ayren-meursault1624381876 J.B Meursault

Nada es lo que parece en "El Amanecer De Un Nuevo Mundo" lo que en principio se muestra como una historia de fantasía ordinaria, pronto se vuelve una odisea que termina siendo una deconstrucción del género fantástico, poniendo de cabeza la trama. Con un mundo rico en detalle, historia y profundidad. Que dan lugar a personajes complejos, con serios dilemas morales, desde la motivación de vivir, hasta el cuestionamiento de los sistemas de poder. Esta saga de libros promete ser una emocionante historia en donde no solo la fantasía da lugar a la realidad, sino donde la realidad sostiene a la fantasía.


Fantaisie Médiévale Interdit aux moins de 18 ans.

#drama #234 #383 #341 #328 #fantasia #baja-fantasia #fantasia-epica
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Prologo


—¿Está muerto? — Preguntó el joven desconcertado.

—Por su aspecto parece que ha estado aquí al menos un día, pero no ha comenzado a pudrirse., que extraño. — contestó el otro y más viejo. Examinando el cuerpo que se yacía cubierto de barro boca abajo, la desdicha le habría otorgado a su piel incontables heridas que recorrían su cuerpo como símbolos de batalla, gran parte de sus ropas estaban calcinadas, las quemaduras se extendían por su espalda y uno de sus brazos sufrió en especial los tormentos del fuego, una tela raída ensangrentada le cubría un par de dedos cercenados que posiblemente se encontraban perdidos dentro de la profundidad del gran bosque.

—Ven ayúdame a llevarlo a la carreta—continuo. —Si no está muerto lo estará pronto, con esas heridas no hay mucho que podamos hacer para aliviar su desgracia.

—Estás loco no vamos a meter un cadáver—Reclamo el chico de forma abrupta, con los ojos clavados en las múltiples flechas en la espalda del hombre en el suelo.

—No seas estúpido—Contestó el veterano, de carnes secas, nariz aguileña y pelo nevado—No es bueno dejar un cuerpo a lado del camino, pueden atraer famélicos, no estamos muy lejos de nuestra próxima parada, ahí habrá algún enterrador que pueda hacerse cargo del cuerpo, así que mueve tu maldito culo quejumbroso y ayúdame a levantarlo—Finalizo mientras tomaba los pies del hombre y los arrastraba un poco hacia las afueras del bosque.

El joven tomo el cuerpo por el otro lado y finalmente lo levantaron con esfuerzo.

—No soy quejumbroso—Respondió tajante a medida que se abrían paso por la zona.

Un fuerte olor prevalecía en la zona, tierra mojada mezclada con sangre y hollín, una mezcla que usualmente presencian los desafortunados y los curiosos. La noche anterior había caído un aguacero, dejando el terreno fangoso y con charcos que hacían del caminar todo un esfuerzo, algunas gotas de agua seguían cayendo de las ramas, la madera de los grandes árboles estaba húmeda y de los más altos se podían ver pequeños chorros como pequeñas cascadas que recorren la corteza danzantes y alborotados.

—Te has quejado todo el maldito camino niño—Continuó diciendo el viejo.

—Solo digo… que… sí está muerto y no podemos hacer nada, es mejor dejarlo donde estaba…, ya que estoy seguro de que tú no limpiarás toda esta suciedad, de la maldita carreta anciano— insistió Leto a bocanadas de aire. La humedad era inaguantable y habían caminado varios metros con un gran calor, comenzando a jadear, con el cuello de la camisa completamente empapado de sudor.

—Podríamos dejarlo aquí simplemente, no me digas que realmente crees esas historias de famélicos—La mueca en su rostro cada vez era más visible a los ojos del viejo, quien tenía bien presente aquella actitud.

—No seas insolente—Contesto Odel, que era el viejo, lanzándole una mirada seria para reprenderlo, sus ojos eran tibios y arrugados de un color verde apagado, como si los años hubieran desprendido el color de sus vistas, el chico sintió todo el peso de su mirada y se encogió en hombros. —Malas cosas pasan cuando no le das entierro a un muerto, chico. —Dijo a la vez que apresuraba un poco el paso.

Odel iba en frente tratando de evitar cualquier obstáculo del camino mientras Leto tambaleaba cargando el cuerpo del hombre, el chico era alto para su edad, un poco delgado, pero con músculos fuertes como un joven galgo, escurridizo e inquieto. Jamás se imaginó que en esa parada para descansar vería un cuerpo en las profundidades del bosque.

