mariasalvatore María Salvatore

Anna, es de esas mujeres que les encanta relacionarse, de cualquier forma, sobre todo de forma sexual. Su norma por excelencia es no enamorarse. Cuando se tienen más de una pareja sexual esa norma ha de llevarse a raja tabla, pero, no es de extrañar que siempre pueden surgir alguna complicación y se puede correr algún riesgo.


Érotique Interdit aux moins de 21 ans.

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Anna y Javi

Las sábanas blancas arrugadas caían por el borde de la cama, el colchón estaba ligeramente hundido y con pequeñas salpicaduras de sangre en el lado izquierdo de este. Anna gemía y se doblaba hacia atrás dejando el cuello a plena vista, Javi lentamente se acercaba relamiéndose el labio inferior y abriendo su boca dispuesto a morder ese jugoso trozo de carne vivo.

Del mordisco comenzaron a emanar pequeñas gotas de sangre que seguían un pequeño e interesante patrón. La erizada piel de Anna excitaba aún más a Javi; las embestidas de este conseguían que la chica agarrara con fuerza la parte baja de la espalda, tantas como para hundir sus uñas y rasgar la piel de su amante.

— Javi, necesito que pares, sólo un segundo.

—¿Qué ocurre? ¿No te está gustando?

—No, no es eso —Anna se acercó despacio a su oído. —Trae las cuerdas y la fusta, quiero que me castigues…

En ambos se dibujó una sonrisa perversa y unas miradas inquietas, por sus mentes recorrían posturas que ni siquiera aparecerían en el Kama-Sutra.

Javi amarró a la chica de los tobillos quedando colgada del techo con las piernas abiertas dejando la fruta prohibida totalmente a su voluntad y a la altura de su boca. Asegurándose de que estuviera cómoda, segundos más tarde empezó a azotar con ligera fuerza la parte interna de los muslos cerca de los labios mayores, dejando una intensa rojez tras de sí.

La chica temblaba de placer, los gritos que surgían de su garganta cada vez eran más rotos y secos, de forma incesante salía y entraba aire de sus pulmones; en cada azote, el temblor era mayor.

En unos segundos el hombre de un metro ochenta y cinco, moreno y de ojos verdes, dudó, a él le encantaba hacer que su chica gritara de placer; las dudas se disiparon en cuanto Anna le agarró con fuerza del tobillo izquierdo y le miró desde abajo con rabia, Javi alzó el brazo y lo dejó caer justo en el centro, lo más cerca del clítoris que pudo. La piel cedió, se desgarró y de ella emanaron dos líquidos de densidades y tonalidades distintas, por una lado la sangre, roja y algo densa, por otro el final placentero que tanto ansiaba Anna y que aún continuaba disfrutando minutos después de que se cortara el riego.

Javier por su parte, aun seguía empalmado, quería acabar, disfrutar como disfrutó Anna.

Se incorporó, le dio un buen trago al vaso de agua que había en el escritorio y entre jadeos, accedió.

Javi se echó en la cama, se acomodó las almohadas que habían detrás de él, ambos se quedaron mirando el uno al otro, de forma intensa casi de forma psicópata.

Y aún con el vaso de agua en la mano, le miraba de arriba abajo, acostado en la cama, con las piernas medio abiertas, viendo como respiraba de forma pausada y de vez en cuando se le cruzaba algún que otro pensamiento psicótico. «Te faltan tonalidades rojas, rey» acto seguido cogió el vaso lo estampo contra el suelo, de tal manera que pudieran quedar trozos los suficientemente grandes para agarrar uno, no se lo pensó dos veces se puso encima de Javi se metió la polla con cuidado y mientras aún iba entrando, Anna le iba haciendo pequeños cortes en el torso.

—¡¿Es lo que querías?! ¡Eh! — Anna casi le gritaba al oído.

—¡Si! ¡Si! Sigue no pares, ¡hazme sangrar!—Javi se retorcía de placer, era lo que estaba esperando.

—¿Vas a terminar dentro de mi? masoquista de mierda, ¡vamos, acaba de una puta vez! —le gritó Anna mientras aún le hacía pequeños pero profundos cortes, hundiendo el cristal lo suficiente para que lo sintiera.

Javi, se retorció tirando a la chica hacía el otro lado de la cama, sus ojos se pusieron casi en blanco, terminando así lo que hace un par de horas comenzaron.

—Dios, ha sido de los mejores polvos, ¿te ha gustado? —Le pregunto aún jadeando y mientras se dirigía a la cocina para volver a servirse un vaso de agua.

—Bueno, no ha estado mal, pero por cuestiones médicas creo que deberíamos dejar de vernos Anna. —Con cierto miedo en sus palabras se curaba la herida que le hizo anteriormente.

—Si tienes razón, creo que lo del vaso ha sido pasarme de la raya. Lo siento. —Con voz apenada y de arrepentimiento bajaba la mirada sintiéndose rara por gustarle ese tipo de cosas mientras practica sexo.

—Será mejor que vayas a urgencias y que te miren la herida, por favor, no quiero que se te infecte. —decía mientras miraba su reflejo por la ventana mientras daba sorbos al vaso, sentada en el diván.

—Tu también deberías ver tu vagina, te he dado con toda mi fuerza, has sangrado, por lo que te he hecho daño. —Le decía mientras se vestía y revisaba que lo tuviera todo en los bolsillos de los vaqueros.

—Javi, te follo todos los putos Martes, no busques más aprecio que ese. —Con frialdad terminaba.

El hombre se giró, llaves en mano y salió por la puerta sin más que decir que un pequeño portazo como respuesta.

Durante días Anna, siguió con su vida, enrollándose con el resto de sus pretendientes, mientras que Javi, después de curarse el corte no dejaba de pensar en la chica, en una chica que sin más que ocupar una sola tarde y noche a la semana, nunca van a más sus visitas. No hay una conversación, ni sentimientos que afloren más allá de las ganas de correrse y de disfrutar su sexualidad al máximo. Una conexión sexual que sin querer Javi terminó al más mínimo atisbo de preocupación por sí mismo y por ella. El nerviosismo por saber de su existencia iba a más, no veía el momento de que llegará el día en el que llegará el mensaje de la hora en la que tendría que ir a su apartamento. Nunca más llegó ese mensaje.

Sonaba un teléfono de fondo mientras que Anna intentaba incorporarse de la fiesta tras su cumpleaños, dos mujeres y un tío dormían a su derecha, está estaba boca abajo con su brazo estirado y agarrando el pecho izquierdo de una de las chicas.

—¡Ya, ya voy! ¡¿Joder, que hora es?! —se desesperaba, mientras buscaba el teléfono que no paraba de sonar, por el suelo.

—Tía, no grites. Dios, que dolor de cabeza. —Mencionaba una pelirroja de pechos prietos y apetecibles mientras intentaba ubicar a Anna.

—No podría gritar ni aunque quisiera, reina, ya nos hicimos gritar anoche unas cuatro veces. —se jactaba mientras continuaba buscando el móvil que ya había dejado de sonar.

—Lo sé, aún noto un hormigueo en las piernas por los orgasmos. —terminaba la conversación la pelirroja.

















26 Août 2021 22:52:42 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Lire le chapitre suivant Que nunca falte un buen ramo de rosas.

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Dulce deLeche Dulce deLeche
😳 que fuerte
September 10, 2021, 21:11
~

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