drdesdicha Dr Desdicha

*Cicatrices emocionales. Se curan con el tiempo, el olvido o la sustitución a un mejor o peor recuerdo, pero nunca desaparecerá de la vida por completo. Allí esperarán para esos recuerdos para ser recordados... La policía novata Olivia Eclair nunca esperó encontrarse de nuevo en aquella situación tan nostálgica: combates con apuestas, luchar hasta caer, saborear la sangre en sus labios, pensar solamente en la victoria y en nada más. Todo eso lo había dejado atrás hace mucho tiempo, olvidado con las nuevas experiencias, pero allí estaba su abuelo, obligándola a volver a la arena de batalla. Y lo peor de todo es que volvería a encontrarse con el hombre que una vez amó. *La novela situada entre Vestigios Mortales y Vestigios Inmortales, que revela el pasado de la policía novata Olivia Eclair. No incluye spoiler de los dos anteriores libros de la saga.


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Prólogo. Castigos salvajes

Aviso: se recomienda antes leer el libro Vestigios Mortales para conocer mejor los personajes que aparecerán en este libro, pero solo eso. Este libro no contiene ningún spoiler importante de la saga principal, centrándose más en el pasado de la policía Olivia Eclair. Dicho esto, si lo creéis conveniente, podéis continuar.

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Helios, una isla en medio de la nada que lo tenía todo lo que un habitante podía desear, donde muchos harían de sus sueños una realidad con un poco de trabajo y esfuerzo. También gozaba de bajos niveles de criminalidad. Aunque el peligro y el caos siempre podían asomarse por las esquinas, los policías de la ciudad siempre estarán listos para hacer frente a las nuevas amenazas.

En este instante nos situamos en el vestíbulo la comisaría de policía de Ciudad Estría. En el mostrador central se concentraba una gran batalla entre dos fuerzas muy distintas y opuestas con una única similitud: ambos lo estaban dando todo para ganar. Los dos contrincantes estaban apoyados a ambos lados de la mesa de recepción haciendo sus mejores jugadas.

— ¡Está acabado, señor Graves! —exclamó Linda, la bedela de la comisaría, con entusiasmo—. Tengo el doble de piezas que usted y tengo el campo de batalla está a mi total merced. ¡Ríndase y deje de perder mi tiempo!

— ¡Nunca! —gritó el subcomisario Demian Graves a pesar de sus nervios—. ¡Mis pequeños soldados nunca se rendirán! Con una buena táctica y estrategia, estoy seguro de poder salir de esta. La pregunta es cuál puedo usar en esta ocasión, porque pocas me quedan…

—Escoja lo que escoja, el resultado será el mismo. ¡No se va a salvarse de su doble castigo, señor Graves! ¡Pronto tú y tus aliados caeréis ante mi maestría y destreza!

El subcomisario Graves empezó a perder los nervios, una reacción no muy típica de este hombre de buen cuerpo, pelo castaño corto, siempre vistiendo su clásico traje blanco y siempre con el rostro serio. Sus posibilidades de victoria disminuían a medida que morían sus aliados en el campo de batalla. Los dos bandos habían comenzado la batalla en igualdad de condiciones, pero tarde o temprano un bando sobrepasaría al otro y se alzaría con la victoria. Por defecto de su comandante, el bando de Graves había sufrido grandes bajas por sus fallos en dirección, errores irreparables. Sus soldados se mantenían firmes, pero poco iban a durar. Graves, a sabiendas de esto, buscó esperanza en su atractivo y rubio amigo Comisario, que como su nombre decía él era el comisario de departamento de policía. Pero su esperanza se convirtió rápido en desesperación. Los ojos azules de Comisario observaron con rapidez el campo de batalla y se mordió el labio.

—No me das pena, viejo amigo —dijo Comisario después, dándole unas palmaditas en el hombro a Graves—. Hay una razón por la que nadie trata de quitarse los castigos con las propuestas alternativas de Linda. Nadie ha conseguido vencerla nunca en una partida de ajedrez.

—Podrías al menos darme unos ánimos, digo yo —se quejó Graves con el ceño fruncido.

