dagnave Patricia Figueroa

Cuando dejas de cuidar aquello que te importa, el final siempre será el mismo. Marcia lo sabía.


Histoire courte Tout public.

#amor #Shortstory
Histoire courte
0
4.0mille VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

...

Marcia la miró preocupada.


−Creo que va a morir.

−¿Quién? −preguntó él con poco interés.

−¡La planta, Fabio!


El desinterés se había hecho habitual en sus conversaciones, señalaba que no le importaba aquella planta que un día habían sembrado juntos. La tristeza en los ojos de Marcia ya cansados, hinchados, con aquel tono rojizo dejaba al descubierto el dolor tan profundo con el que tenía que lidiar.

Hacía más de doce años que estaban juntos, vivían de sueños y esperanzas, viajes y toda una vida planeada que se quedó olvidada entre trabajo y peleas banales, problemas maritales sin resolver que poco a poco empañaron aquel amor que una vez se tuvieron.


Marcia creía que aquella planta tenía salvación. − Quizás un poco más de agua, −le dijo, en busca de la respuesta que su corazón quería oír, se le observaba la carencia y la ausencia mientras hablaba.

−Puede ser, no sé. Deberías tirarla, ya se ve bastante fea.


Ser acuchillada hubiera dolido menos que eso, le acababa de abrir aún más la herida, era como si le dijera que se daba por vencido. Mientras ella buscaba sol, el calor de los rayos solares, el agua de la ternura, que la rociara mientras sentía su piel deslizarse sobre la de ella y poder al fin mojar aquellas sábanas nuevas aún sin estrenar. Él evadía cualquier tipo de sentimiento que pudiera envolverlo en aquel deseo pasional sin pensamientos, no quería volver a eso, un vivir sin meditar, sin pensar en consecuencias, en el tener que procrastinar nuevamente sus responsabilidades.


−¡Fabio!


¿Qué sentía aquel hombre por la mujer que un día prometió amar y cuidar? Para él era algo más que pasión, hacía años que no sentía a su esposa, se había ido, no era la misma. Siempre con sus sueños puestos en la gran familia, podía imaginarse la risa de los niños, verlos correr, aquel perro ladrando, jugando con los pequeños. Su visión había cambiado, ya no era vivir entre locuras y sensaciones, la edad comenzaba a cobrarle. Cuando estuvo listo decidió que estaba en el momento de establecerse, su error fue pensar que Marcia estaba lista también.


−Es mi culpa, lo sé, nunca te di lo que deseaste.

−Ya hablamos de esto, no es tu culpa, simplemente pasó.


Más que los cinco abortos eran la impotencia de ver los sueños irse, aquel cuarto arreglado esperando la llegada de aquel que nunca lo ocupó.

Marcia amaba aquel balcón, donde la brisa fresca de la mañana daba justo con su cara, era el juguetear de su pelo en su rostro, moverse por su cuello y abrigarlo, era el sentir de aquella cálida mano posarse sobre ella para que al instante se le erizara la piel, que aquel que la sujetaba poseyera sus labios, y luego un elixir de pasión entre sus senos pequeños pero firmes, su cuerpo lo deseaba, estaba en abstinencia por decisión, pero eso no le impedía soñarlo, pensarlo y hasta sentirlo respirar en el momento que dormían.

Amaba a su planta, lo verde de sus hojas la llenaba de vida, le recordaba que aún se podía vivir, que aún se podía soñar, incluso con el sufrimiento de las adversidades.


−No creo que debamos deshacernos de ella, todavía puede salvarse.

−¡Marcia!, no sé nada de plantas, fue tu idea plantarla tú decides.


No se trataba solo de decidir qué se haría con la planta, él bien lo sabía, solo se negaba a admitir que las faltas de los lazos familiares creados en un vientre le limitaban su conciencia a una planta moribunda y al dilema de su esposa. Para ella era su propia vida disputándose entre quiénes la conocían y quiénes no.

Las miradas de los familiares se destacaban entre los invitados, no lo decían, pero sabía que lo pensaban, todos en dirección a su aún hinchado vientre recuperándose del dolor. Podía sentir la pena y la lástima, dos cosas que no toleraba, ni de ella misma.


−¿Te sientes bien?

−Sí...


¿Qué era estar bien? Marcia no sabía lo que era sentirse bien, su cuerpo estaba reaccionando a una respuesta prefabricada, guardada y automatizada de lo que según debería ser. No existía otra respuesta, simplemente no quería hablarlo.

Era de costumbre asistir juntos a la fiesta de los Stevens. Aquel broche dorado le quedaba de maravilla, el vestido azul no le hacía tanta justicia como el rojo, pero debía hacer honores y cumplir con el hábito de quien está de duelo y sufre, todos deben notarlo, como si ella ya no lo sintiera; era su pérdida. Fabio decía que él también lo sentía, pero no más que ella, de eso estaba segura. Aún así, no rechazaron la invitación, estuvieron presentes sin falta y sin indicios de aparentes problemas; una pareja admirada. ¿Quién notaría el padecimiento de Marcia, aquella nostalgia hecha sonrisa? Sus delicadas facciones la hacía tan linda, no había maquillaje que pudiera opacar aquel aire juvenil de piel tersa y perfecta. Ni el dolor podía borrar el glamur con que actuaba.


−¿Puedes cerrar la puerta?

−¡Sí, claro! ¿quieres que te acompañe?

−No, ve a dormir, es mucho trabajo y debes estar cansada.


O ella no se esforzó suficiente o él esperaba ver más interés de su parte, la realidad es que ninguno cedía antes sus exigencias, simplemente dejaron de hablarse, de mirarse y de tocarse. Si algo compartían eran sus personalidades tercas y obstinadas, no dispuestos a doblegarse ante el otro, aunque eso pudiera causarles una pérdida incluso mayor.


−¡Marcia!, ¿estás en casa?


Fabio, quería un cambio, ese día después del trabajo buscó la planta por todos lados, creía que podía darle una oportunidad, quizás cambiarla de lugar, quizás le faltaba agua, incluso la llevaría a un experto, haría lo posible por recuperar su verdor y fortalecerla. Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Marcia la había quitado del balcón, ya no estaba, recorrió todo el apartamento en su búsqueda, pero no la halló, decidió buscar en aquel lugar que Marcia tanto había evitado, el bote de basura y fue allí donde la vio, marchita, toda estropeada con sus raíces fuera de su base y de la tierra que la alimentaba, entonces comprendió, que después de muchos intentos de Marcia por mantenerla viva, al fin se había secado. ­

2 Septembre 2022 23:06:02 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
4
La fin

A propos de l’auteur

Patricia Figueroa "La escritura es un mundo de posibilidades infinitas"

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~