Histoire courte
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Capítulo único

It's been a long, long time

Harry James

00:09 ━━━━⬤─────── 03:25

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Bésame una vez, luego bésame dos veces

Luego bésame una vez más...


La castaña esperaba pacientemente entre la multitud, un tanto apretujada entre las demás esposas y madres que aquel día recibirían a sus esposos e hijos.

El infierno que el mundo había vivido estaba llegando a su fin por lo que los soldados que estaban desplegados por los países enemigos comenzaban a regresar a casa; muchos no lo lograban, claro, pero muchos lo hacían y ella estaba completamente segura que su prometido llegaría aquél día sano y salvo.


Los trenes comenzaban a llegar, las mujeres corrían para mantenerse cerca de las puertas; sin embargo ella se mantenía en su lugar, sabía que él la reconocería al verla y entonces iría hasta ella, no había porque apresurar las cosas.

Cuando los soldados comenzaron a bajar de los vagones, su corazón comenzó a latir con rapidez y sus manos se movían ansiosas sobre la tela de su vestido. Se decía a sí misma que debía mantenerse tranquila, pero ella quería ver ya el rostro que tanto amaba, estaba segura que en cuanto le mirara rompería en lágrimas por lo mucho que le había extrañado.


Los segundos pasaban y ella se ponía cada vez más nerviosa al no encontrarle con la mirada, cuando los segundos se transformaron en minutos ella comenzó a perder la tranquilidad y poco a poco se fue moviendo más cerca de las puertas.

Observó rostros conocidos y otros no tanto, sus ojos se abrieron con sorpresa al ver uno demasiado familiar.


—¡Hey!


El mejor amigo de su prometido pareció reconocerla al instante, ella le sonrió y él le miró extrañado, como si estuviera demasiado sorprendido por su presencia ¿No era un tanto obvio que ella iría?


—Hey ¿Que estás haciendo aquí?


La castaña frunció el ceño ante la pregunta que le había sido lanzada, el chico comenzó a comprender aquella situación al ver lo radiante y feliz que ella se encontraba.


—¿Qué? ¿Qué sucede?


Miró a todos lados, bastante incómodo por ser el portador de aquellas noticias ¿Su coronel no había enviado la carta? ¿Eso era posible?


—¿Ellos no te lo dijeron, All?— preguntó de manera calmada y sin querer alterarla, la sonrisa iba desapareciendo poco a poco del rostro de la más baja.


—¿Qué debían decirme?


La noticia le cayó como un balde de agua fría, al parecer no podían darlo por muerto pues no habían encontrado su cuerpo aún, por eso no había recibido una carta, porque nadie se había atrevido a declarar muerto a su capitán; pero era la guerra ¿Qué se podía esperar en un caso como ese?


Su corazón se había roto en el momento en que le habían dicho que el amor de su vida no iba a regresar, los ojos se le llenaron de lágrimas pero no permitió que le consolaran, se mantuvo tranquila.

Sus lágrimas rodaban por sus mejillas pero no parecía tan dolida como realmente estaba.


Decidió caminar a casa, podría haber tomado un taxi, pero necesitaba un tiempo a solas. No quería que la gente le preguntará si su prometido había vuelto, ni que la compadecieran, ni que la intentarán animar; ella no quería nada más que no fuera la noticia de que lo habían encontrado, sonaba poco probable pero se mantenía aferrada a esas casi nulas esperanzas.


Los días pasaron lentamente, de manera dolorosa y poco clara, estaba viviendo pero el dolor en su corazón le hacía poco creíble que estuviera viva. Se mantenía funcional porque sentía que había sido diseñada para eso, como una muñeca parlante que solo sabe repetir las cosas una y otra vez.

En la calle, sus conocidos la miraban con lástima y ella estaba cansada de eso, le recordaban su miseria día tras dia.


Con cada día que pasaba, las pocas esperanzas de que su prometido estuviera con vida se iban esfumando.

Empezaba a creer que sería mejor si comenzaba a aceptarlo de una vez por todas.


Eran cerca de las siete de la mañana cuando el teléfono de la casa sonó, la castaña corrió desde la cocina hasta la sala para tomar la llamada

Eran cerca de las siete de la mañana cuando el teléfono de la casa sonó, la castaña corrió desde la cocina hasta la sala para tomar la llamada.

Se preparó mentalmente para lo que fuera que esa llamada le traería, alegría o decepción, se sentía lista para ambas.


Tomó la llamada y al escuchar el nombre del otro lado de la línea su corazón dio un brinco dentro de su pecho, sin embargo la felicidad no le había durado demasiado pues quien llamaba no tenía noticias, ni siquiera malas noticias.


El coronel que le había llamado simplemente le había pedido que fuera a recoger algunas pertenencias que quedaban en el cuartel ¿Tan rápido iban a desprenderse de él? Ella ni siquiera sé había hecho a la idea de que no volvería a verlo y su antiguo coronel simplemente iba a regresar sus pertenencias.


Acordó recoger las cosas ese mismo día por la tarde y así lo hizo, eran las cuatro cuándo estuvo lista para irse. Manejó cerca de una hora para llegar al cuartel, cuando lo hizo se arrepintió de haberse aparecido ahí, los soldados le miraban con pena; al parecer ninguno de ellos creía que su capitán podía seguir con vida, todos le daban por muerto.


Recogió las cosas que le fueron entregadas, no había mucho pero aquellas cosas le causaron nostalgia; una vieja chaqueta, unas cuantas fotos y un par de cartas.

