cristobal_c_a Cristóbal Cabrera Alarcón

Un viaje rutinario en el metro se convierte en algo muy especial para el protagonista, que no dudará en utilizar sus dragones contra los magos que se interponen entre él y unos hermosos ojos azules. Vídeo de la creación de la portada: https://www.youtube.com/watch?v=jmH1MJi7tGg


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De dragones y magia

Nada más entrar en el metro, abro la mochila y saco mis dragones. Mientras se despiertan, tardan unos segundos en hacerlo, aprovecho para echar un vistazo a mi alrededor. En la parte trasera del vagón una gran ballena blanca, a la que conozco, aplasta contra los cristales a algunos de los pasajeros con los que le ha tocado compartir trayecto. Unos asientos por delante me sorprende ver a un niño, de no más de 15 años, sentado junto a un Drácula victoriano que observa con mirada perturbadora a la joven sentada frente a él. Parece sediento y dispuesto a alimentarse.

Un pitido anuncia que las puertas se van a cerrar y pronto el metro inicia su ruta. Al mismo tiempo, mis dragones salen de su letargo y centro mi atención en ellos. Revolotean a sus anchas dentro del vagón, escupiendo fuego y despeinando a un señor con peluquín en uno de sus vuelos.

Prosigo mi viaje concentrado en el vaivén de mis criaturas. En una de las paradas retiro la mirada de ellos para comprobar por qué estación voy. Un caballero con lanza entra al galope mientras que una delicada princesa se recoge el vestido para subir. Reanudamos la marcha mientras la gente termina de acomodarse en el reducido espacio. Me centro de nuevo en mis dragones.

Un olor dulce en el aire me distrae. ¿Quién trae ese perfume? Busco el origen de aquella fragancia. Como un perro que huele algo interesante, comienzo a rastrear. Justo al otro lado del pasillo veo a una joven buscando algo en su bolso. El pelo le cae enloquecido en complejos rizos de café que ni el mejor pintor del mundo atraparía en un lienzo. No tarda en encontrar lo que busca: tres magos que, nada más salir del bolso, se ponen a lanzar hechizos y contrahechizos a su alrededor. Parecen estar enfrascados en una batalla épica. Sería imposible alcanzarla tras toda aquella acción.

Ante el poder de invisibilidad que parezco poseer para aquella chica, inmune a mi penetrante y sensual mirada, intento retomar resignado mi entretenimiento con los dragones. No es fácil. Diría que imposible. Suena a tópico, pero nunca me había sucedido nada similar. Aunque intento esforzarme, mis dragones siempre se quedan trazando círculos alrededor de aquella melena indomable. Los malditos magos ya no luchan entre sí, se enfrentan directamente a mis dragones para impedir que llamen su atención. Comenzaba a odiar a aquellos mocosos con túnicas. Me lo tomo como algo personal e instigo a mis tres leales compañeros, que rugen de impotencia ante la efectividad de los escudos mágicos, para que ataquen con todo su poder. Observo frustrado cómo las paradas de metro van pasando y mis intentos por obtener la atención de aquella joven se diluyen casi al instante, uno tras otro, hasta llegar a la estación donde debo bajarme.

Apago mi libro electrónico y los dragones vuelven a la mochila. Abandono el vagón junto al tumulto de personas, que avanza en silencio, y me quedo rezagado en el andén. Quiero echar un último vistazo a aquella joven que consiguió vencer a mis dragones. Seguía con la mirada fija en su libro.

Las puertas del metro comienzan a cerrarse con su molesto aviso que inunda todo el andén, reverberando en los escalones de la salida y en la lejanía del túnel. Aquel pitido acciona algún botón en ella, como si de pronto fuera consciente de dónde se encuentra por primera vez. Levanta la mirada y comprueba la parada para cerciorarse de que no ha pasado aún la suya. En ese momento nuestras miradas se cruzan. Sus azules ojos no pasan de largo, se detienen en mí. Jamás había visto algo tan hermoso como aquello.

Me sonríe.

El metro inicia su movimiento y se pierde en la oscuridad. Lo despido sin moverme. La posibilidad de verla al día siguiente prende la ilusión en mí y me hace desear que acabe pronto el día. Puede que al final haya conseguido romper su escudo mágico, pero sin lugar a duda, he caído presa de su hechizo.

23 Avril 2021 05:56:15 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Cristóbal Cabrera Alarcón Escritor, ingeniero y friki a partes iguales. Devorador de libros de ciencia ficción y fantasía, aunque no le hago ascos a nada.

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