—¿Es la primera vez que ves un muerto, cierto? —preguntó Odel volviendo la mirada hacia el cuerpo con un aire de lástima.

Leto alzó las cejas al escuchar la pregunta y se encogió en hombros, pero no contestó nada.

Caminaron unos cuantos metros más entre el bosque que a cada paso era menos denso, la luz tenue de la mañana se filtraba a través de las copas de los árboles, la profundidad del bosque en cambio los observaba desde la oscuridad, donde ni un solo haz de luz podía colarse entre la densidad de las copas de los árboles, en el corazón del bosque la vegetación crecía no solo por número sino por tamaño, árboles cada vez más anchos y altos, la poca visibilidad hacía del extraviarse una tarea sumamente fácil, siendo una de las tantas razones por las que pocos se atreven a explorar sus enigmáticos interiores. Una vez llegando a la carreta colocaron el cuerpo en el interior y lo pudieron observar con más cuidado, su rostro estaba escondido entre una larga cabellera oscura, de su torso se desprendían pedazos de placa de acero de lo que alguna vez fue una armadura.

Odel se acercó y retiró las flechas de su espalda con algo de esfuerzo.

—ha—Exhalo— El bastardo dio una buena pelea antes de morir— Dijo con una risita, estirando el brazo y dándole una tela a Leto.

—Cúbrelo con esto y acomódalo bien—La cantidad de heridas en el sujeto impacto a Leto, quien tomó la tela para acercarse titubeante.

—¿Qué crees que le sucedió? —preguntó Leto como tratando de encontrar una explicación a tal brutalidad.

—Probablemente bandidos, o mercenarios de cerca, pueden llegar a matarse entre ellos como animales y no es raro que vengan a tirar cuerpos en estos bosques. —Contesto Odel con cierto aire despectivo.

La carreta estaba abarrotada de cajas, unas grandes y otras pequeñas, las pequeñas por encima de las grandes, todas llenas a tope de mercancía. Fruta, carne seca, telas e hilos, especias, plantas y pieles, todo tipo de cosas llevaba Odel en aquella carreta vieja. Leto puso el cuerpo bien acomodado entre uno de los lados interiores y lo cubrió con la manta, el viejo se subió a la carreta y sujetó las riendas de los asnos con sus manos cansadas que comenzaban a mancharse por la edad, el chico fatigado de su sangrienta y pesada carga se subió a la parte de atrás justo entre la mercancía y el cuerpo, el arco de la carreta lo refugiaba del sol, incómodo y algo nervioso se sentó, estiró las piernas y suspiro esperando llegar pronto a su siguiente parada.

El viejo estiró las riendas y los pegas empezaron su marcha.

—No es la primera vez que veo a alguien muerto, viejo. — Dijo Leto después de un breve silencio

—Bueno, es la primera vez que he visto a alguien asesinado brutalmente por quién sabe qué y es extraño que también haya tenido que cargarlo hasta la carreta.

Odel no mencionó una palabra, pero giró la cabeza un poco hacia la parte de atrás, Leto estaba acostado jugando con una de las frutas.

— ¿Entonces? —Pregunto Odel

—La primera vez fue hace tres años, la enfermedad se llevó a mi madre. Continúo contando Leto. —Era una vieja loca, igual que tu anciano, pero nunca me lo espere, todo fue muy rápido entonces, tomó solo tres días para que por fin se rindiera. Me pidió perdón por eso… no lo entiendo ¿Por qué habría que disculparse por morir? Quiero decir, es algo normal, todos tenemos ese mismo destino, no entiendo cuál es la importancia de eso.

— Es normal, es cierto. Pero eso no significa que la gente esté preparada para morir, siento tu pérdida, chico, que Antares la acompañe—Agregó Odel con un tono solemne con la intención de consolar al chico.

—¿Por qué no? — Respondió Leto de inmediato.

—¿Por qué no qué? —Volteo Odel algo irritado por la terquedad de la pregunta.

—¿Por qué las personas no están preparadas para morir? Yo no seré así sabes, estaré preparado para morir cada día de mi vida, al menos así tendré un poco de control sobre cómo me iré, y lo haré sin pedir perdón.