Las ganas de llorar le inundaron una vez que las pertenencias estuvieron en sus manos, sin embargo no lo hizo hasta que estuvo dentro de su auto, lloró silenciosamente durante el camino de regreso a casa.


Comenzaba a oscurecerse para el momento en que ella llegó, la luz de la sala estaba encendida y aquello le extraño pues estaba segura de no haberla encendido antes de salir, no le tomó mucha importancia, últimamente estaba más distraída de lo normal por lo que había una pequeña posibilidad de que pudiera haber dejado la luz encendida.

Tomó las cosas que había recogido, bajó del auto y caminó hasta la puerta; abrió lentamente y al entrar hizo una mueca.


Ese aroma.


El aroma particular del perfume de su prometido había inundado sus pulmones, ella había comenzado a usar el perfume unas semanas atrás; sin embargo, el aroma era reciente como si alguien lo hubiera usado en aquel preciso momento.

Tampoco pasó por alto el sonido que provenía del tocadiscos, ella estaba segura de no haberlo dejado encendido pues no había escuchado música en bastante tiempo.


¿Alguien había entrado a su casa?


Trató de no hacer mucho ruido, quizás si tomaba al ladrón desprevenido ella podría tener la ventaja y con suerte podría atraparlo.

Caminó lentamente hacía su habitación, había un poco de ruido ahí, por lo que supuso ahí era donde estaba el ladrón. Una vez que estuvo a punto de llegar a la puerta de su habitación, alguien apareció frente a ella haciéndole pegar un brinco y un pequeño brinco.


Abrió los ojos con sorpresa y su corazón se detuvo un momento cuando miró a la persona frente a ella, nuevamente comenzó a sentir el latir de su corazón, más acelerado que nunca, podía escucharlo retumbar dentro de su pecho y juraría que esté podría estallar en cualquier momento.


Él estaba parado frente a ella, con unos cuantos moretones en el rostro y unas ojeras debajo de ambos ojos, sin embargo estaba impecable, probablemente había tomado un baño durante el tiempo en que ella no había estado ¿Cuándo había llegado? ¿Cómo?


La castaña estaba completamente anonada, no sabía cómo reaccionar, muchas cosas pasaban por su mente en esos precisos momentos; era como una película de todos los momentos que había vivido a su lado, todas las sonrisas y las lágrimas, el aroma que su prometido desprendía le recordaba específicamente a los días en que se conocieron.


Quería llorar, quería reír, quería besarlo y también quería golpearlo; no sabía que hacer pues la mezcla de emociones que él siempre le provocaba se elevaba al máximo en aquella situación.


—Hola— murmuró finalmente el más alto


Los labios de la castaña se movieron un par de veces, pero ningún ruido salió de ellos, ella simplemente dio un par de pasos hacia él y le tomó el rostro firmemente para examinarlo.

Parecía completamente imposible que él apareciera de la nada, vivo y sin ninguna explicación.


—Estás aquí — murmuró suavemente


Tenerlo a su lado era una de las mejores cosas en el mundo, él era todo lo que quería y lo que necesitaba también, le amaba como probablemente nunca había amado a nadie en su vida y sabía que él le amaba de la misma manera. Lo que tenían era especial, único e irrepetible, era como si estuvieran hechos el uno para el otro, con sus fallos como cualquier pareja pero complementandose entre ellos de manera extraordinaria.

Antes de conocerle ella era una persona bastante encerrada en sí misma, él le ayudó a salir de ese encierro y abrirse al mundo, a todas las posibilidades y cosas maravillosas que este podía mostrarle; le enseñó cosas de las que ella ni siquiera tenía idea, le compartió tantas experiencias que ella sentía que habían estado juntos toda la vida.


La idea de haberlo perdido le había aterrado por un momento, ella no estaba segura de saber cómo vivir sin tenerlo a su lado, creía que no estaba lista para un mundo en dónde no estuvieran juntos. Ella habría ido hasta la fría Siberia para buscarlo hasta encontrarlo pues no sé iba a permitir perderlo.


Pero él estaba ahí, de pie frente a ella, con esa sonrisa radiante que tanto le gustaba y al verlo no podía sentir que algo estuviera mal, nada podía estar mal si estaba a su lado. El mundo parecía un lugar maravilloso si estaba con él, no había sufrimiento ni tristeza, simplemente existía ese increíble amor que sentían uno por el otro.


—Hay demasiadas cosas que debería decir...


Ella negó con la cabeza suavemente y sonrió al tiempo que una lágrima bajaba lentamente por su mejilla, seguida por muchas más.


—Las palabras pueden esperar para otro día ¿No es así? No necesitamos palabras en este momento, solo... Bésame una vez y... Luego bésame dos veces y luego bésame una vez más. Y por favor, nunca te vayas otra vez.


Él la sostuvo entre sus brazos y ella escondió su rostro en el pecho de su prometido.

Habían pasado demasiado tiempo separados, sin embargo sus corazones se habían mantenido en sincronía todo ese tiempo.


Estaban juntos en ese momento, en esa vida y era lo único que importaba. No importaba el dolor que ella alguna vez pudo sentir, no le importaban los tiempos oscuros por los que pasó porque él había llegado a iluminar su vida de maneras que nadie creería.


Y en ese momento en que ambos estaban abrazados y balanceándose al ritmo de la música que seguía reproduciéndose, ella supo que no quería estar con nadie más nunca, supo que quería pasar el resto de su vida adorando al hombre que tenía enfrente y supo que su corazón le pertenecía por completo y nunca le pertenecería a nadie más.


Se amaban y era todo lo que importaba.



11 Mai 2021 02:49:05 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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