holoceno11701 Jorge B. Mahoney

NOTA: El breve relato inspiracional que sigue a continuación, es un extracto de uno de los capítulos del 3er volumen de mi Trilogía del Tiempo: “Cuando Vuelva el Viento” (libro en revisión)


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#iglesia #Cirio #seres #Colegionarios #mortales #Escéptico #doctor #viento #Arcángel
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JEMIMA Y AZRAEL

…el día llegará en que el arcángel de la muerte descienda desde las alturas para caminar entre los mortales como uno más, pero sus colegionarios no habrán de mencionarlo en el cielo. Ese día conducirá muy contadas almas al olvido, porque vendrá para dar vida a los vírgenes y puros, aunque para ello... deba sacrificarse de nuevo.

Jemima —Mama Jem, como la conocían en el vecindario donde vivía— una humilde ama de casa afro descendiente y madre de cuatro jóvenes muchachos, venía sufriendo de terribles dolores en su espalda. Pese a ello, desde hace muchos años ha venido llevando a cuestas semejante tortura en silencio, “como si estuviera agradecida” … así lo afirmaban sus propios hijos.


—Tal vez era ese el motivo por el que siempre nos decía que pronto desaparecerían todas sus penas —explicó su hermano Akanni al galeno—. Después de todo, parece que no era ninguna “loca que hablaba sola”, como siempre la ridiculizaban nuestros vecinos.

—Lo que dice mi hermano es cierto, doctor. Nuestros propios vecinos resultaron ser unos hipócritas —dijo Niara.


Su hermano la consoló, tomándola suavemente por el brazo.


Akanni, Niara y Ayira, los tres hijos mayores de Jemima, recordaron cierta mañana de otoño cuando su madre estuvo contemplando por la ventana de su cocina, el árbol que ella misma había sembrado con sus manos. Relataron al médico, que años atrás les había asegurado que el viejo macizo anunciaría su partida.


—¿Sabe?, hasta nos pareció extraña la manera en que las hojas comenzaron a caer desde lo alto. Fue como si el cansado Roble ya no deseaba tenerlas por más tiempo en sus ramas.

—Es cierto doctor. Mama Jem no se movió de la ventana hasta que cayó la última de aquellas hojas. Incluso, pidió que nos quedáramos a su lado para que juntos las contáramos de una en una.


Los jóvenes le aseguraron que, desde ese día, aquél árbol que ella tanto adoraba se fue marchitando y jamás volvió a dar una sola hoja hasta que simplemente sus ramas quedaron secas. Y que después de eso, les había pedido que no volvieran a regarla más con agua, porque ya no haría falta.


—Qué curioso, ¿no les parece? —aludió el galeno algo escéptico.

—Bueno, era su manera de decirnos las cosas. Parecía como si hubiese sabido con anticipación que el viejo Roble estaba llegando a su fin —acentuó Niara—. No sé, tal vez vio alguna suerte de premonición en ello.

—¡Deja de decir eso! —acusó Ayira en voz baja. No se sentía cómoda con lo que había confesado su hermana mayor.

—¿Insinúan que lo del árbol pudiera guardar relación con lo que le estaba sucediendo? —titubeó el galeno.


Los muchachos permanecieron callados, prefirieron no opinar nada ante la observación del médico. En su lugar, se limitaron a verse las caras. Lo que más mortificaba a los tres hermanos, era el hecho de saber que mama Jem estaba sufriendo mucho por las malas andanzas de Kim, el menor de todos. Su hijo adorado, quien desde hacía algunos años había estado metido en problemas oscuros con las drogas y ocasionando dolores de cabeza, no solo a su madre, sino a todo el vecindario.


—Mama Jem no conciliaba el sueño, temiendo que cualquier noche la llamarían por teléfono para pedirle que viniera a identificar el cadáver de Kim en la morgue —reveló Akanni—. De solo pensar eso me da escalofríos.

—¡Ejem! —se excusó Niara, haciendo una pausa y reclamando la atención del médico.


A diferencia de lo que pensaba su hermana Ayira, a quien no le gustaba mucho la idea de ventilar los asuntos de la familia frente a extraños, Niara, la menor de las hembras, interrumpió adrede la conversación porque tal vez necesitaba desahogarse, o bien deseaba que su opinión fuera tomada en cuenta.


—¡No, Niara! —dijo Ayira, mirándola con severidad.


El galeno se giró hacia la joven muchacha y sonrió.


—Esto que voy a decir, seguramente le va a sonar muy extraño doctor.