—Jaaa— Odel soltó una risotada —¿Preparado siempre para morir? Hijo, no estás preparado para ver un muerto cuando vas a echar una cagada en el bosque, no me hagas reír diciendo que estarás preparado para morir siempre— Odel no paraba de dar risotadas sobre lo que acababa de escuchar. Leto solo volteo algo avergonzado y se recostó de lado dándole la espalda a Odel, quien seguía hablando entre risitas.

—Por un momento estabas más blanco que el muerto.

—Muy bien, crees que sabes todo por la guerra, puedes seguir riendo, pero un día esa risa te va a ahogar. —Leto siguió acostado tratando de ignorar las burlas del anciano, desvió la mirada a donde estaba el cuerpo de aquel hombre, el frío recorrió su espalda y su piel se erizó al darse cuenta de que algo de sangre se asomaba de la tela con la que lo había cubierto. Sentía extrañamente su presencia y por un segundo pudo convencerse a sí mismo de que lo escuchaba respirar, Leto sacudió la cabeza pensando que sería ridículo que una persona sobreviviera a las heridas que vieron y trató de girarse para encontrar descanso a pesar del brusco movimiento de la carreta.

Cuando por fin llegaron a un terreno más liso pudo descansar su cabeza sin dar de topes con la madera, el sonido y el movimiento del viaje casi lo estaba acariciando, la madera vieja del interior dejó de incomodar con su aspereza y se concentró tanto en ignorar el peculiar olor que lo rodeaba que por un momento se sintió algo de comodidad.

«Bueno incluso en estas condiciones uno no puede desperdiciar un buen sueño.» Se dijo a sí mismo justo antes de cerrar los ojos, esperando soñarse en algún lugar un poco más limpio y cómodo.

Pronto el movimiento de la carreta ocasionó que se golpeara fuertemente en la cabeza despertándose de su sueño, hizo una mueca de decepción al ver que su suerte aún se encontraba entre la madera húmeda y vieja de la carreta, las cajas de mercancía y el cuerpo de un hombre lleno de sangre. «No sé por qué esperaba un buen sueño estando entre tanta mierda» Pensó. Leto se sobaba la parte de atrás de la cabeza y se ponía más cómodo en la carreta. Sacudió la cabeza y se talló los ojos para despabilarse. Tomó una pequeña navaja que solía llevar siempre en el bolsillo y empezó a distraerse con ella clavándola en la madera.

—Hijo, mi carreta se desploma a cada metro que avanzamos, por favor no aceleres su muerte con eso— Dijo Odel al escuchar el sonido del metal clavándose en la madera. Leto hizo una mueca y guardó su navaja por lo que solo se sentó y fijó su mirada hacia atrás en el camino, viendo como el polvo se levantaba.

La carreta se detuvo lentamente para su sorpresa y rápidamente volvió hacia el frente.

—Algo va mal—el murmullo seco de la voz de Odel inquieto a Leto que asomo un poco la cabeza y noto que ya habían pasado el portón de madera del pueblo y se encontraban en los establos cercanos. — No es necesario bajar muchas cosas aquí, solo ayúdame con esa caja de ahí. Mientras señalaba una caja pequeña dentro de la carreta.

—¿A qué te refieres viejo? — dijo con la misma cantidad de curiosidad como de preocupación. Odel volvió con una mirada dudosa al chico y dijo

—Haz lo que te digo—

Leto se apresuró a bajar de la carreta junto con la caja de madera.

—Oye anciano. —Dijo Leto al bajarse— ¿Qué hacemos con él? — Señalando el cuerpo de aquel desafortunado que habían encontrado en el bosque.

— No es seguro ahora muchacho, solo cúbrelo bien y nos encargaremos de eso más adelante. Respondió Odel sin prestarle mucha atención a la preocupación de Leto.

Mientras Leto se aseguraba de cubrir bien el cuerpo noto algo que llamo su atención, una chispa de curiosidad lo llevó a inspeccionar con cautela las posesiones del hombre «tiene una espada» se dijo a sí mismo mientras admiraba el objeto.

Leto volvió a sus lados rápidamente buscando la mirada de Odel, el cual se encontraba ya a unos cuantos pasos de la carreta dándole unas monedas al sujeto del establo para que cuidara de sus cosas. Tomó el arma furtivamente junto con unos cuantos artefactos que había dentro de la carreta y los colocó dentro de una bolsa de tela, cubrió el cuerpo con rapidez y se llevó la bolsa a la espalda con un estirón.

—Listo. Comentó Leto mientras se acomodaba su chaqueta de tela. — ¿Hacia dónde ahora?

