dbenavides Daniel Benavides

Andrew y Lucia Adams eran la pareja mas reconocida en el mundo, pero una noche fallecen en un accidente dejando huérfana a su única hija, Lissette. El hermano de Andrew se haría cargo de Lissette, pero su codicia la lleva a abandonarla en otro país. Lissette se enfrentará una vida diferente y tendrá que darlo todo para cumplir sus sueños y demostrar que ella es un Adams.


Récits de vie Tout public. © Danny Cujilema

#amistad #inspiracional #historias-de-la-vida
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Capítulo 1

Un lugar diferente

Existen recuerdos que necesitas suprimir para seguir con tu vida, existen recuerdos que hacen que sientas autoconfianza, existen recuerdos que te hacen sufrir, pero son necesarios para saber que tu fortaleza puede crecer y existen recuerdos que se han ido por completo y no son necesarios para tu vida.

Me llamo Lissette Adams, pero todos me dicen Liz o Licha, actualmente tengo 23 años y por fin la vida me sonríe, pero no quiero empezar esta historia con lo que desayuné esta mañana; quiero contarles una pequeña historia que les mostrará que no existe ningún impedimento para que logres cumplir tus metas, acompañe en este viaje.

Hace 23 años, un 3 de diciembre del 2005 nació una niña en la familia Adams, si esa niña era yo, mi padre Andrew Adams, un músico muy reconocido a nivel mundial y mi madre Lucia Galicia, una de las mejores escritoras y fotógrafos de su época. Ellos deseaban tener un hijo y con mi llegada su vida se llenó de luz, dejaron lo que más amaban para cuidarme y se volvieron maestros de mi ciudad natal, Boston, pero un año después de mi nacimiento ellos fallecieron en un horrible accidente de tránsito.

El mundo cayó en conmoción, ya que yo era la única heredera de la fortuna de mis padres sin embargo tenía que tener un tutor y solo tenía una familia, mi tío Laurence Adams. Él me trataba muy bien y administró el dinero que heredé, un año después fuimos de viaje a México donde él me abandonó y desapareció con todo el dinero de mi familia.

Fui acogida por la casa hogar Santa Inés de la Ciudad de México porque no tenía más familia que mi tío. Allí crecí hasta cumplir los 4 años de edad. Semanas después de haberlos cumplido fui adoptada por la familia Hernández y así dejé de ser una Adams.

La familia Hernández estaba compuesta por 6 integrantes, Luis el papá, María la mamá, José el hijo mayor de 11 años, Lucia de 9 años, Andrea de 5 años y Rodrigo de 2 años y la verdad no sabía por qué querían más hijos hasta que llegue a su casa.

Al principio me sentí acogida por la familia, en una gran casa que parecía un palacio donde pensaba que podría vivir tranquilamente por el resto de mi vida, pero poco a poco empecé a ser humillada por casi todos los integrantes de la familia, Andrea y Rodrigo fueron los únicos que se portaban bien conmigo; un año después empezó mi verdadero sufrimiento.

Sin duda los dones de mi padre como músico empezaron a fluir en mi interior y lograba sacar ritmo con todas las cosas que estaban cerca de mí, era tan feliz cada vez que lo hacía, pero mi error más grande fue decirles a mis nuevos padres que quería un instrumento para poder hacer feliz a las personas como los que salían en televisión.

—Papá, mamá, quiero hacer música con un instrumento como las personas de la televisión y quisiera que me compren uno. —dije felizmente

—Escucha niña, primeramente, nosotros no somos tus padres, segundo no tenemos por qué darte algo como un instrumento y tercero tú estás aquí para hacer los quehaceres no para ver televisión y si te portas bien te pondremos en la primaria. —me dijo la señora Hernández

Apenas era una niña, pero me di cuenta de que esas personas no me querían en lo absoluto, me cambiaron de habitación, viví en un desván donde apenas cabía un catre, tenía solo dos cambios de ropa y mi iluminación era una vela. Me empecé a preguntar ¿Por qué me habían adoptado?, solo comía y vestía bien cuando la trabajadora social iba de visita y por miedo no decía absolutamente nada.

A mis 6 años, inicié la primaria donde toda la historia empezaría.

