katyaenriquez Katya Enríquez

¿Alguna vez te has sentido de más en algún sitio como si no encajaras? Pues, es así como Emma y Gerardo se sienten.


Histoire courte Tout public. © Katya Enríquez

#reflexión #arrepentimiento #consciencia #casualidad
Histoire courte
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Ellos están de más...

Muchos pensaban que el éxito de aquellas empresas era por la excelente comunicación que tenían los jefes con sus trabajadores.

Cuando dos empleados que no se conocían fueron despedidos por ser desechables, las compañías para las cuales trabajaban cayeron en picada en cuestión de minutos.

Después de un tiempo, cada uno fue a solicitar un trabajo diferente en el mismo sitio sin que se diesen cuenta.

Tras sus entrevistas se encontraron casualmente en una plaza —la favorita de ambos—, mientras los dos estaban haciendo las compras.

El muchacho de ojos azules vio de reojo a una chica porque estaba apresurado por reunirse con su mejor amigo perruno.

Ella al percatarse de que era observada, decidió terminar de pagar rápidamente sus compras para sentirse tranquila.

Fue curioso que se volvieron a topar, solo que esta vez era en lo que esperaban a que el semáforo cambiase de luz verde a roja para poder cruzarse e irse a sus hogares.

A pesar de haber deseado no encontrarse de nuevo, la casualidad existía.

Ellos se observaron cara a cara dentro del autobús que los llevaría a sus casas.

Ella se presentó: —Me llamo Emma, ¿cuál es tu nombre? … Parece que el destino trata de decirnos algo, pero no comprendo qué. Nos encontramos en la plaza haciendo las compras, luego esperando a que las luces cambiasen de color y ahora, estamos sentados al lado del otro.

—Prefiero no decirte mi nombre —respondió él—. Si lo hago algunos sabrán que soy la deshonra de mi familia tras obtener cuatro despidos en una sola semana. Así que, quiero mantener guardada mi identidad por ahora… Me da gusto conocerte, Emma. ¿Cómo te trata la vida?

Mal.

Muy mal.

A ella la despidieron como asistente en una peluquería, empacadora en un supermercado, publicista de una compañía de suplementos para después de hacer ejercicio, cajera en un cine bastante concurrido, niñera y, actualmente de modelo (subió dos kilos en ocho meses).

No iba a decirle eso al desconocido.

De hacerlo se expondría.

Le contestó que esperaba llegar a casa para ver un poco de televisión.

Él opinó lo mismo, agregando el hecho de que vivía acompañado de una hermosa mascota a la cual había llamado Fénix.

Emma se paró de su asiento cuando vio que el camión estaba cerca de su casa.

Después, cantó parada para descender antes de que el joven de ojos azules y cabello oscuro pudiese confesarle que en realidad sí iba a presentársele.

Esa idea se quedó en la cabeza de él, atormentándolo por no haber hecho una nueva amiga como solía hacerlo cuando se la pasaba yendo y viniendo de un lugar a otro.



La travesía de Gerardo fue más larga que la de la muchacha de cabello rizado y ojos verdosos.

Para entretenerse con el aburrimiento de estar de camino a casa, sacó su teléfono para mandarle mensaje a su amigo Lucas con la finalidad de contarle lo que le acababa de suceder (excluyendo a Emma).

Su mejor amigo exclamó con mayúsculas que tenía muy mala suerte.

Conocía perfectamente su desempeño y era profesional, por ello le sorprendía que hubiese sido despedido.

Lucas le dijo que tenía un trabajo para él en el que no lo iban a despedir porque era el indicado para él.

Aquel joven que se encontraba retraído en el asiento trasero del autobús le contestó que ansiaba saber en qué consistía pues podría definir su futuro.

Claro que podría hacerlo.

¿Qué pasaría si se enteraba de que Emma también se había postulado para el empleo, en caso de que no la fuesen a aceptar en el de hoy?

Su suerte sería encontrarse con aquella extraña.

Hacer teorías sobre por qué los despedían al cabo de un tiempo si en la medida de lo posible se mantenían fieles a los mandatos de sus jefes y a las reglas, no lo ayudaría.

—Baja —dijo él al conductor.