—¿Qué quieres decir, jovencita? —este la miró a los ojos con incertidumbre.

—Mire, es como si Dios hubiera escuchado sus plegarias. ¿Me comprende? —dijo, viendo de reojo a sus otros dos hermanos cuando se refirió a las extrañas conversaciones en solitario que sostenía mama Jem con alguien invisible.

—¿Qué cosa es extraño?, no comprendo con exactitud lo que me quieres decir, muñeca —insistió el galeno interesado—. ¿Te refieres a que tu mamá hablaba sola? ¿Acaso creía escuchar voces, o algo parecido?


La joven se sonrojó, enmudeciendo de repente.


—Lo que mi hermana quiere decir, doctor… mejor dicho. ¡Rayos!, parecemos unos cachorros asustados. Como que ninguno de nosotros quiere soltar la lengua —intercedió Akanni, el mayor de los hermanos. Pero al fin se abrió resuelto—. ¡Ya está bueno de cuentos!, ni que estuviésemos haciendo algo malo. ¿Para qué andarnos con tantos rodeos?

»Bueno, es solo que si no fuera porque nuestra vieja siempre repetía lo mismo: "estoy dispuesta a pagar el precio". Mama Jem no dejaba de decir aquello del precio a pagar. Sonaba como algo “fhaenomenom” y nos daba miedo entonces, ¿entiende ahora?

—¡Cállate ya! —gritó Ayira—. ¡No quiero escuchar de nuevo esa ridícula historia! Mama Jem no estaba loca. Además, ¿qué tiene de malo el que las personas hablen solas a veces?


El galeno hizo un gesto con la boca, advirtiendo tal vez el criterio de la menor, pero enseguida interrumpió la discusión para preguntar.


—Akanni, ¿qué quieres decir con eso de "fhaenomenon"? ¿Se trata de alguna expresión snob, o tan solo una palabra simbólica sacada de la jerga urbana?

—Lo que mi hermano quiere decir es que mama Jem no solo cree en Dios, sino en cosas extrañas, como visiones y presencia de espíritus. La pobre está convencida de que se le aparecen seres del otro mundo, "fhaenomenon", ¿comprende ahora, doctor?

—Mmmm… Bueno, supongo que se desvía un poco de lo que pudiéramos llamar “razonamiento clínico” Sí, supongo que es eso lo que quieres significar con “fhaenomenon”

—A veces pienso como si Dios le hubiera concedido lo que quería doctor. Pero ¿a cambio de qué? —continuó diciendo Niara—. Hasta el último momento sabía que Kim continuaba adicto a sus peligrosas pandillas, y haciendo de las suyas por las noches.

»¡Solo él es quien tiene la culpa! Ahora madre se encuentra agonizando. Pero su fe es tan grande, que la pobre aún cree que Kim será alguien muy importante… ¡cómo no!

—¡Ya veo!, ahora creo estar entendiendo todo el asunto… Miren muchachos, no veo nada de malo que alguien pida por sus hijos —explicó el galeno—. Mama Jem no está perjudicando a nadie, ni haciendo algo indebido. Mi madre también lo hace, y no por ello quiere decir que esté mal de la cabeza.

»A veces, la soledad de las personas hace que busquen a alguien incorpóreo, digamos espiritual, con quien poder hablar, alguien que sea parte de ellas mismas para sentirse en confianza. ¿Me comprenden? Viéndolo de este modo, no parece ser muy complicado, ¿verdad?

—Sí, pero mama Jem piensa que ha hecho un pacto, una especie de alianza con Dios… es que usted no entiende —acotó Akanni—, la hemos visto en la casa actuar como si ella lo abrazara cada vez que debe despedirse de él. A veces camina por las calles haciéndonos creer que lo lleva cogido de la mano. ¡Eso es lo que nos parece grotesco!

—A su edad, eso no es tan grave si se ponen a ver. Recuerden lo que les he dicho sobre las personas en soledad. Los niños con aquello del amigo invisible, por ejemplo... En ocasiones los ancianos actúan y hasta hacen cosas como si fueran niños de verdad.

—De veras que esto es diferente doctor. Recuerdo cierto día… para ser más exacto, fue el día de su cumpleaños, cuando nos contó que estando de rodillas y orando en la iglesia, vio a Jesús en persona bajar de la cruz ante los demás feligreses para decirle que en cinco meses vendría a buscarla en sus últimos minutos de agonía. Mama Jem nos miró entonces y nos aseguró que Dios prometió darle dos regalos.