Odel señaló en dirección a una plaza de mercado cercana y comenzó a caminar.

— Hacia allá muchacho, tengo que ver a una persona.

Leto siguió el paso de Odel, había muchos puestos de mercaderes por el camino con gente pasando con prisas, los fríos llantos de algunas mujeres hacían eco a lo lejos, justo en la entrada del pueblo un grupo de niños desnutridos con ropas sucias se reunía en busca de auxilio, con la esperanza de que algún alma se apiadara de su tristeza, algunos carecían de prenda con la cual cubrirse exhibiendo deplorables cuerpos con la piel pegada al hueso, imploraban por comida, monedas, se sujetaban a las ropas de quien pasara cerca en un desesperado intento de conseguir algo de sustento, de tal forma que podían seguir a alguien por casi cincuenta metros antes de rendir sus esperanzas. Al otro lado varios hombres se amontonaban, junto con sus gritos, discusiones y rezos.

—¿Qué está pasando en este lugar? —Preguntó Leto

—Eso iré a averiguar —Contesto Odel mientras, volteaba hacia sus lados buscando el sitio de su destino.

—Esto es Arboleda de Senai, no suelen ocurrir muchas cosas aquí, es un lugar tranquilo y aislado, no es normal que la gente aquí esté tan inquieta.

— ¿Te preocupa algo viejo? La gente sigue comprando en el mercado, dudo que eso nos afecte. — Agrego Leto

—Todo buen comerciante debe de anticiparse al tiempo chico— Escupió Odel volviendo hacia el muchacho, fijando su mirada en él por unos segundos.

— ¿Qué hay de esa bolsa? No te pedí que trajeras nada más. — Cuestionó el anciano.

— Oh si ¿recuerdas esos artefactos antiguos que encontré hace unos días? Quiero averiguar más sobre ellos, tal vez son de los reinos antiguos y tratar de venderlos. Puedo ganar algo incluso si terminan siendo chatarra.

— Ya lo recuerdo. — Asintió Odel con la cabeza y sonriendo en señal de aprobación, aun con un semblante serio sobre su rostro.

Leto río un poco incómodo por no saber con certeza lo que pasaba, continúo siguiendo al viejo por su camino en espera de completar su tarea, tocando suavemente su bolsa asegurándose que el arma que había tomado del cuerpo estuviera con él.

—Aquí es muchacho — Dijo Odel orgulloso señalando un puesto comercial con apariencia desgastada, el exterior lucía como la madriguera de algún animal rastrero muy grande, Leto recorrió sus ojos por el lugar con una ceja arqueada mientras el viejo se volvió hacia él.

— Dame la caja hijo, puedes ir a tratar de vender tus cosas, tengo que entrar solo aquí.

Leto le pasó la caja y asintió con la cabeza.

—Te espero en la carreta viejo. Leto se volvió y continuó su camino por donde habían llegado.

Odel apresuró el paso con la pequeña cajita de madera en sus manos, se acercó a la puerta del lugar y golpeó varias veces la puerta de madera vieja, la cual estaba tan podrida que se cayeron algunos pedacitos. Esperó durante unos segundos sin aparente respuesta así que alzó el puño de nuevo para tocar con más fuerza y justo cuando estaba dispuesto a dar el primer golpe la puerta se abrió repentinamente.

Una joven de rostro pálido y serio lo recibió tras la puerta, llevaba puesto una camisa de lino color gris, por encima un jubón de ante largo de cuero negro, con una daga colgando de su cinturón. De un solo movimiento abrió la puerta por completo e indico a Odel pasar sin decir una sola palabra.

—Hola, Siri — Saludo Odel con cortesía mientras se abría paso, el lugar reflejaba el deterioro que sufren las cosas hechas por el hombre cuando este decide abandonarlas, las telarañas abundaban en cada rincón del sitio en un intento de tal vez devolver el sitio a la naturaleza, el suelo estaba cubierto de una capa gruesa de polvo, los escasos muebles de madera podrida se caían a pedazos, dando la impresión de que nadie había habitado ese lugar en por lo menos veinte años.