Mis padres adoptivos me dejaron asistir a la escuela por exigencias del gobierno, estudié en el Centro Urbano Presidente Alemán, una de las mejores escuelas públicas del lugar, mi casa estaba cerca del parque Hundido así que era muy fácil ir a la escuela en bicicleta y regresar además no tenia de otra porque no estaban dispuestos a pagar autobús para mí y me regalaron una bicicleta vieja, tuve que aprender como repararla con mi vecino que se dedicaba a reparar motocicletas y bicicletas, me enseño todo o necesario y logre hacer que esa bicicleta oxidada se viera increíblemente linda y funcional.

En mi primera semana me repartieron horario de clases, libros y los salones que íbamos a usar, usaríamos dos salones uno para las clases regulares y uno para arte y música además del gimnasio. No tuve que preocuparme por los uniformes porque ese año fueron donados para los niños de primer año, de lo que si debía preocuparme era de lo que necesitaría para el año lectivo como cuaderno, lápices, bolígrafos, etc.

Luis solo me dio un cuaderno, un lápiz y una barra de pegamento, si necesitaba algo más seguro no me lo darían además estaba obsesionada con hacer música que no me iba a rendir tan fácil.

Una tarde cuando terminé de hacer la limpieza en la casa me dispuse a hacer tarea, mientras la hacía pensaba como podría conseguir los materiales que necesito, si se lo decía a la trabajadora social esta familia me haría sufrir más que ahora, pensé que dejaría de comer alumnos un plato de avena tres veces al día si no que si hablaba podría terminar comiendo las sobras de la familia y solo pensarlo me asustaba hasta que se me ocurrió una idea “debo conseguir trabajo” fue lo que grité, pero escuché la puerta de mi desván moverse y al mirar estaba Andrea parada en la puerta de mi desván.

—De-de-deberías tocar antes de entrar a la habitación de alguien. —grite muy nerviosa

—Pues aquí era el desván antes de ser tu habitación y la puerta estaba entreabierta. —me respondió Andrea

—Lo sé, hasta le falta un seguro, pero no sé cómo hacer uno. —dije muy apenada

—Hablas como un adulto y no te darán trabajo en ninguna parte porque eres una niña. — me dijo Andrea

—¡Cállate! Tú también hablas como un adulto y sé que no me darán trabajo, pero quiero intentar. —dije molesta

—Lo que hiciste con la bicicleta que íbamos a tirar no está nada mal, podrías trabajar con eso. —dijo Andrea

—Lo hice en el taller del vecino mientras todos estaban dormidos. —dije

—Entonces pídele trabajo al vecino, talvez él te contrate. —me dijo muy seria

—No tienes que meterte en esto después de todo toda la familia me odia. —dije suavemente

—Eso no es cierto, yo no te odio y si le dices al vecino que te dé trabajo puedo ayúdate a convencer a mis padres para que te dejen hacerlo. —dijo muy seria

—¿Me ayudarás? —pregunté

—Si tonta, soy tu hermana y aunque los demás te odien yo no lo haré nunca y sabes Rodrigo también te quiero y aunque aún sea un niño que usa pañales puedo hacer que esté de tu lada sin que nuestros padres se enojen. —respondió Andrea

—Entonces hay que hacer un plan. —dije

En ese momento Andrea se convirtió en mi amiga y logramos hacer un mega plan para conseguir el trabajo.

El primer paso del plan consistía en rogarle al vecino que me diera trabajo en el taller lo cual fue difícil, Andrea y yo lo acosamos por días para que accediera, pero recibimos regaños y algunos golpes accidentales hasta que metimos a Rodrigo en la ecuación y aunque no funciono, pero nuestro vecino decidió darme el trabajo con la condición de que solo haría mandados y si Andrea me llevaba los almuerzos al taller.

Ya tenía el trabajo así que me tocó la parte decisiva para lo cual Andrea armó un discurso que no era de una niña de 7 años, ella dijo que con el trabajo dejaría de molestarnos con cosas que quería para la escuela y que si la trabajadora social sospechará podríamos decir que ayudamos al vecino a llevarles almuerzos lo que les pareció correcto y me dejaron tener trabajo, pero aún la condición fue no descuidar sus obligaciones.

Esperen aún no se vayan que esto apenas acaba de empezar.

2 Septembre 2021 11:34 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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