— ¿Ánimos? —Comisario señaló el tablero con el dedo—. Te los daría, pero es demasiado tarde para ti. Ya has perdido.

Graves volvió a dirigir su vista en el tablero, viendo a su rey amenazado por la presencia de la reina enemiga. Intentó liberarlo de la amenaza en vano, pues los alfiles y caballos del enemigo le impedían moverse a cualquier otra casilla. Ni siquiera los movimientos de las piezas a su mando conseguirían darle una oportunidad. Sin más que hacer, Graves empujó con el dedo índice la cabeza de su rey y la tiró abajo. Jaque mate. Fin de la partida.

—He… perdido… —musitó el subcomisario, sabiendo lo que iba después: cubo y fregona.

—Oh, Jo, Jo… —se rió de forma falsa la bedela Linda—. Otra victoria para mí, como era de esperar. Usted, señor Graves, sufrirá entonces el doble de castigo. ¡Dos días enteros de limpieza de suelos de la comisaría! Espero verlos como una patera si no quiere que le añada un día más por su poco empeño. ¿Queda claro?

—Sí, señora… —respondió Graves, rendido y abatido, con una nueva cicatriz en su orgullo.

Linda le entregó a Graves la fregona y el cubo que siempre usaba para la limpieza, o más bien, que siempre obligaba a usar a aquellos que le hacían su trabajo. Su lista estaba llena de tantos castigos que no necesitaba trabajar demasiado. Tampoco sentía nada al ver el sufrimiento de sus "colaboradores", pues sabía de sobra que ellos harían lo mismo con ella.

Mientras la bedela se marchaba a ordenar a otros que hagan sus labores, Graves mojó la fregona con el agua del cubo y empezó a limpiar el vestíbulo de la comisaría, pero a los veinte segundos se cansó y decidió echar una miradita tristona a Comisario, intentando darle pena y forzarle a hacer ese costoso trabajo, o al menos a sustituirle un tiempo. Una vez más, rechazo y desesperación.

— ¡Ah, no! —dijo Comisario, alejándose un paso de Graves—. Nuestro código de viejos amigos implica que siempre debemos ayudarnos el uno a otro bajo la única excepción de los castigos de Linda. Solo te puedo desear buena suerte y mucha, mucha paciencia.

—Justo las dos cosas de las que carezco —soltó el negativo Graves, siguiendo con la limpieza—. ¿Algún consejo para no querer cometer suicidio laboral?

—Estarás bien, dramático subcomisario. Existen castigos mucho peores que este, castigos de los que no querrás oír.

—No incluyas el factor sorpresa. Cuéntalo. Hazme temblar de miedo.

—Si tanto lo deseas…

Comisario se sentó en uno de los sillones de espera mientras Graves limpiaba los alrededores.

—Imagínate esto —empezó a contar Comisario—. Te vas escaqueando de los castigos continuamente, esperando a que Linda se olvide de ellos. Ese fue mi primer error. ¡Ella nunca olvida! Y un día, en el peor momento posible, aparece ella por la puerta de tu despacho, te recuerda los crímenes que cometiste y te chantajea con contárselo a la jefa si no cumples con el nuevo castigo. A ti no te queda más remedio que ceder… y luego descubres que va a obligar a limpiar los coches patrullas en el exterior de la comisaría. ¡Y tienes que hacerlo sin ropa!

Graves paró de limpiar de la sorpresa que sentía. Conocía también a cierta policía novata que le gustaría haber estado presente.

— ¿Sin ropa? ¿Me tomas el pelo? —preguntó Graves, horrorizado—. ¿Es eso lo que me esperaba si desobedezco? ¡Joder!

—Eso y mucho más, viejo amigo. Pero no fue totalmente desnudo. Me permitió poder usar los calzones al menos. La vergüenza la pasé igual, limpiando coches mientras mis compañeras policías y las ciudadanas de la calle observaban sin decirme ninguna palabra como el agua y jabón me recorrían el cuerpo entero. ¿Te lo imaginas?

—No me tientes —frunció Graves el ceño—. Me gusta mantener mi heterosexualidad. Aleja esas fantasías de mi mente, sucio bastardo.

