srablablabla ces yeux

Con el vaivén de una suave canción, el encuentro entre Shuichi Saihara y un androide llamado K1-B0 empieza una relación llena de altibajos y desenlaces inesperados que los trae a ambos con la cabeza en las nubes. Todo porque las notas de esta melodía empezaron con la más inocente de las emociones, el cariño, el cariño interminable, el amor.


Fanfiction Jeux Tout public.

#kiibo #saihara-shuichi #saiibo #fluff #slash #bl #danganronpa
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Una máquina de emoción

"El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."

Sabía que el primer día de escuela era en el que los estudiantes estaban felices y nerviosos, no tanto los que ya conocían a sus compañeros como los que se transferían a una nueva escuela. Era algo que sabía no porque hubiera pasado por ello, sino que extrañamente ya lo tenía en su mente, una sensación bastante rara para alguien que nunca había experimentado un sentimiento del todo intenso.

Convivir con humanos sería una experiencia reveladora, pues había estudiado su comportamiento, pero nunca había hablado directamente con ellos en su corta vida. Era emocionante y a la vez aterrador, ¿sus expectativas serían justo como lo imaginaba? ¿O incluso mejor? No era capaz de ocultar su felicidad, aún menos porque no estaba familiarizado con esas sensaciones burbujeantes llamadas emociones, pero para un androide era algo completamente impresionante e impredecible, más interesante que peligroso.

—¿Estás listo, K1-B0?

Kiibo asintió con energía, moviendo su cabeza con enjundia y el profesor le dejó pasar hacia el salón. Se quedó pasmado por un segundo al ver a tantos estudiantes juntos en una habitación llena de escritorios, un pizarrón electrónico y un montón de caras desconocidas.

—¡Es un gusto conocerlos a todos! ¡Soy K1-B0, pero pueden llamarme Kiibo! —exclamó cuando recobró sus sentidos e hizo una reverencia.

Los estudiantes lo miraron con confusión, extrañeza y diversión, pues parecía estar exagerando con tanta formalidad y el profesor le indicó que se sentara junto a otra estudiante rubia con semblante amable. Al tomar asiento, ella se presentó brevemente y el robot se sintió bienvenido, diciendo "¡Es un gusto conocerte!".

A pesar de que se estaba controlando muy bien para no abrumar a sus compañeros con tantas preguntas, no podía evitar mover con frenesí sus manos de vez en cuando, frotándolas o uniendo sus dedos como en un juego que solo él entendía para ver cómo se creaba electricidad entre ellos. Había algo que le estaba molestando, lo hacía querer moverse con ímpetu, mas no estaba seguro de cómo lidiar con ello,

Oía al profesor cuando hablaba, pero volvía a sumirse en sus pensamientos: se sentía de alguna manera fuera de lugar, aunque sabía y le habían dicho que no era tan diferente de los humanos. En cuanto a su aspecto era prácticamente igual, la diferencia radicaba en la manera de pensar y percibir el mundo. Para él todo era algo nuevo, diferente y extraordinario, pero para los humanos él podría ser simplemente una máquina con sentimientos.

También estaba ansioso por conocer a sus compañeros y personas nuevas, todo lo que fuera posible, comparar lo que sabía con la realidad. Sin embargo, creía que quizás la diferencia de robot-humano le impidiera relacionarse en algún momento, o que tal vez fuera su carencia en manierismos humanos lo que lo delatara en que era un androide, que sabía podía notarse un poco por la manera en que lo miraban algunos de sus compañeros sin decir nada.

Se preguntaba si eso lo excluiría o haría que trataran diferente, y si era el caso, ¿cómo podría arreglarlo? Se dijo que debía dejar de pensar en eso, de todas maneras, les probaría a las personas robofóbicas que no era así. Él podía hacer cualquier cosa de la que los humanos eran capaces, ¡estaba seguro!

Por suerte, cuando esos pensamientos permeaban su confianza por momentos, la chica junto a él, Akamatsu Kaede, le llamaba y distraía preguntándole cosas y haciéndole sentir feliz por saber que había alguien tan atento ahí. Parecía interesada en conocerlo y saber cuál era su primera impresión del lugar, entre otras cosas banales.