—¿Dos regalos? ¿Tienen ustedes idea de a qué se refería con eso de los regalos, o cuáles podrían ser esos regalos? —abordó el médico con una curiosidad que escapaba de lo profesional—. Pudo haber sido un estado de éxtasis, ¿no creen? Miren muchachos, yo puedo relatarles casos sumamente extraños, pero tan extraños, que ni ustedes se lo imaginarían. Si bien el suyo no es el que viene a colación. Sin embargo, puedo asegurarles que existen explicaciones para eso, y la fe es una de ellas.

—¡¿La fe, dice?! Pues yo no creo en nada de esas cosas de la iglesia, y la verdad es que no veo cómo la fe pueda explicar nada.

—Chicos, no es una cuestión de creer o no creer, ni tener o no tener fe. Lo que estamos tratando de averiguar es si ella estaba alucinando producto de su enfermedad, o si se trataba de un arrobamiento como resultado de su misticismo religioso.

»A mí me gustaría saber sobre cuál de ambas suposiciones nos ajustamos con mayor certeza. Volviendo a lo anterior, ¿por casualidad llegó alguno de ustedes a preguntarle a mama Jem sobre esos dos regalos que les había mencionado ella?

—Por supuesto que lo hicimos doctor, fue de lo único que nunca nos habló. Ella solo sonreía y cerraba los ojos llenos de lágrimas —dijo con frustración la mayor de las hermanas—. Me temo que madre se llevará su secreto a la tumba.

—Entiendo… La verdad, si yo fuera alguno de ustedes, no me complicaría mucho la vida. Véanlo como sus confesiones privadas con Dios —recomendó el galeno—. Como adultos que son, ustedes tienen que estar conscientes de que no hay vuelta atrás para ella. A lo sumo podrá vivir un año o año y medio más, lo cual no creo. En el peor de los casos, diez meses, es difícil hacer un pronóstico en este momento.

—Es que usted no parece entender doctor, y ese es el meollo del asunto. Hoy precisamente se cumplen los cinco meses exactos a los que ella aludía. Es decir, cinco meses desde que tuvimos aquella conversación a la que mama Jem hacía referencia de la iglesia. ¿Le parece doctor una mera casualidad que ahora madre esté agonizando? Justo se está cumpliendo el tiempo que “Dios le había anunciado”. ¿Es eso azar o destino? ¿O será que después de todo hay algo de cierto en lo que nos dijo? —preguntó la menor de las hermanas.

—¿Azar? —observó el galeno, dejando abierta una pequeña duda—. ¿Significa eso que están ustedes a punto de creer en lo que Jemima les dijo?

—Este no es un mundo justo, doctor. Desde que era pequeño, Kim no hizo más que acompañar a mama Jem a la iglesia, se la supo ganar entonces, cosa que no hicimos nosotros. Pero solo durante algunos años él lo estuvo haciendo, pues madre ejercía mucho su dominio.

»Creo que pretendía hacer con él lo que no pudo con sus otros hijos. Pero de pronto, sin explicación alguna, su pequeño cucú voló del nido, ahora vea el resultado. Dentro de poco terminará convirtiéndose en un consumidor adicto o en un capo de la droga, no sé qué será peor.

—El muy idiota hasta carga un arma, doctor —dijo Akanni, bajando la mirada con vergüenza.


***


La misma mañana que trajeron a Jemima al hospital para que fuera examinada, debió ser ingresada de emergencia. Luego de una sencilla exploración, los galenos supieron la gravedad de su padecimiento. Los resultados de los exámenes que se le practicaron confirmaron posteriormente sus sospechas. Sin embargo, la misma noche que la internaron, de eso hace un mes exactamente, comenzó su vía crucis. Parecía como si su destino hubiese estado escrito. Los dolores en su espalda ya eran insufribles, tanto así, que los médicos estaban seguros que para su sedación habría que administrarle morfina inyectada. La mañana de ese día, fue la última que sus hijos la escucharon quejarse.


***


—¿Piensa usted continuar suministrándole morfina a la paciente, doctor? —preguntó la trabajadora de la salud—. ¡Ay! Pobre señora Jemima, debe ser terrible para ella tener que soportar tanto dolor.

—De hecho, así va a ser. Yo entiendo perfectamente su preocupación enfermera, pero es necesario. Usted no tiene ni idea de los dolores que ella está sintiendo en este momento —aseguró el galeno—. Pero descuida mujer, te puedo asegurar que antes de que Jemima se vuelva adicta, ya se habrá convertido en un ángel.