El señor abrió la puerta trasera, diciéndole que le daba gusto haberlo visto sonreír tras encontrarse con la chica de ojos verdosos.

Todos los días lo recibía y despedía con una mirada tristona, pero hoy lo observó torcer de felicidad su boca.

El joven no respondió.

Caminó unas cuadras antes de llegar a la puerta de su casa y buscar su llave.

Él se dispuso a entrar a su hogar en el que Lucas lo estaba esperando para comentarle de la propuesta de trabajo que le tenía.

Lo primero que dijo fue preguntarle cómo había entrado a su morada sino tenía una copia de la llave.

Su mejor amigo alzó sus hombros, afirmándole que eso no interesaba.

Para Lucas lo que importaba era lo que estaba a punto de decirle.

Gerardo se sentó en el sofá en lo que acariciaba a Fénix que estaba enroscándose encima de sus piernas.

Lucas le contó las premisas de cómo fue que su jefe había despedido a uno de sus trabajadores por estar robando dinero de las cajas registradoras.

El dueño de la casa se quedó con los ojos abiertos ya que el trabajo era perfecto para él, solo debía abrir y cerrar las entradas-salidas del establecimiento.

¿Su compensación? Cien pesos por día (menos de lo que ganaba antes).

Si lograba permanecer ahí lograría su sueño de remodelar el interior de su hogar además de no ser la deshonra de su familia.

Lucas se estiró como gato antes de levantarse de su asiento e irse de regreso a su casa.

El otro chico se despidió.

Al cerrar la puerta le gritó a Fénix que esta vez hasta podría sobrarle dinero después de pagar los impuestos y saldar deudas.

Su perro sacó la lengua antes de aventársele para hacerlo sentir mejor.

Gerardo respondió a las caricias de su mascota, lanzándole la pelota que hacía mucho no usaba para jugar con él porque estaba desanimado por no encontrar empleo.

El día presente merecía una celebración pequeña porque había hecho dos pasos.

Ya lo había decidido.

Mañana temprano iría a pedir el trabajo.

Eso determinaría un gran logro que, se podía tornar mejor si lo aceptaban en A o B.

¿Qué pasaría si las dos empresas querían que trabajase con ellas?

¿Cuál dejaría para Emma?



Pasó un día tras aquellos encuentros casuales entre Emma y Gerardo.

Los dos se estaban preparando para la entrevista en la que se postulaban para tener el cargo de casero en el nuevo establecimiento de “Café sin filtro”.

Emma estaba en su casa.

Se encontraba sonriéndose delante del espejo.

Ella se decía que todo saldría bien, que este sería el trabajo definitivo.

Aun así, como no encontraba su amuleto de la suerte: una antigua liga rosada que usaba de pequeña, el estrés comenzó a recorrerle su cuerpo.

Bebió un poco de su pócima antiestrés que consistía en un zumo de mango.

Limpiándose la boca posterior de cepillarse los dientes, ella se repitió en su mente que conseguiría el puesto porque no había alguien mejor que ella.

¿Ni el desconocido del autobús debía tener el trabajo?

Salió de su casa.

Para cuando subió al camión conducido por el mismo conductor, Emma se reencontró con el chico de ojos azules.

Él no dejaba de mirarla con asombro por lo hermosa que estaba.

Él dijo que su nombre era Gerardo y que así como estaba vestida lucía fenomenal, tanto que le darían empleo en donde fuese a postularse.

Ella sonrió con su comentario, vacilando con su cabello.

Los halagos que salieron de la boca de Gerardo se hicieron silencio al bajarse del autobús.

Recibió un guiño del conductor porque lo había visto coquetear con la joven.

El chico se percató de que la señorita bien vestida estaba dirigiéndose al mismo lugar que él y eso le generó un poco de confusión.

Ellos saludaron a su posible jefe.

Ambos se quedaron impresionados por ello.

Estaban listos para sacar las garras si era necesario.

Gerardo fue el primer entrevistado y dio buenos argumentos sobre por qué debía ser elegido.

Emma no usó solo palabras sino que también coqueteo para ganarse al dueño de la cafetería (él estaba cayendo en su juego).