—Kiibo, ¿ya has explorado la ciudad? —preguntó en el receso mientras se preparaban para la siguiente clase. Esto le tomó un poco por sorpresa, pues no había ni terminado de familiarizarse con los maestros y personal de la escuela, sin contar a los alumnos, y no había pensado en salir de la escuela.

—No, la verdad no —respondió apenado porque sabía que era algo normal para los humanos y se sentía rezagado por no haber hecho algo tan importante o siquiera considerarlo.

—Deberías hacerlo en cuanto puedas, hay muchas cosas que ver. Podría enseñarte algunos lugares a los que luego voy con unos amigos, ¡y tal vez podríamos ir juntos! Así te muestro mis lugares favoritos. ¿Qué dices?

—Sí, está bien, pero por ahora quiero acostumbrarme a este ambiente nuevo... —respondió Kiibo con menos energía y un poco apenado por tener que rechazar su propuesta. Kaede, sin embargo, no se desanimó y asintió comprensivamente al escuchar su respuesta.

—Con mucho gusto aceptaría esa oferta en cuanto esté listo, ¡gracias!

Ella sonrió y le dijo que le avisara cuando quisiera el tour, siempre estaría dispuesta a enseñarle la ciudad. Kiibo no pudo sentirse más agradecido por su paciencia y disposición, y así su primer día de clases transcurrió sin contratiempos.

Con el paso de los días conoció a sus compañeros, quienes en general parecían ser buenas personas, algunos extravagantes o interesantes y otros bastante ordinarios, pero para el robot todo era peculiar. La manera en que a veces Kaede asentía ante sus palabras, inclinaba su cabeza cuando lo escuchaba, o cuando alguno de sus compañeros le daba palmadas en el hombro. No entendía esos gestos del todo, para él eran innecesarios, pero eran únicos de cada persona.

Con quienes más hablaba era Kaede, Kokichi Ouma, un chico de cabello morado, personalidad excéntrica y muchos chistes bajo la manga, y Rantaro Amami, otro chico de cabello verde con mucho estilo. Ellos era con quienes creía tenía una relación más cercana, aunque en general hablaba bastante con todos pues quería saber más de sus compañeros.

Un par de semanas después, cuando ya hubo conocido las instalaciones de la escuela y estaba listo, se acercó a Kaede y le pidió el recorrido por la ciudad. Ella asintió con emoción al pensar en todos los lugares a los que lo podría llevar e invitó a Rantaro también. De alguna manera Ouma se enteró, por lo que terminó uniéndose y, al ya estar en la calle, se la pasaba comentando sus impresiones de la ciudad, chistes o desviando el recorrido cada vez que veía algo que le llamaba la atención.

—Woaahh —exclamaba Kiibo cada vez que vería algo que le sorprendía, como un jardín bien cuidado, un monumento en la plaza, o un rascacielos tan alto que no se veía la punta. Esto denotaba su facilidad para asombrarse, pues también decía "¡Vaya!" o "¿Qué es eso?"

—Eso es una tienda de antigüedades, puedes ir si te gustan esas cosas —respondió Rantaro mientras caminaba con calma después de soltar una risa apagada y pensar que sus reacciones eran tan inocentes. Estaban pasando frente a tiendas un tanto extrañas en cuanto a las cosas que vendían o de cosas tan específicas que por la misma razón estaban esos comercios.

—Hay un montón de cosas raras y viejísimas —añadió Ouma alargando la sílaba tónica y estirando sus brazos—, la otra vez entré y había un montón de cosas anticuadas, no sabía ni para qué eran. Es casi como ir a un museo.

—Creo que solo deberías ir si te interesan esas cosas, para una persona normal sería algo aburrido, ¿no? —preguntó Kaede. Pasearon por las calles mostrando los diferentes edificios a Kiibo, y al ver un puesto de helados en una intersección, Kaede se acercó y llamó a los demás para que tomaran un descanso.

—¿Has probado el helado antes, Kiibo? —preguntó Ouma con una sonrisa de lado cuando se sentaron en una parte del parque de la ciudad, uno al lado del otro, excepto Ouma, quien estaba de pie frente a ellos.