—Lleva esperándolo todo el día— Señaló la chica, haciendo caso omiso a los saludos de Odel, tomo una lámpara, se encaminó hacia el fondo del lugar, sus pasos eran firmes y su postura era extremadamente disciplinada, siempre con los hombros hacia atrás y la espalda perfectamente erguida como un soldado de elite, esto en conjunto con sus cabellos cortos más propios de varón ocasionaba que se le confundiera con un hombre de forma regular y a pesar de poseer rasgos delicados en algunas de sus virtudes, sus facciones eran en su mayoría de aspecto masculino aunque no menos hermosas. Siri abrió una trampilla en el suelo, unas escaleras oscuras llevaban hacia abajo unos cuantos metros. Odel prosiguió a seguirla por las escaleras, cuidando sus pasos, guiándose de la única luz que los guiaba a través de la penumbra, bajaron unos cuantos metros hasta llegar a una segunda puerta de madera, esta vez de hierro reforzado, Siri tomó una llave y abrió sin prisa, haciéndole un gesto a Odel que continuará hacia el interior.

— ¿Y el chico? — Preguntó una voz seca y ronca que venía desde el fondo.

— Te dije que no lo traería. — Respondió Odel, abriéndose paso al interior del lugar el cual no contaba con las mismas similitudes de la fachada exterior, el sitio estaba sorprendentemente bien iluminado, ordenado y limpio, con decoraciones extrañas de metal, lienzos con algunas obras de arte muy peculiares, como si hubieran sido pintadas por un niño, lámparas con cristalería refinada iluminaban cada muro, llenando de vida y alegría la zona.

— Oh vamos Odie, pensé que era tu aprendiz, necesito más manos de vez en cuando. — Suspiro el hombre mientras se acercaba a la puerta para recibirlo, y la joven cerraba con cautela la gran puerta de hierro. El sujeto poseía un aspecto excéntrico, con una barba dorada y unos bigotes largos, su cabello largo de un marrón más oscuro estaba peinado hacia atrás sujetado por unos hilos rojos muy elegantes, vestido con un camisón de lino rojo con bordados extravagantes muy parecidos a los de las tierras místicas del oriente y una túnica color cobre adornada con diminutas piedritas preciosas daban la ilusión de iluminar la tela.

—No me llames de esa manera— Respondió Odel de tajo.

—Venga vamos, salúdame con un abrazo, viejo cascarrabias — Dijo el hombre de mejillas regordetas y sonrisa inocente mientras se le abalanzaba a Odel que a duras penas correspondía aquel abrazo.

—Ya, Hansel no hagas tanto escándalo— Contesto Odel apartándose lentamente.

—Pasa, pasa ¿Cómo estuvo el viaje? ¿Bien? ¡Excelente! Me han pagado una buena cantidad de talentos por lo que me has traído hoy, estoy seguro de que mi cliente estará muy emocionado — La alegría de Hansel retumbaba en las paredes, mientras dirigía a Odel hacia el interior del lugar, caminando con un ritmo alegre en cada uno de sus pasos.

—Linda ven, tráele algo de vino al buen Odie, por favor —Dijo Hansel a la pequeña niña que se había acercado por curiosidad—

—Gracias Hansel, pero estoy bien sin vino— interrumpió Odel algo abrumado por la bienvenida de Hansel— Puso su mano sobre la cabellera rizada de la nena y le dio las gracias.

—Por cierto, Hansel, vi un par en la entrada del pueblo, no se la estaban pasando bien, espero que los puedas ayudar— Añadió.

—Ya veo, mandaré a Siri por ellos de inmediato, aún hay demasiados en las calles Odie, continúo luchando porque les den la ciudadanía, pero aquellos esfuerzos han avanzado muy lento. —Suspiro Hansel.

—¿Qué está pasando Hansel? ¿Por qué el lugar está tan inquieto? — Hansel sostuvo su mirada en la de Odel borrando casi por completo aquella sonrisa con la que adornaba su rostro unos segundos antes.

—Debes de vender todo lo que puedas hoy mismo, no importa a qué precio, toma los talentos que te daré y aguarda mis instrucciones en tu pueblo. Lo más probable es que tenga más trabajos para ti. —Hansel le cedió una bolsa repleta de monedas a Odel y lo sostuvo del brazo con alta estima.

—¿Pero de qué hablas Hansel? —Exhalo Odel confundido— ¿Qué mierda has hecho ahora?

—Esta vez me temo que no he tenido nada que ver amigo mío — El tono de Hansel se volvió frío, la misma frialdad con la que se transmiten mensajes de dolor, un sentimiento que no resultaba extraño para las experiencias de Odel, sin embargo, una parte de sí se negaba en pensar en negativos.