La joven muchacha contuvo el aliento por algunos segundos, permaneciendo paralizada uno o dos pasos por detrás del galeno. Se preguntaba si mama Jem estaría dormida ahora o, por el contrario, si habría escuchado toda esa conversación. Muchos de los médicos del hospital estaban acostumbrados a hablar en voz alta, por lo general asumían que los pacientes no entendían la terminología que utilizaban cuando precisaban algún diagnóstico. Aquellas indiferentes palabras hicieron que un gélido escalofrío recorriera la espalda de la asistente sanitaria, erizándole los vellos en todo su cuerpo. Esta se dio vuelta un momento y contempló a Jemima con pena.


Apreciando luego los retortijones que daba mama Jem, el médico ordenó a la enfermera aumentar la dosis a ser administrada, puesto que el dolor parecía hacerse cada vez más insoportable. Los ecos de sus gritos podían escucharse con claridad por los pasillos del hospital. El galeno estimó que mama Jem fallecería antes de que terminara el mes. Miró entonces su reloj y, articulando unas palabras en voz baja, salió enseguida de la habitación.


—Hasta más tarde mama Jem, trata de descansar todo lo que puedas por favor —le había susurrado al oído la joven enfermera, despidiéndose también con pesar—. Pobres chicos.


Minutos más tarde, de manera inesperada, aquellos adoloridos gemidos de la sufrida Jemima dejaron de percibirse por los pasillos. Ello reclamó de pronto la curiosidad de algunas asistentes de guardia que hacían limpieza y atendían a los pacientes de las habitaciones contiguas.


—Pobre Jemima —dijo una de las enfermeras a su compañera de labores—. ¿Sabes?, tengo una amiga que vive cerca de su casa. Sus vecinos me contaron que anda algo mal de la cabeza. Parece ser que después de que murió su madre, hace varios años, se puso así.

»Desde entonces, según me dicen, habla con Jesús en persona, y que hasta la ha visitado en su propia habitación. ¿Puedes creer eso? Será por eso que nunca sale de la iglesia.

—Qué extraño —advirtió su compañera de labores, dejando las sábanas a un lado sobre la cama—. Jamás había sentido antes un silencio tan eterno en los pasillos del hospital. Es como si estuviera en medio de un campo santo.

—Tal vez consiguió conciliar el sueño después de todo. Un mes sufriendo con tanto dolor, ya es demasiado. Me pregunto, ¿cómo puede una persona soportar tanto calvario?


De pronto se escuchó un crujido. Fue un sonido familiar, parecido al chasquido producido por el picaporte de una puerta cuando se abre. El sonido alimentó la curiosidad de otra enfermera que se encontraba haciendo sus deberes justo en la habitación del frente, lo que hizo que se asomara rápidamente al corredor. Tan pronto como salió al pasillo, la joven muchacha no vio a nadie entrando ni saliendo de la habitación de la señora Jemima, sin embargo, alcanzó a ver el momento en que la puerta se iba cerrando muy despacio.


«Qué extraño, ¿será que el doctor olvidó algo…? Pero ¿dónde se ha ido? —pensó—. Mejor voy a ver».


La joven enfermera se apresuró y fue a la habitación de mama Jem para asegurarse de si el galeno necesitaba ayuda y revisar que todo estuviese en orden, pero una vez que estuvo en su interior, notó que la habitación estaba desierta, nadie había entrado. Enseguida pudo comprobar que la paciente dormía como un bebé. Revisó en el baño, tras la puerta y luego corrió la cortina. Notó que la ventana al lado derecho de la cama había sido abierta.


«¿Qué está sucediendo aquí?».


Extrañada, se dirigió de inmediato a la sala de enfermería para preguntar si alguien había venido a administrar algún sedante a la señora Jemima.


—¿De qué hablas mujer? La enfermera que atiende a mama Jem acaba de bajar en este momento a la farmacia —especificó la encargada de cuidados especiales—. Estimo que en no más de veinte minutos debería estar de vuelta con la morfina que pidió el doctor ¿Hay algún problema?

—Es solo que alguien tuvo que haber entrado a la habitación, bien sea para buscar o suministrar algún medicamento, puesto que la señora Jem está profundamente dormida en este momento —insistió la asistente de salud—. Yo misma pude comprobar cuando la puerta de su habitación se cerraba, pero a nadie he visto entrar o salir. Hasta escuché cuando el pomo de la puerta había sido girado.

