El abuelo reaccionó a su nombre y de inmediato le da un breve abrazo.

—Tardaste en aparecer...

—Ya ve, señor, se hace lo que puede.

Mis cejas se fruncen, sin entender a qué vino su tonito... El abuelo asiente.

—Lamento lo que ocurrió con su padre, señorita. Mi familia y yo lo apreciamos de corazón.

—Lo sé... Papá hablaba maravillas de usted señor Beltrán.

Intuía un tono irónico, o tal vez sarcástico en Corina.

El abuelo se giró hacia mí, mientras me explica que es la hija de Miguel Reina.

Viví por mucho tiempo fuera de Miami y no tuve el gusto de conocer a Miguel Reina en persona. Desde luego que sí había oído hablar sobre él y sus encantadores diseños. La familia admiraba su trabajo. Decían que era el mejor.

—¿Entonces qué? ¿Negociamos?

—¿Cuál es el apuro?

El abuelo y ella me observan con los ceños fruncidos. Y trato de aclarar:

—Es decir... Debe hacer como cualquier persona razonable y concretar una cita...

Me callo al ver su sonrisa cínica dibujada en su hermoso rostro.

—Pero yo no soy cualquier persona, Jairo.

Por un momento me desconcierta el tono tan sexi que sonó mi nombre de sus labios rojos finos y sensuales. De hecho, lo nombró tan natural, como si me conociera de toda la vida. Aunque estoy seguro que es la primera vez que la veo.

—Soy la que va a salvar a la empresa de la ruina.

Totalmente sorprendido, tomo asiento, y trato de mostrar indiferencia. La observo con detenimiento. Su actitud altanera y arrogante me desconcierta tanto como su belleza. Es la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida. Y sus diseños son exactamente, lo que estoy buscando para la empresa. Pero no le da derecho a presumir así.

—O estoy dentro o no —continúa ella —Es así de sencillo... Estoy dispuesta a trabajar mano con mano y el dinero no sería un problema.

¿Cómo? Alzo una ceja, sonriendo de lado:

—¿Está dispuesta a trabajar de gratis?

Una chispa de furia cruza por su mirada y me deja ver que se está enojando. A decir verdad, me gusta esa chispa.

—¡Me refería a la sociedad Beltrán!

El abuelo y yo intercambiamos una mirada. Sus ojos grises están tan perplejos como los míos.

Ella prosigue:

—Puedo invertir la cantidad que haga falta... Usted se encargará de la producción y la venta... Y yo pues, me ocuparé de usar mi ingenio y de sacar el barco a flote.

Noto orgullo, seguridad y decisión en su tono. No titubea mirándome a los ojos. Muchas se intimidaban o se sonrojan... Ella no. Corina Reina es exactamente todo lo contrario. Y no sé si me enoja o sencillamente, me gusta que sea así.

—Solo pido dos condiciones: Uno, seré una de las modelos en el catálogo. Y dos, mi nombre y apellido debe de ser protagonizado y reconocido como tal.

—¿Puedo saber por qué?

—No—responde seca —. No puedes.

Estoy a punto de perder los estribos cuando el abuelo interviene:

—Muchacha, si hay algún problema debe saber que puede contar con nosotros.

—Se lo agradezco— su voz se eleva, alto y claro—, pero he venido hacer negocios, señores. Les pido que no pregunten cosas personales, a fin de cuentas, buscan a una profesional ¿no?

Termina clavando sus ojos en mi. Los míos se endurecen ante su descarada actitud.

—Así es. Buscamos a una profesional. Pero ha llegado usted muy —busco la palabra adecuada, para no ofender—... Misteriosa. Así que disculpa nuestra curiosa reacción...

La veo sonreír por primera vez, sincera. Deslumbrante. Y ni corta ni perezosa ignoró mi tono irónico y toma asiento frente a mi.

—No son necesarias las disculpas, pero se agradece. ¿Cuando firmamos el acuerdo de los contratos, entonces?

Mis ojos se abren... ¡¿cómo puede ser tan arrogante esta mujer?!

Claramente indignado, sonrío. Y cuando estoy a punto de decir ¡no va a haber contrato! El abuelo, interviene:

—Señorita, ¿nos permite un momento, por favor?

Ella asiente, forzando una sonrisa. El abuelo y yo salimos de la sala de juntas.

—Querido, olvidé decirte...

—Ah abuelo. Es obvio que se trata de esa mujer. Así que sin rodeos, dispara.

—El papá de la muchacha se asoció con nosotros en la compañía, antes de morir.

La noticia cae sobre mi cabeza como un jarrón de agua fría.

—¿Está diciendo que estoy obligado a trabajar con esa mujer tan arrogante, solo porque la empresa está asociado con Miguel Reina?

Tenía la esperanza de haber oído mal, pero mi abuelo asiente con la cabeza.

—Exactamente, querido.

Aprieto la mandíbula.

—Me va a perdonar, pero se olvidó un importante detalle.

Él asiente, apenado.

—¿Por qué me lo viene a decir ahora?

—Porque no creí que fuera a venir a reclamar...

Alzo la mano y detengo su discurso de disculpa.

—Tengo que salir un momento.

—Pero, qué pasará con la señorita...

No le dejé terminar lo que fuera que iba a decir, porque comencé alejarme hacia el elevador como alma que lleva el diablo.


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Historia de mi propiedad, por lo que queda prohibido su plagio, adaptación, moderanción etc, etc, sin mi consentimiento.

Hola muy buenas, queridos lectores y lectoras. Gracias por estar aquí en esta bella y apasionada historia. Espero que les guste y lo disfruten.

No olviden el apoyo y sus comentarios, con ello me ayudarían a crecer como autora en esta plataforma y yo les estaré eternamente agradecida. Mil bendiciones.


12 Janvier 2022 13:27:42 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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