—Creo que no —respondió el androide mientras admiraba todo el escenario a su alrededor: los edificios altos y brillantes en la parte de la ciudad de empresas, las casas en algunas calles residenciales en otra, y el área verde detrás de ellos—, solo he oído que es- bueno, a veces tiene una textura cremosa y hay de bastantes sabores.

—Bueno, eso es verdad. Para ser un robot sabes lo básico sobre esto —dijo mientras lamía su helado sabor napolitano—, la verdad pensé que no podrías comer por lo mismo, pero ¡mira! Sí puedes, así que podré mostrarse tooodos los diferentes sabores de la comida. ¡Tienes que probar el helado napolitano!

Extendió la mano con la que sostenía el cono hacia Kiibo y lo miró como diciendo "¡pruébalo!", a lo que Kiibo se acercó con duda un poco y sacó su lengua para probarlo. Al ver esto, todos se echaron a reír y Ouma también, incluso alejando su helado con recelo exagerado, bromeando y siguiendo el juego.

—Yo recomiendo el sabor galleta, es ¡mmm! —exclamó Kaede y se relamió los labios para exagerar la oración.

Kiibo soltó una risilla ante las reacciones de sus compañeros y pensó que junto a ellos podría pasarla bien. Al escuchar su risa todos se sorprendieron por diferentes razones, alguien porque no estaba seguro de si los androides podrían reír, alguien porque le pareció adorable, y alguien más porque se percató que Kiibo era realmente inocente.

Sin embargo, al darse cuenta de que era como un humano normal, pudieron ignorar por completo ese pequeño detalle y todos rieron junto a él.

Kiibo continuó sorprendiéndose al saborear su helado de vainilla y no paraba de abrir los ojos con sorpresa. La textura suave en su lengua, la explosión de sabor a la que poco a poco se acostumbró y el sentir cómo se derretía... Atesoraría ese momento por siempre, ¡una de sus primeras veces!

Y así continuaron el viaje, contándole a Kiibo qué había en cada calle y mencionando sus nombres para que en el futuro pudiera ubicarse, algunas anécdotas sobre cómo Ouma molestaba a todos, historias de distintos lugares a los que había viajado Rantaro y opiniones sobre cada establecimiento, como que la tienda de ropa era muy popular entre los estudiantes, que la señora de la tienda de abarrotes era muy habladora, y cómo el lugar favorito de Kaede para pasar el tiempo era el parque en la plaza.

—Muchas gracias por su tiempo, me divertí mucho —dijo con vehemencia Kiibo cuando estaban regresando al punto de partida donde habían empezado el recorrido. Estaba sonriendo de oreja a oreja y si hubiera tenido la confianza, hubiera dado un gran abrazo a los tres que lo habían acompañado.

—Creo que todos podemos decir que también nos divertimos —respondió con una sonrisa cálida Kaede mientras caminaban hacia el punto inicial del recorrido.

—Kiibo, al principio pensé que sería solo interesante acompañarte, ¡pero resultó ser realmente cool! —añadió Ouma mientras lo abrazaba de lado y pegaba sus cabezas en un gesto exagerado de amistad, lo que confundió un poco a Kiibo, pero a pesar de eso, le hizo sonreír.

—Ouma, no asustes a Kiibo —le reprendió Rantaro sin mucha seriedad, estaba intentando ocultar su sonrisa—. Si quieres, cuando puedas podemos salir juntos de nuevo o incluso invitar a alguien más —dijo dirigiéndose al de pelo blanco.

—¡Claro! —exclamó Kiibo con emoción. Ouma no dejó de abrazarlo hasta que Kiibo se quedó pensando en algo, a lo que Ouma se separó e intentó leer su expresión mirándolo fijamente.

—Por cierto, ¿hay algún lugar silencioso a donde pueda ir a estudiar? Me gusta que en general todo esté tan animado, pero a veces quiero estar en un lugar tranquilo...

—Mmmm, hay una biblioteca al lado del parque, por donde está una cafetería —respondió Kaede mientras se daba cuenta de que ella misma sabía dónde estaba el lugar del que estaba hablando, pero nunca había entrado.