Comisario sacó la mejor de sus carcajadas.

—Lo siento, viejo amigo. No lo hago aposta. En fin, digamos que Linda sabe como castigar a algunos.

—Y también como bendecirse a sí misma —completó Linda al pasar cerca de ellos, cuyo buen oído nunca le fallaba—. ¡Sigue trabajando!

Dada su presencia, Graves aceleró la limpieza del suelo para no hacerla enfadar. Había captado a la perfección la moraleja de la historia: cumple con tus castigos o terminaras un día haciendo de stripper lavacoches. Pasados unos diez minutos Graves terminó de fregar el vestíbulo y se secó el falso sudor de la cara con el fin de simbolizárselo a Comisario. Era esencial demostrarle que esta vez sí que estaba cansado, aunque no lo estuviera en realidad.

—Necesito un descanso —dijo Graves—. Solo unos minutillos. Tal vez un par de horas.

— ¡Pero si no has hecho casi nada! —vaciló Comisario, soltando una carcajada.

— ¡Esa será tu opinión! —remarcó fuerte el subcomisario—. Pero debes asumir que el suelo está como los chorros del oro. Solo espero que nadie lo pise y arruine el nuevo esplendor que le entregado.

No obstante, el sufrimiento del subcomisario Graves no tenía pensado disiparse tan pronto. En aquel momento las puertas de entrada de la comisaría se abrieron y por ellas entró una persona nunca visto antes por allí. Se trataba de un hombre de avanzada edad, mediana estatura y cuerpo fornido. Llevaba unos tirantes a la antigua, con pantalones negros y camisa blanca. Sus ojos eran oscuros, al contrario que su pelo blanco debido a las canas de la edad. Este hombre no mostró respeto por el suelo limpio, pisándolo sin resbalarse y dirigiéndose a los dos primeros hombres que encontró.

—Oíd, vosotros dos. ¿Sois policías? —preguntó este viejo hombre a Graves y Comisario.

—Así me consideran, aunque me traten como el limpiador de turno —contestó Graves, todavía decaído por su labor de limpieza.

—Excelente, excelente. Pues no perdamos más tiempo. Haced vuestro trabajo y…

De repente el hombre extendió rápidamente las muñecas hacia delante, poniéndolas justo delante de Graves y Comisario para que las vieran bien.

— ¡Detenedme! —terminó diciendo el misterioso hombre, pareciendo más una orden.

Los dos policías se quedaron en blanco, sintiendo un aire de incomodidad. Era la primera vez para Graves y Comisario que una persona rogaba ser detenida en vez de ser al revés. Ese hombre que tenían delante, con ese cuerpo tan fornido que tenía, podría haber escapado con facilidad de sus crímenes o al menos darles una buena pelea, pero allí estaba, dejándose detener. Graves empezó a sospechar de sus intenciones en ese mismo instante.

—Y… ¿Qué crimen cometió para ser detenido? —le preguntó Comisario al hombre.

— ¿Crimen?" —se quedó pensativo el hombre—. ¿Es que no podéis detenerme sin más o qué?

—Me temo que no, señor. Nos movemos por ley, no por gusto. Las celdas están para criminales de verdad. No podemos ocuparlas por aficionados a las detenciones.

—Ya veo… Así que el cuerpo de policía se ha vuelto más blando de lo que pensaba —y entonces el hombre mostró su rostro más agresivo—. ¡Entonces no me dejáis otra opción que recurrir a la violencia!

—Agresión a la autoridad. ¿Este es un buen motivo para ser detenido? — preguntó el hombre a Comisario, mostrando cierta arrogancia.

Rugiendo de rabia, Graves se levantó del suelo y se dirigió al misterioso hombre con ganas de devolverle el golpe, pero Comisario extendió la mano por no ser un comportamiento adecuado de un policía. Graves lo captó y se cruzó de brazos, esperando ser él mismo quien interrogue a su atacante sorpresa.

—Tú y vamos a tener una charla muy larga en un cuarto muy oscuro —le dijo Graves al hombre.