—¿Dormida la señora Jemima dices? Eso sí que es extraño, ella no ha dejado de gritar en todo el día —dijo la enfermera jefa del personal que estaba de guardia—. Ninguna otra persona ha pasado por este corredor sin que la hayamos visto, excepto el médico tratante y usted, enfermera.

—Yo pienso que el médico debería verla de inmediato. No es normal que los dolores hayan cesado tan rápido, a menos que haya sido sedada de nuevo y con una dosis muy fuerte —explicó la joven asistente.

»Le digo que ahora está durmiendo como si jamás hubiera tenido dolor alguno. Debería verla usted misma para que se cerciore de lo que estoy diciendo, su rostro no tiene ojeras ni hay señales de sufrimiento, parece el de un bebé.


Antes de que la enfermera volviera de la farmacia con los medicamentos para administrar la nueva dosis prescrita, el médico se había adelantado y fue a la habitación para auscultar a Jemima de nuevo. Luego de hacer algunas cavilaciones en silencio, y sin poder salir de su asombro, el galeno solo se limitó a decir que la dejaran descansar.


—Qué rara es su condición. Se supone que no suele suceder de manera repentina. Hace un momento la mueca de dolor en su rostro, las cuencas de sus ojos estaban… ¡Ahora todo desapareció como por arte de magia! Es como si los dolores hubiesen cesado de forma repentina —dijo el galeno, frotándose en las sienes—… No consigo explicarme su estado. Simplemente la señora Jemima se ha quedado dormida, igual como si le hubieran pasado un interruptor.

—¿Un interruptor, doctor…? ¿Qué quiere decir?

—Mejor será que dejemos descansar a la pobre —insistió el especialista—. Sin duda que los dolores volverán cuando despierte, enfermera. Los dolores volverán y cada vez serán más fuertes. Habrá que estar preparados para lo peor.


***


Sin embargo, las cosas no sucedieron como lo había pronosticado el galeno. Minutos después que el médico y la enfermera hubieran abandonado la habitación, mama Jem entró en un estado de coma, despertando la madrugada del tercer día, en el preciso momento que Azrael entraba a visitarla por segunda vez.


—Hola Jem —dijo Azrael con voz celestial, a la vez que acarició a la moribunda en la frente.


Jemima abrió los ojos, emergiendo en ese mismo instante del profundo coma en que se hallaba. Tan pronto vio aquella forma de luz, le sonrió como si lo conociera de toda la vida. Mama Jem parecía estar llena de gozo. Hubiera deseado que todas sus amigas del vecindario, sobre todo sus cuatro hijos, estuvieran allí a su lado en ese momento para que conocieran a su viejo amigo con quien solía pasar horas enteras hablando.


—¿Ya vienes por mí, señor? —adivinó la mujer, quien llena de paz sonreía a su amigo visitante—. ¿Vienes al fin para llevarme contigo?

—Me temo que llegó la hora, Jemima —afirmó el arcángel con otra sonrisa—. ¿No era eso acaso, lo que todo el tiempo me pedías en la iglesia?


Los ojos de Jemima se iluminaron como dos enormes perlas acerinas, las que daban la impresión de estar flotando en dos pequeños lagos gemelos de aguas blanquecinas y de los que se desbordaban numerosos arroyos con brillo nacarado. Jamás había sentido tanto sosiego y armonía al mismo tiempo. En ese momento, el lejano batir de unas olas le hicieron pensar que estaba sentada frente a un mar que alguna vez llegó a ver cuando era niña. Luego vino el sonido de la lluvia y el olor a tierra recién mojada, los que le hicieron recordar cuando sembró por primera vez el árbol que tenía frente a la ventana de su cocina. No se trataba de un viejo arce ni de un macizo roble, como así lo creían sus hijos, tan solo era un hermoso y robusto árbol originario de la tierra de sus ancestros, un árbol que nunca llegó a mencionarles su nombre.


—Sí padre mío, todo el tiempo. Cada día y cada noche que pasaba te lo supliqué —respondió—… ¿Y cómo es allá arriba, mi señor? Yo siempre he querido saber.

—Pleno de luz Jemima, como lo son tus sueños —dijo—. No existe el aquí ni el allá. Todas partes quedan en el mismo lugar. Todo es igual y a la vez diferente. Ya verás, querida Jem.

—¿Es verdad que todos sonríen? —preguntó la mujer—. ¿Son todos buenas personas y viven felices, mi señor?

—Del mismo modo que lo serás tú Jemima, y por el resto de la eternidad —le aseguró Azrael.