—Que esa cafetería es mi favorita, los aperitivos que sirven con las bebidas son deliciosos —añadió Rantaro—. Conozco a alguien que trabaja ahí. Si es que vas, ¿le preguntas por mí? Y me cuentas qué te responde.

—Está bien —respondió con curiosidad Kiibo e hizo una nota mental para visitar esa cafetería en cuanto se presentara la oportunidad.

—Bueno, si eso es todo, creo que ya deberíamos irnos —dijo Ouma mientras se adelantaba a ellos tres para ponerse frente a ellos y empezaba a caminar de espaldas—, no queremos que se oscurezca antes de que lleguemos a casa, ¿no?

Kiibo y Kaede miraron a Ouma un poco sorprendidos y Rantaro con una mirada más bien inquisitiva, a lo que Ouma añadió:

—En la noche hace frío y ninguno trajo abrigos o sudaderas. ¡Hay que ponerse en marcha! Kiibo, ¿dónde vives? Para dejarte cerca de tu casa.

—Ohh —exclamó Kiibo ante su respuesta—, ¡tienes razón! Pero quiero visitar la biblioteca que dicen rápidamente antes de ir a casa, así que pueden irse antes. Y ahora que ya puedo ubicarme un poco, creo que no sería mucho problema.

Kaede, Rantaro y Ouma estuvieron de acuerdo y todos se fueron por diferentes caminos excepto Kokichi y Rantaro, quienes parecían vivir cerca uno del otro. Kiibo regresó a donde estaba el parque, observando las tiendas y casas y todo a su alrededor: el cielo tornándose naranja pálido, los colores brillantes de las construcciones y las personas caminando en la calle, pero ahora con mucha menos energía que anteriormente.

Cuando llegó frente a la biblioteca, admiró el tamaño de la entrada que era algo así como dos metros, y entró con un poco de nerviosismo. Por fuera era un portón de madera abierto y por dentro el ambiente era más cálido; las paredes eran de color durazno, los escritorios y puertas eran de madera también, y en lo que miraba todo esto le interrumpió alguien de manera tímida.

—Bienvenido —dijo en tono apenas audible el bibliotecario desde el mostrador principal. El muchacho no le dedicó una mirada de más de dos segundos, lo que lo desconcertó, pero lo descartó pensando que era simplemente una de las muchas reacciones que podrían darse hacia una persona nueva.

—¡Gracias! —respondió feliz y se puso frente al encargado. Era un chico pálido con pelo negro que parecía cansado de alguna manera, haciendo papeleo en un escritorio por detrás. En cuanto vio al androide paró y se acercó a él para atenderlo, siempre mirando hacia abajo y moviendo sus manos con nerviosismo.

—Buenas tardes, me gustaría saber cómo puedo rentar un libro —Kiibo sonrió hacia el chico y miró alrededor con asombro. Había dos habitaciones a cada lado de la recepción, un olor agradable y un silencio distintivo del lugar, pues en cuanto había cruzado el umbral el ruido del exterior había disminuido, como si hubiera cruzado un portal.

—Claro, solo tienes que traer el libro, llenar la ficha y pagar. Puedes mostrarme tu credencial de estudiante para tener descuento y después puedes llevarte el libro a tu casa o leer aquí. También hay libros digitales por si quieres rentarlos de igual manera —respondió el azabache alzando un poco el volumen y con una diminuta sonrisa.

—Vale, está bien —dijo Kiibo con ojos grandes, mirándolo con atención y asintiendo con su cabeza—. Ahora mismo no tengo dinero, pero la próxima vez definitivamente me llevaré algo —añadió mientras continuaba mirando alrededor y controlaba visiblemente la impaciencia que sentía por ver qué tantos títulos habría ahí dentro.

—Nos estaremos viendo seguido, señor...

—¿Señor?

—¡Oh! P-Perdón, ehm, ¿cómo le puedo decir?

—Shuichi está bien —respondió después de una pequeña pausa, con voz incluso más suave que antes y Kiibo se dio cuenta de que el chico parecía realmente introvertido, no hacía contacto visual con él y jugaba con sus manos por detrás del mostrador.