—Contigo no tengo nada que hablar, endeble —contestó el hombre, irradiando arrogancia—. Ni siquiera eres capaz de aguantar el más débil de mis puñetazos. Esta comisaría debe de estar contratando a los primeros insectos palo que encuentren.

Antes de que continuara esa conversación, Comisario agarró las esposas que llevaba y se las puso al hombre. Se sintió raro al hacerlo debido que era la primera vez que un ciudadano pedía ser detenido sin revelar antes el crimen cometido, pero ese caso no tuvo otra opción que actuar primero y preguntar después.

— ¡Ey, silencio los dos! —mandó Comisario a callar, y luego se dirigió al hombre—. Te vienes conmigo al interrogatorio. Tengo muchas preguntas que hacerte.

— ¡Tampoco tengo nada que decirte a ti, rubito! —respondió el hombre con desprecio—. Si alguien va a interrogarme, ese será un policía en concreto, el que tengo en mente. ¡Y será a solas! Os aseguro de que no vale la pena que enviéis a otro mendrugo como vosotros porque no pienso soltar prenda. ¿Entendido?

—No eres tú quién está en condiciones de decidir —añadió Graves, mostrando en su rostro la ira que sentía.

—Decid lo que queráis. No voy a cambiar de opinión.

Tanto el hombre como el subcomisario se enfrentaron en una pelea de miradas, esperando a que el contrincante se retractara y retrocediera, pero ninguno de los dos lo hizo. Comisario tuvo que ponerse en medio y actuar como el poli bueno.

—Así que queréis que un policía específico te interrogue, ¿cierto? —preguntó Comisario al detenido—. Al menos dirás quién has elegido. Los policías podremos hacer grandes cosas pero leer la mente no es una de ellas.

—No necesito que expliques lo obvio, rubito. Iba a decirlo de todas formas.

Después el hombre reveló el nombre del policía elegido, el último nombre que esperaban los policías escuchar. No se trataba de la jefa de la comisaría, ni de un comisario o subcomisario. Tampoco se trataba de un policía de rango alto o medio. Ese policía que buscaba no tenía ni un año de experiencia, una novata bajo los ojos de Graves y Comisario, que se sorprendieron bastante al escuchar el nombre dicho.

— ¡Si tengo que hablar con alguien, esa será con la policía Olivia Eclair!

26 Avril 2021 18:52:20 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Adriana Barral Adriana Barral
Muy bueno, me atrapó.
April 27, 2021, 13:32
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El mundo de los Vestigios
El mundo de los Vestigios

*El mundo en el que vives ha muerto. La Antigua Era llegó a su fin, iniciando una Nueva Era, junto con una nueva generación de humanos forzados a empezar de cero y que establecerían un nuevo mundo a base de los vestigios de la antigua civilización. A pesar de que el mundo sea diferente, el caos es permanente. La especie humana está condenada a repetir una y otra vez los mismos errores... Este es el mundo que comparten todas mis obras (𝑽𝒆𝒔𝒕𝒊𝒈𝒊𝒐𝒔). Si queréis saber más acerca de lo que escribo, este es tu lugar. Todos aquellos 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐭𝐨𝐬 se mostrarán con este símbolo (𝐂) en su nombre. Si aún no has leído el libro 𝑽𝒆𝒔𝒕𝒊𝒈𝒊𝒐𝒔 𝑴𝒐𝒓𝒕𝒂𝒍𝒆𝒔 o 𝓥𝓮𝓼𝓽𝓲𝓰𝓲𝓸𝓼 𝓘𝓷𝓶𝓸𝓻𝓽𝓪𝓵𝓮𝓼, todavía estás a tiempo. También hago esto como un experimento. Si esto sale bien, seguiré trabajando en el universo. Si resulta ser un fiasco siempre puedo deshacerme de él, negar su existencia y asesinar a todo testigo del estropicio. ¡Disfrutad! ¡Ah, otro detalle! Sí, falta información de la descripción de los personajes, pero es porque soy un inútil haciéndolo. Siempre podéis darme vuestra opinión de como debería ser e igual los pongo aquí y en el libro. En savoir plus El mundo de los Vestigios.