Nada estaba seguro después de la entrevista y eso mandó señales de negatividad en la cabeza de ambos porque el suspenso los tenía aterrados.

Unos minutos pasaron.

Ellos recibieron una llamada que les cambió sus planes del día: fueron rechazados en la galería de arte en la cual habían pedido empleo como recepcionistas.

Solo les quedaba esperar la del señor de la cafetería que estaba muy indeciso.

Ellos se reencontraron (a propósito) en su plaza favorita para comentarle al otro por qué debía ser él quien debía quedarse con el empleo.

Los dos tenían buenas razones, pero eso no lo decidirían ellos sino el dueño.

Quedándose con los ceños fruncidos y de brazos cruzados, observaron cómo es que la gente paseaba felizmente por tener dinero para invertir.

Suspiraron al mismo tiempo.

Probablemente eso los hizo sentirse más incómodos porque creían que el otro lo estaba imitando a propósito para molestarlo.

La vida de Emma cambió al enterarse de que una de sus hermanas se encontraba en un embrollo monetario y ahora más que nada necesitaba el dinero.

Por otra parte, Lucas le mandó mensaje a Gerardo para indicarle que pasando por su casa notó que le habían robado, así que necesitaba poblar su casa otra vez.

—No sé por qué me pasan estas cosas —dijo Emma—. Cada vez que hago algo bien termina culminando en una mala jugada. Ahora más que nada necesito el empleo, ¿qué hay de ti?

Gerardo le respondió: —Yo también. Entraron a robar a mi casa… Gracias a Dios que Fénix está bien y que tanto mis vecinos como Lucas me avisaron… ¿Qué tal si no nos lo dan? No puedo seguir siendo considerado la oveja negra de la familia.

Ambos se consolaron mutuamente.

Emma observó que ellos eran buenos para algo, mas no se habían percatado de ello.

Su nuevo amigo le preguntó en qué.

Ella respondió que socializando son perfectos.

Sino le disgustaba podrían crear un negocio pequeño por el momento para ayudar a las personas con poca sociabilidad.

—¿Cómo se llamará? —preguntó él tras comprender que estaban dándole un empleo permanente—. Tiene que hacer referencia a que buscamos a personas a las que la vida les ha dado una enorme patada en el trasero.

Emma pensó antes de responder.

—Insignificantes —soltó poniéndose de pie para tenderle la mano a Gerardo—. El eslogan podría ser “Parece que están de más”… Haría referencia a que todos tienen una función en la sociedad. Si te das cuenta, tiene mucho significado para nosotros.

—Estoy de acuerdo. A muchos nos han denigrado por no cumplir con los cánones que la comunidad ha establecido… Me encanta porque de alguna manera daremos consejos de cómo entrar a las empresas que quieran los visitantes y aumentaremos sus autoestimas.

27 Septembre 2021 04:07:47 5 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Katya Enríquez Estudiante de la licenciatura en Comunicación Social, amante de la lectura. Gracias a ese gusto, comenzó a escribir sus propias historias acerca de sus temas favoritos.

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Jose Dolores Enriquez Peralta Jose Dolores Enriquez Peralta
El final es inesperado. Me gusto la trama. Gracias por publicar.
October 09, 2021, 03:10
Ivana Simón Ivana Simón
La historia es muy buena, me gusta mucho cómo lo vas narrando sin apresurarte ni rellenar. El final está muy bien planteado. Te sugeriría hablar más de tu obra cuándo la promociones, contar lo que te inspiró, lo que consideres más destacado de tu obra, etc. eso podría ayudarte a atraer más lectores. ¡Saludos! n.n
October 07, 2021, 21:17

  • Katya Enríquez Katya Enríquez
    Gracias, Ivis. Agradezco tu opinión. Ten bonito día☺️ October 07, 2021, 21:19
Johnny Von Cher Johnny Von Cher
Interesante. Muy buen desenlace y muy conciso en cuanto a la idea general, que encaja perfectamente con el final 😎👌
September 27, 2021, 23:06

  • Katya Enríquez Katya Enríquez
    Muchas gracias. Me alegra que te haya gustado. Si gustas pasar por mi perfil verás que tengo mas historias para contar. September 28, 2021, 00:23
~