—¡Vale! Bueno, me verá seguido por aquí, quiero aprender sobre muchas cosas, y creo que los libros son el medio adecuado para buscar la información. ¡Espero nos llevemos bien! —exclamó el de pelo blanco y Shuichi se quedó un poco desconcertado al oír tanto entusiasmo de esta nueva persona. No era muy común ver a alguien tan enérgico en la biblioteca, por lo que el pequeño cambio le hizo un poco feliz.

—Igualmente —murmuró, haciendo el esfuerzo para mirarlo a la cara y al ver que el de pelo blanco tenía una expresión tan amable y semblante cortés, se sintió un poco más seguro de sí mismo.

—¡Y es que nunca he leído antes! No sé ni por dónde empezar, ¡quiero leer todo! ¿Me puede recomendar algún título? —preguntó Kiibo al pensar que si era el encargado de la biblioteca, podría saber sobre títulos buenos.

—¿Uh? O-Oh, claro —Abrió los ojos por lo inesperado de la pregunta y se quedó pensando en títulos o autores que le gustaban, pero por lo repentino se puso nervioso al instante y su mente se quedó en blanco.

—Tal vez... "El misterio de Sittaford" de Agatha Christie, es de crimen y suspenso —respondió pensando en el libro que tenía por detrás del mostrador que había dejado ahí mientras ordenaba porque tenía que devolverlo a su lugar.

—Nunca había escuchado de él, ¡lo buscaré! —le agradeció con una sonrisa y grabó en su memoria el título del libro.

—¿Cómo se escribe Sittaford? —interrumpió un momento después.

—Con ese al principio y doble te —Shuichi miró al chico dejando su vergüenza de lado por un segundo y por primera vez notó lo diferente que se veía el muchacho frente a él. Era albino, con los ojos tan celestes que casi parecía blanco, de baja estatura y con un semblante tan recto que parecía antinatural y forzado. No tenía la soltura de una persona normal, lo que le desconcertó un poco, pero lo ignoró pensando que era porque era extranjero o algo parecido.

—En cuanto lo haya terminado le diré mi opinión, ¿está bien? —Kiibo continuó sonriendo levemente, no se cansaba de hacerlo pues había sido un buen día. Con la impresión de que todos a su alrededor eran amables, pensaba que así podría hacer progreso con su investigación sobre los humanos y pronto su inseguridad desaparecería.

—Claro, lo estaré esperando —Shuichi no se sintió tan nervioso al ver su rostro, su expresión cálida le alentaba a continuar hablando y preguntarse cómo reaccionaría el contrario.

Se sorprendió al darse cuenta de lo agradable que era hablar con ese chico. Su manera de hablar era reconfortante, educada, enérgica y su voz un tenor un poco agudo, pero con un timbre que transmitía curiosidad, alegría e interés. Usaba un ritmo constante en sus palabras, no demasiado rápido como para abrumarlo, no demasiado lento, y siempre se dirigía a él con cierto recato que implicaba una educación un tanto disciplinada.

—Y... ¿cómo te llamas? —preguntó sin pensarlo Shuichi y se sorprendió a sí mismo al instante.

—Soy K1-B0, pero por favor, ¡llámame Kiibo! —respondió gustoso el chico mientras alargaba su mano para estrecharla.

—Ohh, vale —Correspondió el gesto y trató de ocultar su sorpresa. Ahora tenía sentido sobre por qué hablaba tan formalmente, era un androide. Había escuchado sobre eso, eran tan parecidos a los humanos que no podías diferenciarlos a simple vista. La rigidez sutil en sus movimientos era por eso, pensó, y se quedó pensando en ello.

—¿Qué pasa? —preguntó el de pelo blanco al ver que se distrajo— Por lo que he visto, estrechar la mano denota una intención de ser amigos, ¿me equivoco?

—Ah, no, no es eso—respondió de nuevo nervioso el azabache—, solo pensé que nunca había conocido a un robot antes.