—La gente aún no sabe la verdad, y al estar en el camino las noticias no te han llegado, hace dos días ocurrió algo en la capital.

Leto apresuraba el paso a medida que pasaba por los puestos comerciales, tenía el presentimiento de que algunos murmullos le seguían el paso, como si algún par de ojos lo estuvieran acechando desde lo lejos, se volvía constantemente para asegurarse de que iba totalmente solo. Algunos mercaderes gritaban sus mejores ofertas, mientras que otros recogían sus mercancías con prisa.

Leto nunca había estado en ese pueblo antes, sin embargo, la actividad del comercio le daban un gran sentimiento de familiaridad inexplicable, a donde quiera que fuera, estaba seguro de que la venta y el oro nunca cambiaban, como lo hacían las costumbres o las vestimentas.

Las nubes comenzaban a cubrir el cielo y la agitación de la gente lo comenzaban a inquietar de a poco, se le hacía un nudo en el estómago mientras escuchaba los alaridos de un sujeto en medio de la plaza, citando viejos versículos religiosos y hablando de antiguas promesas al mismo tiempo que otros trataron de callarlo y bajarlo de donde estaba. Continúo caminando tratando de ignorar aquel escándalo, cuando vio un comerciante de metales se acercó inmediatamente apresurándose a sacar lo que tenía dentro de la bolsa.

—Oye, amigo dime ¿cuánto me puedes dar por esto? — Dijo al instante llamando la atención del comerciante. Fue colocando con cuidado las cosas sobre la mesa del sujeto, tomó la espada dentro de su bolsa y también quiso colocarla con cuidado, pero el paso del arma resultó inesperadamente mayor al que pensaba, por lo que terminó azotándose agresivamente sobre la madera.

—¡Oye, oye, cuidado muchacho! Vas a romper mi mesa ¿Cuál es tu problema? —Respondió agresivamente el comerciante, haciendo ademanes exagerados. Leto rio despreocupado y señaló todo aquello que había puesto a la vista del comerciante.

—Déjame ver que tienes aquí primero—Dijo el hombre, mientras examinaba con cuidado todos los objetos que puso Leto sobre su puesto.

—Veamos, tienes varios componentes de maquinaria antigua muchacho, esto es bueno, tienes talento para encontrar buenas cosas, algunos metales están oxidados y en mal estado, por lo que afecta el precio, pero la mayoría me puede servir, te doy diez talentos por todo—

—¿Y qué hay de la espada? — Señaló Leto

—¿Eso? Es una porquería barata, diez talentos he dicho— Respondió el comerciante sin prestar mucha atención al arma—

—Vamos no me engañas, échale un buen vistazo, verás que te sorprenderá— Leto tomó el arma y se la arrojo al comerciante.

—¡Wow! Es pesada, está bien, veamos que tienes— El comerciante tomó el arma y sacó la hoja de su vaina, el metal se mostraba impecable, pulcro y carente de cualquier imperfección, un distintivo reflejo azul iridiscente recorría la hoja como un río, al verla el comerciante guardó la espada de inmediato y le lanzó el arma de vuelta a Leto bastante exaltado.

—¡Llévate esa mierda de inmediato de aquí, recoge todo, no te compraré nada y vete! —

La espada golpeó el pecho desprevenido de Leto, privándole de aire por un instante—¡Hey! ¿Qué es lo que te pasa? — Reclamo a duras penas, el comerciante lucía cada vez más molesto y amenazaba con hacerle daño si no se marchaba en ese instante.

—¡He dicho que te vayas de aquí! — Gritó el comerciante.

Leto comenzó a recoger sus cosas con prisa extrañado por la inusual reacción del sujeto. Cuando tomó lo último sintió una mano tocando su hombro, un tacto invasivo que despertó en él un instinto de supervivencia, volviéndose inmediatamente en busca del responsable.

La sangre y barro goteaba de sus ropas dejando un rastro visible en el suelo, cubría su rostro totalmente encapuchado con aquella manta con la que lo habían cubierto unas horas antes. El terror se cristalizaba en el rostro de Leto, abrió la boca expulsando un chirrido inaudible, aquellos ojos oscuros con los que cruzaba la mirada lo observaban profundamente.

—Oye ¿Podrías devolverme mi espada? —

22 Juin 2021 22:59:58 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Javier   chacón Javier chacón
el muerto no estaba muerto solo de parranda.
August 06, 2021, 01:04
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