—¿Y también lo del túnel de luz? ¿Veré allí a mis seres amados despedirse de mí?

—¿Te gustaría eso, Jemima? —preguntó el arcángel—. ¿De veras te gustaría?


La mujer asintió complacida con una sonrisa, mientras que una lágrima cristalina comenzó a deslizarse por su mejilla.


—Recuerdo cuando nos recién mudamos al vecindario, poco tiempo después que mi madre murió, ella venía a visitarme en mis sueños y me contaba que por las noches solía acariciar las estrellas con la mano —explicó mama Jem—. Me decía que a cada una la llamaba por un nombre diferente.

—Pues no te mintió, Jemima —aseguró—. ¿Sabías que aún lo hace?

—¿Y podré hacerlo también yo, mi señor?


El arcángel la miró con ternura y sonrió.


—Lo harán juntas, si es eso lo que realmente deseas mujer —le prometió.

De pronto, Jemima recordó que se estaba olvidando de alguien muy importante para ella. Alguien por quien sufría mucho.

—¿Y Kim, mi pequeño Kim? ¿Qué será de él? Es tan solo un niño, metido en el cuerpo de un hombre. Yo sé que en el fondo no es malo, mi señor. Tengo mucho miedo de que le hagan daño. Te lo dije en la iglesia.

—También recuerdo eso Jem, fue exactamente hace cinco meses.

—Pero desde aquél día no volví a saber de ti, mi señor.


Con expresión complaciente, Azrael contempló a la moribunda y de inmediato se acercó a su oído para ofrecerle el más grande de los regalos. Uno de los regalos que había mencionado a sus hijos.


—Tengo algo muy especial para ti Jem —confesó acercándose a ella y, susurrándole luego al oído, el arcángel le dijo—: Desde arriba verás a tu hijo convertirse en un importante ministro de mi iglesia.

—¿Mi Kim, un ministro de la iglesia? ¡Oh, gracias mi señor! —expresó la mujer llena de arrobo y con un mar de lágrimas en sus ojos—. ¿Les dirás adiós a mis otros hijos por mí?

—Se los haré saber, mujer. Ellos verán cuando se encienda la llama de la vida eterna —aseguró Azrael—. ¿Estás preparada Jemima?

—Creo que sí —respondió mama Jem colmada de paz, y devolviendo la última de sus sonrisas.

—Entonces coge mi mano con fuerza —dijo el arcángel de la muerte—. Mira las hojas cayendo de aquél árbol bajo el arco iris sobre tu ventana ¿Te parece conocido?


Lo último que hizo Jemima fue sonreír.


***


—¡Eh!, ¿Escuchaste lo mismo que yo? —dijo con sobresalto una de las enfermeras que se acercaba por el corredor—. Viene de la habitación. Qué extraño, juraría haber escuchado a mama Jem hablando con otra persona.

—¡Eso es imposible mujer!

—Pero ¿de quién es entonces la otra voz? —insistió de nuevo la joven asistente—. Te juro que la escuché con claridad, era la voz de un hombre ¿Con quién estará conversando mama Jem?

—Pero si la pobre lleva tres días en coma, ¿de qué hablas?

—Te digo que Jemima está despierta. ¡Rápido, hay que avisar a sus hijos por si quieren decirle algo! —dijo la enfermera haciéndoles varias señas para que vinieran a su lado.

»Yo escuché dos voces diferentes que venían de esa habitación. Estoy más que segura de haber oído hablar a un hombre mayor. Sí, era la voz de un hombre… una voz muy dulce. ¡Anda, hazles señas para que vengan!

—¡Vengan chicos, vengan! —espetó su compañera.


A tan solo unos pasos de que las enfermeras y los hijos de mama Jem pudieran llegar a la habitación, justo cuando estuvieron a punto de alcanzar la puerta, esta se abrió por sí sola dejando salir dos destellos resplandecientes de luz, los que se fueron extinguiendo con lentitud por el corredor. En ese instante, el cirio que habían dejado temprano sobre un retablo para alumbrar más tarde al santo protector de Jemima, se encendió sin ninguna explicación...

17 Juin 2021 22:30:55 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Jorge B. Mahoney Geólogo. Autor de "RELATOS SOBRE LO INESPERADO", "EL MENSAJERO" "EL FANTASMA DE LAS NIEVES "(en revisión) "TRILOGÍA DEL TIEMPO" (en revisión) "SAGA ÉPICA" (borrador en revisión)

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