—Bueno, ¡siempre hay una primera vez! —dijo Kiibo y soltó una risa ligera que le hizo a Saihara sentirse extraño. El chico era realmente optimista y jovial, en su lugar él quizás habría pensado lo peor y se hubiera tomado mal el comentario.

El estupor se mostró en su cara, pocas veces las personas con las que hablaba eran tan enérgicas o abiertas como lo era ese chico. Era reconfortante y algo nuevo, lo que le dio seguridad para continuar.

—Yo soy Shuichi Saihara —se presentó con una diminuta sonrisa, luchando con todas sus fuerzas contra su timidez para no ocultar su cara o alejar la mirada.

—¡Es un gusto conocerle! —Kiibo hizo una pequeña reverencia y antes de que Shuichi pudiera reaccionar, preguntó:

—Por cierto, ¿le molesta si echo un vistazo? —dijo señalando las puertas donde estaban los libros.

—No, adelante —respondió Shuichi y en un impulso repentino se animó a agregar—: Puedes dejar las formalidades, creo que no soy mucho mayor que tú, así que... Está bien si hablamos de manera más informal.

A Kiibo le tomó por sorpresa el comentario, pero enseguida recobró su actitud alegre.

—Muchas gracias —Kiibo quiso dejar de sonreír tanto, pero no pudo, así que en vez de eso se adentró a las habitaciones dentro del edificio. Solo había dos pisos y dos puertas a cada lado de la recepción, una para los documentos físicos y otra para los digitales. Entró a la primera puerta y la cantidad de pasillos con estantes llenos y llenos de libros lo dejó anonadado; tantos autores, información e historias que desconocía, lo estaban esperando.

No era como se lo había imaginado: era una biblioteca inmensa, con un pequeño espacio dedicado a leer con un par de sillones y mesas de estudio al principio y final de la habitación. El frío era más notorio dentro, las lámparas estaban prendidas porque la luz natural estaba disminuyendo y las ventanas abiertas en la parte superior de las paredes altas dejaban entrar ligeramente el bullicio de la ciudad.

Merodeó entre los libros hasta llegar al final del primer piso, donde encontró unas escaleras que subían a, suponía, otra sala llena de libros. Sin embargo, tendría que explorar esa parte después, y recordando que de por sí cuando ya se había separado de sus amigos era tarde, debía darse prisa, por lo que trotó hasta el otro lado y caminó con prisa al cruzar la recepción.

El lado contrario era más como una sala de computadores, naturalmente dando una impresión más tecnológica por lo mismo. No había mucho que ver, pues a diferencia de los libros físicos los digitales estaban almacenados como información y para consultarlos solo había que preguntar al encargado y éste revisaría el archivo y se encargaría de lo administrativo.

—Listo —anunció en el umbral de la puerta cuando hubo satisfecho su curiosidad. Se acercó al mostrador de nuevo y Shuichi parecía igual de nervioso, pero ahora estaba intentando hacer contacto visual.

—No olvides leer las reglas... No se puede ingresar con comida, bebidas o mascotas —dijo y señaló débilmente la pared al lado de la entrada.

—¡Oh! —Kiibo miró a donde se dirigía la mirada del azabache y vio el anuncio electrónico con las reglas del lugar. "Prohibido gritar, correr, sacar libros sin autorización..." y se acercó para leerlas con atención.

—Sí, lo tendré en cuenta —respondió y concentró sus sentidos en el texto frente a él.

Pasaron algunos momentos para que terminara de leerlas, tomando nota mentalmente de todas y de nuevo se dirigió a Shuichi.

—Ya las he memorizado, gracias. Y bueno, ahora tengo que irme, pero probablemente vendré mañana. ¡Hasta luego Shuichi! Te... ¡Te veré luego!

—Adiós —murmuró Shuichi de manera casi inaudible mientras agitaba de manera torpe su mano, despidiéndose de él.

Nunca había conocido a alguien educado, o quizás era su punto de vista pesimista que no se daba cuenta de ese tipo de detalles. De cualquier manera, era un respiro de su rutina diaria que de ese momento en adelante giraría en torno a ese androide y vería las cosas de una manera diferente.



11 Juin 2021 18:16:26 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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